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TÉRMINO
- ESCLAVITUD
  ANEXOS
 
  • La esclavitud en Hispania  Expandir
  • La esclavitud en el sur peninsular bajo la presencia romana comienza a testimoniarse a mediados del siglo I d. C., una vez finalizadas las guerras de conquista en el interior de Hispania. Su implantación está ligada al proceso de urbanización, al crecimiento del número de ciudades y de las actividades artesanales y comerciales, que son paralelas al desarrollo de la agricultura. Esta tendencia se ve confirmada por las inscripciones encontradas en las ciudades de la Bética, a través de las cuales se puede comprobar como la esclavitud tiene su apogeo en los siglos I y II d.C., aunque es pertinente señalar que posiblemente algunos prisioneros, coincidiendo con las guerras de conquista, son hechos esclavos en los siglos anteriores.
        El número de testimonios que aparecen en las inscripciones béticas es relevante desde el punto de vista histórico, con aproximadamente 1.500 menciones a libertos y esclavos. Los libertos, que tras haber sido esclavos alcanzan su libertad, tienen más posibilidades económicas y sociales para dejar testimonio de su existencia y actividades, por lo que su presencia en las inscripciones dobla a la de los individuos de condición esclava. Los esclavos, que no son considerados personas sino objetos, que no tienen nada y sólo se definen por ser propiedad de alguien, no deben ni pueden apenas dejar dejar constancia de su existencia, por ello, y aunque en buena lógica existe un mayor número de esclavos que de libertos, su constatación histórica es menor.
        Entre las ciudades de la Bética donde se atestiguan esclavos y libertos destacan Corduba con 325 (100 esclavos y 225 libertos), Astigi con 169 (78 y 91), Itálica con 80 (26 y 54), o Hispalis con 80 (26 y 54). Como se puede apreciar, son las ciudades que jalonan el Guadalquivir y el Genil las que tienen un mayor número de esclavos y libertos. Los cálculos realizados llevan a aventurar que la población esclava y liberta alcanzaría el 43% del total de la población de aquella época.
        Las actividades que desarrollan se relacionan con la producción minera y la de los grandes latifundios, pero fundamentalmente se centran en las explotaciones agrícolas de mediana y pequeña propiedad y en la actividad artesanal.
        La presencia de esclavos en la agricultura de la Bética debe de compartirse con la mano de obra libre, abarcando desde los procesos meramente productivos a los de gestión y comercialización de los productos, como indican las innumerables inscripciones referidas al comercio del aceite bético. El centro de todo este trabajo se encuentra en la innumerable cantidad de villae halladas, donde pueden observarse dos ámbitos diferenciados, aquellos destinados a los esclavos que trabajan directamente la tierra u otras actividades agropecuarias, y que vivirían en habitáculos apartados de las habitaciones del señor, y los ocupados por los que realizan actividades de control, gestión y comercialización de los productos, como el vilicus, el acceptor, mercator, diffusor, etc.
        En la ciudad, quizás también como en el campo, pero con más peso en la primera, el trabajo esclavo depende del contexto, la posición social de la familia a la que pertenece y su ocupación. El esclavo, y en menor medida el liberto, acepta su condición viviendo en los confines del sistema, consiguiendo a través de su trabajo un sentido de individualidad y el intento de pertenencia a la comunidad y a la familia; por ello en sus lápidas se graban los nombres de sus profesiones. En estas inscripciones aparecen referencias a trabajos como los de: tabularius, marmorarius, insgnarius, ostiarius, vilicus, dispensator, gladiator, brattiarius, vestiarius, sarcinatrix o medicus.
        Estos esclavos, si se exceptúa el final del siglo I a.C. y el comienzo del I d. C., cuando hay un alto número de prisioneros de guerra, son adquiridos en los mercados tradicionales o proceden de los nacidos en la casa del dominus, que son mayoría según las fuentes epigráficas de la Bética.
        Su esperanza de vida está en consonancia con la dureza de su actividad laboral y con la relación que tengan con el dueño. Los testimonios muestran una alta mortandad infantil, mayor en esclavos que en libertos, mortandad que se mantiene en los dos estatus hasta los 30 años. Se destaca, por su carácter excepcional, la longevidad de algunos como el esclavo Probus de 99 años de edad, el liberto Isquilinus de 101, de Corduba, o el liberto Achiles de 98 años, de Astigi.
        La penetración del esclavismo en la vida económica, social y cultural es tal en el sur de Hispania que la pertenencia de esclavos no se reduce estrictamente a personas libres. Hay libertos que tienen esclavos; hay esclavos a los que sus dueños les permiten disponer de algunos de éstos; hay esclavos que pertenecen a las ciudades para realizar tareas de mantenimiento de las infraestructura de las mismas; y resulta significativa la presencia de esclavos del emperador encargados de dirigir y gestionar las propiedades de éste en la Bética.
        Los esclavos y libertos empiezan a disminuir a principios del siglo III d.C., ya que comienzan a esconder su estatus servil, aunque se encuentran testimonios en el siglo IV d.C. debido a las nuevas condiciones históricas que vive el Imperio, resumidas en los siguientes aspectos: distribución de la propiedad y la emigración de la población de la ciudad al campo, nueva condición de la mano de obra, aparición de nuevas relaciones campo-ciudad, y el nuevo papel que va a tener el Estado en la economía. Y en todo ello, el surgimiento del colonato que arrinconará al campesinado libre y a los esclavos y libertos en la nueva economía, teniendo como base la fijación de éstos a la tierra con una sola consideración: la libertad.

