inicio quiénes somos normas de uso abreviaturas contacto

BÚSQUEDA DE TÉRMINOS



Acceso a búsqueda avanzada

TÉRMINOS RECIENTES

AGENDA CULTURAL
   Bodas de Sangre: Programación en Jaén
   Taller de creatividad dinamizado por Yanua para celebrar el Día Internacional del Libro Infantil
   Taller de fin de semana: Fotografía + Ciencia: fotografiando lo imposible



CON LA COLABORACIÓN DE



 
TÉRMINO
- CAJAS DE AHORROS
  ANEXOS
 
  • Hacia un Banco andaluz de cajas  Expandir
  • En el último cuarto de siglo, la evolución del sistema financiero andaluz ha sido intensa y uno de sus principales rasgos ha sido el profundo cambio experimentado por sus Cajas de Ahorros. No se han creado nuevas entidades, la Caja de Jaén, que nace en 1980, es prácticamente la última caja de ahorros española; por el contrario las existentes sufren un acelerado proceso de fusiones que transforma el panorama. Las cajas andaluzas ganan así dimensión, imprescindible para competir en un mercado cada día más globalizado e internacional, y por otro lado incrementan notoriamente su campo de actividades, mientras gana en importancia la obra social, canalizada en muchos casos a través de ­fundaciones.
     Puede decirse que es en esta etapa decisiva cuando las cajas andaluzas ganan la batalla a los bancos, entre los que además desaparecen en esos mismos años los de capital andaluz. Año a año crece el porcentaje de ahorro de la comunidad que captan las cajas, en detrimento siempre del sector bancario, pues también las rurales, que experimentan un proceso similar de fusiones y de diversificación y generalización de su actividad financiera, ganan cuota de mercado.
     Quizá el rasgo más significativo de los últimos años, junto a las fusiones, sea la creciente presencia de las cajas andaluzas en el tejido empresarial, y muy señaladamente industrial, de la comunidad andaluza, también canalizada a través de corporaciones empresariales y otras figuras similares, en muchos casos con presencia en sectores innovadores, en otros en empresas grandes o estratégicas, sin olvidarse del área inmobiliaria, las cajas se configuran por todo ello como elemento cada vez más decisivo en la economía de la comunidad.
     La seis cajas salidas del intenso proceso de fusiones –aún no concluido, pues por ejemplo está en larga marcha el de las dos cajas sevillanas, El Monte y Caja San Fernando–, con cierto reparto territorial e incipiente presencia fuera de Andalucía, han estrechado la cooperación interna y desde hace años es objetivo no fácil pero sí compartido el de crear una caja de cajas o un banco común, con el que colaborar en proyectos compartidos de interés para toda la comunidad, con una envergadura que permita superar las posibilidades de una sola entidad crediticia y que compense esa ausencia de una banca autóctona. Cerrados a finales de 2004 los problemas de disonancia entre Cajasur, entidad peculiar dentro del grupo por su vinculación a la iglesia católica, y la Junta de Andalucía, ese banco o caja común cobra entidad y se adivina ya en el horizonte.

