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TÉRMINO
- JUAN DE DIOS, SAN
  ANEXOS
 
  • Imágenes de San Juan de Dios (San Juan de Dios en el arte)  Expandir
  • El Santo hospitalario de Granada, a pesar de su humilde progenie y adyecta existencia, alcanzó el reconocimiento como santo universal de la Iglesia Católica. Fue el santo de los enfermos abandonados, de los incurables que mueren sin esperanza. Él llevó la caridad hasta un grado tal de heroísmo, que parece sobrepasar la medida humana. Pertenece a una generación de nuevos santos para unos tiempos nuevos, los cuales enseñaron con su ejemplo el valor redentor de las buenas obras. San Juan de Dios representa, de este modo, el triunfo de la tesis tridentina que propugna la justificación por medio de la práctica de la caridad y, en consecuencia, el arte de la Contrarreforma supo utilizar su imagen para materializar sus planteamientos. En escultura, en pintura y en las más diversas técnicas, los artistas más prestigiosos han perpetuado su imagen, dejándonos auténticas obras de arte.
        Granada, testigo de la admirable vida de San Juan de Dios fue, a su vez, sede de la institucionalización de su obra, instalándose en ella su primer hospital y casa madre, atendido por los religiosos hospitalarios, seguidores de su ejemplo. En consecuencia, en la misma ciudad se crearon sus primeras imágenes y algunas de las más destacadas, que servirán de pauta y modelo para las de los demás centros hospitalarios. Es tal la importancia de este desarrollo iconográfico en Granada, que las imágenes de San Juan de Dios están presentes no solo en su Hospital y Basílica sino que, del mismo modo, son veneradas en numerosos templos, incluyendo el catedralicio, recintos monásticos y domicilios privados.
        Héroe de la caridad. Los límites cronológicos de tan vasta producción iconográfica se extienden desde 1579, fecha en la que tenemos documentada su primera imagen, hasta nuestros días, más de cuatrocientos años. Durante estos cinco siglos, la imagen de San Juan de Dios sufrirá modificaciones, a causa del ritmo experimentado por el reconocimiento oficial de su santidad y el desarrollo alcanzado por su devoción. Los cambios también surgirán a tenor de los gustos artísticos imperantes y como consecuencia de los intereses religiosos, sociales e institucionales.
        Entre la originalidad y el plagio, la imagen de San Juan de Dios ha permanecido viva hasta nuestros días, porque vivo continúa el recuerdo de su vida y su obra está presente. Sin el menor atisbo de frivolidad, hemos de reconocer que San Juan de Dios está aún de moda y lo estará mientras el sufrimiento y el dolor humano encuentren acogida entre sus hijos hospitalarios.
        Dichas representaciones van desde la primera imagen, de un realismo descarnado, a la idealización del Barroco. Al principio se centraron en el episodio de su muerte, multiplicándose luego en las amplias series hagiográficas, donde abundan los episodios anecdóticos y las escenas repletas de acontecimientos sobrenaturales y milagrosos. Con el reconocimiento oficial de su santidad y el afianzamiento y desarrollo de la Orden Hospitalaria llegaron las imágenes triunfalistas que reproducen su “Glorificación” o lo representan como “Patriarca y Fundador”. Finalmente, la realidad social y política de las dos últimas centurias ha contribuido a revalidar los aspectos de la asistencia benéfica, insistiendo en la imagen del héroe de la caridad, embarazado y rodeado de toda suerte de seres desvalidos.
