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MÁLAGA

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Ciudad andaluza a 6 m. sobre el nivel del mar, en un municipio de 395 km 2  y una población de 558.287 h en el 2005.

Situación y emplazamiento.  Se localiza en el centro de una ensenada, rodeada de montañas con los cerros de la Alcazaba y Gibralfaro, vigilantes y protectores, componiendo un abrigado y estratégico puerto, con un cauce (Guadalmedina o río de la ciudad) proveedor del necesario recurso acuífero, origen de tantas poblaciones. La oferta agraria se asienta en un valle que se amplía y prolonga por el Norte y Oeste (Guadalhorce), componiendo un traspaís que llega a la Axarquía y tiene en los cercanos Montes de Málaga un buen espacio natural. Todo ello bajo un clima mediterráneo subtropical de 18,5º de temperatura media anual, de las más altas de Andalucía, inviernos prácticamente inexistentes (12,5ºC enero), veranos secos y calurosos (25,6 agosto), aunque menos que en el Valle del Guadalquivir (Sevilla y Córdoba, 28) y precipitaciones medias anuales de 469 milímetros, con máximos en otoño. Es decir, buenas condiciones climáticas para la agricultura, que en fechas recientes deviene en el más importante recurso de Málaga y su costa, el atractivo turístico, que, desde luego, aporta también historia, monumentos, cultura, fiestas, gastronomía, etc.

Recordemos la definición de Ortega y Gasset ("El imperio de la luz") y la visión poética, un tanto inquietante, de Vicente Aleixandre: "Colgada del imponente monte, apenas detenida en tu vertical caída a las ondas azules, pareces reinar bajo el cielo, sobre las aguas, intermedia en los aires, como si una mano dichosa te hubiera retenido, un momento de gloria, antes de hundirte para siempre en las olas amantes".

Málaka hasta la Bética.  Ese emplazamiento portuario defensivo y rico genera pronto un núcleo junto al cerro de la Alcazaba, cuyo nombre, Malaca, puede ser tartésico, turdetano o, en cualquier caso, anterior a la llegada de fenicios, a los que suele atribuirse la fundación de la ciudad y un activo comercio. Después los griegos crearon cerca la colonia de Mainake, aunque fue en época romana cuando alcanza cierta importancia, ya que era una de las cuatro ciudades de la Bética (precedente territorial de Andalucía)  federada con Roma. Tuvo unas ordenanzas propias (la Lex Flavia Malacitana, de la que queda una parte, expuesta, lejos de Málaga, en un museo de Madrid), existen diversas piezas arqueológicas, retratos imperiales, esculturas y mosaicos y queda (descubierto en 1951, cuando se hacían unos jardines) un teatro adosado al pie del cerro de la Alcazaba. Se sabe que exportaba diversos productos (aceite, vinos, cereales, pasas) y que generaba un activo comercio, al parecer en manos de sirios y judíos. Estaba integrada en el convento jurídico gaditano, especie de provincia litoral desde Cádiz a Almería.

Al dividirse el imperio romano, Málaga, como otras zonas de Andalucía, queda en el lado bizantino, y se sabe que parte de los mármoles de la mayor iglesia del mundo de entonces, Santa Sofía de Constantinopla, procedían de las sierras malagueñas. En el año 571 es conquistada por el visigodo Leovigildo y en el mismo 711 se entrega a Tarik, en un momento de luchas dinásticas y crisis visigodas.

El largo periodo andalusí. La mayor parte de la población permanece en la ciudad (como en toda la Bética, al-Ándalus después), unos convertidos al Islam (muladíes), y otros como cristianos (mozárabes) y judíos, aunque también se asientan algunos yemeníes. Empieza para Málaga una época de prosperidad, basada en el desarrollo urbano (llega a tener a finales del Califato unos 15.000 h; muchos para la época), la artesanía y el comercio, a la vez que se produce una agricultura intensiva de regadío en las alquerías.

Málaga estaba en la cora de Rayya, una extensa demarcación califal, que comprendía la provincia actual, pero con las tierras de Alhama y sin la Serranía de Ronda ni la costa occidental. Está más centrada en la Depresión Intrabética que en el litoral, de manera que la capital era Archidona, aunque se cita Málaga, Vélez y Suhayl (Fuengirola); siendo la agricultura el principal recurso, destacando ya las pasas.

Al Califato sucedieron reinos de Taifas con límites cambiantes, pues a principios del XI encabeza el territorio hammudí Algeciras-Málaga, pero a mediados de siglo forma parte del reino granadino de los Banu Zirí, convirtiéndose en su principal puerto con bastante actividad mercantil. Es almorávide y, en el XIII, es capital del reino almohade, de límites similares a la cora califal; para pasar a ser desde 1296 una de las ciudades más importantes del reino nazarí de Granada. Al-Ándalus está al principio un poco al margen de las rutas comerciales por su posición en el extremo occidental, pero en el mismo Califato y posteriormente se convierte en encrucijada de caminos internacionales (Oriente Mediterráneo, norte de Europa y África). Sobre todo a partir del siglo XIII, en que se produce una expansión comercial entre el Mediterráneo y el Atlántico, ejerciendo como centro el reino nazarí con dos puertos, Almería y Málaga.

Los reyes granadinos se relacionan con los otros estados peninsulares, las repúblicas italianas y el Magreb, de forma que comerciantes aragoneses, mallorquines, catalanes y genoveses visitan o viven en la ciudad, cuyo puerto exportaba seda, azúcar, azafrán y frutos a los grandes mercados atlánticos, como el de Brujas, de donde se recibían paños. Distribuye pez para los barcos, más trigo, cuero, pieles, cera y grana del norte de África, así como algodón, especias, plomo y cobre de Oriente, mientras de Génova recibe tejidos finos y papel.

