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LUCENA

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(CO). Ciudad de la comarca del Subbético cordobés, situada a 487 metros sobre el nivel del mar y a 70 km. de Córdoba. Cuenta con un término de 351 km 2  y 39.783 h. en el 2005.

Situación y emplazamiento. Lucena se sitúa entre la Campiña, de gran fertilidad agraria, y las montañas del Subbético, predominantemente calizas y con circulación y surgencias kársticas, aprovisionadoras de agua. Por su término discurren el Lucena y el Anzur, afluentes del Genil, y el arroyo de la Villa, que ocupa el fondo del valle entre los cerros San Cristóbal, Hacho y Mataoso; si bien el relieve más alto es la Sierra de Aras, 868 metros, lugar del santuario de la patrona y desde donde se divisan partes de cuatro provincias: Sierra Sur de Sevilla, comarca de Antequera, Poniente Granadino y la propia tierra cordobesa. Es decir, un lugar central en Andalucía, bien comunicado por los distintos puntos cardinales (Rute, Priego, Cabra, Baena, Aguilar hacia Córdoba, Puente Genil, Benamejí hacia Antequera) y con la cercana autovía Málaga-Córdoba.

Como en otros casos, es difícil saber qué es antes, si el agua y la agricultura o los caminos, o ambas cosas. En cualquier caso, la oferta territorial de esta zona es de encrucijada y fundamentalmente agraria, con un clima mediterráneo parecido al de Córdoba. Pero con un grado menos de temperatura media anual (17), inviernos suaves (8.5 en enero) y veranos calurosos (casi 27 en julio) y secos; si bien las precipitaciones anuales medias pasan de los 700 mm. Sin embargo, veremos que la situación industrial de ahora es más resultado de la historia que de la geografía.

La Lucena preandalusí.  Los yacimientos prehistóricos abundan por aquí "el Musteriense de la cueva del Ángel" como en toda Andalucía, y se habla de un núcleo, Morana, del Bronce final. También de un lugar tartessio, turdetano y fenicio, existiendo documentación de una estatua de la diosa  oriental, Astatoh, de paradero actual desconocido. Asimismo, se relaciona con la Erisana o Arsana de las guerras entre Roma y Viriato, aunque geográficamente conviene más ese topónimo a la Lusitania (tal vez Azuaga). En cualquier caso, sería ya un lugar en la Bética romana y dentro del Convento jurídico astigitano, especie de provincia con capital en Écija. Pero en realidad no hay pruebas suficientes de la existencia de Lucena en su actual emplazamiento antes de la época islámica.

La Eliossana judía en Al Ándalus. Se disponen, en cambio, de bastantes noticias acerca de una importante ciudad hebrea dentro de al-Ándalus, con población musulmana y cristiana, constituyendo una prueba más, de las muchas que existen en Andalucía, de convivencia religiosa. Pero dentro de una misma cultura, la andalusí, que era heredera de un antiguo fondo, con la aportación islámica, sui géneris y adaptada cada vez más a las peculiaridades de estas tierras.

Parece que ya en el IX hay noticias a propósito de los intentos rebeldes de Omar Ben Hafsum, que llega a "los castillos de la cora de Cabra y al-Yusana, cuyos habitantes eran judíos". Y, según algunos, se trata de una especie de república  dentro del Califato, a donde va el cordobés Isaac Alfasí y otros intelectuales, que fundan la Academia de Estudios Talmúdicos de Lucena, con personajes tan notables como Halebí Migas o Isaac Gayat, un gran poeta, que se aparta de la ortodoxia talmúdica para islamizarla "al fin de cuentas interinfluencia cultural" y origina una famosa escuela poética y rabínica. De manera que se citan entre los siglos X y XII  insignes figuras de Eliossana, además de los señalados: Abí Tur, Leví Saul, Chicatella, Hasday, Suleyman Ibn Rasla, Gabirol, Barun, Yehuda Gayat, Ben Salh, Yosef Ibn Migas, Abú Ibrahim, Ibn Ezra"Y se reconoce que sus rabinos ejercen un notable magisterio entre los judíos de Occidente, máxime tras la caída de la Academia oriental de Sura, especialmente desde el año 1033.

