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HÍPICA

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f. Denominación que engloba a todas las modalidades deportivas que tienen al caballo como protagonista fundamental. Básicamente, tales disciplinas se agrupan en concursos hípicos, carreras de caballos, polo y horseball .

Concursos hípicos. Entre las pruebas más importantes de la hípica se encuentran los saltos de obstáculos. Consiste en recorrer una pista plagada de obstáculos "verticales, extendidos y combinados", salvándolos en el orden establecido y en el menor tiempo posible. Penalizan el exceso de tiempo, los derribos y los rehúsos. Los Juegos Olímpicos son la principal cita competitiva de esta modalidad, las más popular del mundo, y de todos los concursos hípicos incluidos en el programa olímpico. En los saltos, son olímpicas las pruebas del Gran Premio individual y el Gran Premio de las Naciones "por equipos de tres jinetes", aunque ya en 1953 se disputa el primer campeonato del mundo, ganado por el español Francisco Goyoaga. Los concursos de saltos, tanto de altura como de longitud, comienzan a ser organizados en la segunda mitad del siglo XIX: Dublín (1868), Londres (1881), Nueva York (1883)" Entre los nombres importantes en la evolución de la técnica de esta modalidad destacan los italianos Caprilli "organizador de la Escuela de Caballería de Tor di Quinto" y Pignatelli, en Nápoles, y al ruso Rodziensko, director de la Escuela de Caballería de Irlanda.

Doma clásica. Cuentan en la competición la presencia del caballo, la compenetración entre el jinete y el animal, y la armonía y precisión de los movimientos sobre el cuadrilongo. Es la más antigua de las disciplinas de concursos, ya que sus orígenes se remontan a Jenofonte, historiador y filósofo griego de los siglos V y IV a.C., practicante de la equitación por su condición acaudalada y cuyos principios plasma en su tratado Sobre la equitación . El impulsor moderno de la disciplina es el inglés James Fillis, en el siglo XIX. Debuta en los Juegos Olímpicos en Estocolmo, en 1912, y desde 1966 celebra campeonatos mundiales.

Concurso completo.  La más moderna de las pruebas de concurso y a la vez la más dura, pues consiste en tres días consecutivos de competición en los que se pone a prueba la resistencia del caballo y el jinete al combinar una jornada de doma, otra de campo a través "fondo" y una última de saltos de obstáculos. Olímpica desde 1912 y mundialista desde 1966, es la manga de fondo la que más cuenta para la clasificación final a la par de ser la más exigente.

Acoso y derribo.  Disciplina en la que, por parejas, se derriba a una res provisto de una garrocha, puntuando la forma de la caída del animal.

Doma vaquera.  Propia de las regiones con tradición de ganaderías bravas, como Andalucía o Extremadura, hunde sus raíces en las labores camperas de manejo de las reses.

Enganches.  Esta modalidad consiste en la ejecución de ejercicios con coches tirados por uno, dos o cuatro animales, celebrándose pruebas de doma, manejabilidad y maratón.

Raid (resistencia).  Es el maratón de la hípica. Se trata de llegar primero después de un recorrido campo a través sobre distancias variables y un trazado marcado.

Reining (rodeo).  Es una de las disciplinas más populares "se practica en 42 países" y la última en incorporarse al programa de los Juegos Ecuestres Mundiales. Se trata de llevar a cabo un conjunto de maniobras establecidas, en las que prima la rapidez y habilidad, como habilidad con el lazo o manejo del caballo.

Trec.  Se realiza en terreno campestre y consiste en poner a prueba la pericia de jinete y caballo en tramos de orientación, velocidad y obstáculos.

Volteo.  Es una de las modalidades más vistosas por cuanto se llevan a cabo ejercicios gimnásticos sobre un caballo en movimiento.

Carreras de caballos. Los orígenes del también conocido como turf  se localizan siglos antes de la era cristiana, pues griegos y romanos ya disputan competiciones de este tipo en los primeros hipódromos. En la Edad Media proliferan en Inglaterra y nacen las de Siena (Italia), y definitivamente en la segunda mitad del siglo XVII se reglamentan y se celebran de forma organizada también en Gran Bretaña, la cuna de esta especialidad hípica. Entre los siglos XVIII y XIX nacen las carreras que hoy en día son leyenda de este deporte, como el Derby o las 2000 Guineas, y se produce la expansión de la disciplina al resto del mundo, especialmente Francia y Estados Unidos. También en el siglo XIX se gestan las carreras de obstáculos, de las que la más importante es el Grand National (1837), disputado en Aintree (Inglaterra). Otras modalidades dentro de las carreras son las de campo a través y las de trotones.

