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TÉRMINO
- ALMERÍA
  ANEXOS
 
  • Evolución urbana reciente  Expandir
  • La evolución urbana reciente de Almería constituye una notable expansión hacia el este, que casi llega al otrora lejano río Andarax. En cambio, en la fachada litoral hay mejoras, pero apenas conquista de suelo; los relieves occidentales y del noroeste tampoco han permitido mucho crecimiento y en el norte se ha enlazado con pueblos de la Vega.

        El plano de 1800 apenas desborda las antiguas murallas; de manera que, por el este, entre el actual Paseo de Almería, o Alameda, y la Rambla de Belén todo eran huertas, salvo la salida hacia la carretera de Montserrat. En cambio, por el norte sí había crecido la población desde la Puerta de Purchena, siguiendo la carretera de Granada sin alcanzar la Rambla de Belén, si bien al otro lado estaban los inicios del Barrio Alto. Toda esta parte septentrional es la que se expande hasta finales del XIX, mientras al este la Alameda aparece más urbanizada y hay un pequeño barrio de San José al otro lado de la Rambla siguiendo la citada carretera de Montserrat.

        La rambla de Belén baja desde la estribaciones montañosas del noroeste de la ciudad, cruza la actual N-340 y bordea las edificaciones al norte de la plaza de toros. Hacia abajo (por la antigua carretera de los Molinos) se le incorpora una rambla afluente, que empuja en dirección sur buscando la salida al mar. Esa confluencia forma una especie de Y muy característica del plano almeriense, en el que esta rambla adquiere un papel fundamental ya entrado el siglo XX, porque antes, como hemos visto, era un límite oriental lejano.

        El estancamiento económico de Almería y, en general de Andalucía, sobre todo la parte oriental, se refleja en el crecimiento urbano, que mantiene pequeños incrementos demográficos por la función administrativa de capital provincial. Así, entre 1900 y 1950 la población pasó de 47.000 a 76.000 habitantes con una media anual de poco más de 500, lo que supone alrededor del 13 por mil, que para la época es inferior al crecimiento vegetativo, indicando incluso emigración neta. El fuerte éxodo rural provincial, sobre todo al área metropolitana de Barcelona, remite en los años setenta, cuando ya se producía el desarrollo de los invernaderos próximos del Poniente y después comenzó un nuevo estado autonómico con descentralización política, de infraestructuras, servicios… En 1977 Almería tenía un censo de 114.000 y desde 1950 había aumentado a una media anual cercana a los 1.500.

        Entonces el plano urbano había rebasado por el este la Rambla de Belén, pero ésta  formaba un claro cinturón urbano que ceñía a la ciudad, mientras al oeste las estribaciones montañosas marcan el límite prácticamente medieval. Entre la rambla y el camino de Enix, el paseo de la Claridad; luego el Cerro de San Cristóbal, la Alcazaba, La Chanca y la carretera  litoral hacia Motril. Al este, el puerto con su parque hasta la unión con la Rambla de Belén. La expansión oriental la desbordaba como dijimos y el límite urbano estaba en los años setenta en la carretera de Ronda, que continuaba el eje portuario hasta enlazar con la carretera de Granada al Norte, que hacía también de límite, excepto el Barrio de los Ángeles, situado al oeste.

        En la banda Rambla-Ronda quedaba por ocupar la zona suroeste al sur de la avenida de la Estación; y fuera del plano se hallaba, separada por la línea de ferrocarril, la Ciudad Jardín. En este esquema, el centro era la Puerta de Purchena desde donde partían, en sentido contrario a las agujas del reloj, los ejes: camino de Enix, carretera de Granada, carretera del Aeropuerto, Obispo Orbera-Marañón y Alameda o paseo de Almería.

        En 2002 la ciudad cuenta con más de 170.000 habitantes, lo que supone un aumento de 60.000 en 25 años. El plano urbano continúa constreñido por los relieves del oeste, aunque por el noroeste han crecido los barrios de la Fuentecica y la Esperanza, guiados por el eje del camino de Enix, que al igual que otros van dibujando expansiones hacia la N-340. Ésta realiza la circunvalación hasta cruzar el Andarax ya por municipios distintos (Huércal, Viator) al capitalino, formando un nudo de comunicaciones al que llega también la A-92, que por Guadix enlaza con la principal arteria andaluza, construida ya en época autonómica.