Tras el Califato (1010), Lucena, a medio camino entre Córdoba y Granada, pertenece a la Taifa de los Banu Zirí granadinos, de cuyo primer ministro Samuel Ibn Negrella recibe un trato de favor; y en la época del imperio almorávide la importante aljama judía compra su independencia a Yusuf Ben Yashufín en el 1090. Este hecho se recoge en el Diccionario  de Madoz (1845), de una forma curiosa, consistente en que, según "el Kortuby, escritor andaluz", los judíos de Lucena habían prometido hacerse musulmanes si hacia el año 500 de la Hégira (1.106 d.C) no se presentaba aun el Mesías, por lo que los demás vecinos presionan por esas fechas para que abordasen el compromiso; pero éste es comprado, con ocasión de la visita del emir Yusuf, prohibiéndose recordar la promesa.

La descripción de Mohamed el Edrisí, geógrafo ceutí descendiente de malagueños y estudiante en Córdoba, del siglo XII, es muy significativa: "La villa está ceñida por buenas murallas; de todos lados está rodeada por un  foso profundo y por canales, cuyo sobrante se vierte en este foso. Los judíos habitan el interior de la villa y no dejan penetrar en ella a los musulmanes. Los judíos son allí más ricos que en ningún otro país" El arrabal está habitado por musulmanes y por algunos judíos; también allí se encuentra la mezquita, pero no se encuentra rodeada de muros". Es decir, que la convivencia religiosa no significa igualdad social, ni antes ni ahora.

Hacia 1135, con el imperio almohade, cuya capital radicaba en Sevilla, la Aljama judía, de importantes poetas, juristas, médicos, filólogos, etc., disminuye en importancia y algunos emigran (Toledo, Narbona"), si bien otros se quedan o regresan después, al igual que ocurre con la población musulmana. En el período andalusí Eliossana no sólo es un centro intercultural, sino también sede de una rica producción agraria, de viñedos sobre todo, y con un comercio pujante con otras ciudades de al-Ándalus, de los reinos cristianos peninsulares y también con Oriente Medio y Egipto fundamentalmente.

La conquista castellana y la Edad Moderna.  El rey Fernando III se apodera de Lucena en el 1240, pero después es recuperada por el reino nazarita de Granada hasta que la toma definitivamente Alfonso XI; si bien es villa fronteriza, con todos los intercambios inherentes (demográficos, culturales, comerciales") hasta finales del XV "en 1407 estuvo a punto de ser tomada por los nazaríes".

Como sucede en tantas ciudades andaluzas, tras la conquista Lucena es moneda de cambio, y así primero se cede al Obispado de Córdoba, que la permuta con Martín Ruiz de Argote, y tras el paréntesis granadino, pasa de nuevo al prelado cordobés. Este la cambia en 1342 a Doña Leonor de Guzmán, amante de Alfonso XI, por otros bienes de Córdoba, que son confiscados por Pedro I, revirtiendo Lucena a la Corona de Castilla. Pero en 1371 Enrique II la dona a Juan Martínez de Argote, cuya familia emparenta con los Fernández de Córdoba, en la rama de los Alcaides de los Donceles. Estos pasan a ser señores de Lucena como marqueses de Comares, título relacionado con la captura del rey Boabdil de Granada, que estuvo preso en la Torre del  Homenaje del Castillo del Moral. Más tarde, por razones de enlaces matrimoniales, Lucena pasa a la casa de Medinaceli hasta que, mediante pleito, revierte a la Corona en 1769. Es decir, una historia que revela muy bien cuál era la verdadera consideración de las ciudades andaluza, Lucena en este caso, tras la conquista castellana.  

Con todo, la población autóctona no desaparece, sino que algunos se quedan, otros regresan, hay intercambios fronterizos y es refugio de moriscos granadinos tras la guerra de las Alpujarras. De manera, que según el historiador francés Lapeyre, a principios del XVII había en Lucena una importante morería. Del siglo XVIII se sabe que un viajero francés, Peyron, 1772, destaca sus aceitunas pequeñas, redondas y de buena calidad; y que en 1787 registra un censo importante, 17.669 h., que suponía casi la mitad de la población de la ciudad de Córdoba.

