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TÉRMINO
- CANSINOS ASSENS, RAFAEL
  ANEXOS
 
  • Cansinos, maestro de maestros  Expandir
  • La amistad entre Rafael Cansinos Assens y Jorge Luis Borges tiene su origen en el año 1919, cuando el escritor argentino y su familia se hospedan por una temporada en el Hotel Cesil de Sevilla, dentro de su largo periplo por Europa. En la capital hispalense, Borges entra en contacto con los jóvenes poetas nucleados en torno a la revista ultraísta Grecia, como Isaac del Vando o Adriano del Valle, quienes le revelan la obra de Cansinos.
        Un año después, Borges conoce personalmente al maestro sevillano en Madrid. Al parecer, quiso felicitar a Cansinos por cierto poema que éste había escrito sobre el mar. Borges recordaba así la reacción de Cansinos: “Sí –me contestó– y ¡cómo me gustaría verlo antes de morir!’ Era un hombre alto, con todo el menosprecio de los andaluces por las cosas de Castilla. Lo más notable de Cansinos es que vivía exclusivamente para la literatura, sin ninguna preocupación por el dinero o la fama”. Algunos estudiosos, como Marcos-Ricardo Barnatán, aventuran incluso la hipótesis de que el libro juvenil de Borges, Ritmos rojos o Salmos rojos, nunca editado, llevara ese segundo título por inducción de los psalmos de Cansinos.
        El desaparecido Café Colonial, en la Puerta del Sol madrileña, les reunió varias veces en encendidas tertulias que solían prolongarse hasta altas horas de la noche, cada sábado. En su obra La novela de un literato, Cansinos recordaría bien a aquel entusiasta escritor porteño, “un joven alto, delgado, con lentes y aire de profesor (...) Ha estado en Alemania, es políglota y tiene un enorme fondo de cultura. Aún no publicó ningún libro (...) Se adhiere, desde luego, al Ultra y se propone ser su introductor en Argentina”. El sevillano no erró en su predicción.
        La citada obra también cuenta cómo Borges “pasó entre nosotros como un nuevo Grimm, lleno de serenidad discreta y sonriente. Fino, ecuánime, con ardor de poeta sofrenado por una venturosa frigidez intelectual, con una cultura clásica de filósofos griegos y trovadores orientales que le aficionaban al pasado, haciéndole amar calepinos e infolios, sin menoscabo de las modernas maravillas...”.
        La relación entre ambos escritores perduraría más allá del tiempo y la distancia física. A partir de 1921, desde que la familia Borges retorna a Mallorca y luego a Buenos Aires, mantienen una intensa correspondencia, de la que sólo se conservan hoy cinco cartas en manos de los herederos de Cansinos. “El mayor acontecimiento para mí fue su amistad”, diría el autor de El Aleph. “Todavía me complazco de pensar en mí como su discípulo”.
        No obstante, Borges y Cansinos tuvieron la oportunidad de concertar una última cita en Madrid, en 1963, cuando el argentino era ya una celebridad de las letras mundiales y el sevillano un nombre casi olvidado en los catálogos de las librerías. Fue el gaditano Fernando Quiñones, anfitrión y valedor de Borges en España, quien acompañó a éste hasta el domicilio donde Cansinos se marchitaba entre montañas de libros y manuscritos. Quiñones recordaría cómo en este reencuentro, cuarenta y dos años después, un emocionado Borges se sentó ante su maestro “con la timidez y el respeto con que un monaguillo se presentaría al Papa de Roma”.
        Aunque Borges encomendó a Quiñones la tarea de seleccionar algunos textos de Cansinos con el propósito de difundirlos en Argentina, las gestiones fracasaron. Sin embargo, el brillante discípulo quiso capitanear un homenaje póstumo que la Sociedad Hebraica Argentina tributó al sevillano en 1964, con la adhesión de varias instituciones y personalidades culturales del momento.

