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TÉRMINO
- AGUA
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  • Los orígenes del agua  Expandir
  • La vida tal y como la conocemos sería imposible sin la existencia de un medio acuoso. A pesar de eso, no hay procesos naturales en la Tierra, ya sean procesos geológicos o biológicos, que den como resultado una producción neta de agua. ¿De dónde proviene entonces el agua que disfrutamos en la Tierra? Se cree que los elementos químicos constituyentes del agua, oxígeno e hidrógeno, debieron de haber estado presentes en la nube primitiva a partir de la cual se originó el Sistema Solar, hace unos cuatro mil quinientos millones de años. Aquel incipiente Sistema Solar estaba plagado de escombros y, cuando muchos de estos trozos de material chocaron contra la Tierra, pudieron iniciar un proceso en el cual el hidrógeno y el oxígeno congelados se vaporizaron y se liberaron en la atmósfera terrestre. Una vez que ambos elementos estuvieron presentes en la Tierra, el hidrógeno pudo inflamarse y combinarse con el oxígeno para dar vapor de agua. Esta teoría se apoya en la actualidad sobre ciertas evidencias. Se sabe que las rocas del manto terrestre contienen agua en una importante proporción. En la superficie de nuestro planeta, las emisiones volcánicas contienen una gran cantidad de vapor de agua, y se piensa que esta adición de agua a la atmósfera terrestre puede aún incrementarse mientras haya actividad volcánica.
    Si bien la teoría anterior se ha investigado ampliamente y es muy aceptada, existe otra, más reciente, que sugiere que al menos parte del agua
    terrestre pudo haber llegado a la Tierra de la mano de los cometas que, atraídos por la gravedad de ésta, terminaron por impactar contra ella. Es un hecho comprobado que, a lo largo de su historia, la Tierra ha sufrido numerosos impactos de cometas. Según cálculos recientes, no serían necesarios muchos cometas para justificar la cantidad de agua que contiene nuestro planeta.
    Estas dos teorías no tienen por qué excluirse mutuamente, y lo más probable es que ambos procesos sean responsables del agua que actualmente encontramos en la superficie de la Tierra. En su juventud, la Tierra fue un lugar muy caliente, de manera que su atmósfera pudo contener una cantidad mayor de vapor de agua que la que contiene en la actualidad. Pero eventualmente nuestro planeta se fue enfriando y el vapor comenzó a condensarse y caer sobre la superficie como agua líquida hasta acumularse en un cantidad tal que dio lugar al gran océano primigenio. Desde entonces, el agua que posee nuestro planeta ha sido prácticamente la misma, que se recicla entre la tierra y el aire en un proceso sin fin.
    El agua que hoy bebemos en Andalucía podrá ser mañana tal vez agua de riego y un poco después perderse por el Guadalquivir hacia el Atlántico, viajar hacia los cálidos mares tropicales, para allí evaporarse y convertirse en grandes nubes que, empujadas por los vientos, vuelvan para descargar la lluvia y, con ella, la vida en Andalucía. 

    MIGUEL AGUILAR URBANO.
  • El agua en la agricultura de al-Ándalus  Expandir
  • En relación con la agricultura se cuentan cuatro clases de aguas. La mejor es el agua de lluvia, y después la de los ríos, por ser agua corriente, la cual, cuando hace mucho frío, mata los gusanos de la tierra, y por eso es beneficiosa, luego la de las fuentes, y por último el agua de los pozos, a los que el estancamiento le hace tomar densidad y son las mejores para el mantenimiento de todas las plantas de raíz comestible, tales como el rábano.
    Éstas dos últimas clases son beneficiosas con el frío y con el calor, porque producen efectos contrarios, es decir, frío en verano y calor en invierno. El agua que corre hacia la parte oriental de las fuentes es buena, la que mana del fondo de los pozos es aún mejor. Dicen que la peor agua para las plantas es la de los hielos y de las nieves perpetuas. El agua cenagosa echa a perder los melonares y toda clase de verduras.
    Háganse las acequias de manera que tengan pendiente moderada, pues así se evitará que el agua haga daño. El agua de corriente impetuosa o el agua de las avenidas es buena para la tierra de siembra, pero muy perjudicial para los frutales.

