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MACHADO, ANTONIO

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(sevilla, 1875-collioure, francia, 1939). Poeta. Antonio Machado y Ruiz, segundo hijo de Antonio Machado y Álvarez, Demófilo, y Ana Ruiz Hernández, nace el 26 de julio de 1875 en el sevillano palacio de las Dueñas, donde por aquel entonces reside su familia, de claro signo liberal. Sus abuelos son Antonio Machado y Núñez y Cipriana Álvarez Durán, una mujer de notables cualidades artísticas y aficionada a recoger cuentos y leyendas que proporcionaría al joven Antonio dos influencias fundamentales para entender su obra: el texto Unidad simbólica y destino del hombre en la tierra o filosofía de la razón , en el que su bisabuelo, José Álvarez Guerra, anticipa las tesis del krausismo; y el Romancero general compilado por su tío (en realidad, hermano de su bisabuela Cipriana Durán de Vicente Yáñez) Agustín Durán. Pero el influjo familiar más próximo y directo será el de su propio padre, Demófilo, absorbido completamente por sus estudios del folclore. Una admiración y asimilación de las tesis paternas que pueden comprobarse en estas palabras de Juan de Mairena: "Mairena tenía una idea del folklore que no erala de los folkloristas de nuestros días. Para él no era el folklore un estudio de las reminiscencias de viejas culturas, de elementos muertos que arrastra inconscientemente el alma del pueblo en su lengua, en sus prácticas, en sus costumbres, etcétera" Pensaba Mairena que el folklore era cultura viva y creadora de un pueblo de quien había mucho que aprender, para poder luego enseñar bien a las clases adineradas".

En 1883, cuando Antonio Machado tiene ocho años, la familia se traslada a Madrid. Allí continúa sus estudios, junto a su inseparable hermano Manuel, en la Institución Libre de Enseñanza, donde ambos reciben una enseñanza basada en la observación y el diálogo socrático. Siempre recordará el futuro poeta a Francisco Giner de los Ríos, fundador y alma de la Institución, a quien Machado llama en unos versos publicados tras el fallecimiento del intelectual rondeño "el viejo alegre de la vida santa". El 16 de mayo de 1889, con 14 años, aprueba el examen de ingreso en el Instituto de San Isidro y comienza sus estudios de bachillerato, título que no obtendrá hasta el 25 de septiembre de 1900. Como se puede deducir de este dato, su vida académica no es ni mucho menos brillante, posiblemente condicionada por la difícil situación familiar (muerte de su padre, de su abuelo, apreturas económicas") y su rechazo a la educación oficial. En cambio, sí que demuestra desde temprana edad un gran fervor por la literatura. Antonio y Manuel pasan muchas horas leyendo en la Biblioteca Nacional, sobre todo a los clásicos del Siglo de Oro: Lope de Vega, Calderón de la Barca, San Juan de la Cruz, Góngora, Quevedo" Los dos colaboran en una revista, La Caricatura , que dirige Enrique Paradas. Antonio firma sus colaboraciones con el seudónimo de Cabellera; Manuel, con el de Polilla; cuando escriben juntos, se hacen llamar Tablante de Ricamonte.

Sus amigos de entonces, además de Paradas, son Ricardo Calvo "hijo del célebre actor Rafael Calvo" y Antonio de Zayas, futuro duque de Amalfi. Todos escriben versos, menos Antonio, de quien los demás creen que llegará a ser un gran crítico. Y todos viven la bohemia madrileña. De hecho, escribe Machado en 1913: "He hecho vida desordenada en mi juventud y he sido algo bebedor, sin llegar al alcoholismo". Visita tablaos y cafés cantantes o acude a las corridas de toros, aficiones que alterna con actividades saludables, como la pelota vasca, las excursiones al campo y, su pasión de aquellos años, el teatro. Pasión reflejada en las piezas teatrales que, con el paso del tiempo, compondría junto a su hermano Manuel: Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel (1926), Juan de Mañara (1927), Las adelfas (1928), El hombre que murió en la guerra (1941), La prima Fernanda (1931), La duquesa de Benamejí (1932) y, sobre todo, su gran éxito de público, La Lola se va a los puertos  (1929).