Es probable que no se haya valorado suficientemente la importancia de la Málaga andalusí y los precedentes comerciales, demostradores de que el cosmopolitismo actual no es sólo de ahora. Muchos son los testimonios de la época, como el del geógrafo al-Idrisí, del siglo XIII, que dice: "Málaga es una villa muy hermosa y muy bien fortificada. Está situada al pie de un monte que lleva el nombre de Faro y defendida por un castillo fuerte. Cerca de la villa hay dos arrabales con murallas, pero en los que se encuentran posadas y baños. El territorio que la rodea está plantado de huertos e higueras, cuyos frutos llevan el nombre de higos de Raya, porque Málaga es la capital de la provincia de Raya (") Sus mercados son florecientes, su comercio extenso y sus recursos numerosos".

A principios del XIV, Ismael Ayubi narra el reino de Málaga "hacia la parte meridional de al-Ándalus. Tiene muchos higos y almendras". A mediados de siglo Ibn Batutah escribe: "En cuanto a los higos y a las almendras los exportan de Málaga y demás distritos a las comarcas de oriente y occidente". Ibn Yozy dice: "Salud ¡Oh Málaga! ¡Qué higos produces! Por tu causa van los navíos de ellos cargados (") Fabrican en Málaga los bellos pucheros o porcelana dorada que exportan a las comarcas más alejadas. Su mezquita es vastísima, célebre por su santidad, provista de un patio sin igual en belleza conteniendo naranjos de una gran altura".

Y es que, en correspondencia con el auge económico, Málaga es una gran ciudad con las características de una urbe andalusí. Tenía un elevado y estratégico castillo (Gibralfaro, Gib al Faruc , o monte del Faro), debido principalmente a Yusuf I de Granada (mediados del XIV). Se comunicaba por un camino murado, aún existente (la Coracha, quizás también sistema hidráulico), con la extensa, defensiva y potente alcazaba, residencia de los gobernantes y principal fortificación militar de al-Ándalus, mandada construir en el XI por los ziríes y adornadas al gusto de la Alhambra por los nazaríes.

A sus pies y hasta el mar, se extiende una ciudad amurallada, aunque por la zona marítima no está muy claro el recorrido, dado que el agua llega más adentro que hoy. Sería aproximadamente por el actual paseo del Parque, plaza de la Marina, un trozo de la avenida Heredia, para ir hacia el río, pasando por una zona muy modificada en la Alameda, en torno a las Atarazanas, hoy mercado. Y, por plaza de Arriola, al puente de Santo Domingo, siguiendo el borde del Guadalmedina, Carretería, Álamos y Mundo Nuevo a la Alcazaba. Tiene torreones y varias puertas (algunas en relación con caminos o de acceso a arrabales), las Columnas (por reutilización de piezas romanas), Granada o Antequera.

La trama urbana es la propia de al-Ándalus: calles estrechas, retorcidas, callejones sin salida, plazuelas, etc., aunque también constan algunos ejes desde las puertas al centro, sobre todo a la plaza de las cuatro calles, hoy Constitución. Hay una mezquita mayor, donde ahora la catedral, alcaicería, zocos, tiendas, atarazanas (por lo menos desde el XI para reparación de barcos y almacén) y diversos talleres, destacando la fabricación de loza dorada, muy famosa en la época y generadora de gran comercio por todo el Mediterráneo. Sobre la vasija vidriada se aplica una mezcla de plata, cinabrio, azufre, hierro y cobre, disueltos en vinagre, produciendo una buena imitación del oro. Así pueden verse hoy en el Museo de la Alcazaba o en los grandes jarrones de La Alhambra. La actividad comercial en general era realmente sobresaliente, tanto que estaba regulada por un tratado, escrito por el malagueño al Sagasti.

En el exterior había un cementerio, una judería y varios arrabales al oeste del Guadalmedina, embrión de los barrios de El Perchel y La Trinidad, entre el mar y el camino de Antequera, y también una plaza extramuros (hoy la Merced) de mercado franco. En el Noroeste se había cercado un recinto, desde dicho camino al de Granada, para guardar el ganado y en los alrededores de la ciudad existían casas de campo, almunias y huertos. Malagueños ilustres de entonces son el poeta del siglo XI Ibn Gabirol y el médico Ibn al Baytar, del XIII.

Conquista y decadencia.  Tras el asedio de unos meses "desde los campamentos donde luego se alzan los conventos de la Trinidad y Victoria", los Reyes Católicos entran en Málaga en agosto de 1487 y, según algunos, sus habitantes son encerrados en los corralones de las Atarazanas, procediéndose a repartimientos entre soldados y otros pobladores. Sin embargo, varios miles de habitantes (unos 30.000 según Münzer) difícilmente cabrían en lo que hoy es un mercado y, además, hacían falta trabajadores, por lo que una parte de la población autóctona queda, aunque menos que en otros lugares donde los mudéjares eran muy numerosos, como la Axarquía o la Serranía de Ronda. En cualquier caso, en Andalucía perviven muchos, porque son excluidos de la expulsión, se libran de ella o vuelven camuflados. Así que años después del exilio de 1614, pretendidamente definitivo, se sabe de la existencia de población andalusí y el procurador granadino Francisco Maldonado se quejaba en las Cortes de 1626 "del gran número de moros y moras que se permiten en Andalucía".

