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TÉRMINO
- ATENEO
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  • El Ateneo Popular de Málaga  Expandir
  • Creado en Málaga en 1913 con el doble objetivo de llevar a cabo “una propaganda radical contra todo prejuicio y tiranía social, política y religiosa” que dificultase en la ciudad el progreso y defender firmemente “la libertad de pensamiento y de conciencia”, el Ateneo Popular sirvió en la Málaga del momento como un lugar de encuentro entre republicanos, librepensadores y militantes obreros. En el momento de su fundación la sociedad estaba presidida por Francisco Jerez Martín y componían la junta directiva Antonio Cuevas, Rafael Cabello, Martínez Muriel y Juan Mancera Durante.
     Contando con el apoyo expreso de estos medios, el Ateneo pudo sostener desde sus inicios una escuela racionalista de niñas llamada El Progreso, que un año después de su apertura contaba ya con 97 alumnas que recibían enseñanzas de Lectura, Caligrafía, Aritmética, Gramática Castellana, Historia Universal y de España, Geometría, Geografía General y particular de España, Higiene, Urbanidad, Moral y Labores.
     Complementando las actividades académicas y participando de las inquietudes de la nueva pedagogía, otras actividades de las que participaron las alumnas fueron las charlas y las giras campestres que realizaban regularmente con el fin de conmemorar alguna de las efemérides que jalonaban el calendario republicano, particularmente la proclamación de la Primera República, el 11 de febrero. El acto, que tradicionalmente se celebraba en el paraje conocido como Arroyo de los Ángeles, reunía a alumnos, familiares, profesores y dirigentes del partido, ya que esta actividad servía también para mostrar la fuerza del republicanismo. Así, a la de 1914 asistieron 1.134 niños y niñas de las distintas escuelas laicas de la ciudad, entre ellas las del Ateneo Popular. Además de los consabidos discursos de los dirigentes –entre ellos Pedro Gómez Chaix–, al comienzo y al final de los actos se recitaban poesías y se entonaban por parte de los niños himnos a la libertad, al trabajo y al amor universal. La gira concluía con el reparto de libros y juguetes a los niños.
     También participó regularmente el Ateneo en las procesiones cívicas, entre las que tuvieron una especial significación las celebradas los 1º de enero de cada año en honor de las víctimas de los enfrentamientos entre la milicia y el ejército durante el Año Viejo de 1868 y el 1º de enero de 1869. Contando con una representación de las distintas sociedades y círculos, uno de los puntos de paso obligados de los manifestantes era la Plaza de la Merced, donde se encontraba el monolito levantado en honor del brigadier Torrijos, desde donde se dirigían hasta el cementerio de San Miguel, en el que se depositaban coronas de flores ante las tumbas de las víctimas y se leían poesías como testimonios imperecederos de que vivían constantemente “en el corazón y en el cerebro de todos los amantes de la libertad”.
     La misma significación tenía su participación en las grandes campañas de carácter ciudadano, entre otras las manifestaciones de apoyo a las familias de los detenidos por los sucesos de Benagalbón, en 1914; las campañas contra las carestías o las recaudaciones de fondos en favor de los mineros de Riotinto. Actividades todas ellas que mostraban la dimensión cívica del Ateneo Popular.

    Manuel Morales Muñoz

  • La Cabalgata de Reyes del Ateneo de Sevilla  Expandir
  • La más popular y duradera de las actividades del Ateneo de Sevilla, pues se inicia en 1918 y se mantiene en nuestros días, es la organización anual de la Cabalgata de Reyes Magos. La primera cabalgata sale del teatro San Fernando el 5 de enero de 1918. Los reyes van en un caballo y dos camellos, éstos aportados por un circo. El personal lo aporta el empresario cinematográfico Llorens, uno de cuyos empleados, Domingo, negro, será el rey Baltasar. Melchor es el escritor José María Izquierdo y Gaspar Jesús Bravo Ferrer. Se reparten 1.811 bolsas de caramelos y 3.470 juguetes.
    Ateneo y cabalgata se identifican con Sevilla en muy poco tiempo. La historia recreada por el Ateneo supera las visiones trasladadas oralmente a los niños de Sevilla y la cabalgata se convierte en acontecimiento vital en la vida de la ciudad. Ya la de 1919 se presenta con amplio apoyo social. Se consolida también  pronto el festival posterior en el que se entregan los juguetes, aunque desde algunos sectores católicos se protestará porque el liberalismo del Ateneo incluya entre las escuelas con derecho a juguetes algunas escuelas protestante. La cabalgata no se interrumpe en el periodo republicano, incluso va a más. Pero los Reyes Magos a entran en el ayuntamiento a los acordes del Himno de Riego.
    Con la guerra civil el Ateneo consigue mantenerse y mantener la cabalgata. No puede evitar que los símbolos del nuevo régimen estén presentes en ella. La difícil posguerra no favorece la financiación de la cabalgata, se recurre lo mismo a partidos de fútbol que a corridas de toros para allegar fondos, pero la cabalgata es percibida como propia por la ciudad y el público abarrota las calles del recorrido. Y pese a los intentos de control oficial triunfa el carácter popular. Desde mediados de los años cincuenta la cabalgata gana en vistosidad, variedad y participación, es una de las más complejas de toda España y no faltan firmas patrocinadoras de las carrozas. Con la democracia se instaura otra forma de ver la cabalgata, lo artesanal queda atrás, aunque queda pendiente el disponer de un local propio, y aunque nunca falten apuros económicos que el Ateneo ha solventado de forma siempre admirable y a veces milagrosa.

