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TÉRMINO
- ESCUREDO RODRÍGUEZ, RAFAEL
  ANEXOS
 
  • Como Pablo de Tarso  Expandir
  • Como Pablo de Tarso, no sintió al caer la herida del cuerpo sino una luz en el alma que le enseñó la mirada de BIas Infante para entender al pueblo andaluz. Luego sintió su compañía hasta ganarle el pulso al gobierno que le negó el pan y la sal a Andalucía en aquel memorable 28-F de 1980. En la calle Betis, asomado al río que lleva todas las aguas de Andalucía, dice que no quiere ser un icono, ni que le tengan metido en los arcones del romanticismo político. El tiempo transcurre demasiado deprisa para aquel presidente de la Junta de Andalucía, que sintió más cerca que nadie el clamor del pueblo andaluz y que luego tuvo que poner tierra de por medio, alejándose de los escenarios que más quería. Entre Sevilla y Madrid, a Rafael Escuredo le gustaría hoy llamar a rebato con una caracola para poner en alerta, siempre en alerta, la conciencia del pueblo andaluz.
        En Rafael Escuredo permanece arraigada la imagen de los hombres y mujeres que sienten vértigo cada vez que se habla de Andalucía. “Yo creo que hay un elemento fundamental de todo ese proceso, que lo tengo grabado. Y es la cara de la gente; el sentimiento de la gente. Eso es lo que forma parte de mi recuerdo fundamental. El rostro de un pueblo... Es que yo lo vi... Vi a un pueblo en marcha; vi que se puso a caminar y comenzó a reivindicar que somos andaluces. Eso es lo que me ha quedado y lo que más me motiva”, me comentó el ex presidente de la Junta de Andalucía en una entrevista, publicada el 16 de octubre de 2001 en El Correo de Andalucía.
        Cree que BIas Infante es hoy un elemento de modernidad y que no se le puede mantener como un simple referente. Sin renunciar a sus orígenes socialistas –de corte socialdemócrata– su aproximación al andalucismo fue un descubrimiento, que desembocó en la síntesis del ideario en el que cree y milita: “Fue a los pocos meses de estar en la Junta... Cuando yo empiezo a hablar de Andalucía, de que somos un pueblo básicamente de izquierdas y al mismo tiempo compruebo lo que es el ser andaluz, algo que sobrepasaba lo que yo pensaba, es, en ese momento, cuando se produce para mí un descubrimiento interior, que yo incorporo a la política. Lo digo de verdad, yo me caí del caballo. Y hoy sigo creyendo que socialismo y andalucismo pueden ir de la mano para conformar un desarrollo singular de Andalucía y para hacerla valer como pueblo, con su propia singularidad dentro de España; pero de una España que debe entender esta singularidad y lo mucho que aporta y tiene que decir Andalucía”.
        Al analizar la etapa del gobernante Escuredo, hay quienes se empeñan en presentar al personaje como un oportunista, sin más. Y, efectivamente, así lo fue, si analizamos ese calificativo en positivo. A todos los grandes acontecimientos históricos, salvo en los casos excepcionales de episodios de guerra, han correspondido líderes que han sabido aprovechar las coyunturas políticas, sociales o culturales de los pueblos. Si nos referimos sólo a la Historia contemporánea de Andalucía, BIas Infante supo interpretar las bases de una conciencia andaluza. Felipe González se sirvió de la coyuntura del retorno a la democracia, después de una larga dictadura, con un fuerte arraigo del socialismo, para hacerse con el liderazgo de su partido y, más tarde, refrendarlo con su triunfo electoral en toda España, partiendo del impulso andaluz. Plácido Fernández Viagas encontró el momento adecuado para que todos los partidos andaluces firmaran el Pacto de Antequera, arropado por el éxito popular de la manifestación del Día de Andalucía (4 de diciembre de 1977). Rafael Escuredo fue, en ese sentido, el oportunista o el heredero de sucesivos oportunismos, que desembocaron en un liderazgo excepcional para llevar al pueblo andaluz a ganar el 28 de febrero de 1980 el Referéndum para alcanzar las máximas cotas de autogobierno frente a la oposición del Go­bierno central.
        Y todo ese levantamiento popular que encabeza el presidente andaluz lo hace con una Junta de Andalucía en precario, con escasas competencias y aún menos presupuesto, pero con un Go­bierno de consejeros, conscientes de la tarea que estaban emprendiendo. Con todos esos ingredientes, Escuredo encuentra las vías más rentables de la épica y la utopía para conseguir –manifestaciones por la identidad andaluza, manifestaciones reivindicativas, anuncio de la reforma agraria, cambio radical en la imagen de Andalucía...– colocar al pueblo andaluz en una inmejorable rampa de lanzamiento en la España de las autonomías. Andalucía, de Despeñaperros hacia abajo, vive una catarsis colectiva, sintiéndose pueblo en positivo frente a su denigración histórica; de Despeñaperros hacia arriba, se siente más cercana a aquel al-Ándalus de sus mejores tiempos, aunque esa sensación durara lo que de impulso tiene un sueño. Después de la épica y la utopía viene la calma: la realidad y la reconstrucción de un pueblo necesitado de amplias reformas estructurales y modernas. A este presidente le suceden dos políticos que habrían de interpretar esos nuevos caminos: José Rodríguez de la Borbolla y Manuel Chaves González.
        Este personaje de nuestra historia quizá es que estaba llamado sólo a ser vanguardia. Su política fue interpretada como un peligro para quienes dentro de la política y de los medios de comunicación no entendieron –ni entienden– que Andalucía es un pueblo. Un pueblo, sin más. Con el paso del tiempo, las mezquindades pasan a un plano secundario. Porque lo que importa aquí es saber quién es quién en la historia de Andalucía. Y ahora se sabe que Rafael Escuredo se cayó del caballo con todas las consecuencias.