La ciudad se modifica indudablemente, aunque todavía en 1494, según el viajero alemán Jerónimo Münzer, tiene "una mezquita con 113 columnas exentas", pero él mismo afirma (sólo siete años después de la conquista) que se ha levantado "una nueva iglesia catedral y tres monasterios" y describe a la ciudad con un "cerco que tira algo a la forma triangular y viene a ser de una extensión como Nordlingen y cuando estaba en poder de los moros tenía 7.000 casas. Hay en ella dos hermosos puertos casi semicirculares con tres fuertes torres, y en el de la parte de Occidente una gran construcción de siete arcos para fondeadero de navíos y galeras. Saliendo de la ciudad hacia oriente hay un grande y poderoso castillo de laberíntica disposición con puertas de hierro. Desde la que da a la parte del mar se disfruta de un admirable panorama (...) desde allí en los días serenos se alcanza a ver la tierra de Berbería".

En Málaga, como en todas las ciudades andaluzas, una parte considerable del espacio urbano, sobre todo extramuros, se cede a órdenes religiosas (con iglesias, patios, jardines, huertos, cementerios"); de manera que pasa a ser una urbe conventual y llena de iglesias, capillas y ermitas, que en muchos casos son puntos de referencia y crecimiento de algunos barrios, como El Perchel, Trinidad, Victoria o Capuchinos. La zona intramuros se divide en cuatro parroquias y se modifica parte del trazado callejero, como la apertura de la calle Nueva, que comunica la plaza Mayor con la puerta del Mar.

Suele destacarse la importancia de las cofradías de Semana Santa en Málaga desde finales del siglo XV y las repercusiones en distintos órdenes de la vida (religiosa, social, artística, económica"), dando lugar a numerosos talleres y oficios artesanales. En principio, las esculturas proceden de Sevilla y otros lugares y, a partir del XVII, considerada la edad de oro de la Semana Santa malagueña, existe una producción propia con figuras como Juan Méndez o Andrés Iriarte, el cordobés José Micael, el granadino Pedro de Mena, en el XVII, o el malagueño Fernando Ortiz en el XVIII.

Pero la economía se resiente tras la conquista; y, además de terremotos, epidemias y malas cosechas, una pésima administración marca una fuerte decadencia, casi desapareciendo el comercio de la época anterior, pues la Corona castellana mira más al Atlántico que al Mediterráneo. Es significativa a este respecto la descripción que hace Pascual Madoz de la historia portuaria; desde 1492 se pide un muelle, no comenzado hasta 1588, pero se paran las obras y los arrastres de los montes Gibralfaro y Alcazaba anegan los fondos. En 1642 se inicia la muralla o "Cortina del Muelle" para impedir el aterramiento y se vuelven a las obras en 1719. Además de este "Puerto Viejo", se inicia el Nuevo en la parte occidental en 1655, interrumpiéndose en 1723, cuando llevaban 143 varas, y se retoma en 1780 para alcanzar las 200 varas.

Del siglo XVII tenemos algunas noticias de viajeros, como  Francisco Bertaut, 1659, que repara en las riquezas  del obispado de Málaga, donde había "ocho dignidades y diecisiete canonjías". A. Jouvin, 1672, señala que tiene buen puerto con tráfico de aceite, vino y pasas, "que de allí se sacan todos los años, y que está fortificada por dos castillos, uno encima de la montaña y el otro a orillas del mar".

Madame D"Launoy visita la Catedral ("maravillosamente bien adornada y de ajustada grandeza; sólo los asientos del coro han costado 105.000 escudos") y describe (exageradamente) el terremoto de 1680: "fueron tan violentas las sacudidas que sembraron el espanto y la desolación por todas partes. La puerta del mar, las murallas y las fortificaciones que se alzaban frente a las avenidas, todo se vino abajo (...) Quince conventos quedaron reducidos a ruinas (...) mil trescientas casas fueron derruidas (...) los habitantes de Málaga, horrorizados se retiraron al campo creyendo que de continuar en la ciudad perecerían todos en nuevas sacudidas que daban por seguro habrían de reproducirse (...) Una montaña desapareció, la tierra se abrió por diferentes sitios y por las grietas salió el agua en tan grande cantidad, que aumentando el caudal de los ríos, los hizo desbordarse".

Aún hacia 1730 Esteban de Silhuette traza unas líneas muy negativas: "El comercio de Málaga consiste casi todo en vino y en frutas, que los ingleses, holandeses y hamburgueses van allí a buscar (...) No hay en esa ciudad más que la catedral y el puerto que merezcan ser vistos. La ciudad está muy mal fortificada: hay allí unos castillos sobre la montaña, pero que se caen en ruinas. Hay dos muelles que forman el puerto, el uno que se arrepienten de haber construido porque no impiden a las arenas entrar en el puerto y las impide salir; (...) trabajaban por agrandar el otro muelle, arrojando piedras a fondo perdido".

Juan F. Peyron. (1772-1773) tiene una visión más positiva, aunque de economía estancada: "Es una ciudad bonita, construida al pie de una alta montaña; su puerto es seguro; su escollera es soberbia, sostenida de un muelle ancho y magnífico. Su comercio apenas sí consiste ahora más que en sus vinos, conocidos y estimados en toda Europa, las frutas de su terruño y los aguardientes (...) La catedral es vasta, bien construida y de una forma elegante".

El vino es lo que más destaca el Barón de Bourgoing a finales del XVIII: "La falda de las montañas que dominan Málaga están perfectamente cultivadas y cubiertas de almendros olivos, naranjos, limonero, higueras y sobre todo viñas; esas viñas de cuyo fruto extraen el generoso vino que anima las mesas del mundo entero. En la provincia de Málaga hay más de seis mil lagares que producen un término medio de setenta mil arrobas de vino al año y se exporta más de la mitad (...) después del vino es la aceituna lo que más contribuye a la riqueza de Málaga. Hay en los alrededores de esta ciudad quinientas prensas de aceitunas".

