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HUELVA

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Ciudad de 144.369 habitantes en el 2004, con un término municipal de 149 km2 y a 54 m. sobre el nivel del mar

Situación y emplazamiento.  Huelva se sitúa en la costa occidental andaluza, de larga historia marítima, de navegación y pesca, pero también de comercio: ligado a  minerales, antes, y productos industriales y agrícolas hoy, más el turismo y las viviendas de segunda residencia. En principio, un núcleo costero más como otros cercanos (Palos, Isla Cristina o Ayamonte), pero con un fuerte desarrollo tras su elección como capital provincial en 1833, en parte por su carácter central entre el Guadalquivir y el Guadiana en un abrigado puerto. La posición oceánica da un cierto matiz al clima mediterráneo suavizando los veranos, cuya media de agosto no pasa de los 25 ºC (tres menos que en Sevilla o Córdoba), manteniéndose otros valores similares al Valle del Guadalquivir: media anual, 18ºC, mes más frío, 11ºC.

El emplazamiento o localización concreta originaria es muy interesante, porque se asienta en unas elevaciones, los "cabezos" (de materiales miocénicos y pliocuaternarios de arenas, arcillas y gravas, bordeando y dominando el estuario primero, marisma después) en el interfluvio de los ríos Tinto y Odiel. Los arrastres de ambos, unidos a los sedimentos del Piedras y el Guadiana (importantes en épocas sin regulación con presas), que la dinámica marina (con deriva de oeste-este) lleva hasta aquí, producen una sedimentación muy rápida con el cierre y estrechamiento del estuario, que aún en el siglo XV "por las fechas del descubrimiento de América" llegaba hasta el puerto de Palos o Aljaraque. En efecto,  hay estudios que siguen esta rápida evolución, en la que  desde el Holoceno se va cerrando la amplia desembocadura, rellenando las orillas fluviales y añadiendo playas, arenas e islas, la de Saltes sobre todo. Es  decir, un puerto de estuario bien resguardado y con fácil acceso en principio, pero con problemas de sedimentación y pérdida de calado después, hasta el punto de necesitar la construcción reciente de un espigón de 20 Km.

Historia: Tartessos y Onuba.  Pero esos problemas de relleno no afectan al origen del núcleo en las zonas altas de los cabezos, elevados unos 50 m. sobre el mar, lo que posibilita vigilancia, defensa y alejamiento de insalubres ciénagas. Y así nace un poblado en la época tartessia, hace unos 3.000 años, cuando el territorio andaluz era rico en recursos, comercio, cultura y se relaciona con pueblos del Mediterráneo oriental. Concretamente esta zona de Huelva y su traspaís era abundante en metales, que entonces significa la aplicación de la tecnología más avanzada, maderas para barcos, ganadería, agricultura, pesca" Y, como escribe J. Márquez (1995), las habilidades, alta cultura (conocían la escritura) y el comercio de metales (cobre, plata, oro y estaño) "articularon un emplazamiento de privilegio". Los yacimientos de Huelva, Saltes, Aljaraque y Tharsis revelan la importancia del momento y algunos investigadores sitúan  el centro principal del reino en torno al Tinto y el Odiel.

Parece ser que tirios procedentes del actual Líbano erigieron un templo en la isla de Saltes y desde entonces se intensifica el comercio hasta el reino de Salomón y se mantienen relaciones con fenicios y griegos, pero, como escribe J. Márquez, "en los últimos decenios del siglo VI a C.  comienza el ocaso de la ciudad tartésica", quizás por agotamiento de las vetas someras de minerales. Hay noticias de Plinio, Estrabón y Avieno (siglo IV d.C.) acerca de realidades y leyendas de lagunas tenebrosas cerca de Onuba u Ossonoba y la singularidad de los esteros. También hallazgos de la época romana, en que el poblado era ceca de acuñación monetaria, si bien destacaba más Ilipla (Niebla) por su situación en el camino hacia Sevilla.