    Antonio Checa

  • El Monte, siglo y medio de reponsabilidad social  Expandir
  • La economía de las regiones no puede entenderse hoy en España sin las cajas de ahorros, y Andalucía no es ninguna excepción. Inversamente, las cajas de ahorros tampoco pueden entenderse sin el factor de la territorialidad, aun superada desde 1988 aquella limitación que impedía a estas entidades actuar fuera de su comunidad de origen.
     En El Monte, la entidad que presido, nos gusta decir que, para nosotros, crecer con el entorno es la única forma noble de crecer. Detrás de una afirmación semejante, se cobijan un buen número de obligaciones y de compromisos. Compromisos relacionados con la necesidad de dar respuesta a las demandas del territorio de implantación, de impulsar su desarrollo y crecimiento económico, de promover el bienestar social y la calidad de vida de sus ciudadanos e incluso de elevar su listón formativo y cultural.
     Detrás de todos estos conceptos, hay uno que lo engloba todo y que define el espíritu de actuación de nuestra caja: responsabilidad social. En El Monte somos conscientes de que la responsabilidad social implica importantes deberes para con los ciudadanos andaluces. Esos “deberes” son, sin embargo, nuestros principales valores diferenciales y, por ende, nuestra más rotunda e infranqueable ­fortaleza.
     Más de un millón de clientes trabajan con El Monte, y lo hacen, por diversas razones, pero sobre todo porque saben que somos una entidad que desempeña una gran función social en su territorio de implantación. Esa función social está presente en nuestra política de participaciones empresariales y por supuesto en nuestra actividad principal: el negocio financiero. Desde El Monte podemos y debemos hacer muchas cosas por Andalucía, pero la principal de ellas es prestar servicios financieros que contribuyan a la generación de empleo y riqueza y que sean útiles para los ciudadanos.
     Además, nuestros clientes conocen que los beneficios que obtenemos de esa actividad empresarial lo devolvemos a los ciudadanos a través de nuestra obra social, promoviendo y facilitando iniciativas que contribuyan al crecimiento económico, bienestar social y enriquecimiento cultural de toda la población. Por este motivo, aplaudimos la publicación de esta Enciclopedia General de Andalucía.
     Crecer y ayudar a crecer a nuestro entorno, es lo que llevamos haciendo desde hace ya más de ciento sesenta años y lo que queremos seguir haciendo en adelante para que El Monte, la caja más veterana de toda Andalucía, no sólo sea una institución histórica, sino una entidad de futuro y con futuro.

    José María Bueno Lidón
    Presidente de el monte

  • Los primeros 25 años de la Caja de Jaén  Expandir
  • La Caja Provincial de Ahorros de Jaén se constituyó notarialmente el 4 de noviembre de 1980, iniciando las operaciones el 25 de junio de 1981. Ambas fechas representan para Jaén la realización de un viejo sueño. Hasta entonces, desde el siglo XVIII, en Jaén, Linares y Andújar se fueron sumando sucesivos intentos fallidos o fracasos en fundaciones de ahorro casi mesiánicas para salvar física y económicamente a las clases populares. La creación de la Caja de Jaén no fue fácil: desde el primer acuerdo de la Diputación Provincial (7-IV-1943) hasta materializar la primera operación financiera, habían de pasar 39 años.
     En estos años la Caja de Jaén ha pasado por dos etapas diferenciadas, pero empresarial y estratégicamente necesarias:
     - La primera, de consolidación, duró veinte años (1981-2000). Se inició con el fondo dotacional mínimo exigido, 1.502.530,26 euros aportados por la Diputación de Jaén. Eran tiempos difíciles: estabilización política en España y casi final de una larga crisis económica y financiera mundial. La prioridad fue el desenvolvimiento presupuestario y financiero de la Caja para poder servir con continuidad los objetivos fundacionales. Al finalizar el siglo XX, la Caja había crecido en todos los campos: presupuesto, resultados, número de oficinas, beneficios, aplicación del 25% a la OBS, número de empleados… Se había alcanzado el horizonte para elegir lo que más convenía a los intereses de la provincia.
     - La segunda etapa comenzó en abril de 2001 con la renovación de los nuevos órganos de gobierno y mi elección como sexto Presidente del Consejo de Administración; además, tenía nueva imagen corporativa: el cambio de sede social en Plaza de Jaén por la Paz, 2. El Plan Estratégico de la Caja 2002-2004 marcaba como objetivo, el crecimiento, máxima inversión y máximo porcentaje de beneficios para su Obra Social y Cultural, buscando colaborar en mayor medida con Administraciones y emprendedores en la transformación de Jaén en una provincia económicamente dinámica, territorialmente equilibrada, socialmente solidaria, avanzada y creativa culturalmente; es decir, se había cambiado el modelo de Caja pasando de la rentabilidad al crecimiento de la masa crítica financiera y su implicación con la sociedad jiennense; porque había que “sembrar la Caja en Jaén y allí donde decidan vivir sus hijos”
     Ahora, en los primeros años de la segunda etapa, la Caja de Jaén tiene asegurada la dirección y gestión de sus recursos mediante un Acuerdo Programático de Gobierno, suscrito por la mayoría social, institucional e impositores. Asamblea y Consejo de Administración se rigen por los nuevos Estatutos que, a pesar de la “tormenta regulatoria” legislativa de los últimos años, han sido aprobados por unanimidad.
     Así, en el umbral de 2005, en un cuatrienio se han sobrepasado todos los anteriores objetivos de crecimiento y resultados, ampliando el número de oficinas y empleados, nuestra presencia ya no se ha limitado a crecer en la provincia como exigía el mandato constitucional, estamos en Badalona, Sabadell, Madrid, Torremolinos… y seguimos creciendo. La OBS se ha convertido por su acción en un referente provincial, destinando a la misma un 37% de los beneficios. El nuevo Plan Estratégico, 2005-2008, mira decididamente con solvencia y rentabilidad social hacia el futuro, coincidiendo con el 25 Aniversario.