        Desde ese nudo se penetra en la ciudad a través de un continuo urbano (La Peinada, San Vicente, La Cepa, La Fuensanta y las barriadas de Araceli y La Molineta) entre las dos ramas de la Y de la Rambla de Belén. Pero la expansión del este ha sido espectacular, porque la Ronda, frontera a principios de los setenta, ha quedado más que desbordada. Primero se rellena hasta el eje Carrero Blanco-Alhambra (barrios de La Loma, San Luis, Regiones, San Isidro, Montserrat) y todo el triángulo sureste de Ciudad Jardín. Pero recientemente se traspasa ese límite, tanto al oeste de la línea férrea (Chocillas, Molino, El Diezmo), como al este y sur (Puche, Bolera, Tagarete) y lo que se vislumbra ya como nuevo límite es nada menos que el mismo río Andarax cuando se ocupe la zona de vega al sur de la N-340.

        Lógicamente ese traslado hacia el este repercute en el centro urbano, que aunque reside para muchas cosas en la Puerta de Purchena-Paseo o antigua Alameda (que ya supuso un desvío del antiguo calle Tiendas-Almedina), cada vez más la Rambla cobra protagonismo, que, soterrada y convertida en bulevar, desemboca hoy en el puerto deportivo. En éste se ha mantenido el antiguo embarcadero de mineral, que recuerda un pasado de cierto auge, aunque efímero y casi colonial, con un determinado paisaje que algunos discuten. En la fachada del puerto comercial, parque y paseo hasta llegar al pequeño puerto pesquero allende la Chanca.

    Gabriel Cano
  • Mezquita de Almería  Expandir
  • La mezquita, es decir, la catedral de Almería, es una de las más bellas de todo el reino de Granada. Pues antes de la guerra y del terremoto tenía tal abundancia de mercaderes, que en todo el año, en la ciudad y en su distrito, se elaboraban más de 200 centenarios de seda. A causa de estas y de otras riquezas, aquel templo resulta fantástico y soberbio. Es bellísimo. Tiene más de 80 columnas. En tiempo de los sarracenos ardían en él más de mil lámparas durante todo el día. Visitamos la habitación del aceite regalado al templo, y la cámara secreta, en donde su cadí (kali), esto es, el supremo sacerdote, les hablaba. En el centro del recinto sagrado hay un amplio jardín cuadrado, sembrado de limoneros y otros árboles y enlosado de mármol; en el centro de él una fuente viva, en donde, según sus ritos, se lavaban y luego entraban en el templo. La mezquita es muy bella y tiene de longitud 113 pasos y 72 de latitud. Me dijeron que en tiempo de los sarracenos tenía 50 sacerdotes, a los que llaman faquíes (faquinos), que atendían a los oficios divinos, y todas las tardes, 12 o 14 de ellos subían a la torre, y con los oídos tapados y vestidos de blanco, gritaban, según su costumbre: “Halo, halo, etc.”. Y luego tocaban las trompetas. Después nadie se aventuraba a andar sin luz por las calles. Ahora esta mezquita está dedicada a la bienaventurada Virgen María, y tiene obispo y quizá veinte canónigos.

    En tiempo de los sarracenos tuvo de renta anual de sus posesiones, campos y huertos, 66.000 ducados. Ahora los tienen la iglesia, el obispo y los canónigos. Tiene otras muchas pequeñas mezquitas, cuyas rentas íntegras perciben ahora el obispo y el clero, como incorporadas a la iglesia catedral. También percibe todos los años 24.000 arrobas de aceite para las lámparas, tributo que suma 500 centenarios de los nuestros.

    Me aseguraron dos alemanes dignos de crédito y muy a bien con el alcaide, el uno Andrés, de Fulda, ciudad de Hesse, y el otro Juan, de Argentina, que en la parte más alta del interior de la mezquita, en muchos sitios, había colgadas campanas, robadas a los cristianos en la guerra; que habían perforado aquellas campanas por todas partes, y haciendo en su concavidad muchos círculos con pequeños candelabros, ponían en ellos lamparillas, hasta tener alguna vez una campana sola trescientas lamparillas. Así, por la tarde ardían a menudo 2.000 o más lamparillas.