De la Welva andalusí a la Edad Moderna.  Ya en época musulmana Welva era una Medina con puerto (protegido por la cercana torre de la Rábita) relacionado con África, Algeciras y Málaga y se sabe de un rico núcleo en la isla de Saltes (Al Yasira Saltis), con salinas y elaboración de salazones, talleres de metalurgia del hierro y atarazanas. Formaba parte de la extensa cora o provincia califal de Labla y a principios del XI Abdelazís al Bakri proclama un reino de Taifa entre Niebla, Sevilla, Mértola y el Algarbe, muy rico, industrioso y culto. A finales del siglo se incorpora al potente reino de Sevilla al que pertenece también en la época almohade.

Tras la conquista castellana de 1248, Niebla y su reino quedan como vasallo de Fernando III, pero en 1257 Alfonso X la incorpora a Castilla, estableciéndose siete años después el deslinde con Niebla, Saltés y Gibraleón por obra de musulmanes conocedores del terreno. "Desde entonces  Huelva pasa a soportar la férula de diversos señores que, por lógica, vieron en ella una fuente de riquezas e ingresos para explotar, más que una localidad  a desarrollar" (J. Márquez). Esto es algo repetido en Andalucía tras la conquista y que tiene que ver bastante con expolio de recursos y de beneficios para grandes señores absentistas. Así se suceden en este caso una larga lista (reyes, infantes, Mathe Luna, López de Haro, Guzmán, de la Cerda"), "que impusieron su voluntad como señores de Huelva entre 1283 y 1468". Y en ese último año toman posesión de la ciudad los duques de Medina Sidonia por unión de las dos poderosas familias de Guzmanes y Cerda hasta la abolición del régimen señorial en el XIX.

Huelva y los descubrimientos.  Huelva se sitúa en el centro de un estuario, que, junto con el del río Piedras, es clave en el siglo XV para la construcción de barcos (recordemos los bosques de la Sierra), la navegación y el Descubrimiento de América. Como estudia Mena García (2002) se trata de un litoral en el que en una época de veleros se accede a latitudes bajas aprovechando vientos y corrientes; cuenta con tripulantes adiestrados en pequeñas embarcaciones  que llegaban a las costas de Guinea; y dispone de una plataforma, prácticamente Andalucía, con infraestructuras productivas, agrícolas y financieras. De este litoral sale la tripulación y capitanes, tanto en la expedición de las tres carabelas, como en los llamados viajes andaluces de Colón. Y de Huelva, Palos, Moguer, Lepe y Gibraleón son los Pinzón, Niño, Guerra, Quintero, Rojo, Camacho, Ojeda, J. de Umbría., J. de Jerez, Vélez, Rodríguez de la Mezquita, Alonso de Córdoba, Diego de Lepe, Rodrigo de Bastida", algunos moriscos o descendientes de andalusíes.  

Pero pronto Huelva queda aislada de esta corriente, que pasa al Guadalquivir; y el comercio marítimo onubense entra en crisis, como recoge Rodrigo Caro en 1634, al desaparecer las contrataciones de "armaçones para cabo de Alger, la mina y otros lugares de la costa de África" y solo tratan los vecinos de cultivar la tierra, que es a propósito para viñas, olivares; y también hay algunos pescadores"" La guerra de Sucesión a principios del XVIII, la presión fiscal y los problemas fronterizos con Portugal mas el terremoto de Lisboa, 1755, marcan una centuria de estancamiento y despoblación. Así en 1752 apenas había 5.000 habitantes, "la mayor parte, pobres y pescadores", destacando la explotación de salinas para la comercialización del pescado en una menguada economía de la trilogía mediterránea: trigo, aceite y vid. Hasta finales del XVIII, centuria  con frecuentes ataques de piratas, Huelva no empieza a bajar de los cabezos, defensivos y más sanos que las marismas.