Soledades. Tras el fallecimiento de su padre y su abuelo, en 1896, Antonio y Manuel comienzan a trabajar en el Diccionario de ideas afines , que prepara el amigo de la familia Eduardo Benot, ex ministro de Fomento durante la I República. Dos años más tarde tiene lugar el desastre del 98, con la pérdida de las últimas colonias españolas en Ultramar (Cuba, Puerto Rico y Filipinas). En aquellos días, Machado puede leer en la recién fundada revista Vida Nueva , órgano de los "noventayochistas", la noticia de la llegada a Madrid "es su segunda visita a España" de Rubén Darío. Pero Antonio no puede conocer al genial poeta nicaragüense por hallarse en esos momentos en Sevilla visitando a la familia de su madre" Durante su estancia recorre las añoradas calles de su infancia y el patio del Palacio de las Dueñas, donde el poeta ve por primera vez la luz. Sus galerías pasarán, adelgazadas y metamorfoseadas, a ser el símbolo preferido en tantos de sus versos.

Pronto pasa de la ciudad de la Giralda a la del Sena, París, hasta donde se desplaza en 1899 para trabajar junto a su hermano Manuel en la editorial Garnier, que publica libros en castellano dirigidos fundamentalmente a Hispanoamérica. Aunque no permanece mucho tiempo en la capital gala, Antonio tiene la oportunidad de conocer el ambiente cultural más rico de Europa y a varios españoles de la talla de Pío Baroja, Luis Bonafoux, Alejandro Sawa y Enrique Gómez Carrillo, además del mexicano Amado Nervo; bebe de las fuentes del simbolismo y del impresionismo como estilos artísticos; participa en algunas manifestaciones callejeras contra el affaire Dreyfus; y comprueba la existencia de una Francia reaccionaria, antisemita, frente a una Francia progresista y laica. Son tiempos de luchas políticas, como son también tiempos de guerras literarias. Antonio Machado asiste a una de ellas en el Madrid de principios del siglo XX, contienda que enfrenta a jóvenes y viejos, entre modernistas y representantes de los viejos valores literarios. Los modernistas se reúnen en tertulias, acuden a banquetes y actos de afirmación y negación, fundan revistas" En una de estas publicaciones, en Electra , Antonio Machado comienza a publicar sus primeros poemas desde marzo de 1901. Son estos, todavía, años de bohemia y errabundia, de juventud algo disipada y algo extravagante, años de idealismo y de aspiraciones vagas.

Desde la primavera hasta el verano de 1902, los hermanos Machado "esta vez les acompaña Pepe, el pintor y dibujante" permanecen en París, donde Antonio conoce personalmente a Rubén Darío. Animado por el poeta nicaragüense, que elogia sinceramente sus versos, publica al año siguiente, en 1903, Soledades , un libro modesto, de apenas 42 poemas y algo más de cien páginas de pequeño formato. Sin llegar a ser un éxito de ventas o de crítica, llama la atención de unos pocos escogidos y confirma la valía poética de Antonio, que, a partir de este momento, intensifica su dedicación literaria en revistas como Helios , Alma española , Blanco y Negro , Ateneo , El País , La República de las Letras ...

Sin embargo, aún no se siente un poeta dueño de su propia voz. De hecho, hasta 1907 no aparece su siguiente libro, en realidad una reelaboración "con importantes supresiones y añadidos" del primero. Esta modificación se refleja en el título, que ahora es Soledades. Galerías. Otros Poemas "en la edición de Poesías completas se retitulará de nuevo, y definitivamente Soledades (1899-1907) ". Aunque Machado declara que este libro sólo presenta como novedad la "adición de nuevas composiciones, que no añadían nada sustancial a las primeras", la verdad es muy otra. De los 42 poemas de la primera edición, tan sólo sobreviven "algunos, muy corregidos" 29; en cambio, se añade una nueva sección, "Galerías" y 66 poemas nuevos, hasta un total de 95 que componen el libro. Poemas en los que Antonio ha depurado el influjo del modernismo más exterior y sonoro, lo ha interiorizado y personalizado. En palabras de Dámaso Alonso, "todo lo que en el modernismo era música exterior, sonoridad de clarines, colores brillantes, está ausente de la voz de Machado. Es una voz interior, modesta, la que canta. En lugar de la sonoridad de los versos, hay ahora un sentimiento íntimo y sencillo, tiernísimo. Y las palabras son muy sencillas también, casi elementales (")", como en este breve poema: "Tarde tranquila, casi / con placidez de alma, / para ser joven, para haberlo sido / cuando Dios quiso, para / tener algunas alegrías" lejos, / y poder dulcemente recordarlas." Se trata de su primera gran obra, en la que emprende un viaje a la infancia y a la primera juventud, cuando ya el poeta está a punto de entrar en la madurez, con el propósito de hacer balance de ilusiones y de realidades, de éxitos y de fracasos, de lo que tiene en las manos y de lo que el tiempo le ha arrebatado. En esta introspección lírica, Machado refleja sus obsesiones, la nostalgia por la felicidad perdida, por la juventud malgastada, por los sueños y las expectativas no cumplidas. "El erotismo insatisfecho, la frustración amorosa, el miedo a la muerte y a morir sin haber vivido "escribe Enrique Baltanás" son los temas que suenan en sus Soledades y que resuenan por sus Galerías".