    De La cabalgata de Reyes Magos del Ateneo de Sevilla.

  • El Ateneo de Cádiz  Expandir
  • Fundado en julio de 1858, el Ateneo Científico, Artístico y Literario de Cádiz ha desarrollado sus actividades de forma casi ininterrumpida hasta nuestros días. Se trata del segundo ateneo más antiguo de España, sólo superado en antigüedad por el de Madrid. Surgió por la iniciativa de un grupo de socios del Liceo Gaditano, institución que, establecida en 1855, había cumplido hasta entonces funciones mixtas, propias tanto de los casinos como de las academias. A diferencia del anterior, y pese a mantener la misma sede –la de la antigua Casa de la Camorra–, el Ateneo nacería con una vocación más seria. Como reconocería en el primer número de la publicación que editó semanalmente durante sus primeros años –llamada precisamente Ateneo de Cádiz–, su objetivo principal consistía en la contribución al progreso de las ciencias, las letras y las artes. En el tercer número de la publicación, fechado el 5 de septiembre de 1858, la nueva sociedad especificaría aún más su espíritu fundacional, dejando esta vez lugar al “solaz” de sus asociados. En concreto, se reconocía como objetivo de la institución: “Promover la afición al estudio de las ciencias, procurar el fomento de las letras y bellas artes y proporcionar a la vez grato solaz a los socios inscritos”. Desde un principio el Ateneo se organizó en Academias (Ciencias, Bellas Artes, Literatura, Música, Declamación y Lengua), divididas a su vez en secciones. En breve, fue capaz de desarrollar un completo calendario de sesiones que atrajo a buen número de gaditanos, de manera que a principios de 1859, transcurridos apenas seis meses desde su fundación, contaba ya con 450 socios. Presidido inicialmente por el abogado Miguel Ayllón Altolaguirre, el Ateneo contó, durante décadas, con la asociación de los principales representantes del mundo político, económico, científico y cultural de Cádiz. Entre otros, fueron socios del Ateneo varios alcaldes de la ciudad, como Pedro Víctor y Pico, Adolfo de Castro, Cayetano del Toro, Rafael de la Viesca y Manuel Barrocal; así como otros personajes polifacéticos del rico Diecinueve gaditano, como Francisco Flores Estrada o Eduardo Benot. Al margen de las actividades científicas, artísticas y literarias, el Ateneo también desarrolló actividades lúdicas, como los bailes de etiqueta y de máscaras, y cumplió una función benéfica. En cuanto al semanal, se publicó hasta octubre de 1860, y en sus 64 números aparecieron artículos de muy diversa índole, referidos a casi todos los campos del saber, especialmente la Historia, la Literatura, la Medicina, la Economía, la Filosofía y el Derecho.