    Vimos también arder ahora ante el altar dos grandes lámparas, con cristal de variados colores, que trajeron de la Meca, de Arabia, donde está enterrado Mahoma. No es de maravillar, pues las ciudades marítimas, que viven del comercio rápidamente crecen y decrecen.

    Jerónimo Münzer
    De Viaje por España y Portugal.
    Viaje de 1494-1495.
  • El Poema de Almería  Expandir
  • Así conocido porque canta en tono triunfal los logros del rey Alfonso VII de Castilla (1126-1157) durante la campaña contra la Almería andalusí, tomada en 1147, el denominado Poema de Almería es una composición anónima en latín de mitad del siglo XII. Aparece al final de la Chronica Adephonsi Imperatoris (‘Crónica del Emperador Alfonso’) con el título Carmen de expugnatione Almeriae urbis (‘Poema sobre el asedio a la ciudad de Almería’), y se inscribe dentro del género épico, en el que la poesía tiene un carácter narrativo y las obras se componen para ensalzar la figura de un héroe o un pueblo o linaje. En la épica castellana, como en el conjunto de toda la épica compuesta en lenguas romances, existe una vertiente culta habitualmente escrita en latín paralela a otra de carácter más popular, que usa la lengua vernácula y que puede presentar distintas versiones de un mismo tema. El Poema de Almería está compuesto en hexámetros latinos, por un eclesiástico anónimo –probablemente toledano– que domina la lengua de Roma, por lo que se trata de una obra cuajada en un ambiente monástico-palaciego, es decir, en las antípodas de los cantares de gesta castellanos, que son poesía de corte popular, de calle, concebida para ser cantada ante una audiencia no cultivada o incluso analfabeta. Por esta razón, apenas se conservan tres cantares, entre ellos el de Mío Cid, cuya fecha de composición no se ha establecido de forma concluyente. Precisamente por la dificultad, si no imposibilidad, de poner fecha a un tema de la tradición oral, del que sólo se han fijado por escrito –en el mejor de los casos– algunas versiones que alguien aliado con el azar decidió estampar en un códice que el destino ha hecho que llegue hasta nosotros.

        La importancia del Poema de Almería radica en que hace suponer a los investigadores de la literatura medieval castellana que el Cantar de Mio Cid fue compuesto en la primera mitad del siglo XII (hacia 1140), y no en el siglo XIII, como indica el único manuscrito conservado. Este cantar de las gestas del Cid, el más importante de la épica medieval en castellano, se conserva en un manuscrito del siglo XIV, aunque en su colofón se aclara que es copia de otro manuscrito de principios del siglo anterior (año 1207), transcrito éste último por un enigmático Per Abad del que poco se sabe. El Poema de Almería, compuesto alrededor del año 1148, señala ya a Álvar Fáñez como brazo derecho de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador (muerto en el año 1099), tal y como aparece en la versión conservada. Esto implica, según algunos especialistas sobre el Cantar (desde Ramón Menéndez Pidal), la existencia de un cantar perdido sobre el héroe castellano –coetáneo al Poema de Almería– en el que se basa la versión recogida en el manuscrito de 1207. Esta hipótesis, apoyada también sobre alusiones históricas y consideraciones lingüísticas, supone que el famoso poema sobre el Cid –en la versión conocida– sería compuesto antes que el Poema de Almería, por lo que el único manuscrito del Cantar de Mio Cid conservado es copia de una versión de las gestas del Campeador compuesta, como mínimo, dos siglos antes. Dice el Poema de Almería:

    […] Tempore Roldani, si tertius Alvarus esset
    Post Oliverum, fateor sine crimine verum,
    Sub iuga Francorum fuerat gens Agarenorum
    Nec socii cari iacuissent morte perempti.
    Nullaque sube celo melior fuit hasta sereno.
    Ipse Rodericus, Meo Cidi sepe vocatus,
    De quo cantatur quod ab hostibus haud superatur,
    Qui domuit Mauros, comites domuit quoque nostros,
    Hunc extollebat, se laude minore ferebat.
    Sed fateor verum, quod tollet nulla dierum:
    Meo Cidi primus fuit Alvarus atque secundus. […]