Y también por esas fechas, José Townsend (1787) se detiene en las características urbanas y en la pobreza: "Las casas son allí altas; las calles estrechas, algunas no tienen más de ocho pies de anchas, y otras no tienen tanto; todas están mal pavimentadas, y de tal modo sucias que es proverbial. Esa ciudad está dividida en seis parroquias y contiene 41.592 h. (pero en el Censo de ese año se registran 51.098), en los que las mujeres forman la porción más numerosa, porque entre las personas que salen para trabajar, se encuentran seis mujeres por cada hombre (...) la multitud de mendigos que infestan todas las calles es muestra de la mala administración, y seguramente no hay ciudad donde más haya que quejarse de eso que de Málaga (...) Sesenta asesinatos habían ocurrido en los dieciséis meses anteriores y ni uno solo de los asesinos habían comparecido ante la justicia (...) En verano los habitantes de esas regiones se encierran en casa durante el día para preservarse, hasta donde es posible de los ardores del sol; pero en cuanto el calor abrumador deja el puesto al frescor de la noche salen".

Es decir, una ciudad abandonada y pobre en general con algunos monumentos destacables, economía decadente en un entorno agrario y un menguado comercio, lejos de la época andalusí, donde se exporta principalmente vino, y una obra de muelles, varias veces interrumpidas, que duraron dos siglos. No obstante, las mejoras en los caminos a Vélez y Antequera contribuyen a la expansión de la periferia y posibilitan la exportación agraria y, al ser sede de la Capitanía General de la costa del reino de Granada (Almería, Granada, Málaga), fuerzan del Estado algunas inversiones militares y, desde la pérdida de Gibraltar (1704) se convierte en una de las llaves del Estrecho. En este siglo se modifica el paisaje urbano, sobre todo por los dos caminos citados, la apertura de la Alameda y la terminación de la Catedral.

La revolución industrial y el auge de Málaga.  Todo eso va a cambiar en el siglo XIX con la llamada revolución industrial, comenzada en Inglaterra en el XVIII y basada principalmente en la industria textil y siderúrgica. Andalucía se suma a esas iniciativas y concretamente Málaga inicia una importante actividad fabril en los dos motores de desarrollo indicados. El historiador Lacomba  ha estudiado la "realidad frugal" de la industrialización malagueña, basándose en Madoz; seguiremos al primero y citaremos directamente la fuente con entrecomillado. A finales del XVIII se expande la vid, se desarrolla el comercio en el mejorado puerto y se perfila una burguesía mercantil, en parte extranjera. El primer tercio del XIX contempla avances y retrocesos y el segundo es de auge con una fuerte industrialización (la segunda del Estado, tras Barcelona) y tráfico comercial; mientras que la última parte del XIX es de crisis y fuerte decadencia, cuyas causas no están totalmente explicadas, en nuestra opinión.

Para Lacomba se produce una acumulación de capital por el control de la producción agraria provincial a través de préstamos hipotecarios, dando lugar a la oligarquía industrial y financiera, que se beneficia también de la desamortización de fincas rústicas y urbanas del clero. La vid era el principal producto exportador, pues "se distinguen los acreditados vinos" de Málaga y la Axarquía; pero también había caña de azúcar, naranjos, limones, cereales y olivos, más los higos, famosos desde al-Ándalus, y otras frutas.

Pero, sin duda, lo que llama la atención en la obra de Madoz (1845) en pleno auge malagueño, es la industria siderúrgica, uno de los grandes motores del desarrollo de la época, que tiene un reconocido protagonista: "En casi todas las mejoras importantes (") en la industria y el comercio de Málaga figura el nombre de Manuel Agustín Heredia  (muerto en 1846 ), que con sus capitales e inteligencia, introdujo en aquella ciudad varias fabricaciones (") y siendo el primero que con sus expediciones a los nuevos estados de la América el Sur, restableció las relaciones interrumpidas desde la declaración de su independencia".

Junto a este indudable y constante promotor, es menester señalar las bases de esa industria, además de la capitalizadora producción agraria. Son la minería de plomo, hierro y grafito; fuerza motriz, madera y la diversidad de industria textil (sobre todo en Antequera y Ronda) y de otro tipo (alimentaria, papel...), que generan una red de relaciones, comercio y empresarios. En cualquier caso, "lo que más puede envanecer a sus autores y hasta a los hijos de Málaga son sus ferrerías, y entre ellas la llamada de la Constancia". Se crea en 1826 para beneficiar el hierro de Sierra Blanca, cerca de Marbella, aprovechando la energía del río Verde y los bosque próximos, invirtiéndose en los métodos vizcaínos, cuyos hornos no calentaban lo suficiente para la "naturaleza refractaria" del mineral. Se ensayan otros métodos, como el alemán, importan maquinaria y traen técnicos belgas y franceses, dando lugar a un elevado coste antes de conseguir resultados; algo, que "desanimó" a los empresarios. Es Heredia quién se hace cargo de la mayor parte de las acciones, "fijando una marcha nueva para la empresa, cual era la de abandonar como inútil lo hecho, y lanzarse a probar los métodos tan costosos como complicados de la afinación a la inglesa, por medio del carbón de piedra".

