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TÉRMINO
- GALA, ANTONIO
  ANEXOS
 
  • Antonio Gala, poeta y agitador  Expandir
  • Si en toda la obra literaria de Antonio Gala hay una inequívoca vibración poética, es verdad también que toda ella está atravesada por una fuerza moral inconfundible. Frente al Gala lírico, intimista, dolorido y solitario, se levanta, como un Jano tronante, siempre airado y terrible, el Gala solidario, fustigador de conciencias, martillo de políticos y malos administradores, perseguidor de ganapanes y arrebatacapas, el acusador de los tribunos de la plebe que traicionan sus juramentos con la democracia, la justicia y la libertad.
        Alguna vez Antonio Gala hizo suya la parábola de Jonás, aquel personaje bíblico que se deja tragar por la ballena para, desde su interior, acabar con ella. Frente a los que pudieran pensar que el escritor se habría dejado devorar por el sistema, por la sociedad, por la ballena, por la cosa, Gala sigue demostrado suficientemente que desde el propio interior de la bestia no ha habido quien le haya sabido propinar más certeros arponazos al monstruoso animal que él, con los solos elementos del lenguaje, las palabras y la defensa de unos ideales que a algunos les puedan parecer obsoletos. Pocos como Gala han sabido abandonar a tiempo la mesa corruptora de los poderosos, los engañosos tés de las marquesas, los peligrosos saraos de los embajadores y de los banqueros, para ponerse al frente de movimientos sociales o manifestaciones contra la intolerancia, la mala fe o los atropellos contra la inteligencia, ya sea buscando el no a la entrada de España en la OTAN o poniéndose al frente de una marcha de campesinos andaluces, hambrientos de pan y de justicia. Nadie, como Gala, ha sabido escupirles más acertadamente a los amos del poder –de todos los poderes– y del dinero, un mensaje de igualdad, de tolerancia, de solidaridad, de justicia y de libertad.
        Es el Gala agitador de masas, abogado de causas nobles y casi siempre perdidas, defensor de los insumisos, de los marginados y de los desposeídos, heredero de una tradición literaria española que viene de Quevedo, de Larra, de Ganivet y del 98. Es el Gala predicador en el       desierto de una España corrompida y desencantada, de una España vendida al oro del becerro y a la falsa modernidad y al espejismo que ya puede llamarse Europa o el nuevo orden mundial retratado en las Azores para vergüenza de Occidente. Es el Gala que sobre la arrugada piel de una España centrípeta y desorientada, que se disfraza cada día de hermosa desentendida, sabe clavar con lucidez cada mañana con la fuerza implacable de las palabras, el dardo certero de su verbo agitador e inmisericorde a través de sus irreductibles troneras.
        Se ha dicho muchas veces que su obra, y no sólo la dramática que es por la que es más conocido y admirado, se ha desarrollado siempre entre dos rieles, la justicia y la esperanza. Así ha evolucionado toda su obra desde aquellas primeras comedias de teatro poético que significaron un soplo de aire fresco en los años sesenta en el triste panorama teatral de aquella época, Los verdes campos del Edén, El caracol en el espejo o Noviembre y un poco de hierba, hasta las de más fuerte contenido de estricto simbolismo político como la llamada Trilogía de la Libertad, formada por Petra Regalada, La vieja señorita del paraíso y El cementerio de los pájaros, o las de ironía descarnada –y hasta esperpéntica– como El hotelito, Carmen, Carmen o La truhana.
