inicio quiénes somos normas de uso abreviaturas contacto

BÚSQUEDA DE TÉRMINOS



Acceso a búsqueda avanzada

TÉRMINOS RECIENTES

AGENDA CULTURAL
   Bodas de Sangre: Programación en Jaén
   Taller de creatividad dinamizado por Yanua para celebrar el Día Internacional del Libro Infantil
   Taller de fin de semana: Fotografía + Ciencia: fotografiando lo imposible



CON LA COLABORACIÓN DE



 
TÉRMINO
- LUCANO
  ANEXOS
 
  • Asesinato de Pompeyo  Expandir
  • Había llegado ya el plazo de la hora postrema, y llevándoselo en la nave de Faros, había perdido ya los derechos sobre su persona. Entonces los monstruos del rey se disponen a desenvainar el hierro. Cuando se vio cerca la espada, se envolvió el rostro y la cabeza, resistiéndose a ofrecerla descubierta a la Fortuna; luego, entornó los ojos y contuvo el aliento, no fuera a querer despedir algún grito y a estropear con llanto su fama para siempre. Al contrario, luego que el funesto Aquilas le hundió el puñal en el costado, no acusó el golpe con gemido alguno, ni trató de contemplar el crimen, antes conserva inmóvil su cuerpo, y se somete a prueba al morir, mientras agita en su mente estos pensamientos: “Siglos que jamás callarán los esfuerzos romanos atienden, y el tiempo futuro observa desde todo el orbe la embarcación y la lealtad de Faros; tú ahora preocúpate por tu renombre. Los hados de tu prolongada vida se te han deslizado prósperos: la gente ignora, si no se lo demuestras en la muerte, si sabes soportar la adversidad. Y no te dé vergüenza ni te pese el ser quien es el ejecutor del destino: cualquiera que sea la mano que te hiere, piensa que es la de tu suegro. Ya puede hacerme pedazos y esparcirlos: yo soy, con todo, feliz ¡oh celestes! Y ninguna divinidad me lo puede privar. La prosperidad sufre altibajos en vida, desventurado no se es por el hecho de morir. Cornelia y mi hijo Pompeyo contemplan esta muerte: con tanto mayor aguante, dolor, te lo ruego, contén los gemidos: hijo y esposa, si me admiran, me aman también aun muerto”. Tales precauciones sobre sus sentimientos guardaba el Magno, tanto dominio de sí tenía al morir.
    Mas Cornelia, menos resistente al espectáculo de aquella cruel impiedad que a padecerla en sí misma, llena de lastimeras voces los espacios: “¡Oh esposo, yo, criminal de mí, soy quien te ha asesinado: la remota Lesbos te dio motivo a esa demora fatal, y César ha llegado antes que tú a las riberas del Nilo. Pues ¿quién, si no, pudo arrogarse el derecho de tal crimen? Mas, tú, quienquiera que seas, ejecutor enviado por los celestes contra su cabeza, bien con miras a la ira de César, bien mirando por ti mismo, no sabes, cruel, dónde están las auténticas entrañas del Magno: te precipitas y asestas los golpes por donde un vencido los desea. ¡Sufra penas no inferiores a la muerte viendo antes cortada mi cabeza! No estoy libre de crimen de guerra yo, única matrona que, acompañándole por ondas y por campamentos, sin que fatalidad alguna me atemorizara, he dado acogida al vencido, cosa que incluso reyes han temido hacer. ¿Y así he merecido, esposo, que se me dejara en una nave a seguro? ¿Me ponías a salvo, pérfido? Mientras tú arrostrabas el trance fatal, ¿fui yo digna de quedar con vida? Moriré y no por concesión de un rey. O permitidme, marineros, que salte de cabeza, o aplicar a mi cuello un lazo de cables retorcidos, o que algún acompañante digno del Magno me atraviese con la espada: puede hacer así un servicio a Pompeyo e imputarlo a las armas de César. ¡Ah, crueles! Me precipito a la muerte ¡y me retenéis? Tú estás todavía con vida, esposo, y ya Cornelia no es, Magno, dueña de sí: me impiden llamar a la muerte; se me guarda para el vencedor”. Después de hablar así, desmayada en brazos de los suyos, se la lleva el navío en desconcertada fuga.
    Mas, aunque las espaldas y el pecho del Magno resuenen al golpe del hierro, permaneció inalterada la ínclita prestancia de su expresión augusta y su rostro encarado con los dioses, sin que los últimos estertores de la muerte cambiasen nada del porte y fisonomía del héroe: así lo reconocen quienes vieron su cabeza mutilada (...)

    Lucano
    De Farsalia.
 
ZONA DE USUARIOS
Usuario:
clave:
 

MUSEOS ANDALUCES
Almería
Museo de Almería
Cádiz
Museo de Cádiz
Córdoba
Museo arqueológico y etnológico
Granada
Museo de la Alhambra
Granada
Parque de las ciencias
Huelva
Museo de Huelva
Jaén
Museo de Jaén
Málaga
Museo Carmen Thyssen
Málaga
Museo de Málaga
Málaga
Museo Interactivo de la Música
Málaga
Museo Picasso Málaga
Sevilla
Centro Andaluz de arte contemporáneo
Sevilla
Museo Arqueológico


   Andalupedia © 2013 - Todos los derechos reservados      Señas de identidad      Aviso legal      Créditos  01 de diciembre de 2020