Polo.  Este juego consiste en el enfrentamiento de dos equipos de cuatro jugadores a caballo, con el objetivo de introducir una pelota provisto de un mazo en la portería contraria. Se trata de uno de los deportes más antiguos, practicado ya en tiempos de los persas 500 años a.C. y extendido por Oriente "China, India, Tíbet, Japón". Los ingleses destinados a la India aprenden el juego a mediados del siglo XIX y lo importan a Europa, establecen un reglamento y los extienden al resto del continente, así como a Estados Unidos, Argentina o México, donde existe gran afición. Deporte olímpico en 1900, 1908, 1920, 1924 y 1936, es dominado por ingleses y argentinos.

Horseball.  Es un juego en el se enfrentan dos equipos de cuatro jugadores "más dos reservas", con el objetivo de marcar el máximo número de goles en la canasta vertical del equipo rival. El balón presenta seis asas y debe ser recogido del suelo por cada participante sin desmontar del caballo.

Andalucía y el caballo. Andalucía es probablemente la región española donde se vive más intensamente la relación entre el hombre y el caballo, y ello se conforma como un elemento implícito en la cultura de la comunidad autónoma y que está presente en su propia historia. Dicha cercanía hunde sus raíces muchos siglos atrás, pues existen vestigios arqueológicos "monedas y guarniciones" que muestran el papel desempeñado por el caballo en la civilización íbera y tartésica, a orillas del Gualdalquivir. Son los primeros indicios del valor de un animal apreciado por su nobleza, velocidad y resistencia, características estas últimas muy útiles para la guerra contra cartagineses y romanos.

El uso bélico de este animal se acentúa en la Edad Media dentro de los ya indispensables cuerpos de caballería, que otorgan un salto cualitativo a los ejércitos. En al-Ándalus, los musulmanes se muestran diestros en el manejo del caballo en la guerra, pero también en el juego, y profesan admiración hacia él, sobre todo la realeza, que se cuida de tener muchos ejemplares y de preservar la genealogía de cada uno. Ser buen jinete se considera símbolo de grandeza. La misma creencia poseen los cristianos. Así, por ejemplo, Alfonso X el Sabio entiende que el caballero ha de ser diestro en el montar y en el conocimiento de los caballos y su casta.

Tanto en las Cruzadas como en los conflictos posteriores, los caballeros buscan caballos fuertes y potentes, pero también animales más elegantes para las actividades de ocio, como la caza, las justas y los torneos. Estas dos últimas manifestaciones tienen su eclosión en el siglo XIV, pero su extrema violencia, llegando a la muerte, motiva su adaptación hacia una práctica más deportiva. Así, las justas derivan en duelos de rotura de lanzas y los torneos en el juego de las cañas, tan practicado por los caballeros jerezanos, como entrenamiento para las contiendas bélicas. Consiste en arrojar al contrario cañas de modo alterno con la única protección de una adarga. Es, no obstante, una actividad peligrosa, pues en Jerez se lleva a cabo a cara descubierta y sin armadura. En Granada proliferan los juegos de sortija, de estafermo, el de las cabezas y el correr de toros. Además, en estos juegos se introduce el estilo árabe de montar, a la jineta, con ligera flexión de pierna, que permanece desde entonces vivamente presente en Andalucía en detrimento de la monta a la brida, más generalizada en Europa.

Tales juegos van desprendiéndose definitivamente de su vinculación bélica y, a la par, del riesgo consecuente en el Renacimiento, cuando se organizan exhibiciones ecuestres en la plaza del Arenal de Jerez de la Frontera con la denominación de "Bueltas de escaramuza de gala a la gineta". Éstas no son sino una consecuencia de un movimiento que se registra en toda Europa de preocupación por la equitación y estudio de la misma, y que se traduce en la creación de la primera escuela, la del Conde de Fiaschi, en 1539, en Ferrara (Italia), a la que siguen otras en Francia y la histórica Alta Escuela Española de Viena (1572). Por entonces, y más en el siglo XVII, es ya muy bien considerada la raza andaluza, cruce del caballo español y árabe. Asimismo, en esta época se crean las primeras Maestranzas reales de Caballería, auspiciadas por el rey para mantener a la nobleza instruida en las artes castrenses y ecuestres en caso de ser requeridas por la Corona para la guerra. De este modo, en 1572 se crea la decana, la de Ronda (Málaga), a la que siguen las de Sevilla (1670) y Granada (1686). Con el tiempo, con la creación de ejércitos regulares estatales, estas instituciones reconducen sus objetivos hacia la enseñanza de la equitación y organización de funciones públicas "toros, cañas, alcancías, picaderos, etc.", actividades culturales y de beneficencia, así como al mantenimiento de sus plazas de toros.