    Antonio Ramos Espejo
  • Acercamiento a la persona  Expandir
  • Anchas avenidas de cristal blindado / Túneles oscuros que buscan la luz / Trenes olvidados vagando sin rumbo / Puentes voladizos, de herrumbre, oxidados / Y las casa blancas de mi amado sur / Siempre el sur
        Esta estrofa pertenece a un poema que, junto a otras setenta y siete, aparece en su obra Un mal día, libro de poesías, la mayoría de ellas intimista, que es como Rafael se muestra cuando se enfrenta a un papel sin timbrar, o cuando se entrega a una conversación sin reservas con un amigo. Los tiene, y no son pocos. Siempre ha valorado una amistad, y la ha cultivado generosamente, y la ha mantenido viva en el tiempo, por encima de distancias o largas ausencias. Igual que siempre ha amado a su familia, a la más cercana, Ana María y Patricia, y a la más extensa, la que también conforman los primos, y los tíos, y los cuñados….. y ahora ya en lugar preferente su primer nieto.
        Gusta de frecuentar Estepa, su pueblo natal. Se le ve disfrutar paseando por sus calles, saludando a la gente, sintiéndose lugareño de este pueblo sevillano que a mitad de los años ochenta, ya sin coche oficial, le reconocía como Hijo Predilecto.
        Ni siquiera en los momentos de mayor actividad pública dejó de cultivar la literatura, una necesidad permanente. Lee y escribe poemas y novelas, sin olvidar los clásicos, con Platón especialmente mimado. Se encuentra especialmente a gusto en compañía de amigos escritores o artistas, convencido de que sólo la cultura hace libres a las personas y a los pueblos. Nunca ha sido deportista, ni entiende demasiado el cuidado del cuerpo, pero ha lucido y luce una notable musculatura mental que le mantiene firme en la lucha por lo que cree.
        Siempre ha agradecido a sus padres que decidieran, en medio de una educación uniforme en la loa a Franco y al nacionalcatolicismo, apuntarle en la Escuela Francesa, en la que aprendió a valorar la libertad, la tolerancia y la diversidad cultural o religiosa. Dotado con un inteligente sentido del humor, es gran conversador y analista clarividente de la Política, noble actividad ésta que ha ocupado gran parte de su existencia, pero que jamás ha ejercido con mentalidad de “profesional”.
        Y andaluz, condición que marca su vida, hasta hacerla aparecer como la historia de una pasión.

    ENRIQUE GARCÍA GORDILLO
  • Antología de Rafael Escuredo  Expandir
  • Historia y proyección universal. (…) ¿Qué aporta hoy Andalucía al conjunto de España? Resumiendo diría:
    Primero: Equilibrio del mapa autonómico español, tanto desde el punto de vista geográfico como social o económico.
    Segundo: Sentido político del Estado. Su propia Historia y sus propias gentes la convierten en avanzadilla de una política autonómica que jamás está desinteresada de los problemas del Estado, y que no cree en su diferencia esencial.
    Tercero: La modernidad del pensamiento y espíritu de tolerancia de nuestro crisol de culturas que nos ha sido legado, y que ha pervivido en medio de condiciones desfavorables.
    Cuarto: Asume sinceramente el reto de solidaridad con el resto de comunidades autónomas, puesto que está necesitada en extremo de la misma, y sabe que en este punto la garantía de todos es la mejor garantía propia
    Quinto: La expresión privilegiada, a través de lo andaluz, de la proyección universal de todo el pueblo andaluz hacia otros mundos, y es muy grato decir en estos momentos, que especialmente al americano, razón quizás la última y más profunda que me permite dirigirme a ustedes (...) Y por eso, como expresión de los ideales de paz y progreso que con seguridad compartimos, déjenme terminar con una frase de Lincoln, que sintetiza el modo de luchar por esos ideales: “Marchamos sin malicia para nadie, con respeto para todos, pero también firmes y enérgicos en nuestro derecho.”