        Esta faceta del escritor se ha plasmado igualmente en sus numerosos trabajos periodísticos, desde las Charlas con Troylo –su fiel perro tekel–, hasta Los Cuadernos de la Dama de Otoño o Dedicado a Tobías, o las ya famosas e inevitables ‘Troneras’, que durante tantos años aparecen cada día en el diario El Mundo. Un Gala a veces tierno, íntimo, desenamorado y solitario y a veces irónico o fustigador, pero siempre moviéndose entre la esperanza en la capacidad del ser humano para la bondad y la belleza y el afán justiciero provocado por la triste realidad, empeñada siempre en desmentir esa esperanzada mirada del escritor sobre la humanidad, el amor y la solidaridad entre los seres humanos.
        Su obra narrativa, sin olvidar nunca estos dos rieles por el que transcurre su obra total, ha sido hasta ahora de tono más intimista y personal y en ella han ido apareciendo otras preocupaciones morales y estéticas de Antonio Gala, la fugacidad y el final trágico de la pasión amorosa, el paso del tiempo, la soledad, la vejez, el futuro y la desolación. Pero siempre sin perder el tono esperanzador que preside toda su obra.
        Ese mismo tono meditativo sobre la vida humana y una mirada melancólica y desencantada, pero no exenta de tierna ironía y un cierto asidero senequista, inundan sus escritos de carácter autobiográfico y memorialista que ha ido publicando el autor en los últimos años. Una mirada de regreso y de una firme serenidad y armonía, pero que en ningún momento deja de impregnarse del humor a veces fuerte y a veces tierno que preside toda su obra. El humor de Antonio Gala ha sido siempre una de las características en toda su trayectoria literaria, junto a la brillantez de su verbo, el amor a la lengua castellana, su ingenio impredecible y la facilidad extraordinaria para comunicarse directamente con sus espectadores y sus lectores.
        Todos estos rasgos han ido conformando durante más de cuarenta años de vida literaria a un personaje literario que ha desbordado la frontera de la popularidad que suele tener un escritor, para convertirlo en un personaje más allá de su calidad de literato, ya que ha alcanzado una fama y una atención mediática extraordinaria, que en los últimos años ha ido pasando a un segundo plano, tal vez por su paulatino alejamiento del teatro y de los focos de la actualidad, pero también por la propia actitud del escritor que se ha ido refugiando cada día más en su intimidad y en lo que, a pesar de años de alejamiento, ha sido el núcleo central y primerísimo de su obra literaria, la creación poética.
        En este sentido hay que recordar que el auténtico origen de Antonio Gala fue la poesía, desde su primer y sorprendente Enemigo íntimo a su Testamento andaluz, verdadero monumento a su amor a Andalucía, que ha sido igualmente uno de los ejes de su obra y de su personaje público. Las preocupaciones de la obra poética de Antonio Gala, que como hemos dicho impregna su obra total, han sido siempre su mirada sobre el paso del tiempo, la fugacidad y tragedia del amor, y los lugares relacionados con estos temas que han ido siendo los escenarios de su vida. Una vida que es absolutamente inseparable de su propia obra y de su evolución.

