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TÉRMINO
- HUELVA, PROVINCIA DE
  ANEXOS
 
  • La transformación de la economía onubense  Expandir
  • Huelva entra en el mundo contemporáneo con una estructura económica que tiene mucho de colonial, una agricultura atrasada, extensiva, con baja productividad, una pesca de bajura, y una notable riqueza minera, pero mal explotada. La baja densidad de la provincia, usualmente la de menor población de la actual comunidad, atenúa los efectos negativos de esas estructuras, que se agravan por el aislamiento de la provincia, en  una esquina de España, fronteriza con un Portugal con el que sin embargo no hay puentes.
        El siglo XIX va a contemplar cambios importantes en ese panorama sin que cambie el fondo del problema. La minería –cobre, hierro, manganeso–, propiedad del Estado al inicio del siglo, pero un Estado incapaz de explotarla y de facilitar los elementos necesarios –ferrocarril, por ejemplo– para explotar los recursos, pasa paulatinamente a manos extranjeras, sobre todo inglesas, con la fecha decisiva de 1873, cuando la Riotinto Company Limited se hace con la cuenca pirítica, sin que falten otras –como la Tharsis Sulfur– en puntos cercanos. Empresas que van a crear las infraestructuras necesarias –ferrocarril, cargadero portuario– para la plena explotación de los recursos adquiridos, pero que no se plantean crear una riqueza estable, una industria complementaria, sólo la explotación intensiva. La pesca comienza a dar el paso adelante de buscar bancos lejanos, norte de África y litoral sahariano sobre todo, y los vinos del Condado conocen algunas buenas coyunturas, sobre todo cuando, hacia 1870, la filoxera diezma los viñedos franceses y los vinateros galos adquieren vinos onubenses para mezclar con los suyos.
        A finales del XIX, Huelva se convierte en un emporio minero. En algunos aspectos, el primero del mundo. Los beneficios de las empresas extranjeras son impresionantes y el ritmo de extracción tan intenso que se calcula que en sólo 35 años se extraen el equivalente a todo lo obtenido durante el imperio romano y el dominio musulmán, mas de un milenio. Pero el régimen es colonial. Los ingleses, que construyen a su estilo lo mismo en la cuenca minera que en Huelva ciudad y el litoral, explotan las minas a cielo abierto mediante enormes calcinaciones que destrozan el medio ambiente, y cuando llegan las protestas por la contaminación, como en 1888, la represión es durísima y deja un reguero de muertos.
        El IV Centenario del Descubrimiento de América, 1892, es la ocasión para un despegue de la provincia, deja algunas huellas -la actual Casa Colón-, pero no saca del letargo ni del aislamiento. No obstante, la intensa explotación minera del interior posibilita al menos el crecimiento del puerto onubense, que, con la lonja de pescado también, gana en importancia.
        El siglo XX se inicia con un despegue de la industria de conservas de pescado, que va a arraigar en el litoral, entre Isla Cristina, que inicia su auge, y Ayamonte, y el mantenimiento del emporio minero interior, que sin embargo comienza a remitir en vísperas de la Guerra Civil, mientras la agricultura y la ganadería se mantienen con sus rasgos extensivos, con productos de calidad que, sin embargo, no trascienden apenas los mercados provinciales o semirregionales. No faltan islotes con algunas industrias, los anises de Zalamea la Real, el calzado de Valverde del Camino, y el embotellado de los vinos en la comarca del Condado. La capital provincial comienza a experimentar un sostenido crecimiento.
        La posguerra, periodo duro, es tiempo de estancamiento económico. La minería pierde relevancia y empleo y en 1954 las minas de Riotinto vuelven a propiedad del Estado, por compra a la Riotinto Company, pero distan de estar en su mejor coyuntura. Se inicia la repoblación en diversas comarcas interiores, proceso acelerado en los años sesenta y que introduce de forma masiva el eucalipto, son sus factores positivos y negativos. El secano, pese a ser provincia con excelente pluviosidad, domina el régimen agrario. La comarca serrana y El Andévalo mantienen su vocación ganadera.
        Hacia mediado de siglo, el sector primario –agricultura, ganadería, pesca– aporta todavía más de la mitad de los empleos; por el aporte minero, el sector secundario mantiene relevancia, pero apenas uno de cada tres onubenses adultos trabaja efectivamente. La provincia conoce la emigración en esos años, aunque con menor intensidad que otras provincias andaluzas por la menor presión demográfica. En ese contexto, la concesión en 1984 de un polo industrial, dentro de la política de industralización del tardofranquismo, revitaliza la economía de la capital y su entorno, aunque con unos elevados costes medioambientales. El auge del consumo de mariscos convierte a Huelva en uno de los grandes puertos marisqueros de la península.
        En los años setenta del siglo XX la pesca inicia un periodo de crisis y replanteamiento, por las crecientes dificultades para la pesca en los litorales marroquíes y saharianos y el paulatino agotamiento de la pesca de bajura. El litoral iniciará entonces una reconversión hacia el turismo, mal enfocado en principio –Matalascañas– y mejor con posterioridad –Isla Antilla–, mientras los armadores onubenses pescan en caladeros cada vez más lejanos, de Angola, Chile o Argentina.
        Los años ochenta del pasado siglo XX, sin embargo, contempla la aparición y consolidación fulgurante de la fresa, convertido en producto estrella y locomotora de la agricultura onubense, crea empleo,  muestra gran capacidad exportadora y revitaliza municipios como Moguer, Palos de la Frontera o Lepe, con notable movimiento cooperativo. Con posterioridad, más lentamente, llegara el auge de los cítricos. Al mismo tiempo se renueva una ganadería arcaica y se revalorizan extraordinariamente los productos cárnicos de la sierra. Crece al mismo tiempo la importancia del sector servicios –turismo, comercio, transporte– y se comienza a controlar el medioambiente.
        Al inicio del siglo XXI, la economía onubense se convierte en una de las más dinámicas de todo el sur de España, con una agricultura y ganadería mucho más modernas, aunque algunos sectores –como el vino– conozcan dificultades. Muestra un sector industrial relevante, aunque muy centrado en Huelva ciudad, un interior que se va rehaciendo de las honda y larga crisis minera, y un sector servicios muy prometedor. La provincia ha perdido además en  gran parte su aislamiento tradicional, tiene autovía con Sevilla y Portugal, y se proyectan aeropuerto y tren de alta velocidad. Crece la población, hay inmigración, la capital ha transformado profundamente su faz y es una grata ciudad sureña. No faltan problemas, pero es un panorama muy diferente.

    Antonio Checa
 
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