    (Si, en tiempos de Roldán, Álvaro hubiese sido el tercero / detrás de Oliveros, confieso una verdad sin tacha, / que el linaje de los agarenos hubiera sido puesto bajo el yugo de los francos / y los queridos aliados no yacerían aniquilados por la muerte. / No existió mejor lanza bajo el cielo sereno. / El mismo Rodrigo, a menudo llamado Mío Cid, / de quien se canta que no fue [nunca] vencido por [sus] enemigos, / el que dominó a los moros, y también a nuestros condes, / ensalzaba a éste [a Álvaro], se dirigía a sí mismo elogios menores. / Pero yo confieso la verdad, que no se alterará ningún día: / Mío Cid fue el primero, Álvaro el segundo).

    Jesús Chacón
  • Salutación a Almería  Expandir
  • Para pagar las flores
    con que alfombras mis pasos y enalteces mi orgullo,
    ¿qué puedo yo brindarte, ciudad de mis amores,
    si todo cuanto tengo y cuanto valgo es tuyo?
    El arte que a mi espíritu dio su sonoro brío
    para escalar las cumbres, es tuyo más que mío,
    porque bajo el zafiro de tu cielo, Almería,
    el soplo de los vientos que agitan tus palmares,
    apareció el milagro de luz de mi poesía,
    cual Venus de la copa celeste de los mares.
    Esos versos suaves
    que pasan como brisas y trinan como aves
    que engarzan y confunden sus frases melodiosas,
    como amantes que juntan sus labios entre rosas,
    son ecos solamente con que mi arte ensaya
    copiar el ritmo ágil, sonoro y cristalino,
    con que las claras ondas del santo mar latino
    besan las refulgentes arenas de tu playa.
    Y esos otros que pasan solemnes y bravíos,
    cargados como viejos y heráldicos navíos
    con todos los tesoros de la Naturaleza,
    ¿qué son sino recuerdos de tu antigua grandeza,
    cuando eras, Almería,
    la más noble y gloriosa ciudad de Andalucía,
    jardín de los jardines y espejo de los mares,
    cuando sobre tu frente ungida de azahares
    altiva y soberana
    tu Alcazaba se erguía
    igual que una corona de viva pedrería
    sobre la luminosa frente de una sultana?
    Mi amor a esa proscrita y errante raza mora,
    mis cantos elegíacos a ese pueblo que llora
    tu nombre y tus recuerdos en extrañas riberas,
    ¿qué son sino mensajes que mandan tus palmeras
    a sus nobles hermanas
    las tristes y divinas palmeras africanas?
    Ciudad que fuiste un día
    espejo de los mares, florón de Andalucía,
    deja que el hijo pródigo que al viejo lar regresa
    deshoje esta corona de cariño a tu planta.
    ¡Cada verso, Almería, que tu renombre canta
    es a la par un labio filial que te besa!


    Francisco Villaespesa
    De Poesía.
  • Alcazaba  Expandir
  • La Alcazaba de Almería se localiza en un cerro aislado (de 95 metros de altura), situado a unos 350 metros sobre el nivel del mar, y es el monumento musulmán mejor conservado de Almería. A lo largo de sus 450 metros de longitud y 4 hectáreas (4.150 metros cuadrados) de superficie, alcanza la disposición adecuada para convertirse en una de las fortalezas más grandes y complejas de al-Ándalus.

        Mandada construir a mediados del siglo X (955), en el transcurso de su milenaria existencia resulta muy afectada por los terremotos de 1487, 1522, 1550 y 1658. A partir de la entrada de las tropas francesas en 1810 se reduce su importancia militar. Desde 1907 fue sede de la estación radiotelegráfica que comunicaba la Península con Melilla, función militar que perduró hasta el traspaso al Ministerio de Educación en 1940.