    José infante
  • Antología de Antonio Gala   Expandir
  •     [Andalucía] (…) Cuenta Chateaubriand que al coronar Sierra Morena los Cien Mil Hijos de San Luis y descubrir la campiña andaluza, los batallones presentaron armas, sin poderlo evitar, sin orden previa, a la tierra maravillosa. Los cien mil franceses, aparte de no pintar nada aquí y de ser demasiados hijos para un santo, los Cien Mil Hijos de San Luis ni siquiera tuvieron un gesto original. Ya lo había hecho un tío segundo suyo, Fernando III, primo de San Luis, al contemplar el tibi dabo radiante y feraz de Andalucía. Un decorado abierto como una mano abierta, donde han representado sus brillantes o míseros papeles en la historia tantas razas, tantas culturas, tantas religiones. Se excava aquí y aparecen rosadas piedras molineras árabes, ánforas para el aceite tartésicas, iberas o romanas, candiles de todos, las cenizas de los muertos de todos. Sobre esta gleba tanto han pisado los siglos que los imperios pueden caer sin fragor, apenas levantando un poquito de polvo, como quien se echa a dormir simplemente una siesta. Andalucía con­quistadora de conquistadores, en este decorado, cuando ha sido preciso ha cambiado de nombre, ha mudado de templo la aras y los dioses, ha mullido en silencio para el vencedor la cama del vencido, ha dispuesto sobre la mesa el pan que había cocido para otros y el aceite, y se ha puesto a cantar; o quizás a lamentar o a echar mucho de menos, pero cantando, mientras el aire leve movía los olivos de su paisaje, de un paisaje que la luna blanquea porque lo acaricia y el sol porque lo lame.
    ¿Podrá extrañar que esta actitud andaluza paciente, más que pasiva, esta tenue gracilidad que ha sido invulnerable al embate terrible de las centurias y a las convulsiones de las catástrofes, esta tierra que ha convertido la cal en mármol diario, este pueblo persistente en su holgura, sumiso e indomable al mismo tiempo, podrá extrañar que fuese el paraíso anhelado que Castilla soñó con depredar y acabó depredando? Pero la Reconquista, palabra que aplicada a Andalucía es, si se aplicase como liberación, un error histórico o una simple idiotez, transformó en latifundios los entrañables cultivos familiares y, lo que es peor, sembró esos latifundios con la semilla del descontento y la insatisfacción. Desde aquellos siglos llamados gloriosos nada funcionó bien. Los andaluces se fueron a las Indias, a Nápoles o a Flandes por las mismas tristes razones que se van hoy a Suiza. Y los que se quedaron, moriscos o cristianos, eran igual, promovieron recurrentes alteraciones que han venido estremeciendo la amarga historia del alegre sur. Y Andalucía, que podía vivir sola y de hecho vivió, sucumbió a una desigual convivencia; no sólo no se sintió protegida, se sintió maniatada. Pasó de ser el ornato del mundo a ser una mendiga, la madre de los pícaros; pasó de la civilización más refinada al analfabetismo más hiriente. ¡Ay, dulce Andalucía, atractiva y exótica, casi pecaminosa, el Hawai de los Reyes Católicos, que pensaban retirarse a su molicie como viejos pensionistas ingleses!
    Andalucía, reiteradamente olvidada, igual que una colonia bien segura que inventase el flamenco por el mismo motivo que los negros inventaron el soul, para poder quejarse sin humillaciones, porque el flamenco, como todo lo perdurable en esta vida, es una queja, la forma de llorar un grupo de oprimidos y aun de ese llanto todo el mundo ha sacado tajada. Es difícil encontrar una nación que haya obtenido más de una de sus regiones y la haya maltratado tanto. En lo personal sí hay otro ejemplo tal de ingratitud: el de Fernando V de Aragón, Conde de Barcelona –al que el propio Papa Alejandro VI confesaba le había dado el nombre de Católico más que nada por molestar a los franceses–, y Gonzalo de Córdoba, el Gran Capitán. La mezquindad, frente a la magnanimidad; la exigencia de cuentas, frente al regalo de un reino; las promesas mantenidas para retener a quien toda Europa codiciaba, aprovechando que por ser su mejor súbdito no le abandonaría; la inútil crueldad de arrasar en Montilla el solar de sus antepasados, el no dejarle nada, nada, nada que no fuese el derecho a la queja, otra vez, esa queja ante la historia y Dios. Desde entonces, durante demasiado tiempo, Andalucía ha sido donante involuntaria de sangre. Y con la suya, como suele ocurrir con cualquier sangre, grandes negocios se han realizado y en otras geografías para mayor escarnio.
    Andalucía se halla largamente cansada de no recibir respuesta a sus entregas de ahorro, de mano de obra, de consumo, de infinita paciencia; cansada de enriquecer con su emigración y su turismo al común del país sin que se tomen en serio sus problemas; cansada de que, como ella es tan fulera y tan dada a las vanas palabras, se le quiera curar el cáncer con aspirinas y con mercuro-cromo. Andalucía está cansada de premeditados desaciertos. Cansada de ser desde hace siglos tierra de conquista que se reparten los conquistadores o colonia que explotan los de fuera dándole un pirulí condescendiente a los hijos de los colonizados. Andalucía es, sí, la «Bella Durmiente». Pero una «Bella Durmiente» se muere o se despierta. Son demasiados años los que lleva dormida, demasiados los que lleva aguardando ese beso de amor, justamente lo contrario de lo que ha recibido. Y el despertar sin vueltas ha de suceder ¡ya! ¡Ya ha sucedido! Yo he apoyado mi oído en el corazón de nuestras gentes y sé que late con alarmante irritación. Yo conozco a mi pueblo porque le pertenezco y él me asume y sé que está muy harto, que le duele la cal de los huesos de ver a la que ama mal vestida y hambrienta, con lo tibia, lo hermosa y bien dotada que la hizo Dios un día. (…)