Así se constituye la ferrería la Constancia de Málaga en 1833, encontrándose en 1846 en "un grado tan alto de perfección, que acaso sería difícil citar en el extranjero, otros establecimientos que reúnan la magnitud y variedad de sus operaciones bajo un sistema tan completo". Y describe Madoz las maquinarias: tres grandes hornos de 50 pies de alto para fundición de hierro; 24 reverberos para acero, barras, flejes; obtención de hierro colado "desde las piezas de 200 qq hasta los objetos más delicados"; tornos, talleres, preparación de estañado y hojalata; y aparatos para la construcción de maquinaria y calderería de vapor. De estos trabajos y de otros dependen en esta fábrica y en la de Marbella unos 2.500 operarios, más los empleos indirectos de transporte, leña, carbón, etc.

"Colindantes con la ferrería" se encuentran otros dos importantes establecimientos fabriles: uno de productos químicos y otro de hilados y tejidos (Industria Malagueña) creados por el citado Sr. Heredia y por los hermanos  Martín y Pablo Larios, respectivamente. La industria textil malagueña es importante y en la exposición organizada por la Sociedad Económica de Amigos del País, realizada en el Liceo en 1848, se presentan "muestras de todas clases de tejidos de hilo y algodón" de dicha fábrica; pero también las de Guaro y Paredes dedicadas más a lienzos resistentes, y la empresa Souvirón, de sedas de todos colores. Hay otras producciones propias de una ciudad de su magnitud (harina, aceite, jabón") y, sobre todo, un intenso comercio.

Efectivamente, Málaga es el centro comercial de toda la provincia, aunque los caminos no están todavía en buenas condiciones ("generales carreteros, el de Granada y el de Antequera, cuyo estado no es ciertamente satisfactorio (") El de Granada cada vez se hace más peligroso su paso". Además, por el puerto salen al territorio estatal y extranjero las producciones del municipio, y del resto de la provincia, principalmente "de trigo, cebada y semillas de todas clases, plantíos de olivos y frutas, pero lo que más y mejor dan son sus justamente famosas pasas, batatas y vino, el limón, su rica almendra y exquisitos higos secos y sus finas y sabrosas uvas". También es importante la exportación de hierro refinado de Málaga y Marbella, equivalente a 200.000 quintales anuales con destino a Europa (Inglaterra, Italia, Rusia"), EE.UU, las Antillas y otros países americanos. En los cuadros estadísticos de Madoz destacan las cantidades exportadas de dinero (más de dos millones de reales), aceite, vino, uvas, pasas, higos, pero también plomo, alhajas de plata y tejidos diversos (sobre todo a América), así como algunos artículos curiosos (cuerdas de guitarra, cáscaras de naranja, 13.000 arrobas, o sanguijuelas). Destaca Lacomba una balanza comercial favorable de la Aduana malagueña, próxima a los dos millones de reales (el 2% de las exportaciones)

Describe Madoz los muelles Viejo y Nuevo y las Cortinas o muros, calculando unas 300.000 varas cuadradas de dársena; alude a las obras de escollera del primero, desde 1833, y el proyecto de ampliación, que recoge en un dibujo, según el ingeniero Rafael Yagüe, y una vista panorámica de cómo quedaría el puerto y su entorno.

La ciudad de mediados del siglo XIX tiene 68.577 h., que se retratan "de carácter generalmente dulce y agradable; genio vivo y franco, y sus costumbres son sencillas, notándose en algunas algo de nuestros trasfretanos invasores" y se elogia la belleza de las mujeres, de las que "las puramente malagueñas tienen muy buen color (") y las de mezcla extranjera son más blancas". Viven en 6.880 casas, de las cuales el 63% se sitúa en el casco de la población y barrios de la Victoria y Goleta; el 32 en los de Trinidad y Perchel; y el resto en la fortaleza de la Alcazaba, arrabal de la Malagueta y El Palo. "A principios de siglo había notable diferencia entre la parte que se hallaba dentro de las antiguas murallas (") Hoy Málaga se manifiesta como una población moderna, y una de las más bellas". Sus calles son la mayor parte de ellas tortuosas y angostas, revelando la dominación árabe, sufren continuos ensanches, con un empedrado bastante malo y muy descuidado (") casi intransitables, particularmente en los barrios". Las plazas principales "son la Mayor o de la Constitución, La Merded, hoy de Riego, y Puerta del Mar", y otras "son plazuelas de pequeña dimensión" (Arriola, Alhóndiga, Conventico,")

La ciudad está dividida administrativamente en cuatro distritos, a cargo cada uno de un teniente alcalde (Capital, Mártires y Victoria, San Felipe, San Pedro y San Pablo), y 26 cuarteles. Menciona Madoz la catedral, nueve parroquias, el cementerio, el Palacio Espiscopal, Casas Capitulares, Aduana Nueva, Consulado, Alhóndiga, Antigua Carnecería, Matadero, Cárcel, Presidio, Teatro, Liceo artístico y literario, plaza de toros, fuentes públicas, acueducto de San Telmo, el Puerto, Atarazanas, Alcazaba, Castillo de Gibralfaro, Monumentos de Torrijos (general liberal fusilado en 1831), Sociedades (Amigos del País, de Seguros Mutuos), Paseos, Alamedas, fuentes y baños"

Se describen los establecimientos de enseñanza pública desde 1833 y 1835, y cómo "pocos o ninguno subsisten": el colegio de Isabel II, el de Humanidades, Academia del Conservatorio y por último la Cátedra de Geometría a cargo del Consulado. "Las escuelas de instrucción primaria son dos, una situada en el barrio del Perchel y otra en el de Capuchinos", contando con 672 alumnos. Hay otra escuela gratuita peculiar de la Casa-Socorro de huérfanos (70 niños). "La enseñanza privada está regularmente establecida en esta ciudad, y se alude a como "hay defectos que corregir". Entre los principales establecimientos destacan el Seminario Conciliar, Colegio de San Telmo (jesuitas), Instituto Provincial de Segunda Enseñanza, con 425 alumnos y cátedras de inglés, francés, comercio y náutica.