    Alejandro Luque
  • CRONOLOGÍA  Expandir
  • 1882    Nace el 24 de noviembre en la calle de la Tinaja, en Sevilla.

    1892    Ingresa en la escuela de los padres Escolapios de Sevilla, sección de niños pobres.

    1893-1897   Realiza sus estudios de Grado en el Instituto de Sevilla y en la Escuela de Comercio. En este periodo funda, junto a algunos compañeros, una sociedad semimasónica.

    1898    Se traslada con toda su familia a Madrid tras la muerte de su padre, debido a la precariedad económica que atraviesa en Sevilla.

    1899 
       Aparece publicado su primer artículo periodístico en la revista Vida Nueva. 

    1900 
       Comienza a estudiar alemán y a traducir sus primeros textos, entre ellos un folleto de propaganda clerical. Toma contacto con el Modernismo –a través de las tertulias del café Oriental y las reuniones de El Motín– y se nutre con la lectura de sus escritores más admirados: Salvador Rueda, Juan Ramón Jiménez, Pío Baroja, los hermanos Machado, Villaespesa...

    1901 
       Vive en situación de prófugo ante la justicia militar al no acudir a filas. Se adentra en la bohemia madrileña de la mano de su amigo Isaac Muñoz y los hermanos Molano, adoptando una postura de “maldito modernista” que le lleva a interesarse por el orientalismo e investigar sus orígenes judíos. Rechaza todos los empleos que le busca su padrino.

    1904 
       La aparición de la obra Los israelitas españoles y el idioma castellano, del senador Ángel Pulido, le animan definitivamente a profesar la religión judía.

    1905    Entra en la plantilla de La Correspondencia de España y colabora con Los Lunes de El Imparcial.

    1914  
      Entabla una estrecha relación con el líder sionista Max Nordau y el profesor Abraham Shalom Yahuda, a partir de los cuales ahonda en los contenidos judíos. Publica el libro de salmos El candelabro de los siete brazos.

    1915    La editorial Novela de Bolsillo premia y edita el relato El pobre baby. Es nombrado correspondiente de la Real Academia sevillana de Buenas Letras.

    1916  
      Publica El manto de la Virgen, La encantadora, El sacrificio del más joven, El misterio de la jota y Estética y erotismo de la pena de muerte.

    1917   
    Aparecen los dos primeros tomos de la obra crítica La nueva literatura.

    1918    Se publican El secreto de la sabiduría, Las cuatro gracias, El divino fracaso, La que tornó de la muerte y El eterno milagro.

    1919    Dirige la revista Cervantes y abandona el periodismo diario, aunque mantiene sus colaboraciones en La Tribuna y El eterno milagro.

    1920    Inicia su amistad con Jorge Luis Borges, que acude a las tertulias que Cansinos organiza en el café Colonial de Madrid. Entre las cuatro obras que escribe este año destaca España y los judíos españoles, el retorno del éxodo.

    1921 
       Recopila una antología de Cuentos judíos y firma ocho obras, entre las que sobresalen El movimiento V.P., Ética y estética de los sexos y Los sobrinos del diablo.

    1922 
       Aparece su estudio Sevilla en la literatura y la novela breve La leyenda de Sophy, inspirada en la vida de su compañera Sofía Giardin.

    1926    Es nombrado officier de la Academia de Francia y publica La casa de las cuatro esquinas. Conoce a Josefina Megías Casado, con quien mantiene una relación amorosa hasta la muerte de esta en 1946.

    1927  
      Completa el estudio La nueva literatura, con los tomos tercero y cuarto.

    1928    Comienza a trabajar como traductor para la editorial Aguilar, dedicándose durante ocho años a trasladar al castellano la obra completa de Dostoievski.

    1929    Se estrena con éxito la obra teatral El que recibe las bofetadas, único trabajo literario que le reporta beneficios en vida.

    1930 
       Conoce al escritor argentino César Tiempo (seudónimo de Israel Zeitlin), una de las escasas amistades que mantiene hasta sus ultimo dias. Publica Los valores eróticos en las religiones.