Proliferan los escritos y estudios sobre el tema, y los centros ecuestres se multiplican, siendo Francia el país más avanzado en este sentido. Así, el siglo XVIII comporta para la equitación un paso adelante en cuanto a la cría, preparación y doma del caballo, así como la modernización de los cuerpos de caballería en los ejércitos europeos. Independientemente de las actividades exhibitorias, más o menos regulares, y castrenses, el espíritu de la tradición ecuestre en Andalucía se mantiene vivo en el campo, donde el caballo es un aliado indispensable para los garrochistas en las ganaderías de reses, y en las plazas de toros, dentro de festejos con rejoneadores.

La hípica en Andalucía. El siglo XVI trae consigo los principios de la regulación de la actividad ecuestre en Europa, la cual, como ocurre con la esgrima "otro de los deportes con mayores raices históricas", conforma la base de lo que siglos más adelante es conocido como hípica. Hablar de hípica es hacerlo del aspecto deportivo de la equitación, por tanto es hacerlo a partir de la segunda mitad de siglo XIX, cuando nace el deporte moderno, como actividad competitiva estructurada y reglamentada. En esa segunda mitad del siglo XIX, se produce la génesis del turf español, la primera de las manifestaciones hípicas en España y, en ella, Andalucía juega un papel esencial. Tras unos primeros intentos más o menos verificados, el duque de Osuna celebra en su finca madrileña en 1835 las primeras competiciones de velocidad, siguiendo el estilo inglés, que tienen lugar en España. A raíz de ellas, la preocupación por regular este tipo de competiciones conduce al nacimiento en 1841 de la Sociedad de Fomento de la Cría Caballar en España, auspiciado por el propio duque. No obstante, y aunque en los siguientes años se producen rebrotes de este interés en la capital de España, son las carreras de caballos de Sanlúcar de Barrameda * , nacidas en 1845 en esta localidad gaditana, las que ostentan el honor de ser las pioneras en España por haber mantenido plenamente hasta nuestros días su vigencia. La novedad pronto se traslada a otras ciudades en su mayoría andaluzas. Así, la primera manifestación de carreras de caballos en Sevilla data de 1861, por obra de la Real Maestranza, institución que le da la fuerza necesaria para que hasta finales de los años treinta se disputen con fidelidad en el extinto hipódromo de Tablada, escenario del Gran Meeting de la Exposición Iberoamericana de 1929. También, entre los años sesenta y setenta del siglo XIX, el turf  da sus primeros balbuceos en el hipódromo cordobés de San Julián, el granadino de Armilla, Jerez, Cádiz y Málaga, incluso antes de la construcción del hipódromo de la Zarzuela "en Madrid", del de Lasarte "en San Sebastián" y de las pruebas de Barcelona. Un hecho reseñable de estas carreras es la participación combinada de jinetes civiles y militares, lo cual será la excepción de un panorama ecuestre e hípico que hasta bien entrado el siglo XX, coinciendo con la mecanización de los ejércitos, está dominado por la clase militar. De hecho, hasta pasada la II Guerra Mundial, no se registra la inscripción de civiles en los concursos hípicos. Así, toda la primera mitad del siglo XX en España y Andalucía está marcada por una práctica deportiva elitista, casi exclusivamente reservada a las clases altas "salvo deportes más sacrificados como el fútbol, el boxeo o el ciclismo" o, en el caso de la hípica, a oficiales del ejército. Y no sólo la práctica, sino también el disfrute de ella como espectadores, cosa que ocurre, por ejemplo, en las carreras del hipódromo de Armilla, donde la asistencia de toda la nobleza granadina a las gradas para presenciar el espectáculo es constante en cada jornada, o en Pineda, lo que confiere a estos eventos deportivos un carácter marcadamente social.