    José Antonio Arcos Moya
    Presidente de la caja de ahorros de jaén

  • Unicaja, un acierto estratégico  Expandir
  • Las Cajas de Ahorros andaluzas cuentan con una dilatada trayectoria histórica que se remonta al siglo XIX. Desde entonces, y de manera ininterrumpida, han jugado un papel básico en el desarrollo económico y social, como consecuencia de su cercanía al territorio, su estrecha vinculación con las pequeñas y medianas empresas y las familias, la continua adaptación a las nuevas necesidades, su apuesta por la calidad y su amplia red de oficinas. A todo ello, se ha sumado la labor realizada tradicionalmente a través de su obra social, atendiendo servicios colectivos no cubiertos por el sector público. Las Cajas de Ahorros han sido, en definitiva, un pilar básico del sistema financiero andaluz, carácter que cobra un relieve especial en una Comunidad que ha carecido de un sistema bancario regional.
     En la segunda mitad de los años ochenta del pasado siglo, cinco Cajas andaluzas (las de Ronda, Cádiz, Almería, Málaga y Antequera) consideraron que su integración en una entidad única era la mejor alternativa para afrontar los retos y exigencias del nuevo escenario económico y financiero. El 18 de marzo de 1991 veía la luz la nueva entidad, Unicaja, que nacía con la vocación de convertirse en la primera institución financiera de Andalucía y de dotar a ésta de un instrumento acorde con su importancia económica.
     Transcurridos cerca de tres lustros, la situación económico-financiera y patrimonial de Unicaja avala de manera inequívoca el acierto estratégico del proyecto empresarial, sustentado en sólidos pilares de solvencia, eficiencia y rentabilidad. Con una red integrada por más de 800 oficinas, repartidas, en su inmensa mayoría, a lo largo y ancho de Andalucía, permite hacer llegar a todos los ciudadanos una completa oferta de servicios financieros. Del mismo modo, su cartera empresarial ha experimentado, durante los últimos años, un fuerte crecimiento y diversificación en distintos sectores de la región, con especial incidencia en las nuevas tecnologías y en proyectos estratégicos para el desarrollo económico.
     Por otro lado, a lo largo de los años Unicaja ha consolidado la obra social de carácter privado más importante de Andalucía, cuyo presupuesto en el año 2004 supera los 50 millones de euros, destinados a una amplia variedad de iniciativas en los ámbitos social, educativo, cultural, deportivo y asistencial, llegando a más de 800.000 beneficiarios directos, y reflejando un sólido compromiso con el desarrollo económico y social de nuestro ámbito territorial de actuación. Este compromiso irrenunciable constituye una de nuestras señas básicas de identidad, y una directriz esencial en nuestra estrategia como entidad financiera al servicio de la sociedad a la que nos debemos.