        Iconografía. De este modo, poseemos el “verdadero retrato” gracias a los pinceles de Alonso Sánchez Coello y Pedro de Raxis El Viejo. El episodio de la muerte ha sido representado de forma aislada y con singular insistencia, tanto en escultura como en pintura y grabado. Alonso Cano lo pintó de forma magistral (1653-1657, Casa-museo de los Pisa, Granada), siendo imitado su modelo, especialmente por José Risueño (1713-1732, colección particular, Madrid) y seguido por Lucas Jordán (1699, Monasterio de San Lorenzo de el Escorial) y Lázaro Balde (segunda mitad del siglo XVIII, Basílica de San Juan de Dios, Granada). En escultura lo hicieron Jacinto Higueras (1919, Museo provincial de Jaén), Federico Marés e Hipólito Pérez Calvo. En diversos momentos de su labor asistencial lo reprodujeron artistas de reconocida fama como Bartolomé Esteban Murillo (1670-72, iglesia del Hospital de la Santa Caridad, Sevilla), Juan de Sevilla (1676, Hospital de la Caridad y Refugio de Granada), Pedro de Mena (1658-1660, sillería del coro de la Catedral de Málaga), Filippo della Valle (1741-1745, Basílica de San Pedro, Roma), Miguel Verdiguier (1785-1786, Catedral de Granada), Manuel Gómez-Moreno González (1880, Museo de Bellas Artes de Granada), Agapito Vallmitjana (1891, Hospital de San Juan de Dios, Barcelona), etc. En actitud ascética, contemplando un crucifijo, lo encontramos en las obras de Francisco Zurbarán (1638-1658, Museo Nacional de San Carlos, México), Diego de Mora (1690, Hospital de San Juan de Dios e Iglesia de Santa Ana de Granada), José Risueño (1715-1717, Iglesia de San Matías, Granada). La imagen que lo representa como “Patriarca y Fundador” presidió los altares de todos los hospitales de la Orden, destacando entre todas la realizada por Bernardo de Mora (1679, Basílica de San Juan de Dios, Granada). En el momento apoteósico de su “Glorificación” lo inmortalizaron Corrado Giaquinto (1740-42, Museo del Prado, Madrid) y Carlo Maratta (segunda mitad del siglo XVIII, Basílica de San Juan de Dios, Granada).
        La mayoría de estas imágenes, aunque corren paralelas al desarrollo de las narraciones biográficas, fueron creadas con anterioridad a las grandes series que materializan los principales sucesos de la vida de San Juan de Dios, de las que poseemos abundantes muestras, a partir de los grabados que ilustran su biografía escrita por Antonio de Govea (1659) y los cuadros ejecutados por Diego Sánchez Sarabia (primera mitad de siglo XVIII) para adornar el claustro del Hospital granadino.

    Juan Miguel Larios Larios
  • Obra de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios  Expandir
  • Desde su fundación por San Juan de Dios, en 1539, la Orden Hospitalaria ha llevado a cabo una ininterrumpida e intensa obra de atención, ayuda y cuidado de los más pobres y desfavorecidos. Tras su conversión definitiva, Juan Ciudad (nombre del santo) “con ayuda de personas devotas alquiló una casa” y allí empieza a recibir a cualquier enfermo, mendigo, anciano, loco, huérfano o desamparado que le pide ayuda. Durante el día atiende a cada uno con exquisita delicadeza y cariño, haciendo de enfermero, cocinero, barrendero, mandadero, amigo, hermano y padre de todos. Por la noche, recorre las calles de Granada pidiendo comida y limosnas para sus pobres. A su labor se agregan algunos hombres, Antón Martín, Pedro Velasco, Simón de Ávila, Doménico Piola y Juan García, con los que comienza su obra hospitalaria. La vida de los primeros “hospitalarios”, tras la muerte de San Juan de Dios, bajo la dirección del Hermano Mayor, sigue siendo la misma que la de que hacían en vida de su fundador: vida penitente y mortificada, asistencia caritativa a los acogidos en el hospital, cuyas puertas siempre estaban abiertas a cuantos llegaban; socorro a los huérfanos pobres y viudas vergonzantes y postulación diaria, con capacha al hombro y olla en la mano, repitiendo la fórmula que habían aprendido de su santo fundador.
        El 1 de enero de 1572, San Pío V aprueba la Congregación de los Hermanos de San Juan de Dios y en 1586, Sixto V la aprueba definitivamente como Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Sus centros sanitarios y sociales, como Obras de la Iglesia, evangelizan desde el cuidado y la atención integral a enfermos y necesitados, siguiendo el estilo de San Juan de Dios. A todos los enfermos y necesitados se acercan, desde el respeto y la libertad, y atienden sus necesidades espirituales, aportándoles lo que necesiten en la medida de lo posible.