La capital provincial y la minería en el XIX. En este siglo tiene lugar la participación de Huelva y su puerto en la actividad minera del interior y, sobre todo, la creación de la provincia en 1833 con la elección de capital. Desde entonces la instalación de servicios, infraestructuras y equipamientos van cambiando el signo de la ciudad, que pasa de tener el 7% de la población provincial en 1850 al 17% un siglo después y el 32% en el 2004. Pero antes detengámonos en la información contenida en el Diccionario  de Madoz, mediados de siglo, cuando casi no se notan todavía  los efectos de la minería ni la nueva situación administrativa. La siguiente frase de esa publicación es muy elocuente: "No es en verdad esta villa uno de aquellos pueblos que merecen, bien por su importancia o por los monumentos que encierra, una descripción tan estensa y minuciosa cual la hecha en otros de su categoría, considerada hasta la nueva división territorial como una villa subalterna de la provincia de Sevilla; hoy que ya ha pasado a otro rango, no por eso han variado las condiciones de su localidad, si bien va mejorando gradualmente para constituirla en la esfera de una capital de provincia".

Huelva registraba 7.416 habitantes en 1845 en un núcleo que contaba como calles más importantes ("antes sucias y descuidadas" ofrecen en el día muy distinto aspecto") las de la Vega, Puerto Ariza, Concepción, Placeta y Calzada, Monasterio, Fuentes y San Sebastián. Había dos plazas principales, Constitución y San Pedro, donde estaba la parroquia de ese nombre, sobre una antigua mezquita, "de cuya arquitectura conserva restos y especialmente el Minaret". La otra parroquia era la Concepción en la parte baja y se citan los antiguos conventos de la Merced (habilitado para cuartel), Victoria (derruido), San Francisco (cárcel) y casa Cuna, y el de las Agustinas con un reducido número de monjas. También el palacio del Duque, "edificio de lo más notable de esta capital" y un ajimez o ventana árabe en la calle del Puerto.

Este se define como seguro refugio de la costa entre Trafalgar y Santa María por su barra litoral, pero de tráfico escaso, pues en el bienio 1844-45 se registran un total de 11 buques, con entradas y salidas, sumando 554 toneladas y 73 tripulantes, embarcando principalmente naranjas, palma para escobas y trigo. No obstante la matrícula era de 600 barcos de cabotaje de 40 hasta 200 toneladas, que operaban por la costa de Levante, África o hacían la carrera de América. Todo un barrio se dedica a la pesca en más de 100 botes pequeños ("cuyo pescado bastante sabroso se vende con preferencia en Sevilla") y varias personas recolectan mariscos, abundantes en los dilatados bajos. Ligado al puerto había cuatro o cinco astilleros, pero la industria era escasa (cordelería, redes, harina), así como la producción de trigo, cebada y otros granos, vino y aceite,  "que apenas bastan para el consumo", más algún ganado vacuno y caballar en los pastos de las marismas, lanar y cabrío. La perificidad de Huelva se ve aumentada por las malas comunicaciones, pues los caminos eran todos "de herradura y aunque transitan carros, carecen de arrecifes y lo hacen con dificultad especialmente en invierno. Recientemente se ha aprobado por el gobierno una carretera con dirección a Sevilla".

El plano urbano de Francisco Coello, incluido en el Diccionario  y estudiado por J. Márquez, dibuja una pequeña ciudad con entrada entre cabezos por el llamado Camino de Trigueros, para abrirse por la calle de San Sebastián a las plazas de la Soledad y San Pedro, desde donde hacia el noroeste se alcanza el final del plano en el convento de la Merced, hoy catedral. El límite occidental discurría por la calle San José y de Vega-Larga (Paseo de la Independencia) hasta llegar al Muelle. Y por el sur las calles de Rico y Monasterio lindaban con la marisma y más al este con una zona de huertos, quedando el límite oriental por las actuales Rábita, el antiguo convento de San Francisco y, por la calle Nueva, a la plaza de la Soledad, completandose el circuito.