Lucena a mediados del XIX.  Para estas fechas disponemos de una fuente importante, cual es la obra de Madoz, cuando Lucena cuenta (1842) con 16.652 habitantes en unas 3.000 casas, "casi todas de dos cuerpos", en 126 calles, "por lo general cómodas y bien empedradas". Tenía dos plazas principales: la del Coso, arbolada, y la de la Constitución, destacándose como edificios más notables el palacio de Medinaceli, la parroquia de San Mateo y los conventos de San Agustín y Carmelitas. Había abundantes fuentes y en las afueras se utilizaba para baños unas antiguas instalaciones romanas.

Según los datos de la Diputación de 1837, constan 5.000 fanegas de secano "que "en el ruedo principalmente es muy fértil"", unas 1.000 de viñedo, 2.700 de pastos, cuatro dehesas de propios (del Ayuntamiento) y sólo 16 de huertas con frutas y hortalizas, pero "después se han roturado otras muchas tierras que se han puesto de olivar". La producción, pues, era la famosa trilogía mediterránea, calculándose 100.000 arrobas de aceite, 40.000 de vino y 50.000 fanegas de cereales.

Merece la pena citar el párrafo relativo a la belonería (velones o lámparas), de las que "se cuentan muchas fábricas, en las cuales se trabaja el metal con mucho gusto, para el surtido no sólo de España, Portugal y algunos pueblos de Francia, sino también para la Argelia y La Habana. Por excitación de la Sociedad Laboriosa de Lucena, se han hecho ensayos de ligas de varios metales, que han dado por resultado sacar piezas tan hermosas, que se confunden con las de plata; contribuyendo además estas operaciones, a que los artistas adquieran algunos conocimientos de metalurgia". Esto es, iniciativas, instituciones, arte, nuevas tecnologías, importantes mercados"La industria actual tiene sus precedentes.

También había alfarerías con especialidad en tinajas de hasta 600 arrobas ("surtiéndose de ellas toda la Andalucía para embodegar y conservar sus aceites, vinos, vinagres y aguardientes"), tres fábricas de loza, "parecidas a las de Sevilla y Andújar", algunas de jabón, 28 tahonas, ocho molinos harineros, y unos 106 de aceite diseminados por todo el término, y se elaboraba esparto para capachos de las almazaras.

El comercio es importante con exportación de excedentes agrarios y manufacturas e importación de algunos alimentos, tejidos, hierro y metales. Todos los sábados había un mercado de animales de labor, "con más permutas que ventas" y en mayo una feria real "con toda clase de efectos" cuyo valor es escesivo".

El plano.  Lucena presenta un casco histórico radiocéntrico en torno al castillo "un poco desviado al sur de la figura", que no se sitúa en un escarpe, como suele ser habitual, sino que se sube hacia él por declives moderados. Una primera ronda, seguramente amurallada en época andalusí, y con trama parcial de la época, se dibuja desde el noroeste "siguiendo el sentido de las agujas del reloj" y por las calles, según nombres actuales, Cervantes, Salamanca, plaza de la Huerta, Álamos, Barrera, Jiménez Muriel, Puente San Juan, Molino, Agua, Jiménez Cuenca. Al centro iban unos ejes muy rectos. Al norte, y en relación con la salida a Cabra, General Alaminos y San Francisco; al este, carreteras de la Torca y de Rute con líneas menos definidas (Alfarería, Juan Rico); al sur, hacia Málaga, Antonio Eulate y Calzada (significativo topónimo); y al oeste, en conexión con Córdoba, el Peso.