    Braulio Medel Cámara
    Presidente de unicaja

  • Siglo y medio de la Caja General de Ahorros de Granada  Expandir
  • Los orígenes de la Caja General de Ahorros de Granada se remontan hasta 1740 cuando un fraile agustino, Antonio Sánchez Jiménez, fundó en la ciudad de Granada el Monte de Piedad de Santa Rita. Inicialmente, el objetivo principal de esta institución fue el de aliviar a los pobres en sus necesidades, proporcionándoles la posibilidad de empeñar sus objetos de forma gratuita con los recursos financieros aportados por la piedad de los fieles. En 1838, su Junta Directiva acordó crear una Caja de Ahorros, con el fin de admitir depósitos con interés para invertirlos en préstamos del Monte, a imitación de la que se había creado en Madrid años antes. Monte y Caja funcionaron no sin dificultades hasta 1866, en que una grave crisis llevó a su disolución.
     Este fracaso pesaría mucho en los años siguientes. Múltiples proyectos concebidos a partir de la Ley de 29 de junio de 1880, por la que el gobierno se comprometía a la creación de Cajas de Ahorros y Montes de Piedad en todas las provincias, no pudieron llegar a realizarse. Finalmente, por iniciativa de la Cámara de Comercio, presidida entonces por el empresario Juan López-Rubio, y tras laboriosos trabajos durante más de dos años, se aprobaron sus Estatutos en 1891 y en 1893 abría sus puertas el Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Granada, la entidad que ha llegado hasta nuestros días.
     El primer medio siglo de la institución fue muy difícil. Pese a la implicación inicial de los empresarios más importantes de la ciudad (Rodríguez Acosta, Agrela, Arteaga, Creus, López-Rubio, Santos), a finales de 1919 contaba tan sólo con 12 empleados y sus depósitos eran de  627.273 pesetas. Veinte años más tarde, en 1940, el número de empleados se había reducido a 11, aunque sus depósitos alcanzaban ya la suma de 1.515.727 pesetas con un total de 1.305 libretas.
     La salida de la entidad fuera de la capital tuvo lugar a partir de 1946, en que una Orden del Ministerio de Trabajo instaba a las Cajas a iniciar su expansión geográfica. Después de un rápido proceso de nuevas aperturas, en 1964 contaba ya con 361 empleados, un ahorro de 2.573 millones de pesetas y un total de 134 sucursales en distintos pueblos, de los que 29 correspondían a la provincia de Jaén y el resto a la de Granada. Y en los años siguientes, después que una nueva Orden Ministerial de 24 de junio de 1964 volviera a regular la futura expansión de las Cajas de Ahorros, la Caja de Granada continuó abriendo nuevas sucursales, con Jaén como objetivo prioritario. De este modo, en 1978 tenía ya 188 sucursales.
     Después de 1977, a raíz de que los Pactos de la Moncloa abrieran  el camino a un rápido proceso de liberalización y desregulación de las Cajas de Ahorros españolas, Caja de Granada continuó su plan de expansión, abriendo un total de 40 nuevas sucursales hasta 1986 y consiguiendo con ello una presencia más que testimonial en todas las provincias andaluzas y en Madrid y Barcelona.
     La Ley de Órganos Rectores de las Cajas de Ahorros de 1985 significó un giro importante para estas entidades, al incorporar a sus órganos de gobierno los intereses territoriales representados por las Corporaciones Locales. Desde entonces, Caja Granada ha continuado su expansión territorial hasta un total de 470 sucursales distribuidas por toda Andalucía, Madrid y Barcelona, ha multiplicado su tamaño hasta alcanzar un balance de más de 8.000 millones euros, ha aumentado su plantilla hasta 2.236 empleados, se ha implicado directamente en el tejido empresarial de la región incluso mediante participaciones directas en el capital de algunas de sus empresas más significativas, ha liderado o participado activamente en importantes iniciativas sociales y económicas y ha aumentado su dotación a Obra Social hasta casi 15 millones euros en 2003.