    Gonzalo Butrón Prida

  • El Ateneo de Almería  Expandir
  • Esta institución cultural de profunda raíz liberal tiene su presencia en el panorama cultural almeriense en diversos periodos de los siglos XIX y XX. Dos etapas dejan impronta por su intensa actividad cultural: una en el siglo XIX, entre 1876 y 1890, y otra en el siglo XX, desde 1974 hasta la actualidad. El Ateneo decimonónico tuvo su antecedente en el Liceo Artístico y Literario* constituido en 1843 por un grupo de estudiantes del Colegio de Humanidades, donde se dieron cita las personas más representativas de la sociedad liberal y del Instituto de Segunda Enseñanza en Almería. A medio camino entre el cenáculo político, la tertulia literaria y la reunión puramente social, fue el centro de referencia cultural de la Almería de mediados del siglo XIX . El semanario El Caridemo se convirtió en su órgano de expresión. El Ateneo abrió sus puertas en enero de 1876 bajo la presidencia de Santiago Capella Oriola, catedrático del Instituto, destacado republicano y miembro de la logia Unión y Justicia. Desde sus primeros momentos apuesta por el progreso y se convierte en refugio de republicanos y demócratas en el ostracismo político durante aquellos momentos de inicio de la Restauración. La pequeña y mediana burguesía ilustrada, profesionales liberales y profesores de la Escuela Normal y del Instituto dieron vida a unas actividades ateneísticas que en sus momentos de auge tuvieron que celebrarse en el teatro Variedades y el Principal. Los debates y las veladas literario-musicales fueron el núcleo fundamental de la vida del Ateneo. Su organización tuvo como base las Secciones de Ciencias Morales y Políticas, Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y Literatura y Bellas Artes; también se impulsaron cátedras, asemejándose en su estructura a los Ateneos de Madrid y Barcelona.
     La convocatoria de un certamen nacional en 1879 sobre temas literarios y de la más candente actualidad le dieron la oportunidad de recibir memorias de todos los rincones de España. Entre los temas destacó un premio al mejor estudio sobre “Exposición y examen de la doctrina transformista, sus antecedentes y consecuencias” con lo que se impulsaba el conocimiento de las ideas del Darwin. El premio lo obtuvo el catedrático de instituto granadino Rafael García Álvarez, uno de los más tempranos difusores del darwinismo en España. En el Ateneo se dieron a conocer los primeros trabajos de la escuela médica positivista que arraigó en Almería durante estos años y tuvo su máxima expresión en la revista La Voz Médica. El Ateneo tributó homenajes a Calderón de la Barca, Benito Pérez Galdós y al Quijote. Aunque no tuvo un periódico oficial, la Revista de Almería (1879-1884), dirigida por Agustín Arredondo, recogió como órgano oficioso las actividades, discursos y memorias de la institución. La impronta de aquel Ateneo decimonónico queda recogida por el escritor regeneracionista Sixto Espinosa: “Al Ateneo se debe el haber despertado la inteligencia de un país, donde tal vez por los rigores del clima, parecía condenada a perpetuo quietismo!. El Ateneo se fusionó con el Centro Mercantil para subsistir pero cayó víctima de la penuria económica en 1890. Sobre sus rescoldos surgió el Círculo Literario* en 1891.
     En los albores de la Segunda República se levantó otro Ateneo, de eminente carácter político en el que se dieron cita intelectuales del republicanismo local, que apenas tuvo actividades y continuidad. Fue en el tardofranquismo, en 1974, cuando un grupo de profesores, abogados, funcionarios y hombres de las profesiones liberales bajo la dirección José María Artero, catedrático de Ciencias Naturales del Instituto de Almería, decidieron poner en funcionamiento una institución que dinamizara la vida cultural de Almería en aquellos momentos que auguraban cambio. Recogieron el espíritu del Ateneo decimonónico y estructuraron la Junta Directiva en vocalías. Era la réplica ilustrada a la Tertulia Indaliana, único lugar de encuentro cultural de la quietista Almería franquista, centrada en el arte y dirigida ritualmente por el pintor Jesús de Perceval. El nuevo Ateneo  supuso un auténtico revulsivo en la vida cultural de la ciudad con conferencias, exposiciones y conciertos. A los impulsores como José María Artero, Joaquín Pérez Siquier, Juan Pérez Pérez, Pablo Castillo, Fausto Romero, Emilio Esteban Hanza, Guillermo Berjón, Francisco Rueda Casssinello, Dionisio Godoy se le unieron profesores del recién creado Colegio Universitario como Fernando Fernández Bastarreche, Fernando Martínez López y el periodista Manuel Gómez Cardeña, quienes contribuyeron a darle una impronta progresista a la institución a través de ciclos de conferencias sobre la historia social y política de España, que en algunos casos fueron prohibidas por el gobernador civil de turno. El Ateneo impulsó una semana de conferencias en Almería y un acto popular en Alhama en homenaje a Nicolás Salmerón y Alonso (mayo de 1977), pretendiendo volver a situar la figura del ilustre almeriense en el centro de la reflexión y de la política en aquellos tiempos de transición democrática. Fausto Romero fue el continuador de José María Artero en la presidencia del Ateneo, dándole una nueva huella a la Institución.
     Las elecciones a la Junta Directiva produjeron un cambio significativo en junio de 1982. Un grupo de profesores y profesionales vinculados a la izquierda almeriense ganaron democráticamente las elecciones situando a Joaquín Pérez Siquier en la presidencia, sucedido posteriormente por Fernando Martínez, Celso Ortiz y Marcos Rubio de Bustos, en cuyo mandato el Ateneo se dotó de una sede en la calle de la Almedina. Son los años de mayor dinamismo del Ateneo que se convierte en el principal referente de la vida cultural y la reflexión política en Almería, como en Granada o Málaga supusieron el Club Larra o el Ateneo malagueño. Hasta 2003 han sido presidentas del Ateneo las escritoras Ana María Romero Yebra, Pilar Quirosa-Cheyrouze Muñoz y Pura López. 

    Josefa Martínez Romero

 
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