Estos ejes (y otros como Cabrillana) quedan inmersos en una expansión moderna (sobre todo al norte y oeste, poco al este y prácticamente nada al sur), enmarcada por las rondas de San Francisco, Fuensanta y Tinajerías, más las calles Juego de Pelota, Feria, Barrera, Jiménez Muriel, Hoya del Molino y avenida del Parque. Este no es el único espacio verde o abierto importante en la periferia; también están la Tinajería, Cascajar, el Recinto ferial y, en el este, varias instalaciones educativas y deportivas. Más allá de esas rondas, la expansión reciente y actual se dirige por el oeste hasta la Ronda del Valle (plaza de Prudencio Lizar, estación de Autobuses, ermita del Valle), acercándose a la N-331. Al sur el crecimiento ha sido menor (urbanizaciones y barrios de las Nieves, Olivares, el Santo, el Carmen y Santa Lucía), mientras al este, además de la zona de centros de enseñanza, recreativa y deportiva citada, hay un eje importante, carretera de Rute, donde se alinean urbanizaciones (la Pradera) y, más allá del arroyo Agua Nevada,   Los Poleares y Montilla. Y al norte de la referida carretera y hasta el ferrocarril se extiende, con el río Lucena, en medio, una vasta extensión de Polígonos industriales (Torca, Vadillo, Viñuela, Arroyuelo, Castro"). Al oeste de la carretera de Cabra el plano vuelve a ser principalmente residencial y menos extenso, quedando limitado por el río de la ciudad. Hay otros polígonos e instalaciones de grandes fábricas, caso de alguna del frío, fuera del plano, que, como se ve tiene dos importantes características, la gran presencia industrial, más de 200 ha, casi la mitad de la ciudad, sobre todo al norte y este, y la estructura radiocéntrica.  

Monumentos y turismo.  Historia y auge económico de ciertas épocas explican un numeroso y rico patrimonio. El castillo del Moral, antigua alcazaba junto a la plaza del Coso "centro de la ciudad islámica y datada desde el siglo XI", es de planta cuadrada, gruesos muros y dos torres bastante modificadas, la octogonal del Moral y la del Homenaje, donde estuvo prisionero el rey Boabdil. Hoy contiene las oficinas de información turística y el Museo  Arqueológico y Etnográfico, con diez salas. Cerca, donde estuvo primero una sinagoga y después una mezquita, adaptada al culto cristiano en 1240, se construye la iglesia de San Mateo, desde 1498 por Hernán Ruiz I, de estilo gótico "portada de San Miguel", mudéjar y renacentista. La capilla del Sagrario, a la que se accede por una portada de mármoles polícromos, se considera un precedente del rico barroco andaluz, sabiéndose que es exportado al menos a Córdoba, Granada y Málaga. En un antiguo arrabal alfarero, hubo también sinagoga y mezquita en la actual iglesia de Santiago, de principios del XVI, de estilo mudéjar y tres naves separadas por columnas. De entonces son los Alhoríes (graneros) del duque de Medinaceli, próximo al Coso; y del XVII hay algunas obras manieristas en San Mateo, Madre de Dios, patio de Santo Domingo e iglesia de San Pedro.

Abundan las casas solariegas, tanto del XVII (Álvarez de Sotomayor y Pilas, en Santiago, Soto Flores, Cárdenas y otras como la calle Mesoncillo o Antonio Eulate), como del XVIII: Polo de Lara (calle Quintana), Valdecaña (Cabrillana), Rico de Rueda (las Torres), Ortiz Repiso (Ancha), Mora Saavedra, hoy Palacio de Justicia (calle San  Pedro), Contreras, Ramírez del Valle, y otras (calles Agua, el Peso, Maquedano).

El Barroco es notable en Lucena y tiene conocidos artistas lucentinos (Juan Martín Izquierdo, Bada y Navajas), pudiéndose citar el convento de la Victoria, hoy hotel. Y las iglesias Madre de Dios (con retablo salomónico y claustro de doble planta en el convento), Santo Domingo (con original talla del Cristo de la Sangre), San Martín (de planta elíptica, de las pocas en Andalucía), San Juan (de impresionante portada de mármol), el Carmen (en el barrio de la Barrera, en cuya plaza hay una antigua fuente), con retablo mayor y una buena colección de pinturas, Purísima. Y varias ermitas (Aurora, Valle, Dios Padre) más el Santuario de Araceli a 6 km. Aparte el barroco de Lucena alberga una buena cantidad de obras de artistas famosos, sobre todo de las escuelas granadina y sevillana: retablos, pinturas (Cano, Murillo, Greco), esculturas (Mena, Mora), cobres, platería, verjas, frescos"    

También hay muestras del neoclasicismo del XIX (San Felipe Neri, Capilla del Nazareno) y del modernismo de finales de esa centuria y del XX; sobre todo casas burguesas: marqués de Torreblanca, hoy Círculo lucentino, Cerrato Tamariz y otras (calle Peso, las Torres, Pedro Angulo). De la segunda mitad del XX es el Ayuntamiento (de fachada blanca, acristalada y altos arcos) en la Plaza Nueva, frente a la portada gótica de San Miguel. Conjunto que, con el castillo y el Coso, forma el centro monumental de Lucena y acoge, sobre todo la calle Agua, la principal actividad diaria comercial y de ocio.  