En esta época de adolescencia del deporte nacional, es la hípica la que, continuando la brillante tradición de la escuela española de equitación de los siglos XVI y XVII, otorga al deporte español sus más altos logros, como la primera medalla de oro para España en unos Juegos Olímpicos, a cargo de los capitanes de caballería José Álvarez de Bohórquez, Julio García Fernández y José Navarro Morenes, en saltos de obstáculos por equipos, en Amsterdam 1928. Para entonces, Leopoldo Sainz de la Maza * , primer conde de la Maza, ya se ha convertido en el primer olímpico andaluz de la historia. Este noble utrerano, hombre de Corte, político y sportman , practica diversas modalidades deportivas, entre ellas la hípica del acoso y derribo, y el polo, donde obtiene sus grandes éxitos. Asiduo de campos como el de Puerta de Hierro de Madrid, debuta en los Juegos Olímpicos de Amberes 1920 y logra la medalla de plata con el equipo de polo español, en disciplina de exhibición. Cuatro años más tarde, Sainz de la Maza repite participación en los Juegos de París 1924, últimos en los que el polo está incluido en el programa olímpico, y obtiene una nueva medalla, esta vez de bronce.

Tras el paréntesis de la Guerra Civil española, en 1940 se crea en Sevilla el Real Club Pineda * , entidad señera de la hípica andaluza, a cargo de oficiales del ejército, entre ellos José Barón, santo y seña de este deporte en Sevilla. Con la fundación del club, se pone en funcionamiento el hipódromo de Pineda, que, desde 1941 capitaliza ininterrumpidamente la actividad del turf  en Sevilla, primero con dos ciclos "otoño y primavera" y luego con la temporada de invierno, dentro del ciclo anual de la Sociedad de Fomento, junto a Madrid y San Sebastián.

También tras la Guerra Civil, la competición vuelve al hipódromo de Armilla, concretamente en 1942. Precisamente, en la reunión reinaugural del recinto armillense, destaca un joven capitán granadino, Fernando López del Hierro * , que habrá de hacer historia en el deporte andaluz. Además de ser asiduo a las competiciones en Armilla "y los podios" y participar en otras reuniones europeas, bate el récord del mundo de longitud a caballo (8,30 m., vigente hasta 1975), en 1951, en Barcelona, y, sobre todo, se clasifica para los Juegos Olímpicos de Helsinki, en 1952, donde participa en la prueba de concurso completo. Es el segundo andaluz en acudir a una cita olímpica, tras el conde la Maza. Pasarán veinte años hasta que el siguiente jinete andaluz tenga el privilegio de ser olímpico. Es en Múnich 72 y ya no se trata de un militar. Es el jerezano Alfonso Segovia * y en la especialidad de saltos de obstáculos. Con dos campeonatos de España previos (1970 y 1971), Segovia engrosa su currículo deportivo y obtiene en la ciudad alemana dos diplomas olímpicos, en individuales y por equipos, y cuatro años más tarde, en su segunda presencia en unos Juegos, Montreal 1976, suma un tercer diploma, en la prueba por naciones. Tras estos Juegos, el jinete gaditano encadena tres nuevos títulos nacionales, de 1977 a 1979, un logro que posteriormente sólo iguala otro andaluz, Ricardo Jurado * .

En 1973, se funda en Jerez la Escuela Andaluza de Arte Ecuestre "con el título real desde 1987 y bajo la figura de fundación desde 2003", institución de suma importancia en la articulación, desarrollo y promoción de la alta escuela, selección y doma del caballo, y formación de jinetes de alto nivel. Creada por Álvaro Domecq * y especialista en doma clásica y vaquera, tiene su exponente más internacional en el espectáculo "Cómo bailan los caballos andaluces", pero en la faceta deportiva su escuela representa un importante trampolín desde el que se impulsan algunos de los nombres importantes de la hípica andaluza y española, como los subcampeones olímpicos en Atenas 2004, los jerezanos Rafael Soto * e Ignacio Rambla * .

Misma labor de promoción de jinetes lleva a cabo el Club Pineda, de Sevilla, de cuya escuela, capitaneada por Antonio Espigares, surge a principios de los ochenta el sevillano Luis Astolfi * , el tercer olímpico de la historia de la hípica andaluza. Participante en cuatro Juegos "Los Ángeles 1984, Seúl 1988, Barcelona 1992 y Sydney 2000" y ganador de dos diplomas, es el deportista andaluz, junto al remero Fernando Climent * y a la nadadora María Peláez * , con más citas olímpicas en su haber.