Dejando los comentarios de Madoz y abordando la minería, Huelva "ofrece un puerto de expolio a minerales, que treinta siglos antes fueron motivo de una renovación comercial y, ahora, son utilizados en la industria europea". Esta frase de J. Márquez resume muy bien la situación, pues con la venta de las Minas de Riotinto del Estado español a una compañía inglesa se inicia un verdadero saqueo del mineral del Andévalo por el ferrocarril instalado al efecto desde la zona de extracción al  muelle embarcadero de Huelva, que "asiste como mera espectadora  de la capitalización de las grandes empresas mineras del siglo XIX, que han exportado por su puerto de manera colonial las riquezas de sus minas sin que se beneficiase de su industrialización y de la aplicación de los productos fertilizantes de sus campos" (Flores Caballero, 1987, citado por Márquez, 1995).

La Historia reciente y el Polo de Desarrollo.  El Plano de principios del XX cambia bastante respecto al comentado de mediados del XIX por efecto de las ampliaciones portuarias, las vías férreas y los terrenos de la compañía inglesa, casi todo en suelos ganados a las marismas. Así el plano de 1918 (publicado en el Atlas de Andalucía, 2000) presenta una fuerte impronta de esas infraestructuras con tres muelles (Norte, Sur y de Riotinto ), las vías y la estación del ferrocarril Huelva-Zafra y, al lado, un extenso depósito de minerales. La ciudad crece por esta zona hasta llegar a las vías y desde la Merced a la plaza de Toros, la Fábrica de Gas y Electricidad y algunas viviendas por la Alameda (Avenida Colón). En el otro extremo, desde el Muelle Sur, la ciudad avanza hasta las vías del ferrocarril de Sevilla hacia el Museo Provincial y, por el interior, se construye la zona de Alonso Pinzón hasta el Cabezo de la Esperanza. Más allá existe el barrio del Matadero y se empieza el de Riotinto para obreros de la compañía, que dispone al sur de una amplia  superficie, ganada a la marisma, como instalaciones propias. La impronta de esta empresa se nota también en algunas construcciones y edificios, así como en la especificación de católico (para distinguirlo del protestante) en el cementerio situado entonces al final de la calle San Sebastián.

En 1923 la Compañía Minera construye el Barrio Obrero con estilo inglés y además, como dice J. Márquez,"la ciudad fue creciendo como pudo", integrando y ampliando núcleos rurales como Viaplana, el Higueral, el Polvorín, Tres Ventanas, Molino de la Vega y Adoratrices. Y, junto con los barrios más modernos, la inmigración y la pobreza se refleja en la mala calidad de las viviendas de protección oficial (José Antonio, Navidad, Tartessos"), las chozas, el chabolismo y el trogloditismo (cuesta del Toril).

La concesión a la Riotinto Company Limited dura hasta 1954 y la provincia era entonces de las más subdesarrolladas del Estado, con un campo  cada vez más marginal, a pesar de un cierto aumento de la pesca desde los años cuarenta, el tráfico comercial portuario y el crecimiento demográfico de la capital por el éxodo rural. Entonces los gobiernos  de la Dictadura, obligados de algún modo por la economía y la política occidental y europea, declaran en 1964 el Polo de Desarrollo Industrial, instalándose una fabricación básica y química, de gran impacto territorial y ambiental, como desecho de actividades económicas de otras zonas desarrolladas. Esto, la actividad portuaria y la consolidación como capital administrativa, hacen aumentar la población de 63.648 en 1950 a 114.239 de 1975 (del 17 al 27% de la provincia), con la consiguiente expansión de la ciudad.

En 1964 se aprueba el primer Plan de Ordenación Urbana, pronto desbordado en límites y plazos, como estudia J. Márquez, y surgen las barriadas de Príncipe Juan Carlos, Santa María, Verdeluz, Pérez Cubillas, los Rosales, Fuentepiña, la Orden, el Polígono de San Sebastián, así como, por contraste, los chalets en el entorno del Conquero. La crisis de los setenta disminuye la presión y en 1980 se revisa el Plan, que, entre otras cosas, pretende eliminar la industria de Punta del Sebo, y en relación con la Expo-92 se acometen algunas reformas. Sobre todo el acercamiento a la ría, eliminación de vías férreas y de la estación de Zafra y, sobre todo, la construcción del gran eje Avenida de Andalucía. Posteriormente J. Márquez plantea más calidad que cantidad inmobiliaria, espacios verdes, integración de los cabezos, conexión de la trama urbana, apertura hacia el puerto y, especialmente, la consideración de un territorio más amplio que el municipal.