        Tras su declaración como Monumento Nacional en 1931 fue objeto de diversas intervenciones para habilitarla como lugar turístico en la inmediata posguerra. A partir de 1941 empieza su reconstrucción, dirigida por el arquitecto Francisco Prieto Moreno*, responsable de las obras en la Alcazaba de Málaga y de la Alhambra.

        La entrada principal, profundamente modificada en el siglo XIII, es una rampa en zig-zag. Se encuentra franqueada por una torre albarrana, o saliente, y por la de los Espejos, donde la leyenda sitúa el juego de reflectores de la primitiva atalaya que dio nombre a la ciudad (al-mariyat Bayyana: “la atalaya de Pechina”), separadas ambas por una barbacana o muro bajo. La monumental Puerta de la Justicia, muy restaurada en 1940, culmina el conjunto.

        La fortaleza actual se divide en tres recintos. El primero o más oriental, es una gran explanada, ajardinada hoy, cuyos restos más evidentes son unos aljibes con bóveda de ladrillo, alimentados por una noria de 64 metros de profundidad y con un complejo sistema de recogida de aguas de escorrentía. En su frente sur se sitúa una fuente, que probablemente sirviera como mida’a o estancia de abluciones. El resto de la superficie está ocupada por varios barrios de viviendas nazaríes, dos de ellos adosados a las murallas. Una entrada de socorro, parcialmente oculta, permitía salir en caso de asedio.

        Los muros de la alcazaba medieval tenían un sorprendente color blanquecino, todavía apreciable en gran parte de su muralla, debido al enlucido de cal que ocultaba sus continuas reparaciones.
       
        El segundo recinto queda separado del anterior por el muro de la Torre de la Vela y encierra las ruinas del alcázar de gobernadores y monarcas, entre ellos las del afamado Ibn Sumadih, conocido con el sobrenombre de Al-Mutasim (1037-1091). Estos edificios del palacio se agrupan en tres áreas distribuidas de este a oeste. El primero está formado por un barrio de casas para la servidumbre de palacio, de las que se han reconstruidas dos. Varios servicios públicos abastecían al vecindario. Destacan un baño público, con tres naves abovedadas y consecutivas; los aljibes califales, de magnífica solidez, y la ermita de San Juan, obra ya cristiana (mediados del siglo XVI) probablemente edificada sobre la antigua mezquita.

        El área pública presenta sus dependencias, más tarde transformadas en casas, alrededor de un gran patio. A la Casa de Gobierno, donde se celebraban las audiencias, parece referirse un autor árabe cuando describe una sala “dispuesta en graderío y pavimentada con tableros divididos en piezas y esculpidos, en los cuales el oro de buena calidad está adherido al mármol y tiene sus zócalos revestidos con mármoles tallados”.

        La vivienda del rey (o mansión real) quedó en la zona más interna u occidental del conjunto, separada por un grueso muro del resto de edificaciones. Estuvo formada por varios patios, donde el monarca mandó introducir plantas exóticas. Se aprecian todavía varias habitaciones y el baño privado del monarca. Con posterioridad se levantó un gran patio de crucero, con andenes laterales y centrales más altos que el jardín, un pabellón central y una alberca en el extremo norte, desde la que se distribuía el agua de regadío.

        Finalmente, el tercer recinto es un castillo mandado construir por los Reyes Católicos en 1490 en el extremo de la antigua fortaleza. Levantado en piedra de cantería con torres circulares, torre del homenaje y un patio de armas, es importante para comprender la introducción de la artillería en una fortaleza de tradición medieval, en la que destacan todavía diversos elementos góticos.

    Lorenzo Cara Barrionuevo
  • Los últimos fines de siglo  Expandir
  • Los fines de siglo han supuesto un considerable avance en la vida política, económica, social y ciudadana de Almería. Tomemos como ejemplo la ciudad de Almería. El análisis comparativo de las últimas décadas de los siglos XIX y XX pone de relieve que la capital de la provincia ha dado pasos espectaculares en los finales de siglo. Nadie pone en duda que Almería ha experimentado un cambio trascendental en los últimos años del siglo XX. Si hacemos un recorrido por la historia de la ciudad pronto se observa que en la última década del XIX Almería también experimentó cambios profundos que la encaminaron hacia la modernidad.