Por otra parte, "en Málaga eran varios los establecimientos de Beneficencia Pública": hospitales de caridad, San Julián, de la Tiña, Militar, Inválidas, Expósitos, Casa de Socorro, Hospicio y Colegio correccional. A ello se unen las Juntas de Beneficencia correspondientes a las nueve parroquias de la ciudad: Sagrario, Santos Mártires, Santiago el Mayor, San Juan, San Pablo, San Pedro, la Merced o San Lázaro, San Felipe o Santa Cruz, y San Carlos o Santo Domingo.

La industria origina una zona fabril al Oeste rodeada de modestas casas de obreros y, por su parte, la burguesía malagueña, sobre todo los Heredia y Larios, dan lugar a una serie de casas y palacetes. Primero en torno a la Alameda y después en la parte oriental: Caleta, Limones y Pedregalejo. La desamortización eclesiástica y el derribo de las murallas transforman la ciudad, que se hace menos conventual y se abren amplias calles y avenidas, cuyos nombres recuerdan a esas dos familias impulsoras del desarrollo; y el relleno del puerto se convierte en Parque. La riqueza de Málaga y la prosperidad urbana explican un resurgir artístico, tanto en la escultura religiosa (Gutiérrez, Vilches, Cubero, Medina, considerados epígonos de Pedro de Mena), como en los simpáticos "barros malagueños", representando figuras populares. Y, sobre todo, en la pintura en torno a la Real Academia y la Escuela de Bellas Artes, con nombres como Nogales Sevilla, Denis Belgrano, Ocón, Moreno Carbonero y otros. De esa institución es luego profesor y pintor el padre de Picasso, que seguramente puede vivir de niño ese ambiente artístico enraizado en la ciudad y su primera pintura (con 8 años en 1889) es precisamente el puerto de Málaga; pero ya había comenzado una fuerte crisis.

La decadencia de Málaga hasta la expansión turística. Efectivamente, el último tercio del siglo XIX presencia una fuerte crisis económica en la que se acumulan una serie de circunstancias, analizadas por Lacomba (desindustrialización, descapitalización, caída del comercio, filoxera"); a lo que debería unirse el desinterés de la actuación estatal, que mira al Norte, y la falta de inversiones. Así, la industria férrica andaluza (Málaga y Sevilla, fundamentalmente) mantiene el primer puesto hasta 1864, en que pasa a Asturias, sustituida desde 1879 por Vizcaya, que decae momentáneamente durante la tercera guerra carlista (1872-1876). En 1888 cierra La Concepción, cuatro años después El Pedroso de Sevilla y en 1891 La Constancia. A las causas técnicas argüidas por el economista catalán Jordi Nadal, añade Lacomba otras, como políticas aduaneras y de mercado, y cabe aun sumar que no será casualidad la caída también de la industria textil en beneficio de Cataluña. Los años 1883-85 se consideran de cambio de signo, en 1905 cierra La Aurora y la Industria Malagueña SA sobrevive muy menguada. En la desaparición de las dos industrias motoras del desarrollo andaluz (con por lo menos localización doble, Málaga y Sevilla) cuentan problemas de materias primas y tecnología, pero también una política estatal (inversiones, normativa, etc.) volcada en Cataluña y País Vasco; si bien la crisis agraria también contribuye.

Cuando entra en 1878 la plaga de filoxera hay en la provincia de Málaga 112.000 ha de vides (90.000 entre cepa Moscatel y Pedro Ximénez), de las que en 1884 sólo la cuarta parte están sin contaminar y otro tanto perdido por completo. En 1893 la cosecha de uva es un 60% menos que antes de la enfermedad, pero hay noticias de que el Gobierno dejó abandonadas a miles de familias desesperadas. Se salvan algunas vides y se repueblan otras con Riparia, pero quedan tierras yermas, hay una cierta concentración de propiedad y aparecen nuevos cultivos, como algodón y remolacha. La reforma arancelaria rebaja los derechos del azúcar caribeño (mientras se blindan las producciones vascas y catalanas), cayendo el cultivo de caña andaluz (Málaga y Granada) y los ingenios de la costa. La inacción del Estado, la falta de créditos y la disminución del poder adquisitivo trae graves problemas sociales en el campo y las dificultades financieras no están ausentes. En 1844 Heredia lidera la creación de un banco, cuyo permiso no se obtiene del Estado hasta 1856, apareciendo el Banco de Málaga (fundado por Heredia, Larios, Loring, Vílches, Ruiz del Portal y otros industriales y comerciantes de la ciudad con un capital de 2,5 millones de pesetas), que da origen en 1863 a la Caja de Ahorros y se mantiene hasta 1874.

Uno de los proyectos financieros de este grupo es la mejora de las infraestructuras, pues son malas en general (hemos visto las críticas de Madoz), con un ferrocarril tardío y falta de inversiones en carreteras de tráfico lento y peligroso, que inciden muy negativamente en los transportes y los precios de cara a la competencia. Las acciones se centran concretamente en el ferrocarril Málaga-Córdoba (el que actualmente precisamente se convierte en alta velocidad) para conectar el hinterland mineral del valle del Guadiato con el puerto malagueño, interviniendo desde 1852 Larios y Loring; pero no se acaba hasta 1865 y en 1879, en plena crisis, se integran en la Compañía de Ferrocarriles Andaluces. El puerto pierde gran parte del tráfico, por la caída de la industria, de la producción agraria, de vid sobre todo, la competencia del vino francés y la pasa californiana.