El plano urbano.  Así, el plano actual de Huelva aumenta considerablemente los límites, pues, según de nuevo J. Márquez (1995), comprendía desde el puerto, la barriada Molino de la Vega y la Avenida de Colón (barrios de Navidad, Hotel Suárez, Carmen, Cárdenas) y, bordeando el parque Moret y el Monte del Conquero, las urbanizaciones de la Cinta, Santa Marta, la Orden, Hispanidad, Verdeluz, Torrejón, Tres Ventanas, San Antonio" Por el este y sur la expansión no fue menor en torno a las carreteras de Sevilla y exterior (431 y 411) con los barrios (algunos núcleos rurales preexistentes) de Valbuena, Viaplana, Fuente Piña, Pinar, terrenos universitarios del Carmen"

Hoy la ciudad llega al Paseo Marítimo en el Odiel por el oeste y avanza con terrenos ganados, como dijimos, por el suroeste portuario y el Real de la Feria, enlazando  con un puente sobre la ría con Corrales. Allí se bifurca la comunicación hacia Saltés y el Espigón, por un lado, y Aljaraque y punta Umbría, por otro. En la orilla del Tinto  retrocen menos y el estero del Rincón marca el límite, recorrido por el ferrocarril hasta la estación en el sur. El norte tiene una clara frontera que es la circunvalación, superada por algunas instalaciones (Cementerio, campo de fútbol, Hospitales de Vázquez Díaz y de la Infanta Elena) y el Polígono industrial San Diego. Pero aun queda espacio en el interior del anillo: zona del Seminario y Hospital J. R. Jiménez y, sobre todo, al este de la Avenida de Andalucía hasta Fuente Piña y la Universidad, cuyo campus actúa aquí como elemento urbanizador entre la circunvalación y la N-431.

Así se configura una especie de abanico desplegado con vértice en la parte histórica (San Pedro) y de principios del XX (Jardines del Muelle) con un claro eje central desde la antigua entrada a la ciudad, calle de San Sebastián y la amplia y larga Avenida de Andalucía, que lleva a la autovía. En los bordes, la avenida de Colón y la Ronda Exterior (muy cerca y paralela se extiende la carretera de Sevilla) y, dentro, destacan las avenidas de Siurot y Santa Marta. En cambio los ejes transversales tienen menor recorrido, siendo más importantes en el este la Avenida de Andalucía. Aunque menos amplios y largos deben mencionarse las vías de la parte antigua: Alameda, avenidas de Italia, Alemania y la Gran Vía; y, claro está, las plazas de San Pedro, Merced y Monjas, donde radican los edificios más notables.

Monumentos.  Efectivamente, aunque hemos visto que se trata de una ciudad de expansión reciente, Huelva cuenta con patrimonio y atractivos históricos, culturales y naturales. Aún queda algún trazado islámico  de calles estrechas y adarves y el recuerdo de la Mezquita, que se reestructura en la iglesia de San Pedro en el XV y XVI. Pero, reconstruida tras el terremoto de Lisboa, presenta hoy un estilo barroco andaluz, en el que destaca su torre de reminiscencias moriscas, en una antigua y bien cuidada plaza. No lejos, por el Paseo de Santa Fe, se accede a la plaza de las Monjas (en lo que son jardines y caballerizas del palacio del Conde-Duque ), ajardinada, con fuente y templete de Música, a la que se abre el convento de las Agustinas (con un buen claustro en su interior), la citada mansión y la Casa del Gobernador. Por las calles Palacio y  Concepción, donde hay algún edificio modernista, se llega a la Iglesia de la Concepción, del XVI, pero tan reedificada que apenas quedan huellas renacentistas, en cuyo interior se alojan pinturas de Zurbarán.