    Ibn Luyun
    De Tratado de Agricultura.
  • El agua y los andaluces  Expandir
  • Las relaciones de la sociedad andaluza con el agua no son ciertamente pacíficas, como por otra parte ocurre en casi todos los países de clima árido. Estas relaciones se mueven desde periodos en que el agua es muy escasa, las conocidas en que su repentina y abundante presencia ocasiona importantes daños en vidas y haciendas, las no menos conocidas y periódicas inundaciones.
    Pese a la incidencia frecuente de ambos fenómenos, en época de normalidad hídrica la ciudadanía se suele olvidar de ellos, de manera que la sociedad andaluza en su relación global con el agua puede decirse que pasa con bastante rapidez de la indiferencia a la crispación.
    La superación de las crisis hídricas, en las que además del factor climático influye de forma creciente el uso que el hombre hace del agua y del
    territorio por donde discurre, necesita desde luego la disposición de infraestructuras que acomoden el flujo natural del agua al flujo requerido por el hombre y de otras de defensa que eviten o palien los efectos de las grandes avenidas. No obstante, todo esto no es suficiente, se necesita además que el hombre usuario del agua, todo hombre lo es en mayor o menor medida, tenga plena conciencia del valor que el agua tiene, distinto según el uso al que se la destine.
    El agua es indispensable para la vida, no sólo humana, sino para toda vida, de donde se desprende un nuevo valor, el ecológico, ante el que la sociedad es cada vez más sensible. Hay todavía una valoración importante del agua, la que se desprende de su participación en la inmensa mayoría de las actividades económicas, que por otra parte sirven y han servido para el desarrollo y bienestar humano.
    En este ámbito económico necesariamente hay que destacar en Andalucía la agricultura de regadío, a la que se destina más del 75% de los
    recursos hídricos disponibles; consecuencia lógica del peso que aún tiene la agricultura en la economía andaluza y del gran aumento de su productividad cuando se la libera de la aleatoriedad y escasez de las lluvias andaluzas.
    Ahora bien, la valoración del agua en cuanto sistema natural, concepto superior al restringido de recurso, exige el conocimiento de sus características, de las que deben destacarse su función como hábitat y su limitación cuantitativa, sin olvidar la necesidad de preservar su calidad.
    El conocimiento de las características del medio hídrico andaluz puede servir para cambiar el comportamiento humano en relación con el agua
    y colaborar así a la solución paulatina de los problemas críticos referidos. La limitación cuantitativa debe llevar a la reflexión sobre la viabilidad del crecimiento de la superficie regada, si no se quiere llevar al regadío a la incertidumbre de la falta de agua. Esto no puede suponer el estancamiento de la población rural, sino que se deberán buscar actividades menos demandantes de agua; en definitiva, propiciar un uso distinto del territorio.
    El problema de las inundaciones está también muy ligado al uso del suelo, de forma que en las cuencas hidrográficas desprotegidas, por la escasez de cubierta vegetal, las avenidas son más intensas, agravándose sus efectos por la erosión. Por otra parte, no se puede olvidar que el hombre usa el agua mientras ésta discurre desde las zonas altas de las cuencas hasta el mar y, cuanto menor sea esta velocidad de bajada, más tiempo dispondrá el hombre del agua. La gran velocidad del agua en las grandes avenidas es, pues, un factor con un doble efecto perjudicial, los daños que realiza y la disminución de la disponibilidad humana del agua. Este efecto es especialmente notable en las cuencas mediterráneas del oriente andaluz, donde en pocas horas pueden llegar al mar las tres cuartas partes de la aportación media anual.

    JUAN LÓPEZ MARTOS
 
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