Leonor. Antonio Machado encontrará el tan ansiado amor durante su etapa como catedrático de francés en el Instituto General y Técnico de Soria, ciudad en la que se instala en 1907 y que cala muy hondo en el espíritu del poeta, sobre todo a lo largo de sus paseos por las orillas del Duero, entre San Polo y San Saturio. La elegida se llama Leonor Izquierdo, hija de los dueños de la pensión en la que se hospeda Machado. En el momento de la boda, el 30 de julio de 1909, Antonio cuenta 34 años; Leonor, 15. Pero la felicidad de los recién casados dura poco. En enero de 1911 la Junta para Ampliación de Estudios concede al poeta sevillano un beca para cursar estudios de filología francesa en París, hacia donde parte acompañado de su mujer. Allí, el 13 de julio, víspera de la fiesta nacional francesa, Leonor sufre un ataque de hemoptisis y comienza una larga agonía que finaliza el 1 de agosto de 1912, cuando fallece en Soria. Nada pueden hacer los cuidados de su esposo "apoyado económicamente por Rubén Darío", que el 4 de mayo de ese mismo año había escrito su poema "A un olmo seco": "Al olmo viejo, hendido por el rayo / y en su mitad podrido, / con las lluvias de abril y el sol de mayo, / algunas hojas verdes le han salido". Destrozado por la pérdida, se marcha de Soria y en octubre de 1912 obtiene destino en el Instituto General y Técnico de Baeza, adonde llega el 1 de noviembre. Permanece en la ciudad jiennense cerca de siete años. Siete años de soledad y tristeza. Para mitigarlas en lo posible, se reúne con él su madre. Poco a poco, Antonio irá rumiando su dolor, destilándolo en poesía, anegándolo, también poco a poco, de piadoso olvido, hasta quedar dormido en el fondo de su alma.

Su visión inicial de Baeza es francamente negativa, tal vez condicionada por el abatimiento que entonces le aflige. Se siente en el destierro" y, sin embargo, encuentra amigos, contertulios, y retoma una rutina similar a la de sus días en Soria. Rutina que comprende paseos por las ruinosas murallas de la ciudad o excursiones a Cazorla para ver el nacimiento del Guadalquivir. Ejerce una decisiva influencia sobre las letras granadinas, fruto de las visitas que realiza el profesor Domínguez Berrueta acompañado de sus alumnos, los estudiantes de la Facultad de Letras de Granada. En una de estas ocasiones puede conocer Machado al joven Federico García Lorca, aunque más como pianista y animador incansable que como el poeta que aún no es. Mientras tanto, en esta "Salamanca andaluza" escribe muchos poemas que son cumbre de su creación literaria, muchos de ellos presentes en Campos de Castilla . Muy poco antes de morir, Leonor había podido ver un ejemplar de esta obra. Esa primera edición, de 1912, apenas sí recoge una cincuentena de poemas. Más tarde, cuando en 1917 Antonio Machado publique la primera edición de sus Poesías Completas , les añade bastantes poemas más, pero desaparece el nombre de Campos de Castilla , que sólo reaparece a partir de la segunda edición de las Poesías completas  (1928). Tal y como ha quedado, es un conjunto heterogéneo, polimórfico, un "agregado inconcluso de poemas", llega a decir Antonio Fernández Ferrer. Hay un ciclo paisajístico soriano y otro andaluz; un ciclo de poemas dedicados a Leonor; está la leyenda romanceada de "La tierra de Alvargonzález", la autónoma sección "Elogios", los "Proverbios y cantares"...

