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TÉRMINO
- CANO, ALONSO
  ANEXOS
 
  • Estilo y características  Expandir
  • Según el mayor especialista en Alonso Cano, Harold Wethey, entre los maestros españoles de los siglos XVI XVII el artista granadino fue el que más se aproximó al ideal de genio universal. Alonso Cano trabajó no sólo en las artes mayores, sino igualmente en las menores. Su contribución más importante fue en la pintura. De igual importancia en cuanto a calidad pero menor en cantidad fue su actividad escultórica. Su actividad como arquitecto fue mucho mayor, sin que carezca de importancia.
        La arquitectura la aprendió de su padre, la pintura de Francisco Pacheco, Juan del Castillo y Herrera el viejo, y la escultura de Martínez Montañés. Alonso Cano es un artista barroco, dotado de cierto clasicismo, lo que se podría denominar clasicismo barroco. En su obra pictórica se inicia, durante su etapa sevillana, en la técnica tenebrista. Tras su instalación en Madrid su estilo cambia, adoptando una pincelada más blanda, debido a su conocimiento de la pintura italiana de la colección real. En la producción madrileña se observa su sentido de la elegancia y su tendencia a la belleza decorativa y al idealismo. En la escultura, Cano consiguió una majestuosidad de expresión y una amplitud de diseño no igualada por ningún otro escultor de su época. Durante su etapa sevillana se observa la influencia clásica romana, interesándole los problemas de la forma, logrando una gran belleza decorativa en los paños de sus imágenes, teniendo en cuenta el significado religioso básico de los personajes representados. En Granada, su estilo experimentó un cambio total, donde la ternura de sentimientos y la delicadeza del diseño son fruto de su madurez. La silueta apuntando hacia los pies, tan característica en sus Inmaculadas, ya aparece en la pintura de su etapa madrileña. La cumbre la alcanzó en varias figuras masculinas, donde expresó un sentimiento sobrio, dentro de un concepto básicamente realista.Cano también fue un excelente dibujante. Como tal, realizaba bocetos preparatorios, según iba desarrollando sus ideas para la composición de un cuadro y para cada figura individual. Sus dibujos son de diferentes tipos, algunos bocetos preliminares y otros estudios muy acabados. Solía utilizar pluma y bistre, y los reforzaba continuamente con aguada de bistre. Los problemas de atribución son quizás más engorrosos que en el caso de sus cuadros. Entre los más hermosos dibujos de Cano están sus estudios arquitectónicos, los cuales ocupan un lugar único en los anales del arte español. Dichos estudios corresponden, fundamentalmente, a diseños de retablos y fachadas de templos. Fue muy aficionado a coleccionar grabados, de los que se servía para sus composiciones, sin que por ello pierda originalidad su obra.

    Juan Miguel Larios Larios
  • Cronología.   Expandir
  • 1601 Nace en Granada el 19 de marzo. Es hijo del ensamblador de retablos Miguel Cano y de María Almansa, ambos de origen manchego.

    1614 Se traslada junto a su familia a Sevilla. En la capital hispalense se establece en una casa próxima a la parroquia del Salvador.

    1616-1625  El 17 de agosto de 1616 firma un contrato de aprendizaje con el pintor Francisco Pacheco, en cuyo taller conoce a Diego Velázquez. A los ocho meses decide volver al taller de su padre, donde continúa formándose en al arte de la arquitectura de retablos. Estudia las técnicas de la escultura con Martínez Montañés. Colabora con los pintores Juan del Castillo y Herrera el Viejo. En 1624 culmina una de sus pinturas más destacadas de la etapa sevillana, San Francisco de Borja meditando sobre la muerte. Un año más tarde contrae matrimonio con María de Figueroa.

    1626-1637  Obtiene el título de maestro pintor en 1626. El 31 de julio de 1631 se casa en segundas nupcias –su primera esposa fallece en 1627– con María Magdalena de Uceda Pinto de León. En 1636 es encarcelado por no pagar deudas contraídas. Su amigo el pintor Juan del Castilo paga la fianza. A este momento pertenecen el impresionante retablo mayor de la iglesia de Nuestra Señora de la Oliva, en Lebrija (Sevilla), y sus lienzos Retrato de un eclesiástico (1625-1630), Cristo con la cruz a cuestas (1635) y Santa Inés (1635-1637), entre otros.
    1638    El Conde Duque de Olivares lo reclama para que instruya al príncipe Bastasar Carlos. Comienza de esta forma su estancia en la Corte madrileña, donde coincide con Velázquez.

    1643-1644  Su protector cae políticamente y en 1644 su esposa es asesinada. Alonso Cano es acusado de haber tomado parte en el hecho y sufre torturas. A raíz del suceso marcha a Valencia y vive en la Cartuja de Portacoeli.

    1645-1652
      Vuelve a Madrid en 1645, dedicándose principalmente a la pintura: Noli me tangere (1646-1652), Milagro del pozo de San Isidro (1640), Descenso al limbo (1645)... En 1652 solicita el cargo de canónigo ecónomo de la catedral de Granada. Tras un pleito con el cabildo catedralicio, en el que debe mediar Felipe IV, obtiene la plaza de beneficiario racionero.

    1653-1667
      A lo largo de estos años lega a las generaciones posteriores una obra esplendorosa que todavía puede admirarse en la catedral de Granada. En pintura alcanza gran maestría con su ciclo de siete liezos sobre la Vida de la Virgen, culminado en torno a 1664. Su obra escultórica se engrandece con la Inmaculada (1655) y las figuras de San José con el niño Jesús, San Antonio de Padua, San Diego de Alcalá y San Pedro de Alcalá. Fallece el sabado 3 de septiembre de 1667, el mismo año en que es aceptada su traza para la fachada de la catedral granadina. El cuerpo de Alonso Cano es depositado en la cripta del templo metropolitano.
  • “Sólo Dios puede hacer un Cano”  Expandir
  • (...) Sus compatriotas lo llamaron el Miguel Ángel español, porque igual que el autor del Moisés, fue a la vez pintor, escultor y arquitecto... aunque todo esto no basta para justificar un paralelo tan temible.
        Era hijo de un pobre carpintero de Granada. Felipe IV, que era su protector, le concedió un sitial en el coro de la Catedral de su ciudad natal. Como el Cabildo se quejó alegando la poca  instrucción canónica del artista, el Rey contestó: “si fuera un sabio lo hubiera nombrado arzobispo de Toledo. Puedo hacer de él un canónigo cuando me plazca, pero sólo Dios puede hacer un Cano”.
        La suya era una naturaleza ardiente y generosa, pero era un hombre extraño y colérico. Un día que un procurador tacaño le regateaba el precio de una pequeña estatua que le había pedido, Cano se la arrancó de las manos y la rompió en mil pedazos. Cuentan que, en el momento de morirse, rechazó el crucifijo que le presentaron por  feo, y pidió besar una sencilla cruz de madera.

    Eugène Poitou.
    De Viaje por Andalucía (1866).
 
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