        De Conferencia en el Spanish Institute de Nueva York (noviembre 1983).


    Demasiados extranjeros. (…) Sabido es que los hombres y mujeres, no importa dónde y cómo, dan la talla de su estatura moral cuando se ven confrontados o en situaciones límite que ponen a prueba sus convicciones más profundas. La historia de Andalucía, decimos todos, ha sido un ejemplo de convivencia y tolerancia entre las distintas culturas que le dieron savia y personalidad a su ser histórico, a lo que somos. No obstante, es en la letra pequeña, como en los seguros, donde la intrahistoria se abre paso con ejemplos de lo contrario, avalando episodios oscuros de alcance inquisitorial que no conviene olvidar por eso de que los pueblos que olvidan su historia están obligados a repetirla. Como que tambien decimos, que la transición política española fue un ejemplo de convivencia y tolerancia, y los que la vivimos sabemos bien y mucho de sus ortos y sus ocasos, sobre todo en nuestra tierra, donde tuvimos que soportar el acoso de la mentira y la descalificación por mor de la lucha en defensa de una autonomía plena para nuestra comunidad. Si digo ésto, es porque al fin y a la postre, lo que cuenta de verdad es cómo hacemos las cosas sin darle oportunidad ni beneficio a los demonios que llevamos dentro. Y para ello, no lo olvidemos, sólo contamos con una herramienta fruto de la civilización y la cultura, que es la justicia, y ser justos, en el tema que comentamos, es reconocer en el “otro” los mismos derechos y deberes que nos reconocemos a nosotros mismos”

    ºDe El Mundo Andalucía, 16-XI-2002.


    Un Cuatro de Diciembre.
    (…)A veces tengo la impresión de que por encima del lenguaje estereotipado de lo que acertadamente llamamos nuestras señas de identidad andaluza, no hemos sido capaces de incorporar la más significativa de todas ellas: la de la razón y la lucha por aquellas causas que nos señala el siempre difícil camino de la utopía y que sólo es alcanzable desde la libertad colectiva de los pueblos. ¿O se puede ser libre cuando la injusticia social, o cuando nuestro actual nivel de desarrollo económico –en términos comparativos con las regiones más desarrolladas de España-, resultan ser dos dramáticas asignaturas pendientes en una comunidad autónoma como la nuestra, tan castigada históricamente por la desidia de una minoría secularmente rentista, además de ociosa? Claro que los tiempos han cambiado para bien. ¡Tuviera que ver! Pero la diferencia permanece y con ella las secuelas de un pasado autoritario y centralista. Quizás por ello tampoco esté de más, aprovechando ese día de lucha y reivindicación, que las niñas y los niños de nuestra tierra cantaran en sus escuelas y colegios el himno de Andalucía, cuya letra, siempre reivindicativa y utópica, escribiera Blas Infante. Hasta se podría leer en voz alta algún capítulo del Ideal Andaluz. Que venga Dios y lo vea.

    De El Mundo Andalucía, 30-XI-2002.



    El enigma andaluz.
    (…)Si hemos de construir el futuro sobre nuevas bases, habremos de hacerlo desde la palabra, que no otra cosa es la política. Hablando muchas veces y con distinta gente, el tiempo que resulte necesario para, de ese modo, colocar en la conciencia colectiva de nuestro pueblo, que hay un proyecto nuevo y una voluntad decidida para llevarlo a cabo. No habría que hablar de muchas cosas, por eso de no confundir al personal, pero que tengan sustancia, ya que nunca se debe alimentar la desconfianza de la ciudadanía prometiendo cosas que sólo responden al imaginario de la mercadotecnia electoral, pero de difícil concreción en la práctica. Y sobre todo, hablando desde la verdad, es decir, colocando las dificultades con las que nos vamos a encontrar encima de la mesa, y haciendo los llamamientos oportunos para que todos arrimen el hombro al objeto de conseguir el objetivo común de poner en marcha una empresa colectiva que se llama Andalucía, y al servicio de unos intereses compartidos y verdaderamente modernos; en definitiva, trabajar unidos para conseguir darle un vuelco, el empujón definitivo a nuestra tierra andaluza. Y sobre todo, no incurramos en el doble error de anunciar cosas que luego olvidamos, o colocar la gestión necesaria y eficaz de la cosa pública por encima del noble concepto de la política. Y es que amigas/os míos, esto de hacer política es algo siempre delicado y, algunos no la hacen porque no saben hacerla, y otros, para nuestra desgracia, porque no quieren arriesgarse. Olvidándose, claro está, de que no hay mayor riesgo que la propia vida.”

    De El Mundo Andalucía, 21-IX-2002.
 
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