Así, como dice Lacomba, "en bien pocos años se ha pasado de la brillante, riente y próspera Málaga que nos describe Madoz, a la sombría, arisca y deprimida que nos presenta las estadísticas y las crónicas de fines del ochocientos". En consonancia con esa historia, la evolución demográfica se puede resumir así, según nuestros cálculos sobre las cifras censales: el crecimiento medio anual 1842-1860, en pleno auge económico, se sitúa en torno al 18 por mil, el más alto de la demografía malagueña, cuando el incremento natural (nacimientos menos defunciones) era entonces aproximadamente la mitad. Por el contrario, entre 1860 (94,732 h.) y 1877 (116,143 h.) ambos índices (real y natural) se acercan alrededor del 10 por mil; y a principios del XX (135.292 en 1910) el aumento intercensal medio anual disminuyó.

En cualquier caso, Málaga duplica la población entre 1860 y 1930 (180,105), llegando a 274.847 en 1950 (200.000 más en un siglo), por lo que la ciudad crece enormemente. Al principio se pretende controlar la expansión con las ordenanzas municipales de 1884, 1903 y 1924, con ciertas preocupaciones estéticas ( Gran Enciclopedia de Andalucía , 1979). Entre 1920 y 1930 se diseñan y aprueban el Plan general de grandes reformas y mejoras de Málaga, de Benjumea y otros, y el Proyecto de ensanche de Daniel Rubio, construyéndose el barrio Ciudad Jardín, planteamiento frecuente por entonces. Se sigue diciendo en la referida Enciclopedia que el Plan General de 1950 es "totalmente ignorado por administrados y administradores  y se va a practicar, en cambio, una ancha política de `dejar hacer´ en beneficio de los grandes capitales inmobiliarios". Todo lo cual se agrava con el boom  turístico desde mediados del XX, tanto en Málaga como en la Costa del Sol.

La población pasa la barrera de los 500.000 h. en 1981 con un crecimiento medio anual en 30 años superior al 16 por mil, por encima del natural, a pesar de la fuerte emigración andaluza y malagueña, que no afecta a la ciudad. La expansión urbana es, como veremos en el apartado Plano urbano, espectacular con grandes cambios en el centro y los barrios burgueses orientales (Caleta y Limonar), cuyos palacetes son convertidos en solares para edificaciones y La Malagueta "se transforma en un apiñado bosque de cemento, conformando una verdadera muralla que ha roto para muchos años la perspectiva siempre abierta hacia y desde el mar". Y realmente existe esa barrera, que se prolonga hacia el oeste,privando a Málaga de algo tan estético y conveniente como sería el disfrute paisajístico marino de forma más abierta y amplia. También por ese lado occidental aparece una nueva zona residencial, comercial y administrativa en la prolongación de la Alameda sobre una parte del antiguo arrabal musulmán; luego, barrio obrero de El Perchel.

Plano urbano. La estructura actual del plano de Málaga presenta una forma de abanico, cuyo país se desarrolla de forma radial a partir del núcleo original situado entre el mar Mediterráneo al sur y las estribaciones montañosas Béticas (Alcazaba y Gibralfaro) al noreste, lo cual ha determinado que la urbe se expanda principalmente por el suroeste salvando los ríos Guadalmedina y, más tarde,  Gualdalhorce. De la misma manera, como en el resto de las ciudades de la Costa del Sol, la dificultad orográfica ha dibujado una red de infraestructuras viarias de tipo radial y anillar formada principalmente por dos vías: la N-340, al sur (que se ha transformado completamente en parte de la autovía del Mediterráneo A-7, E-15) y la antigua carretera N-331 (hoy autovía de Málaga A-45, Córdoba-Málaga) que ejerce de eje exterior en sentido norte-sur. Estas conexiones viarias, junto con el aeropuerto internacional, el puerto comercial (con importantes vínculos con el norte de África) y la estación de tren (futura parada del AVE Madrid-Málaga), convierten a esta ciudad en el vértice central del eje mediterráneo Andalucía-Levante.

La presencia andalusí se reconoce en el trazado de calles estrechas e irregulares del centro histórico que crece en torno a la Alcazaba, la Catedral y frente al puerto. Este espacio original viene delimitado por la zona portuaria, la muralla Nazarí, el cauce del río Guadalmedina, la Alameda Principal, el Pasillo de Santa Isabel y las calles Carretería, Álamos y Alcazabilla; mientras que entre sus elementos y ejes estructurantes se identifican las plazas de la Marina, Merced y María Guerrero y las calles Marqués de Larios, Cisneros, Molina Larios y Méndez Núñez. En este núcleo histórico se encuentra el principal conjunto histórico y monumental de la ciudad, se comenta en el apartado correspondiente: Teatro Romano, Alcazaba, Castillo Gibralfaro, Puerto, Catedral o el Teatro Cervantes, sede del Festival de Málaga de Cine. Entre los barrios colindantes sobresalen El Perchel, La Trinidad, Capuchinos y La Victoria, El Carranque, El Carmen, Los Tilos o La Aurora. Una pieza importante del centro histórico es el Puerto de Málaga, que, tras diversos procesos de adaptación, regeneración y remodelación urbanística, se ha incorporado en el occidente de la ciudad como fachada marítima, convirtiéndose en un espacio fundamental para el ocio en el que se prevé ubicar el futuro Auditorio de la Ciudad.