    De ‘¡Viva Andalucía viva!’.(->véase Córdoba y Cultura)


        El cementerio de los pájaros.

    EMILIA.- Íbamos a vivir en un puerto de mar, en nuestra casa solos. Cuando tú no estuvieras navegando, habríamos salido por las tardes, a pasear del brazo, sonriendo. «¿quieres una cerveza?» Sí. «¿Y unas cigalas frescas?»… La espuma de la cerveza mancha los labios. La novia se los limpia con la lengua, mientras el novio la mira fijamente… Tú eras alto y delgado…(Tropieza con él. Desabrida.) ¡Quítate! (vuelve al tono soñador.) Eras el heredero de don Juan Bautista Aguayo, de su casa y de sus tierras. Ibas a ser marino… (Repite el juego.) ¡Quítate! Hacer de la soledad mi cerveza, mi espuma, y mis cigalas: esa ha sido mi historia. ¡Qué estafa!

    DEOGRACIAS.- Así es la vida: sólo nos dan retazos de las cosas. Como un rompecabezas, que hay que ir componiendo sin saber qué representará. Y hay piezas que no encajan, y otras que se extravían… Y aunque no se extravíen, qué incomprensible es una pieza suelta. (Tiene alguna en la mano.) Azul y gris: ¿de qué formará parte?

    EMILIA.- (Sincera.) O las encuentras a deshora, cuando una ya no tiene ganas de seguir jugando, cuando una se ha hecho a ver el hueco de la pieza… Hace veinticinco años que vivimos juntos.

    DEOGRACIAS.- Es mucho. Las sesiones de amor del ser humano duran alrededor de veinte minutos: como las de los canguros. No está mal.

    EMILIA.- Como si no hubiesen existido. ¡Veinticinco años!

    DEOGRACIAS.- Algunos animalillos, los jerbos por ejemplo, llegan a doscientas veinticuatro copulaciones por hora. No hay que llegar a tanto…

    EMILIA.- ¿Qué hemos hecho? Nada. Comer y dormir sólo. Comer mal y dormir peor. ¿Eso es la vida? ¿Eso era la vida? Sin darnos cuenta se ha evaporado.

    De El águila bicéfala.


    Agua me daban a mí
    Agua me daban a mí.
    Me la bebí.
    No sé qué cosa sentí.

    A orillas del mar amargo,
    por el alba de abril,
    labios de arena y espuma
    agua me daban a mí.

    La llama contra la llama,
    el clavel sobre el jazmín,
    el mediodía de agosto
    me la bebí.

    En qué brebal se echaba
    la tarde a malmorir.
    cuando se helaron las fuentes
    no sé que cosa sentí.

    De Poemas de amor.
     

    Boabdil en Fez.
    El viaje por tierra hasta Fez fue tan duro, que mi madre alegando la fragilidad de los niños, me rogó que volviéramos grupas y nos quedásemos en cualquier ciudad del Norte. Yo, hecho a penalidades, no quise ahorrarme ya ninguna. Cuando llegamos a Fez, nos habían precedido la peste y el hambre que se propagaron desde Túnez. Muchos de sus moradores, que la dejaba, se cruzaron con nosotros. A mí me pareció una buena ocasión de terminar; sin embargo, a muchos de mis acompañantes se les ocurrió que era una prueba a la que Dios sometía a mis leales, y consideraron llegada la hora de dejar de serlo. Unos se desparramaron por el reino; otros volvieron a Granada para convencerse de que, tras de lo malo, hay siempre algo peor. Yo estaba anticipadamente convencido.
    En Granada, según he ido sabiendo, los mudéjares están obligados a llevar un capuz amarillo y una luneta azul sobre el hombro derecho. Los reyes, cuando comprobaron que los musulmanes más humildes habían decidido permanecer allí, incumplieron una por una todas las capitulaciones. Los han recargado de tributos; los tratan con menosprecio y crueldad, y los someten a tiránicas leyes. Se ha prohibido hacer desde las mezquitas el llamamiento a la oración, y se les empieza a expulsar de la ciudad que era suya, y a relegarlos a los arrabales y alquerías, en donde se retraen empobrecidos, envilecidos y afrentados.
    Y si este primer rey, el más sujeto a su compromiso, no lo guarda, ¿qué nos reservarán sus sucesores? Nuestra caída no llegó todavía a lo más hondo. ¿Por qué se calla Dios?