        Almería, de igual modo que otras ciudades españolas, había dicho su adiós al pasado y había iniciado un camino de desarrollo urbanístico, de nueva trama urbana y de expansión con el derribo de las murallas a mediados del siglo XIX. Era el signo inequívoco de lo que entonces se llamaba progreso, vinculado a las nuevas necesidades de una burguesía liberal enriquecida por los negocios de la minería y del comercio. Sin embargo, aquella ciudad decimonónica estaba surcada por ramblas, cuyos nombres ha perpetuado la historia en los rótulos de calles como Rambla Obispo Orberá o Rambla de Alfareros. La ciudad estaba a socaire de las inclemencias del clima y sufría el aislamiento del resto de España. Durante la última década del siglo XIX se afrontaron con indudable éxito algunos de estos problemas que impedían el desarrollo y el futuro de la ciudad. Las tristes inundaciones de septiembre de 1891 obligaron al Gobierno de la Nación a enviar ayudas suficientes para canalizar la Rambla y se acometió, por tanto, una de las obras más señeras de aquellos tiempos. El aislamiento secular del resto de España por tierra se rompió con la construcción del Ferrocarril que a mediados de los años noventa llegó a Guadix y en 1899 conectó Almería con Madrid a través de Linares-Baeza. El puerto de Almería acometió obras de infraestructuras suficientes en el muelle de levante para potenciar el comercio uvero de la época.

        Aquel fin de siglo contó con un movimiento cultural intenso, que rompió por primera vez las barreras provinciales y situó a nuestros escritores en los ambientes literarios madrileños de la mano de Francisco Villaespesa y del modernismo. Poetas y escritores como Paco Aquino, Pepe Jesús García, José Durbán Orozco, Carmen de Burgos, Plácido Langle Moya, el regeneracionista Antonio Ledesma Hernández, entre otros, son buenos exponentes de aquellas corrientes culturales que se dieron a conocer en el Ateneo, Círculo Literario, en numerosas publicaciones y en las revistas de la época.

        Fue un fin de siglo que, pese al desastre en las colonias, el pesimismo de la derrota y los indudables problemas sociales puso las bases de una ciudad moderna y abierta a la esperanza. Una potente Federación Local de Sociedades Obreras mostraba la existencia del obrerismo consciente e impulsaba las nuevas formas de acción colectiva como la huelga, los mítines y las manifestaciones.

         Tras un largo siglo XX de parón se ha tenido que llegar a sus últimas décadas para asistir de nuevo a otro empuje similar en el desarrollo de la ciudad, hasta el punto que se produce un paralelismo digno de tener en cuenta. Empuje que se debe especialmente a la labor de los ayuntamientos democráticos con la ayuda de la Junta de Andalucía.

        A finales del XIX se canalizó la Rambla y hace pocos años se ha terminado un excelente bulevar de cinco kilómetros de largo que ha hecho del viejo surco de la Rambla el principal eje articulador y de ocio de la ciudad. La última década del XIX rompió el aislamiento de Almería con la construcción de la línea ferroviaria, que nos enlazó con el resto de España. En estos últimos años, se ha producido la construcción de las autovías que unen a la ciudad y la provincia con el resto de España, Andalucía y Europa. El puerto de ayer con sus barcos cargados de mineral y de uva, signo del papel que el comercio tenía para la economía, se ha convertido en frontera internacional como puerta de África y esperanza de que Almería sea una ciudad abierta al progreso y al encuentro de culturas y pueblos hermanos del Mediterráneo. A finales del XIX la exportación de la uva supuso una nueva inyección a la economía almeriense y hoy los cultivos bajo plásticos han situado a Almería en unos de los motores de la economía andaluza. Si el Ateneo, el Círculo Literario y los primeros pasos del modernismo galvanizaron el ambiente cultural de fines del XIX, hoy la enseñanza, la cultura, la ciencia y, en suma, la sociedad del conocimiento, tienen un impulso definitivo con la creación de la Universidad de Almería en 1993, una de las mejores obras que se ha podido brindar al futuro de la juventud y al desarrollo científico y técnico de las potencialidades humanas y económicas de la provincia.

    Fernando Martinez
 
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