Lucena es también ciudad pródiga en manifestaciones de la cultura andaluza. Su Semana Santa expone un rico patrimonio cofrade, además del monumental ya referido; los "santeros", o portadores al descubierto, realizan una serie de rituales; y existe una versión infantil en las fiestas de la Patrona, que también lo es del Campo Andaluz. Se inician en abril con la bajada en romería de la imagen "que es traída desde Roma en el XVI por reproducción de la existente en el Capitolio". El flamenco está muy arraigado, hay numerosas peñas y dos celebraciones: Concurso de Fandangos de Lucena, los años pares, y las Jornadas de Arte Flamenco (conferencias, recitales, cante, baile"), los impares. Además se está consolidando la "Lucena de las Tres Culturas", para reivindicar la multiculturalidad lucentina, y se recuperan los Carnavales; a la vez que se celebra un festival de Piano, de jazz y otros, aparte de unas curiosas jornadas sobre el bandolerismo * en la pedanía de Jauja, patria de José María el Tempranillo * , que se recuerda en una placa del Coso. La antigua industria del bronce (velonería) y la alfarería mantienen una vertiente artesana, que aumenta el ya de por sí notable atractivo de esta ciudad, que cuenta con un hotel de cuatro estrellas, uno de tres y dos de dos. Y bastantes restaurantes, donde se degustan tapas, diversos platos (por ejemplo el potaje de castañas o berenjenas con miel) y repostería de herencia morisca.

Población, economía y área de influencia.  Lucena es uno de los municipios andaluces que ha conocido un mayor grado de desarrollo económico en las últimas décadas. Cuenta con 39.783 habitantes en el 2005 y ejerce una fuerte influencia desde el punto de vista funcional sobre la parte occidental de la Comarca del Subbético cordobés (Benamejí, Palenciana, Encinas Reales, Rute"). La expansión de su economía queda reflejada por el aumento de su población, que crece progresivamente desde 1970 (27.978 habitantes), superando a inicios de 1980 los 30.000 h.; en 1991 tenía 32.173, 37.028 en 2001 y llega casi a los 40.000 en el 2005. El municipio se consolida como lugar de atracción de población joven de la comarca, y las migraciones se convierten en uno de los principales factores que explican el aumento demográfico. Entre 1988-1998 el 61% de los nuevos habitantes eran inmigrantes, por lo que este  grupo de extranjeros, norteafricanos y sudamericanos,  experimentado un fuerte crecimiento en los últimos años, suponiendo en el 2005 casi el 4% de la población. Por ello no es de extrañar que Lucena sea una de las localidades con una estructura demográfica de las más jóvenes de Andalucía, con 25,6% de población menor de 20 años y  sólo el 13,12% mayor de 65 años, con una tasa de natalidad alta (12,4 por mil, media andaluza 11.3) y mortalidad similar a la autonómica (8,0 por mil).

El desarrollo económico alcanzado por Lucena se debe a un gran dinamismo empresarial fundamentado en un entramado industrial de pequeñas y medianas empresas especializadas, de carácter familiar, cuyo éxito y progreso atiende a la capacidad de dar respuesta a las necesidades del entorno y abrir nuevos mercados. Así la tasa de empleo (46,3%) es superior a la media andaluza (41,5%) en el 2001 y la del paro más baja (16.0 y 23,2%). Las sociedades limitadas absorben el 48,6% de los empleos existentes en el municipio, frente al 39,2% de las sociedades anónimas.

Por su situación geográfica, en la comarca del Subbético, la agricultura tradicionalmente ha tenido un fuerte peso en su economía (10,3% de la población ocupada en el 2001) y se fundamenta en el sistema de monocultivo olivarero (76.5% de las tierras agrícolas), donde subsiste con áreas menores de cereales y producción vitivinícola.  Mientras que en la actualidad es el sector servicios el de mayor importancia (especialmente el comercio), empleando al 42,2% de población, porcentaje muy reducido si se le compara con el que alcanza en su conjunto este sector económico en Córdoba.