A propósito de los poemas "castellanos" de Machado, distinguimos dos tipos. En unos, predomina el sentimiento, la emoción, bien surgida espontáneamente de la contemplación de la naturaleza, bien porque el paisaje está asociado a una vivencia personal: "Allá en las tierras altas, / por donde traza el Duero / su curva de ballesta / en torno a Soria, entre plomizos cerros / y manchas de raídos encinares, / mi corazón está vagando en sueños... / ¿No ves, Leonor, los álamos del río / con sus ramajes yertos" / Mira el Moncayo azul y blanco; dame / tu mano y paseemos. / Por estos campos de la tierra mía, / bordados de olivares polvorientos, / voy caminando solo, / triste, cansado, pensativo y viejo." Otros, en cambio, parten de una idea previa "generalmente noventayochista", y sólo intentan, en realidad, desarrollar esa idea preconcebida. A este último tipo pertenecen los poemas "A orillas del Duero" (XCVIII) y "Por tierras de España" (XCIX): "Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta / "no fue por estos campos el bíblico jardín"; / son tierras para el águila, un trozo de planeta / por donde cruza errante la sombra de Caín."

Guiomar. Para mejorar su posición en los concursos de traslado de funcionarios, obtiene la licenciatura en Filosofía y Letras en diciembre de 1918. A finales del año siguiente consigue una plaza en el Instituto de Segovia, adonde llega el 26 de noviembre de 1919. En la ciudad permanece hasta 1931, viviendo solo en una pensión de la calle de los Desamparados, aunque los fines de semana visita a su familia en Madrid. "La vida que don Antonio iba a hacer en Segovia "comenta Pablo de A. Cobos", como la de Soria y la de Baeza, como la de Madrid, se iba a caracterizar por la monotonía de la costumbre, como suele ser la de los muy ricos de mundo interior, que no necesitan de nadie para darse compañía. Pasaba las mañanas en el Instituto; iba a la tertulia del café después de la comida; daba frecuentes y a veces largos paseos por las afueras de la ciudad, y leía, leía, o rumiaba poemas, en versos o prosas, antes y después de la cena, en la soledad de su alcoba, celda de viajero".

Sus años segovianos están cargados de acontecimientos importantes, como la publicación de un nuevo libro de poesía ( Nuevas Canciones , 1924), su concepción de los personajes apócrifos o las colaboraciones teatrales con su hermano Manuel. Entre los numerosos homenajes y reconocimientos que recibe, en 1927 se le elige para ocupar un sillón vacante en la Real Academia Española de la Lengua, que nunca llegará a ocupar. Pero, sobre todo, este profesor solitario, viudo, nada donjuanesco, encuentra un nuevo amor: Pilar de Valderrama y Alday, la Guiomar de los versos machadianos. José María Moreiro la describe así: "(") mujer culta, sensible, bien parecida y mejor educada, gozaba de una excelente posición social y había contraído matrimonio antes de cumplir los veinte años con Rafael Martínez Romarate, de cuyo matrimonio nacerían tres hijos "Alicia, Mari Luz y Rafael", residiendo en un chalé situado en el número 54 del paseo Pintor Rosales, de Madrid. Pilar escribía poesías e incluso había publicado en 1923 un libro, Las piedras de Horeb ." Para reponerse de las continuas infidelidades de su marido, concretamente de una que había terminado con el suicidio de la amante, llega a Segovia a primeros de junio de 1928. En el momento del primer encuentro "parece ser que anteriormente habían intercambiado cartas" Machado tiene 52 años, muy próximo a cumplir los53, y ella, 39. A partir de entonces inician una relación "clandestina" que es posible reconstruir gracias a los escritos de Pilar (la pieza teatral El tercer mundo , Sí, soy Guiomar. Memorias de mi vida ") y la obra poética de Antonio.