    1936 
       Se editan Los judíos en la literatura española y Evolución de los temas literarios, donde dedica un extenso capítulo a la copla andaluza y bucea en los orígenes del cante jondo.

    1938    Rechaza la invitación de César Tiempo para exiliarse en Argentina, cuyo ofrecimiento se repite, incluso, una vez acabada la Guerra Civil. Escribe poemas de aproximación religiosa al judaísmo.

    1940    La Dirección General de Prensa del Ministerio de la Gobernación le invalida para ejercer el periodismo, acusado de ser judío y llevar una vida rara. Su nombre desaparece, además, de numerosas reediciones de libros que había traducido.

    1949    Fallece su hermana Pilar, con quien había convivido durante toda su vida.

    1953    Colabora con La Prensa de Buenos Aires y otras revistas de carácter judío. Concluye una extensa biografía de Mahoma.

    1958    Nace su primer y único hijo, Rafael Manuel, fruto de su relación con Braulia Galán. Contrae matrimonio con ella cuatro años después.

    1964
        Escribe su último poema, un salmo titulado ‘El deseo’, en el que reclama ser enterrado en la “tierra sagrada de Sión”, de donde provienen sus antepasados. Fallece el 6 de julio en Madrid.
  • Accidentes sospechosos  Expandir
  • Los periódicos de la mañana dan cuenta del accidente sufrido por Antonio de Hoyos, al bajar la escalera del Metro de Progreso. El famoso escritor ha sido hospitalizado en una clínica; según parece, tiene probable fractura de la base del cráneo.
    El accidente es lamentable, pero explicable, ya que ocurrió de noche. El escritor, como todo el mundo sabe, es bastante cegato y las escaleras del Metro son muy resbaladizas. En cualquier otro caso, nadie lo comentaría.
    Pero por haber ocurrido precisamente de noche y en esos aledaños de los barrios bajos, en esa plaza del Progreso, donde siempre pululan golfos y maleantes, y donde el conocido homosexual tiene su campo de operaciones, la gente forja una leyenda en torno al suceso, dando como seguro que Antonio de Hoyos fue objeto de una agresión por parte de algún chulo rebelde a su catequesis o deseoso de sacarle dinero.
    El accidente se convierte así en un episodio digno de figurar en la novelística del decadente escritor. Las personas morales quieren ver en lo ocurrido un escarmiento.
    Lo cierto es que Antonio –el pobre Antonio, que en el fondo es un buen muchacho, víctima de sus aberraciones– yace en su lecho de la clínica, sin sentido desde hace veinticuatro horas, y los médicos se muestran perplejos y algo pesimistas.
    Esperemos que ese pesimismo no se confirme.


    Rafael Cansinos-Assens.
    De La novela de un literato (1914-1923).
  • ¿Juan Ramón, bohemio?  Expandir
  • Juan Ramón Jiménez nos dejó y regresó a su Moguer natal, según me comunica hoy don Julio en Renacimiento. Don Julio me cuenta además cosas increíbles de los últimos tiempos del poeta en Madrid:
    –Juan Ramón, cuya familia ha venido muy a menos por causa de la guerra ­–la base de su matrimonio era la fabricación de coñac–, había caído últimamente en una bohemia espantosa. Gregorio, que es buen amigo de sus amigos, lo hospedó en su casa y una temporada estuvo viviendo con él como un hermano, a mesa y mantel... Pero, por lo visto, no le bastaba con eso y ese delicado poeta cometió actos de verdadera hamponería... Le sacaba a Gregorio libros de la Editorial, con el filantrópico pretexto de regalarlos para bibliotecas públicas... Gregorio, como es natural, accedía a tan loable demanda y el poeta se llevaba de aquí carros enteros de libros... Hasta que yo concebí sospechas y un día hice que un ordenanza fuera siguiendo el carro, y ¿sabe usted adónde llevaba los libros?..., pues a la tienda de Dafauce, el librero de viejo...
    –¡Imposible! –exclamó–. Juan Ramón, el exquisito poeta, el nefelibata, como dijo Rubén, hacer esas cosas dignas de un Pedro Luis de Gálvez... No se puede creer...
    –Pues créalo usted, porque se lo digo yo...
    Hago un nuevo gesto de incredulidad y don Julio, ofendido, me mira y me dice:
    –¡Es usted un ingenuo!... Pero ya se irá usted enterando... Aquí es donde se conoce a los literatos... De todos ellos, solo uno es honrado, Gregorio..., ¡bueno, y usted!...
    –¡Gracias!...
    Doy la mano a don Julio y me despido de él, reprimiendo un impulso agresivo para vengar al poeta y castigar a ese hombre que parece un enemigo nato de los escritores, que goza difamando a Blanco-Fombona y no tiene más ídolo que Gregorio, su jefe. Lo que acabo de oírle me llena de tristeza y aumenta mis simpatías por el poeta de Arias tristes..., enfermo y ahora pobre.
    ¿Será verdad que el poeta es como el pato podrido que produce el fuagrás?