Cogiendo el paseo de la Independencia hacia el oeste puede visitarse la Catedral, templo que formaba parte del convento mercedario  de principios del XVII, pero restaurado a finales del XVIII. El convento pasa por distintos usos tras la desamortización y hoy es sede central  de la Universidad. En la Gran Vía, arteria principal de la ciudad moderna, hay algunos edificios destacables, sobre todo el Ayuntamiento de estilo neoclásico. Cerca de San Pedro se halla la ermita de la Soledad, de diversos usos a lo largo de la historia y donde estuvo prisionero el poeta Miguel Hernández  en su huida hacia Portugal tras la Guerra Civil. Más valor artístico tiene el Santuario de la Virgen de Cinta, patrona  de la ciudad, en el Cabezo del Conquero, de estilo mudéjar, aunque reformado, en el que destaca su claustro blanco y las rejas. Cerca están el Humilladero de la Cinta (pequeño templete de origen musulmán modificado) y el Instituto de la Rábida de estilo neomudéjar. Y desde el mirador del Conquero se pueden captar vistas de la ciudad y la ría, con distintos aspectos según las horas y la luz.  

Este no es el único cabezo que, en general, marca la fisonomía urbana de Huelva, aunque, como bien dice J. Márquez, no se aprovechan convenientemente, con desmontes o pavimentaciones. Pero aun dejan algunos espacios verdes, como los parques de Moret (al nordeste del Conquero con 72 ha), el de la Esperanza (en el centro histórico) o el de Alonso Sánchez. Aparte hay otros parques y jardines, como el del Muelle, el Paseo de Santa Fé o los amplios Bulevares con abundancias de palmeras (árbol frecuente en el paisaje onubense) de la avenida de Andalucía, que va de la Autovía del V Centenario al centro urbano.

Otros edificios son la antigua estación del Ferrocarril, de estilo neomudéjar (diseñada por el arquitecto alemán Guillermo Sundheim, de tanta presencia en la arquitectura de esta ciudad), el Gran Teatro (neoclásico, de 1923, rehabilitado después), la Casa de Colón (lujoso hotel para la celebración de 1892, hoy sede de museos y festivales) y la Casa del Millón (de estilo ecléctico de principios del XX).

Huelva es una ciudad de fisonomía y ambiente andaluz y es interesante, por contraste, visitar el Barrio  Obrero (entre las avenidas de Guatemala y Federico Molina, levantado por la Riotinto Company para sus trabajadores),   de viviendas unifamiliares de estilo inglés. Y otro elemento  de esa procedencia es el Muelle del Mineral, de estilo eiffeliano, hoy magnífico paseo que se interna en la ría. Aunque no está en el casco urbano propiamente, la colosal estatua de Colón (donada por los EEUU en 1929) en la Punta del Sebo en la confluencia del Tinto y el Odiel, de estilo cubista, es una clara referencia emblemática de la ciudad y, como bien dice J. Márquez, "testigo  de la ruina de la playa onubense por vertidos industriales".

Aunque no pertenece al municipio de Huelva, al otro lado del Tinto se encuentra el Monasterio de la Rábida (del árabe), con iglesia y claustro mudéjar y la estancia decorada por el nervense Vázquez Díaz. Son cinco frescos murales, de pintura sobria y de tendencia cubista, realizados entre 1928-30 con la historia del Descubrimiento y en homenaje a los marineros andaluces.

Otra cosa de interés es el Paraje Natural Marisma del Odiel, espacio protegido desde 1983 con desniveles marinos de hasta tres metros en sus esteros y vegetación y fauna propias de marismas: espartinas, almajos, brezos de mar o sabinas entre los que habitan flamencos, garzas, espátulas" Destacan la marisma del Burro y la Isla de Enmedio con un total de más de 1.000 ha. Las visitas pueden realizarse a pie, a caballo, en coche o canoa. Como contraste a todo esto, el Polígono Industrial al sur de la ciudad, en la Punta del Sebo, de gran impacto negativo paisajístico y de contaminación ambiental.