Sus encuentros tienen lugar los fines de semana, cuando él vuelve a Madrid, en un apartado café del barrio de Cuatro Caminos. Es el único momento el que pueden mantener una comunicación directa, hablarse, oírse", aparte de las coincidencias en el vestíbulo de un teatro, rodeados de gente, o de los paseos que Antonio da por el parque del Oeste, desde donde puede contemplar a su amada cuando ella se asoma al balcón de su casa. Pero Pilar de Valderrama, "poetisa de religiosidad tradicional y señora burguesa nada dispuesta a romper con su mundo", en palabras de José María Valverde, comunica a Machado que su amor es imposible, le prohíbe que pasee su calle e incluso dejarán de verse, aunque no de escribirse. Esta peripecia amorosa, basada en la más estricta dieta erótica y la sublimación de ese erotismo a través de una idealización creciente, llega hasta 1936 e incluso, en el recuerdo, hasta los días de la Guerra Civil, tan próximos a la muerte del poeta. Un recuerdo que se hace verso en la figura de Guiomar (idéntica medida y rima que Pilar), cantada al principio con una zozobra esperanzada: "No sabía / si era un limón amarillo / lo que tu mano tenía, / o el hilo de un claro día, / Guiomar, en dorado ovillo. / Tu boca me sonreía. / Yo pregunté: ¿Qué me ofreces" / ¿Tiempo en fruto, que tu mano / eligió entre madureces / de tu huerta" / ¿Tiempo vano / de una bella tarde yerta" / ¿Dorada ausencia encantada" / ¿Copia en el agua dormida" / ¿De monte en monte encendida, / la alborada / verdadera" / ¿Rompe en sus turbios espejos / amor la devanadera / de sus crepúsculos viejos"". A estas "Canciones a Guiomar" suceden las "Otras canciones a Guiomar (a la manera de Abel Martín y Juan de Mairena)", que reflejan su desengaño y amargura.

El poema CLXXXV, titulado "Muerte de Abel Martín", muestra esta escena: "Y vio la musa esquiva, / de pie junto a su lecho, la enlutada, / la dama de sus calles, fugitiva, / la imposible al amor y siempre amada. / Díjole Abel: Señora, / por ansia de tu cara descubierta, / he pensado vivir hacia la aurora / hasta sentir mi sangre casi yerta. / Hoy sé que no eres tú quien yo creía; / mas te quiero mirar y agradecerte / lo mucho que me hiciste compañía / con tu frío desdén." Estas palabras no sólo van dirigidas a la Muerte, sino también, de manera quizás involuntaria, a Guiomar. Un reproche que Machado pone en boca del personaje apócrifo Abel Martín, surgido de su amor tardío e imposible. Aunque este personaje fantasmal le sirve para manifestar y aclarar sus propias ideas sobre la poesía, le distingue una profunda obsesión por "el apasionante problema del amor", es el filósofo de "la esencial Heterogeneidad del ser". Por eso nos dice que no es para él "la belleza el gran incentivo del amor, sino la sed metafísica de lo esencialmente otro", la irreductibilidad de ese otro, la imposible fusión, la eterna e irremediable aspiración frustrada a la armonía. Como dice Juan de Mairena, citando a Abel Martín: "Lo que se genera y se continúa por herencia hasta el fin de los siglos en la esencia hermes , con la carencia consciente de la aphrodites , o viceversa, es la alternante serie de dos esencias, en cada una de las cuales lo esencial es siempre la nostalgia de la otra (")" De ahí, de esa dialéctica infernal, nace la poesía y la filosofía, pero también el "calvario erótico" y la "guerra erótica". Y no hay posible salida: o se incurre en el onanismo mental, en el solipsismo, en la noria monótona del yo y en la soledad triste y redundante, o se sufre el calvario y la guerra con el otro necesario.