    Manuel Morales Cara
  • Esclavos en al-Ándalus  Expandir
  • Conforme a la normativa musulmana el esclavo es un individuo con capacidad jurídica disminuida. En términos generales, vale la mitad de la persona de condición libre: a niveles tributarios, como precio de la sangre, etc. La condición de esclavo se adquiría en la Andalucía árabe por proceder de padres esclavos o por formar parte de un botín de guerra o un acto de piratería. Aparte de la situación social que creaba en las personas de tal condición, la esclavitud tiene una gran relevancia económica por constituir al-Ándalus un enclave de un intenso comercio en este campo, a nivel interior y como tránsito entre Europa y África y el Mundo Árabe de la época. La manumisión de esclavos, que representaba un acto virtuoso, se producía por una declaración voluntaria del dueño, que era relativamente frecuente en disposiciones testamentarias, de forma automática en el caso de la esclava concubina al darle un hijo a su dueño o por decisión del juez ante malos tratos al esclavo por parte de su amo. Los esclavos en al-Ándalus eran usados normalmente en el entorno doméstico, aunque conocemos casos de personas de condición servil dedicadas a la agricultura en las zonas de cultivo de caña de azúcar de las costas malagueña y granadina. En el entorno privado tenían importancia las esclavas domésticas, de las que los textos contemporáneos dan una relación muy pormenorizada, por su dedicación dentro de la casa o su procedencia geográfica. Ésta iba desde los negros originarios del continente africano a los que venían de Europa o de Oriente. Resultaban especialmente preciadas las esclavas cantoras, ya que su trabajo exigía una intensa y prolongada preparación técnica y académica en literatura, canto, poesía y formas sociales. Las fuentes se ocupan también de los saqaliba, o eslavos, individuos procedentes de los países centroeuropeos o los próximos a la Península Ibérica. La mayor parte de ellos entraron en el país durante el tiempo de apogeo del Califato de Córdoba, en la segunda mitad del siglo X, cuando lo hacen también mercenarios de la guardia califal omeya. Los saqaliba llegan a escalar, desplazando a la aristocracia árabe, los altos puestos de la administración cordobesa. De este modo veremos, durante los Reinos de Taifas del siglo XI, como algunos de ellos se convierten en dirigentes máximos de algunos enclaves, como es el ejemplo de Jayrán en Almería.

    Rafael Valencia
 
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