Otros atractivos turísticos y culturales.  Huelva  ofrece una gastronomía andaluza y marinera, basada sobre todo en el tapeo, con predominio del pescado y los mariscos: gambas langostinos, cañaíllas, hostiones, caballa y, especialmente, los chocos. Las fiestas  abundan y a las propias de San Sebastián, Virgen de Cinta y los recuperados Carnavales, se unen las generales andaluzas: Semana Santa, Cruces de Mayo y, por su cercanía y tradición, la Romería del Rocío. La Feria (con casetas, sevillanas, bailes y atracciones) se celebra bajo el nombre de fiestas colombinas a principios de agosto, fecha de la salida de las carabelas. Y, como otro exponente de sus vinculaciones con Ultramar, el Festival de Cine Iberoamericano se celebra desde hace un cuarto de siglo, con los premios del Colón de oro y de plata. Huelva cuenta también con museos: el Provincial, con un amplia muestra desde  objetos tartésicos  a pinturas de Vázquez Díaz, el Contemporáneo al Aire Libre con interesantes esculturas y el Palacio de Congresos, que ofrece numerosas salas e instalaciones. El flamenco, por otra parte, está presente, como en toda Andalucía, principalmente gracias al fandango en sus distintas versiones.

Población, economía y área de influencia.  Huelva viene ganando población desde 1900, sobre todo en los periodos 1960-1975 y 1975-80 al alcanzar tasas de crecimiento acumulado de 2,72% y 2,82% respectivamente, debido a la instalación del polo de promoción industrial. Este hecho significa un salto importante en el proceso de urbanización de la ciudad y su entorno, al pasar de 74.823 h. a 127.822 (1980) y empezar a desarrollar un área metropolitana, como luego se verá. Si bien, el descenso de la tasa de natalidad en los últimos 15-20 años repercute de forma importante en el crecimiento poblacional intercensal, reduciéndose éste de forma paulatina y llegando a perder población entre la etapa 1991/2001 (- 0,18%). En la actualidad (2005), Huelva tiende a mantener sus efectivos, sumando un total de 145.150 h.

Por otra parte, los datos de estructura y dinámica de población nos indican que ésta no está envejecida y que  su volumen de población sigue reforzando la posición de la capital en la jerarquía de las ciudades andaluzas, pues el crecimiento vegetativo alcanza el 3,7 por mil, el índice de vejez supone el 13,8 % y el porcentaje de menores de 20 años se sitúa en el 21,2% (2005).

Tal como se indica antes, la red de comunicaciones y el desarrollo del polo de promoción industrial favorecen el diseño de un área metropolitana en formación. A estos factores hay que sumar el crecimiento de las actividades portuarias, el desarrollo de producciones agrarias exportadoras y el despegue del sector turístico especializado en actividades vacacionales y de segunda residencia. Actividades que se localizan desde un principio en ámbitos próximos a Huelva y emergen como consecuencia de la expansión económica de la segunda mitad de los años ochenta. Así, las industriales se emplazan en Punta de Sebo, San Juan del Puerto, Palos de la Frontera; las agrarias principalmente en Moguer, Palos, Gibraleón, Aljaraque, etc; y las turísticas y vacacionales en Punta Umbría y Mazagón. A su vez, el dinamismo de éstas provoca el crecimiento de los núcleos periurbanos y una cierta descentralización desde la capital.

La sucesión de estos procesos y el incremento de concentración de funciones administrativas y de servicios en la capital (a partir de la puesta en marcha de la autonomía andaluza, más los que ya se habían localizado allí como consecuencia de ser cabecera provincial) desemboca en un aumento importante de los desplazamientos diarios entre Huelva y los núcleos que hoy constituyen el área metropolitana en formación, generando una red radiocéntrica. Por otra parte, la autovía A-92 comunica Huelva con Sevilla y la del Algarve conecta con Portugal a través del puente internacional sobre el Guadiana. La red ferroviaria es, sin embargo, deficiente, en especial tras el cierre de la línea que unía Huelva con Ayamonte. Estos últimos hechos ponen de relieve que Huelva presenta todavía deficiencias de comunicación debido a su situación excéntrica respecto de los centros de crecimiento de España y a que históricamente funciona como un área marginal del valle del Guadalquivir desde el punto de vista económico.