    Antonio-Claret García
    Presidente de Caja Granada

  • Caja San Fernando, un instrumento de progreso  Expandir
  • Las Cajas son instituciones de carácter privado que combinan su actividad financiera con una profunda vocación social. Es precisamente la confirmación de este modelo como un acierto pleno lo que permite entender la evolución de las Cajas de Ahorros hasta llegar a lo que hoy representan: un conjunto de entidades que gestiona más de la mitad de los recursos de las familias y de las empresas españolas y andaluzas.
     La fórmula del “dividendo social” ha evolucionado y se ha perfeccionado a sí misma fomentando la confianza de una clientela cada vez más amplia, conocedora de la ausencia de ánimo de lucro en nuestras actuaciones. Pero esta confianza exige una actitud cada vez más rigurosa en el cumplimiento de nuestras funciones. De ahí que la eficacia en la gestión sea un objetivo inexcusable. Cuanto más riqueza generemos, a más personas llegará la reversión del beneficio en nuestro entorno.
     Caja San Fernando es una de las entidades financieras más antiguas de España. Desde esta privilegiada posición nos sentimos especialmente comprometidos con las señas de identidad que han labrado año tras año nuestra personalidad; ese conjunto de matices por el que se nos conoce popularmente como “La Caja”, una sencilla denominación que encierra un significado de cercanía y familiaridad en la sociedad en la que estamos presentes, para la que trabajamos.
     Caja San Fernando se sustenta en tres pilares básicos: una fuerte implantación en su ámbito natural, un marcado componente de cercanía fiel a nuestros orígenes, y un conocimiento exhaustivo del mercado y de las necesidades específicas del territorio en el que operamos. Proporcionamos seguridad financiera a todas las capas de la población y ello nos convierte en un elemento imprescindible para el desarrollo socioeconómico de Andalucía. La prestación de productos y servicios financieros de calidad se conjuga con una decidida apuesta por la solidez del tejido empresarial, el apoyo a los jóvenes, la colaboración en proyectos empresariales que fomenten la cultura emprendedora, la búsqueda del desarrollo sostenible –tanto desde el punto de vista social como medioambiental–, y la implicación en el campo de la innovación y las nuevas tecnologías. 
     Caja San Fernando avanza con paso firme en un mercado cada vez más competitivo, reforzando sus ratios de rentabilidad y solvencia, e incrementado en cada ejercicio su aportación a la Obra Social y Cultural, que cada vez aborda proyectos más ambiciosos y atiende nuevas demandas sociales como la formación, la cooperación internacional y las iniciativas solidarias sin fronteras. Caja San Fernando es hoy un sólido instrumento de progreso y equilibrio social al servicio de los andaluces; una entidad llamada a jugar un papel protagonista en los nuevos retos y proyectos que marcarán el futuro de Andalucía.