        La presencia y labor de la orden hospitalaria en Andalucía es intensa y extensa y no se ciñe exclusivamente a la atención sanitaria realizada en los hospitales erigidos por la orden. Disponen, además, de una serie de centros asistenciales de diversa finalidad: centros de acogida, centros psiquiátricos, residencias de ancianos, fundaciones no gubernamentales, y centros de educación especial.
        Los hermanos de San Juan de Dios atienden los hospitales de San Rafael (Granada, 1878); de Juan Grande (Jerez de la Frontera, 1927); de San Juan de Dios (Córdoba, 1935); de San Juan de Dios (Sevilla, 1951) y de San Juan de Dios del Aljarafe, en los que conjugan la atención integral a enfermos, especialmente geriátricos, con patologías medico-clínicas, con la atención a indigentes (servicio de comida, aseo, ropa, atención médico-sanitaria y social). Mientras la actividad hospitalaria está concertada con la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, compañías de seguros y mutuas privadas, otras actividades asistenciales se sostienen gracias a los donativos recibidos que se gestionan a través de la Obra Social, integrada en la propia Orden.
        En la ciudad de Málaga atienden un Hospital psiquiátrico desde 1927. Su labor se extiende a tres residencias de ancianos que llevan el nombre de San Juan de Dios, en Sevilla-Sagasta (1571), Granada (1984) y Sevilla-Misericordia (1978). En ellas, se atiende a personas mayores a través de un modelo dinámico de intervención integral en la vejez que incluye unidades de residencia de válidos y asistidos, servicio de estancias diurnas y viviendas tuteladas. En Alcalá de Guadaíra (Sevilla), atienden desde 1969 dos centros, uno de Educación Especial, Ciudad de San Juan de Dios, que desempeña una actividad de intervención en la población con deficientes psíquicos y psico-físicos medios, severos, profundos y gravemente afectados, desde los 6 a los 35 años y de ambos sexos, actividad concertada con la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía y el Instituto Andaluz de Servicios Sociales (IASS); el otro, Centro Especial de Empleo La Paz, acoge una lavandería industrial en la 32 de sus 33 empleados son discapacitados. En la ciudad de Málaga, atienden desde 1991 un Centro de Acogida San Juan de Dios, que se ocupa de la comunidad de transeúntes mediante el desarrollo de una acción integral y tratamiento globalizado de los problemas que afectan a las personas que componen este colectivo a través de una serie de programas de información, orientación, higiene, rehabilitación, inserción social y orientación laboral.
        Cuenta la “Orden Hospitalaria” con una Escuela Universitaria de Enfermería, integrada en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid, en la que junto a los estudios ordinarios, se  realizan periódicamente Cursos-máster de Cuidados Paliativos, Pastoral de la Salud y Bioética, en colaboración con la facultad de Teología de Granada.
        Completan la labor descrita dos fundaciones: la Fundación Padre Miguel García, constituida en 2002, que aborda la problemática integral de los discapacitados mentales en distintos ámbitos: familiar, social, legal, económico y laboral, de cara a su protección, promoción e integración. Y la Fundación Juan Ciudad, constituida en 1991, que es una Organización No Gubernamental para el Desarrollo, cuya tarea es trabajar para el desarrollo humano sostenible con especial atención a los países desfavorecidos con proyectos de emergencia, rehabilitación y desarrollo. Concentra sus objetivos en varios campos: tramitación de personal asistencial, programas de ayuda alimentaria, equipos sanitarios y de medicación.
        Toda esta tarea está avalada por el Fondo de Obra Social” que canaliza los recursos obtenidos de los bienhechores y contribuye, en los centros que atiende la Orden Hospitalaria, a prestar asistencia a casos “asociales” sin ningún tipo de cobertura, compensar el déficit de las actividades asistenciales, mejorar la calidad asistencial, financiar inversiones extraordinarias, realizar obras sociales complementarias (viviendas, comedores…) y sostener los proyectos en el Tercer Mundo. La ingente y generosa labor realizada por la Orden Hospitalaria, se inspira y apoya en la tarea abnegada de su santo fundador, que nada tenía para sí y justificaba su entrega absoluta y sacrificada a los más pobres con una rotunda y sencilla frase: “Dar aquí o dar allá, todo es ganar”.

    Cristina Mellado Morales
 
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