Adhesión a la República.  Otros frentes, además del amoroso, se abren en la vida de Antonio Machado. A pesar de no ser ni de lejos un político, se interesa por las tensiones sociales y las preocupaciones "patrióticas" que sacuden la España de principios del siglo XX: apoya con entusiasmo a la recién fundada Universidad Popular, en la que imparte clases gratuitas, y a cuya biblioteca dona numerosos libros; en 1922, participa en la fundación de una Liga Provincial de los Derechos del Hombre; su posición contra la dictadura de Miguel Primo de Rivera, inequívocamente contraria desde un principio, se exacerba con el asunto del destierro a Fuerteventura de su admirado Miguel de Unamuno; cuando, en enero de 1931, Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset y Ramón Pérez de Ayala fundan la Agrupación al Servicio de la República, Machado es uno de sus adherentes; el 14 de abril se encuentra entre los que proclaman la República desde el balcón del ayuntamiento de Segovia... "¡Aquellas horas, Dios mío "exclamará por boca de Juan de Mairena", tejidas todas ellas con el más puro lino de la esperanza, cuando unos pocos viejos republicanos izamos la bandera tricolor en el Ayuntamiento de Segovia!" Recordemos, acerquemos otra vez aquellas horas a nuestro corazón"" No parece, sin embargo, que su actividad política vaya más allá de lo ocasional y efemerístico. Nunca pertenece a ningún partido y cuando alguna vez le proponen formar en una candidatura republicana, declina el ofrecimiento. No medra con la República, pero sí obtiene, en cambio, algún beneficio, pues su traslado a Madrid en 1931 se debe a que le nombran en comisión de servicio para el Instituto Calderón de la Barca. Desde este centro, ya por normal concurso de traslados, pasará al Miguel de Cervantes, cuyas aulas no llega a pisar a causa del comienzo de la Guerra Civil.

Pronto surgen voces que expresan su malestar por el giro que va tomando la tan ansiada República. Quejas como las de Miguel de Unamuno, que muchas veces encuentran eco en la opinión de Antonio Machado. Este último muestra sus reservas con el rumbo adoptado por ciertos políticos, sobre todo en lo que se refiere a la organización territorial del Estado, con los primeros brotes de un separatismo insolidario, el catalán, que nunca es del gusto del poeta. En cualquier caso, el poeta sevillano no se despega nunca de sus ideales republicanos, heredados de su familia, pero no por ello deja alguna vez de hacer un llamamiento a la prudencia y la moderación.

Los años de Machado en Madrid, de 1935 a 1936, resultan apacibles, monótonos" Una alegría es el reencuentro con su inseparable hermano Manuel, con quien ahora reanuda el trato diario. Su amigo, admirador y biógrafo Miguel Pérez Ferrero relata de esta forma la rutina diaria del poeta en la capital de España: "La vida de Antonio responde a su tradicional sencillez. Por las mañanas suele irse al café antes de acudir a explicar su clase en el Instituto. Allí lee con gran reposo los periódicos y después se dedica a observar a la gente que pasa por la calle, alternándolo con el análisis de los parroquianos matinales (") Tras de haber leído los periódicos y haber dejado vagar la mirada y el pensamiento, Antonio sale muy despacio hacia el Instituto, donde le esperan los muchachos de su curso de francés. Terminada la clase, regresa a su casa, donde almuerza y se queda a trabajar hasta la caída de la tarde, en que vuelve a salir para encontrarse con su hermano Manuel." Y, siempre que puede, con su amada Guiomar.

Palabra en el tiempo.  Además, coincide con los jóvenes escritores, los nuevos poetas, como Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, José Moreno Villa, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca", todos ellos adoradores del hermético Góngora. Las modas cambian, los gustos literarios son diferentes a los de Juan Ramón Jiménez o el mismo Antonio Machado. En la década de los veinte, el poeta de moda ya no es Paul Verlaine, sino Guillaume Apollinaire. Los pintores se llaman Picasso, Gris, Miró" Es el cubismo, es el surrealismo, es el ultraísmo, es" la vanguardia. Ante esta "deshumanización del arte", como diría Ortega, Machado define su concepto de la poesía, sobre todo en "Reflexiones sobre la lírica" (1925) y el inacabado "Proyecto de un discurso de ingreso en la Academia de la Lengua" (1931). Entre el subjetivismo extremo, que llega hasta a prescindir de la lógica, y el objetivismo puramente conceptual, Machado defiende una nueva alianza entre la razón y el sentimiento a través de su conocida fórmula de la poesía como "palabra en el tiempo": palabra, es decir, logos, ideas, razón, objetividad, lógica; en el tiempo, es decir, historia, circunstancia individual e irrepetible, subjetividad. La poesía será así un constante balanceo entre el yo del individuo y el nosotros de la especie, entre lo histórico y lo eterno. Entre lo intransferible "la experiencia psíquica de cada individuo""y lo universal. O mejor dicho, se encontrará en algún punto de ese ir y venir, nunca en uno de los dos extremos.