    Luis Pascual Navarrete Mora
    Presidente de caja san fernando

  • Caja de Ahorros de Cádiz  Expandir
  • La primera caja de ahorros de Cádiz se fundó en 1845, diez años después de la aparición de la Real Orden en la que el ministro de Interior Diego Medrano y Treviño instaba a los gobernadores civiles a impulsar en sus respectivas provincias la creación de estas instituciones financieras de finalidad benéfica y a medias crediticia. La naciente entidad estableció sus oficinas en la calle de San Francisco. Un año después se fundó el Monte de Piedad, que se unió a la Caja de Ahorros para funcionar como un mismo establecimiento, compartiendo local y administradores. El Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Cádiz, que así se denominó, fijó sus objetivos en la ayuda benéfica, realizada básicamente a través del sistema de empeños, y en el fomento del ahorro, medios ambos con los que se pretendía contribuir a la mejora de vida, e incluso al ascenso social, de las clases trabajadoras gaditanas. Importantes nombres de los sectores pudientes de la ciudad (comerciantes, navieros, propietarios, abogados) respaldaron el proyecto, facilitando con espíritu filantrópico los primeros fondos y haciéndose cargo de la gestión de la institución. Su actividad fue todo un éxito hasta la crisis financiera de 1866 que vapuleó al conjunto de la banca española. Incapaz de superar sus consecuencias, terminó desapareciendo a principios de la década de los setenta.
     El 15 de agosto de 1884 se fundó en Cádiz una nueva caja de ahorros, con el mismo nombre que la anterior, aunque sin ninguna vinculación con ella. Su creación fue posible gracias a la disposición testamentaria de Diego Fernández Montañés, artífice de la traída del agua a la ciudad, que donó para tal fin la importante cantidad de 200.000 pesetas, a la que se sumaron otras aportaciones económicas procedentes del Ayuntamiento (10.218 pesetas), del Cabildo Catedralicio (250 pesetas) y de la Compañía Trasatlántica (7.500 pesetas). Figura principal en todo el proceso de fundación fue Manuel Berrocal, hábil promotor y realizador de la idea, que se convirtió en el primer presidente del Consejo de Administración de la entidad. Con él colaboraron otros gaditanos ilustres, como Agustín Blázquez y Manuel A. de Amusátegui.
     El establecimiento, cuya sede y oficinas se instalaron en la calle Isabel la Católica, tuvo una excelente acogida en la población. Además de sus misiones fundacionales, entre las que destacaban las dotaciones a doncellas pobres, el nuevo Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Cádiz tuvo dos designios prioritarios: combatir la usura de que eran víctimas las clases pobres facilitándoles recursos con un pequeñísimo interés, y ofrecerles al tiempo un lugar con garantía donde poder depositar sus ahorros y obtener a su vez una rentabilidad. Tales premisas y su colaboración ciudadana con motivo de la epidemia de cólera de 1885 le granjearon la confianza de los gaditanos. Prueba del éxito obtenido fue el aumento constante de sus operaciones y el descenso paralelo del número de casas particulares de empeño. Asimismo, la entidad creció con rapidez: a los dos años de vida se creó una primera sucursal en el barrio del Pópulo y en 1892, una segunda en la plaza de Jesús Nazareno.
     Los años noventa, sin embargo, trajeron aires de crisis: fallos en la gestión y la relajación ante los buenos resultados condujeron a la Caja a una serie de problemas que hicieron cundir la alarma y la desconfianza entre los impositores, que demandaron sus ahorros de forma masiva. El establecimiento vivió momentos críticos, pero finalmente se recuperó y se reorganizó iniciando una nueva etapa coincidente con el nuevo siglo. Esta andadura es prácticamente desconocida, pues no ha sido aún objeto de estudio de los historiadores. Lógicamente, la Caja de Ahorros de Cádiz debió verse afectada por las distintas normativas que a lo largo de la centuria fueron regulando este tipo de instituciones. De todas ellas, sin duda fue la equiparación de 1977 de las cajas de ahorros con la banca privada la que más beneficios y cambios le aportó. Desde entonces, la importancia de estos establecimientos en el panorama financiero español aumentó considerablemente. Y así ocurrió con la Caja de Ahorros de Cádiz, que a partir de 1979 se extendió por toda la provincia gaditana abriendo numerosas oficinas al público. El desempeño de nuevas operaciones bancarias no supuso el abandono de las tradicionales y características obras sociales y culturales. La Caja de Ahorros de Cádiz desarrolló en este sentido una amplia labor, mediante la creación de centros culturales en las principales poblaciones de la provincia y la celebración en ellos de actos culturales de todo tipo, y a través de la colaboración con instituciones diversas, como la Universidad de Cádiz, los colegios profesionales, los centros de enseñanza, las casas de cultura, las asociaciones de vecinos, los hogares de jubilados o las peñas. Además, la Caja editó obras sobre temas relacionados con la provincia y promovió premios literarios y artísticos. Y creó y sostuvo una Biblioteca de Temas Gaditanos (en la actualidad ubicada en la calle San Francisco de Cádiz) que ha ido atesorando con enorme acierto unos fondos archivísticos y bibliográficos de gran valor histórico y literario para la ciudad de Cádiz.
     La Caja de Ahorros de Cádiz creada en 1884 desapareció como tal en marzo de 1991 al fusionarse con las Cajas de Ahorros de Ronda, Antequera, Almería y Málaga e integrarse en una nueva entidad financiera con fuerte presencia también en la provincia de Cádiz: Unicaja.