Y eso es por la expansión industrial, que es sin lugar a dudas lo que identifica a Lucena, que en el 2001 tenía nada menos que al 41% de la población activa ocupada en este sector, porcentaje muy superior al provincial y autonómico. Aunque los antecedentes más lejanos se encuentran en la fabricación de velones de bronce, el desarrollo de la actividad actual se inicia en los años sesenta del siglo XX, cuando la industria del bronce entra en crisis. Se trata ahora de un sector relativamente diversificado, donde despunta por su importancia con relación al número de establecimientos y empleados el subsector de la madera y el mueble (más de 400 empresas y 5.500 personas), muy por encima de otras actividades económicas arraigadas en la ciudad, como el frío y el comercio, que generan trabajo para más de un millar de empleados cada uno. No en vano se le denomina "Ciudad del mueble".

Esta producción (cocinas, muebles terminados y en crudo o por piezas) tiene una facturación que supera ampliamente los 210 millones de euros, cifra demostrativa  de una actividad empresarial muy dinámica en la provincia. La antigüedad de las empresas del mueble lucentinas se remonta a la década de los ochenta, pero en los noventa se crean la mayor parte de este tipo de sociedades, si bien es entre los años 1996 y 2001 cuando el crecimiento de empresas se dispara, ya que el número de establecimientos industriales crece un 83,6% durante esos cinco años (Consejería de Empleo). Los productos de madera elaborados en la localidad son, en general, de similares características a los que se fabrican en otros lugares, con una calidad media o baja y sin imagen de marca, lo que puede traducirse en la necesidad de competir en costes con otros municipios, regiones o países donde la mano de obra es barata. A ello se añade el aumento del control de las distribuidoras  internacionales sobre algunas empresas locales.

Las empresas del frío siguen en importancia al sector de la madera y el mueble en Lucena, produciéndose en los años noventa una expansión. No son muchas pero las existentes cuentan con una gran dimensión y alcanzan un porcentaje de negocio muy significativo dentro del entramado industrial lucentino. Las firmas Infrico, Coreco, Fagofri y Coinsa cuentan con más de 150 trabajadores en cada una de las plantillas. Además de Tecnicontrol, integrada por 160 cooperativistas y otras de menor tamaño que están en fase de consolidación y expansión. El tamaño de las empresas del frío es mayor que la media municipal y, salvo Tecnicontrol, el resto se crean desde 1990.  

El sector del bronce y el metal son las actividades más antiguas de la localidad, aunque su despegue se produce en los años cuarenta y cincuenta. El número de empresas de este sector ronda el centenar: 45% de de bronce y forja, el 25% carpinterías metálicas y el 30% se reparten en actividades como decoración, hierros y orfebrería.

Lucena cuenta con un gran dinamismo en la creación de empresas, un ambiente de fuerte actividad y escasa aversión al riesgo que se explica por el talante emprendedor, el saber hacer técnico de sus empresarios y trabajadores y la rapidez con la que asumen las innovaciones. Existen asociaciones empresariales, centros de formación y demás instituciones ligadas a la actividad industrial, más densificación de la red de relaciones establecidas entre los mismos que contribuye a facilitar la difusión de la información y de la innovación por el tejido productivo. Aparte de una buena situación geográfica, junto a una de las principales arterias de comunicación del interior de Andalucía que conecta Córdoba con Málaga.

Sin embargo es necesario un crecimiento más cualitativo, una diversificación de las actividades productivas y la eliminación de la abundante economía sumergida existente sobre todo en el sector del mueble, así como la disminución de ventas sin marca. Además de la mejora de la formación de los empresarios y de la cualificación de los trabajadores, y solucionar problemas relacionados tanto con la carencia de suelo industrial, malas condiciones urbanísticas y los insuficientes equipamientos con los que cuenta, como los impactos ambientales derivados de la actividad industrial.         [ Gabriel Cano / Francisca Ruiz Rodríguez ].

 

 
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