Coetáneo a Astolfi es Ramón Beca * , también sevillano y socio del club Pineda, quien, tras probar los saltos y la doma, se decide por el concurso completo, especialidad muy dura en la que pronto se convierte en el mejor de España, con tres participaciones olímpicas a sus espaldas, Seúl 1988, Atlanta 1996 y Sydney 2000. En esta última, logra un diploma por equipos. Fruto de su carácter polifacético, Beca hace incursiones en el turf , donde vence en 1995 el gran premio del 150º aniversario de las carreras de Sanlúcar.

Es, por tanto, la década de los noventa una etapa importante para la hípica española desde el punto de vista de la alta competición, especialmente en las disciplinas olímpicas. A los nombres ya prestigiosos internacionalmente de Astolfi y Beca, se unen en los circuitos mundiales los jerezanos ya citados, Soto y Rambla, así como otro sevillano, Ricardo Jurado, también procedente de la cantera de Pineda, olímpico en Sydney 2000 y con tres títulos nacionales de saltos en su palmarés (1999-2001), y el cordobés Juan Antonio Jiménez * , también olímpico, en doma clásica. Junto a ellos, destacan en modalidades no olímpicas Juan Robles Marchena, once veces campeón de España de enganches, y Joquín Olivera Peña, con ocho títulos nacionales en doma vaquera.

Asimismo, el interés de la iniciativa pública y privada hacia el mundo del caballo se incrementa con la creación de diversos centros, caso de Montenmedio * , fundado en 1991 en el municipio gaditano de Vejer de la Frontera y cuyas instalaciones son consideradas de las mejores del mundo. Surgen competiciones de nivel internacional en suelo andaluz, como el Circuito Hípico del Sol, la reunión invernal más importante de Europa, en Montenmedio, o la organización en 1995, en Sevilla, de una prueba de la Copa del Mundo de saltos, la primera vez que dicha competición pisa suelo español en 18 años de existencia.

Así, el deporte hípico andaluz cruza el umbral del nuevo siglo, en el que alcanza sus más altas cotas. El turf recibe dos nuevos hipódromos, con los que los ciclos de carreras de caballos en Andalucía se encadenan sin interrupción. El Hipódromo Costa del Sol * , en Mijas (Málaga), y el Gran Hipódromo de Andalucía * , en Dos Hermanas (Sevilla), se unen de este modo al ya operativo y veterano de Pineda, y a la temporada estival en Sanlúcar de Barrameda. En la alta competición, los jinetes de doma clásica Rafael Soto, Ignacio Rambla y Juan Antonio Jiménez toman el testigo de la alicaída especialidad de saltos y otorgan grandes éxitos tales como la medalla de bronce en los Juegos Ecuestres de Jerez 2002 y, sobre todo, la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, un logro sin precedentes, por equipos. Junto a este metal, la noticia con mayúsculas del mundo de la hípica en Andalucía es la celebración en 2002 de los Juegos Ecuestres Mundiales en Jerez de la Frontera (Cádiz).

Jerez 2002. Los Juegos Ecuestres Mundiales constituyen la reunión de siete campeonatos mundiales, los de otras tantas disciplinas hípica reglamentadas por la Federación Ecuestre Internacional: saltos, doma clásica, concurso completo, enganches, raid , volteo y reining . La primera edición de este evento tiene lugar en 1990 en Estocolmo (Suecia), sede a la que siguen La Haya (Holanda), en 1994; Roma (Italia), en 1998; y Jerez de la Frontera, en 2002.

De este modo, la ciudad gaditana recibe del 10 al 22 de septiembre el mayor evento deportivo del mundo del caballo, con una inscripción de mil caballos y ochocientos jinetes de todo el mundo. Las sedes de las siete disciplinas "por primera vez en estos Juegos, ya que el reining  debuta en la cita jerezana" son el complejo de Chapín, con el remozado estadio como eje del mismo y de los campeonatos, y centro de Garrapilos, para las pruebas de campo.

Desde el punto de vista estrictamente competitivo, Alemania es el país dominador, con un total de nueve medallas "sobre 45 posibles", cuatro de ellas de oro. España ingresa en el medallero con dos metales, ambos en doma, la plata de Beatriz Ferrer-Salat y el bronce del cuarteto nacional, en el que están incluidos tres andaluces, Rafael Soto, Ignacio Rambla y Juan Antonio Jiménez.    [ José Manuel Rodríguez ].

 

 
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