    Lola Lozano Salado

  • CajaSur, una institución singular  Expandir
  • En 1865 el cabildo de la catedral de Córdoba creaba un Monte de Piedad, el que durante mucho tiempo se conoció como Monte de Piedad del sr. Medina, que en 1878 pasaba a ser Caja de Ahorros. Desde entonces, Córdoba contabiliza una sólida institución crediticia que, además, reviste la singularidad de ser la única creada y mantenida por la Iglesia católica en la comunidad andaluza y una de las tres con ese origen en toda España. El crecimiento es continuo, aunque lento, en el final del siglo XIX y en las décadas iniciales del siglo XX, y centrado en la provincia de Córdoba. La escasa capacidad de ahorro en la provincia dificulta ese crecimiento, que tiene por ello en muchas coyunturas más de monte que de caja. En la posguerra, la actual CajaSur, nombre que adoptaba a principios de los años noventa, inicia una expansión fuera de Córdoba, principalmente hacia la provincia de Jaén, que carece entonces de una institución similar, y algunas localidades cercanas a la provincia de Córdoba, como Écija. En 1977 llega a la presidencia de la institución el canónigo Miguel Castillejo Gorraiz, que inicia una nueva etapa en la vida de la institución, que poco a poco se convierte en factor decisivo en la vida económica y social, pero también cultural, de la provincia.
     En 1995 se fusiona –en realidad es una absorción– con la Caja provincial de Ahorros, creada por la Diputación de Córdoba en 1952 y propietaria del Palacio de Viana, lo que además de intensificar su decisiva influencia en la provincia, la convierte en la segunda caja de la comunidad por recursos. Desarrolla entonces una fuerte implantación en toda la comunidad y fuera de ella, que le permite estar en todas las grandes ciudades andaluzas y desarrollar una importante presencia en Extremadura –alrededor de 15 oficinas–, Madrid y Cataluña. Al mismo tiempo, impulsa la presencia en el mundo empresarial e impulsa un Servicio Agrario para cuidar su clientela mas tradicional. Es la primera caja andaluza en crear una Corporación Empresarial, que durante casi una década dirige Alfonso Castilla, último director de la caja provincial. El grupo de empresas de CajaSur incluía a finales de 2004 más de 120 sociedades, que alcanzaban los 220 millones de euros de capital.
     Los años iniciales del siglo XXI se significan por el enfrentamiento de CajaSur con la Consejería de Economía de la Junta y la posterior decisión de acogerse a la tutela del Ministerio de Economía, si bien un acuerdo a finales de 2004, entre la Junta y el obispado cordobés inicia la normalización de esas relaciones y la vuelta con ello a la jurisdicción del Gobierno andaluz. Problemas que no impiden que la institución mantenga su crecimiento y sus planes de expansión dentro y fuera de la comunidad, con 500 oficinas y 2.500 trabajadores.

    A. CH.

     

 
ZONA DE USUARIOS
Usuario:
clave:
 

MUSEOS ANDALUCES
Almería
Museo de Almería
Cádiz
Museo de Cádiz
Córdoba
Museo arqueológico y etnológico
Granada
Museo de la Alhambra
Granada
Parque de las ciencias
Huelva
Museo de Huelva
Jaén
Museo de Jaén
Málaga
Museo Carmen Thyssen
Málaga
Museo de Málaga
Málaga
Museo Interactivo de la Música
Málaga
Museo Picasso Málaga
Sevilla
Centro Andaluz de arte contemporáneo
Sevilla
Museo Arqueológico


   Andalupedia © 2013 - Todos los derechos reservados      Señas de identidad      Aviso legal      Créditos  14 de agosto de 2020