Antonio Machado saber ver que las vanguardias no son sino la conclusión de un proceso que se había iniciado con el Romanticismo. Un proceso caracterizado por la hipertrofia del yo, por la gigantomaquia del subjetivismo. Las vanguardias son el cierre sobre sí mismo de un círculo vicioso, incoado en el Romanticismo, continuado en el Simbolismo y el Parnasianismo. Esta opinión hace que polemice con los jóvenes poetas del 27, o incluso con el Juan Ramón Jiménez de los últimos momentos, pero no impide que él mismo realice algunos experimentos y se aleje de su propia teoría del poema. A título de ejemplo citamos "Recuerdos de sueño, fiebre y duermevela" (CLXXII) y los Proverbios y cantares.

Hacia el mes de agosto de 1936 aparece, publicado por la editorial Espasa Calpe, el que habría de ser el primer y último libro en prosa de Antonio Machado. Su título: Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo . En realidad, esta obra recoge las colaboraciones periodísticas que el escritor había publicado a partir de noviembre de 1934, primero en el Diario de Madrid y luego, de noviembre de 1935 a junio de 1936, en El Sol . Las entregas mairenistas no terminan aquí, ya que siguen apareciendo en prensa en los años posteriores. Juan de Mairena  es uno de los más claros aciertos de Machado y sin duda una de las obras maestras de la prosa española del siglo XX. Su registro irónico, antidogmático, la mezcla de temas y preocupaciones, su agilidad, su dinamismo casi teatral, pero al mismo tiempo modesto (no son más que las charlas de un profesor de instituto a sus alumnos, dotan de un poderoso encanto a este librito, en el que se dejan notar los influjos de Nietzsche, de Eugenio D"Ors (el D"Ors de los Glosarios) o de Ortega y Gasset, entre otros, pero que resulta original y personalísimo, en lo que tiene de encuentro feliz entre una personalidad humana y una forma de expresión.

Muerte en Collioure. Días antes de la publicación de Juan de Mairena, el 18 de julio de 1936, estalla la Guerra Civil española, que para Antonio Machado significa la separación de dos personas para él muy queridas, su hermano Manuel y su amada Pilar de Valderrama. A ninguna de las dos volverá a verlas desde el momento (noviembre de 1936) en que las autoridades republicanas, ante la triste realidad de un Madrid cercado y en creciente peligro, deciden evacuarle, como a otros profesores e intelectuales. El poeta, al principio, se resiste a abandonar la capital de España, pero finalmente acepta, a condición de que le acompañe su familia. Queda instalado, junto con su madre, sus hermanos Joaquín y José, y las respectivas esposas e hijos de éstos, en una casa de las afueras del pueblecito de Rocafort, distante pocos kilómetros de Valencia. Allí, con su mirada fija en el mar ("En mi parterre, / miro a la mar que el horizonte cierra") y físicamente maltrecho por los achaques de la enfermedad, sigue trabajando con esa diafanidad y lucidez que le acompañan hasta los últimos días de su vida. Muestra de ello es su último libro, de prosa y verso, La guerra (1936-1937) .

"El estado físico del poeta "nos informa su hermano José" empeoraba mientras tanto; tenía cada vez más dificultades para andar. Su estado de espíritu estaba agobiado ante el panorama de la guerra, sobre la que no se hacía ilusiones. Sólo se anima un tanto la hora que dedica, en su infinita bondad, a dar clase a sus sobrinas; de día muchos ratos los pasa echado en la cama leyendo y fumando sin descanso, ensimismado. Otros ratos baja al jardín para andar un poco "muy poco" y sentarse enseguida para contemplar la naturaleza tan amada por él." En abril de 1938, Machado es trasladado a Barcelona, donde se aloja unos días en el hotel Majestic, para después quedar instalado, él y su familia, en la Torre Castañar, un palacete con jardines y vistas al mar, propiedad de la marquesa de Moragas. Reanuda sus colaboraciones en la prensa republicana. El día 22 de enero de 1939, el poeta deja Barcelona, camino del exilio a Francia. El 27 cruza la frontera, con un trecho a pie, bajo la lluvia. El 22 de febrero muere en una habitación del hotel Bougnol-Quintana de Collioure. Tres días después fallece su madre. Allí, en el cementerio de esta ciudad francesa, duermen aún el sueño eterno madre e hijo. [ Javier Vidal Vega ].

 

Para más información, visite Wikanda: http://www.wikanda.es/wiki/Antonio_Machado

 

 
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