En cuanto a la dinámica económica, la principal actividad que destaca según el número de establecimientos es el comercio con 3.446 (2004) y 8.256 ocupados (2001). Le siguen a distancia los servicios inmobiliarios y avanzados con 992 (2004), la hostelería con 806 y la construcción con 568 (2004). Si ahora se observa la actividad económica en función de la distribución de la población ocupada por ramas (2001), la agricultura representa el 5,4%, la industria el 13,8%, la construcción el 9,2% y los servicios el 71,6%.

Pero Huelva entra a formar parte de la sociedad  servindustrial, pues el motor de la economía es la actividad industrial con 6.394 ocupados (2003), seguido de la actividad portuaria y el turismo, además de los efectos positivos que genera el ser capital de provincia. El despegue industrial se inicia en los años sesenta (1964) con la creación del polo de desarrollo, centrado en la actividad química, el cual supuso un giro importante en la economía y la demografía de la ciudad y su entorno. La instalación en 1963 de la empresa Nacional de Celulosa es clave para el desarrollo provincial porque utilizaba como materia prima en la elaboración de la pasta el eucaliptos globulus, especie esquilmante que se extiende rápidamente por amplios territorios de la provincia, especialmente en aquellos que estaban marginados de la dinámica económica. Pero, en realidad, la ubicación del polo se debe a las grandes reservas  existentes de pirita, sal marina y recursos forestales, así como a la crisis que experimentaba la compañía de Riotinto.

Así pues, la industria instalada en el polo era de carácter básico, apoyada en la gran empresa, intensiva en capital, suministradora de materias primas y semielaborados a la industria nacional e internacional. Este hecho explica, en primer lugar, el enorme crecimiento que ha experimentado sucesivamente  el puerto a raíz de la especialización del polo en industria química básica. En segundo lugar,  la gran dificultad que tiene Huelva para desarrollar un tejido industrial de sectores manufactureros que incrementen el  valor añadido y el número de puestos de trabajo, debido por una parte a las características de la industria del polo, y de otra, porque no ha sabido transformar ésta a raíz de la crisis de petróleo, de ahí que la tasa de paro se sitúe en torno al 21,6% (2001). En tercer y último lugar conviene poner de manifiesto que el polo químico acarrea además de crecimiento económico degradación del paisaje y contaminación ambiental.

Ahora bien, en una sociedad servindustrial los servicios deben de ocupar un papel importante y en ese sentido, podemos afirmar que éstos, de acuerdo con la tasa de empleo, constituyen hoy la actividad fundamental de Huelva, debido a su dotación sanitaria (Hospitales Infanta Cristina, Juan Ramón Jiménez), al ser centro de área hospitalaria y centro de distrito sanitario. Por sus equipamientos educativos (Universidad), por el conjunto de actividades administrativas derivadas de su función capitalina y por el desarrollo comercial, ya que a principios de los años noventa Huelva concentra ya el 41% del comercio provincial, a pesar de representar únicamente el 32% de la población. A estas actividades conviene sumar la turística, que tiene un reciente desarrollo, basado en un modelo turístico de sol y playa, de carácter vacacional y de segunda residencia, que favorece el crecimiento demográfico de los municipios costeros del entorno de Huelva. Y, como se apuntó, también repercute en la economía capitalina la agricultura del área, cada vez más intensiva y moderna: hortofruticultura bajo plástico, fresón especialmente.

Como consecuencia, pues, de este dinamismo, la renta familiar disponible (2003) se sitúa entre 9.000 y 10.200 euros, algo por encima de  la media andaluza (9.500 euros),si bien existen todavía una serie de indicadores que nos muestran que las condiciones de vida de la población deberían ser mejores. Así, el número de líneas ADSL es de 3,72% (2004), el número de hogares con ordenador representa el 37% (2003) y el número de automóviles por 1.000 habitantes es de 418,01 (2003).

 

Para más información, visite Wikanda: http://www.wikanda.es/wiki/Huelva

 

 
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