    De El manuscrito carmesí.


    Florencia.
    He vivido en Florencia, donde por fin hice un amigo, lo cual es un triunfo entre los toscanos. Tan amigos nos hicimos que un día, tomando un capuchino:
    – Tengo que confesarte algo –me dijo–. No debo tener secretos para ti. Yo no soy de Florencia, soy siciliano.
    – Ahora comprendo –le repliqué riendo–. Cuánto trabajo te habrá costado perder tu propio acento.
    Solía sentarme en la Signoria, al pie de la estatua de Perseo (ese fue el título que di a mi primer libro, de poemas barrocos), entre los pelotazos de los niños y el guirigay de los turistas. Un florentino me miraba intensamente desde las sillas de un bar. Era moreno, afilado, con mirada taladradora y la sonrisa pendiente de una comisura. Una paloma resolvió la tensión haciéndose sobre él una necesidad. Se levantó. Fue a la fuente del Biancone, y se lavó con su agua. Luego vino derecho hacia mí y me dijo en francés:
    – Les oiseaux…
    – Les colombes –puntualicé.
    Nos fuimos juntos por el ancho pasillo de los Uffizi que lleva al Arno. Él resultó no ser florentino, ni siquiera italiano. Era un pianista americano, al que yo había oído en disco, que, tras una lesión en las muñecas, reanudaría su gira en Nápoles a los tres días. Yo adiviné su nacionalidad por la desgarbada manera de pronunciar el francés y el italiano. Él no averiguaría la mía hasta después de equivocarse diecisiete veces: España se había borrado de su mente. Comiendo sandía como niños, fuimos andando a Fiesole, entre olivos, donde vimos amanecer a la puerta del convento franciscano. O beata solitudo, o sola beatitudo. Aquella noche no fue verdad del todo.

    De Ahora hablaré de mí.
  • CRONOLOGIA  Expandir
  • 1930   Nace el 2 de octubre en Brazatortas (Ciudad Real), donde su padre, médico de profesión, había sido destinado provisionalmente. A los pocos días se traslada a Córdoba.

    1940-1950   Cursa los estudios de primaria y bachiller en el colegio de La Salle de Córdoba. Demuestra su precocidad escribiendo un relato a los cinco años, una obra de teatro a los siete y ofreciendo una conferencia, en el Círculo de la Amistad, a los 14. Muere su hermano mayor, Luis, en Madrid, donde estudiaba medicina.

    1950-1957    Estudia Derecho en Sevilla y comienza sus colaboraciones con revistas literarias, como Escorial, Caracola, Platero y Cántico. Funda y dirige, en Sevilla, Aljibe y Arquero de Poesía, ésta última en colaboración con Gloria Fuertes y Julio Mariscal Montes.

    1958    Terminados sus estudios, se retira a la Cartuja de Nuestra Señora de la Defensión de Jerez de la Frontera.

    1959    En verano abandona la Cartuja de Jerez, instalándose en Madrid. Obtiene con Enemigo íntimo el áccesit del Premio Adonais de Poesía.

    1960-1962    En marzo se publica Enemigo íntimo. Se traslada a Italia, y en Florencia dirige la galería de arte La Borghese.  

    1963    Regresa a Córdoba ante la grave enfermedad de su padre, que muere el 10 de mayo. Antonio Gala, que mantenía una estrecha relación afectiva con su padre, se ve profundamente afectado. Recibe el Premio Nacional Calderón de la Barca de Teatro por su comedia Los verdes campos del Edén, estrenada en el María Guerrero de Madrid el 20 de diciembre bajo la dirección de José Luis Alonso.

    1965
        Estreno el 27 de abril, en el Teatro Español, de su versión de El zapato de raso de Claudel. Publica el ensayo Córdoba para vivir.

    1966
        El 9 de enero, mutilada por la censura, se estrena en el María Guerrero El sol en el hormiguero, retirada por la autoridad gubernativa a los tres días. Comienza a publicar en la “Tercera Página” de Pueblo.