    Rafael Cansinos-Assens.

    De La novela de un literato (1914-1923).
  • Rafael Cansinos Assens  Expandir
  • La imagen de aquel pueblo lapidado
    Y execrado, inmortal en su agonía,
    En las negras vigilias lo atraía
    Con una suerte de terror sagrado.
    Bebió como quien bebe un hondo vino
    Los Psalmos y el Cantar de la Escritura
    Y sintió que era suya esa dulzura
    Y sintió que era suyo aquel destino.
    Lo llamaba Israel. Íntimamente
    La oyó Cansinos como oyó el profeta
    En la secreta cumbre la secreta
    Voz del Señor desde la zarza ardiente.
    Acompáñeme siempre su memoria;
    Las otras cosas las dirá la gloria.


    Jorge Luis Borges

    De El otro, el mismo (1964).
  • Sus últimos años  Expandir
  • En los últimos cuatro años de su vida ya no salió de casa. Siempre estaba con nosotros. Nunca, ni siquiera al Retiro. No quería saber nada de nadie; se escribía con César Tiempo. Aguilar le dio para traducir una cosa policiaca para que se entretuviera; él sabía que era para eso y para pagarle un dinero. Él quería trabajar en algo importante. De todas formas seguía con los mismos horarios. No salía de casa, pero no se dormía antes de las seis de la madrugada. Leía mucho. En el mes de marzo del 64 tuve que ingresarlo en el Ruber. Le llevé en un taxi porque no quería subir de ninguna forma en una ambulancia. Lo del taxi ya fue para él un esfuerzo tremendo porque jamás montaba en coches. Le traía recuerdos de la guerra, cuando se llevaban a la gente en coches para darles el paseíllo. Era muy miedoso. En el hospital tuve un problema porque los gastos eran muy elevados, pero la Asociación de la Prensa se portó muy bien y siguió estando en una de las mejores habitaciones. Yo vivía allí con él. Le trataron muy bien. […] Al hospital ya no iba nadie. Sólo estuvieron allí Aguilar y sus sobrinos, y otro día también dos señores de Israel, no fue nadie más, y las cartas de César Tiempo que le llegaban ya casi todos los días. Al entierro sólo fuimos siete personas, Altabella y Gerardo Diego entre ellos. Ruano estuvo hablando conmigo en el hospital pero no fue al entierro. […] Yo ahora tampoco quiero saber ya nada de nadie. No quiero que vengan a hacer tesis o que me hagan entrevistas, no quiero ir a ningún sitio, no quiero que me graben los de la Residencia de Estudiantes. Además, yo no sé nada, lo poco que sé leer y escribir me lo enseñaba él y tampoco aprendí mucho. ¿Para qué tengo yo que salir en los libros?.

    Braulia Galán
    Testimonio recogido por su hijo Rafael Manuel Cansinos.
 
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