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 Considerada un sector decisivo en el desarrollo contemporáneo de los pueblos, la ausencia de una industria fuerte y diversificada y, sobre todo, el fracaso de muchos intentos esperanzadores en el XIX, es visto como una de las razones del subdesarrollo andaluz, en especial analizando la situación de la comunidad, históricamente entre las más prósperas de España a partir del XIX. En efecto, hasta los inicios de la revolución industrial, Andalucía aportaba, según las coyunturas entre el 17 y el 22% de la producción industrial española "el doble que dos siglos después", y aparentemente se encontraba bien posicionada al inicio de la nueva era, con amplios recursos mineros por explotar, buenos puertos, y además una producción agraria relevante, desde el aceite a los vinos. A lo largo del siglo XIX no faltarán los intentos pioneros para asentar una industria siderúrgica en Andalucía, y son bien conocidos los problemas de empresarios como Manuel Agustín Heredia, en Málaga. Algo similar puede decirse del sector textil, que puede despegar en Andalucía, que produce el algodón, todavía en la primera mitad del XIX. Andalucía muestra importante focos industriales, incluidas las fábricas de tabaco y loza en Sevilla y los apreciados vinos jerezanos, además de un estimable sector bancario en Cádiz, Sevilla y Málaga.

Sin embargo, conforme avanza el siglo esas esperanzas se van devaneciendo. Las minas pasarán a ser explotadas en su gran mayoría por capitales extranjeros, ingleses, franceses y belgas sobre todo, poco inclinados a crear un sustrato industrial en las zonas mineras, ante la ausencia de una burguesía andaluza emprendedora. Distintos problemas, desde suministros a comunicaciones, frenan la incipiente industria siderúrgica andaluza. La Desamortización, que potencia una clase agraria escasamente activa, está, para muchos historiadores, en el origen del retroceso, junto al escaso dinamismo de sus élites políticas "visible en el retraso de las infraestructuras". El Estado, profundamente centralista, del XIX, y la mayor capacidad de presión de comunidades como Cataluña o el País Vasco, explican también ese paulatino retraso de la industria andaluza más puntera. El proceso de decadencia, además, se agrava con el siglo XX, cuando muchos sectores se van hundiendo; poco a poco lo harán las minas, primero Linares y La Carolina, luego Riotinto y Peñarroya. Nuevos sectores, como el eléctrico, tras un minifundio inicial, se concentran luego y quedan en manos de los grandes bancos de ámbito estatal. Sólo sobrevivirán las industrias agroalimentarias, apoyadas en la calidad de los productos del campo andaluz.

La posguerra supone un tocar fondo para la industria andaluza. Pese a los intentos de potenciar una industria pública o con apoyo oficial "Interhorce, en Málaga, Hytasa, en Sevilla, astilleros en la bahía de Cádiz, aeronáutica en Sevilla", el crecimiento demográfico y la ausencia de alternativas económicas por la escasa industria impulsa la emigración. El dramatismo de la situación lleva a los gobiernos de la dictadura a impulsar primero medidas como el Plan Jaén "a su calor nace en Linares Santana Motor", luego los polos de desarrollo industrial "Sevilla, Córdoba, Granada, Campo de Gibraltar, Huelva", de los cuales sólo los dos últimos, con industria química y pesada, tendrán notable influencia en el devenir económico de las áreas en que se instalan. Comienza también a intensificarse la presencia de multinacionales en la industria andaluza.

La Transición democrática coincide con un periodo agudo de desindustrialización, sobre todo en el eje Sevilla-Cádiz, y de fuerte crisis de algunas agroindustrias, como la del aceite de oliva. El ingreso en la Unión Europea abre una nueva época, que si bien sirve de relanzamiento a algunos sectores, como el del aceite, no puede evitar la larga decadencia de otros, como los astilleros, y en conjunto anima a la renovación de la empresa industrial andaluza. No obstante, el peso de la industria en el conjunto de la economía andaluza o en el de la industria española no ha crecido en los últimos 25 años, y hoy no alcanza siquiera el 10%; su desarrollo reciente ha sido muy inferior al de la agricultura, la construcción o los servicios. Sectores como el textil pierden relevancia y empleo, rasgo este último muy presente en casi todos los subsectores. Pero también crecen algunos, como el del mueble, muy introducido en toda la Andalucía interior. Algunos sectores de la agroindustria atraviesan una fase expansiva, como los productos del cerdo ibérico en la Sierra de Huelva, Los Pedroches y otras comarcas, y las conservas vegetales, no tanto las conservas de pescado. Una comarca como la de Macael, en Almería, conoce una notable expansión de las explotaciones de mármol, mientras en el litoral de esta provincia surge con fuerza una industria de suministros de todo tipo a la avanzada agricultura de los invernaderos. Córdoba capital mantiene bien su industria de joyería, que se moderniza. La situación más conflictiva se registra en la Bahía de Cádiz, por la decadencia de la industria estatal. Por el contrario, la política de fomento de parques industriales, impulsada desde principios de los años noventa, es uno de los aspectos más positivos, pues permite instalarse en Andalucía muchas empresas de sectores industriales punta, de forma que Cartuja 93, en Sevilla, y el Parque Tecnológico de Andalucía, de Málaga, figuran entre los mayores éxitos de estos parques en toda España.

Industria agroalimentaria. Este sector industrial ha sido siempre el principal en Andalucía, a través, por ejemplo, de las industrias derivadas del vino "Jerez, Montilla", y del aceite de oliva. Por contra, pese a la importancia de su producción agrícola, las conservas vegetales han sido históricamente débiles aunque tienden a cobrar importancia. Síla han tenido las conservas de pescado. Importancia notable y al alza muestran las industrias cárnicas, no tanto las lácteas. Andalucía tenía al iniciarse el siglo XXI casi las 7.000 empresas agroalimentarias, aunque el tamaño medio es pequeño. Destacan Sevilla, Jaén y Córdoba, por la incidencia de la almazaras; en cárnicas destaca Málaga y en hortofrutícolas Almería y Huelva. Las empresas de bebidas superan las 1.000, destacando Cádiz, Córdoba y Huelva. [ Antonio Checa Godoy ].

 

 
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