    1967    Reside en la Universidad de Bloomington (Estados Unidos), donde imparte un curso de literatura española. Escribe la comedia Noviembre y un poco de hierba.

    1968    Adapta para TVE obras de Shakespeare, Molière y Eurípides, y escribe los guiones conmemorativos Eterno Tuy y el Oratorio de Fuenterrabía. Para el cine escribe los guiones Digan lo que digan y Esa mujer, filmes dirigidos por Mario Camus. Concluye Los sonetos de La Zubia.

    1970    Estrena El Retablo de Santa Teresa y Spain´s strip-tease.

    1972    Comienza a trabajar en la serie Si las piedras hablaran. En octubre estrena, en el Teatro Lara de Madrid, Los buenos días perdidos, que alcanza más de mil representaciones y obtiene el Premio Nacional de Teatro.

    1973    Recibe el Premio Nacional de Guiones por Si las piedras hablaran y comienza a colaborar con Sábado Gráfico. Tras una grave enfermedad, Antonio Gala estrena Anillos para una dama, la comedia más representada y la que más premios le da a su autor.

    1974    Estreno de Las cítaras colgadas de los árboles.

    1975 
       La censura prohíbe la comedia Carmen Carmen. Polémico estreno de ¿Por qué corres, Ulises?, comedia denostada por la crítica que cuenta con el aval del público.

    1976    Arias Navarro ordena la suspensión de su serie Paisaje con figuras y es procesado por un artículo de Sábado Gráfico. La prensa publica la noticia falsa de su asesinato mientras él asiste en Murcia a un acto literario. Presenta Texto y pretexto.

    1978    Inaugura el Congreso de Cultura Andaluza con un discurso en la Mezquita-Catedral de Córdoba. Abandona Sábado Gráfico y comienza su colaboración con El País.

    1980 
       Estreno de Petra Regalada y La vieja señorita del Paraíso.

    1982 
       Estrena El cementerio de pájaros y continúa con los guiones de Paisaje con figuras.

    1983    En octubre recibe en Almería el nombramiento de Andaluz Universal, otorgado por la Junta de Andalucía. El 19 de diciembre, en el María Guerrero, se celebran sus 20 años de teatro y se presenta Trilogía de la libertad, que contiene sus tres últimas comedias.

    1985    Estrena El hotelito y Samarkanda.

    1986    Es elegido presidente de la Plataforma Cívica por la salida de España de la OTAN. Se presenta en Madrid el proyecto Testamento andaluz, en el que colabora con Manolo Sanlúcar y con el pintor Manuel Rivera.

    1987
        Comienza a colaborar con El Independiente y estrena Séneca o El beneficio de la duda. Es nombrado Hijo Predilecto de Andalucía.

    1990    Recibe el Premio Planeta por El manuscrito carmesí, que abre una exitosa trayectoria novelística.

    1992    Continúa con sus “Troneras” en El Mundo. Publica Granada de los nazaríes y estrena en Sevilla, con motivo de la Expo´92, La Truhana.

    1993    Aparece su novela La pasión turca y las recopilaciones de textos El águila bicéfala y Córdoba de Gala.

    1995    Se publican Más allá del jardín y Carta a los herederos.

    1996    En abril aparece la novela La regla de tres.

    1997    Ve la luz su poesía, cultivada desde el inicio de su carrera literaria y guardada celosamente por el autor. Poemas de amor es un éxito sin precedentes, del que se venden 500.000 ejemplares, lo que le convierte en el poeta vivo más vendido.  

    1999 
       Aparece la novela El imposible olvido.

    2000    El escritor esboza sus memorias de autor en el libro autobiográfico Ahora hablaré de mí.

    2001    Estreno de Petra Regalada y La vieja señorita del Paraíso.

    2002    Promueve y crea en Córdoba, en el antiguo convento del Corpus Christi, restaurado para tal fin, la Fundación Antonio Gala, residencia y centro de convivencia de jóvenes artistas en el que se promueve la creatividad y el descubrimiento de nuevos talentos.

    2005    En noviembre publica El poema de Tobías desangelado.
 
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