Junto a este espacio central se distinguen otras partes en las que conviven usos residenciales, actividades económicas, comerciales y de ocio. Entre ellos destaca la fachada litoral de poniente al suroeste, un área residencial planificada en el PGOU de 1971 dispuesta en bloques transversales a la costa, que se desarrolla hacia el interior a partir del Paseo Marítimo de Poniente, la Avenida de Molière y la calle Pacífico hasta el límite de la antigua carretera de Cádiz. En esta zona se ubican grandes infraestructuras viarias y equipamientos como la estación del ferrocarril, la Ciudad de la Justicia, el Palacio de Ferias y Congresos y las principales instalaciones deportivas.

Por su parte, al oeste de la ciudad se encuentra un espacio extensivo con una alta concentración industrial, organizada entre el ensanche de Teatinos, el Campus Universitario, el Aeropuerto y el valle del Guadalhorce. Este último impide la conectividad longitudinal y el acceso interior a todo el ámbito, carencia que el Plan General de 1997 intentó paliar disponiendo corredores viarios en sentido este-oeste con las avenidas de Velázquez y Ortega y Gasset, la Ronda Oeste o la autovía del Guadalhorce; y en dirección norte-sur con la nueva avenida de la carretera de Cártama o la prolongación de la carretera de la Colonia de Santa Inés y Los Asperones.

Al noroeste de la ciudad se distingue el entorno del Parque Tecnológico de Andalucía (PTA), un área de contacto entre las vegas del Guadalhorce y Campanillas, donde encontramos el núcleo residencial del mismo nombre, conectado por el eje radial Mercamálaga-Trevenez-Santa Rosalía que enlaza con la Hiperronda, lo cual permite el desarrollo de nuevos sectores residenciales como los de Maqueda Norte, Santa Rosalía Sur, Campanillas Norte o Colmenarejo.

Al este de la ciudad los crecimientos han quedado circunscritos por el nuevo trazado de la autovía del Mediterráneo al Norte, y por el litoral al Sur (en concreto, las playas de Pedregalejo, El Palo, del Dedo y el puerto deportivo), dibujando un plano urbano forzado por una orografía pronunciada, en el que se pueden identificar alguno de los barrios más antiguos de la ciudad, como El Limonar, El Palo, El Candado, La Caleta, La Malagueta y Pedregalejo, que se extienden a lo largo del Paseo Marítimo y diversas avenidas como la Ruiz Picasso, Sorolla, Salvador Allende, etc. Por último, al norte de la ciudad, y en el escaso terreno llano existente al sur de las estribaciones montañosas, se encuentran las barriadas del Puerto de la Torre (que crece en torno a la calle Lope de Rueda), la Palma, la Rosaleda, Miraflores o Ciudad Jardín.

Este crecimiento, estructura y dinámica de Málaga son, en definitiva, herencia de la evolución de su planeamiento urbano. De hecho, en gran medida las normas recientes, las de la época democrática, tienen en común la necesidad de realizar a la vez un urbanismo de rehabilitación y de ordenación para frenar los efectos del crecimiento acelerado, ilimitado e irracional heredado de uno de los periodos de mayor desarrollo de Málaga: el acaecido hasta los años setenta, caracterizado por la inexistencia de planes urbanísticos (si exceptuamos, como dijimos, el PGOU de 1950 y las Normas Complementarias y Subsidiarias de 1966 promulgadas por el Ministerio de la Vivienda).

Es el caso del primero de ellos, el PGOU de 1983 (elaborado por Quero, Moreno Peralta y Seguí Pérez), que pone el énfasis en paliar los problemas del deterioro del casco histórico, intentando la recomposición morfológica del interior o la ordenación y mejora de su trazado viario; así como la de la ciudad en general, mediante la creación de rondas exteriores al oeste y al norte. En relación con el centro histórico, se acomete en 1990 el Plan Especial para la Protección y Reforma del centro y, por su parte, en los PGOUs de 1993 (elaborado por José Luís Gómez Ordóñez) y de 1995 (de Damián Quero Castanys) se ponen las bases para la ciudad moderna y actual, abriendo hacia el oeste, saltando el río Guadalhorce y desarrollando importantes infraestructuras viarias y equipamientos; la reordenación del ferrocarril, soterrando las vías del mismo y creando una nueva estación; o la ampliación de la zona del puerto para convertirlo en un espacio para el ocio. La entrada en vigor de diferentes legislaciones urbanísticas y territoriales en los últimos años (en especial la Ley 7/2002 de Ordenación Urbanística de Andalucía) hace necesario tener que adaptar los PGOUs existentes a dichas ordenanzas, por lo que actualmente se ha redactado un nuevo Plan General de Ordenación Urbana de Málaga.

Monumentos y turismo.  Lo más antiguo es el Teatro romano del siglo I (y, al parecer, ya sin uso en el III), descubierto en 1951 al pie de la Alcazaba, que se está restaurando o, más bien, recubriendo las gradas. De la época andalusí queda bastante, destacando la alcazaba, fortaleza  iniciada  en el Califato de Córdoba, terminada en el XI por el rey Badis de los Zirí granadinos y embellecida después por los nazaríes. Conserva dos lienzos de murallas de los tres que tenía, varias torres defensivas (de la Vela, Homenaje), puertas, generalmente en recodos (Columnas, Cristo, Granada), jardines y, en la parte alta, están los palacios, al estilo de La Alhambra, y el Museo Arqueológico (con piezas prehistóricas, romanas y musulmanas, sobre todo de loza dorada). Junto a la Torre del Homenaje había un barrio de viviendas con conducciones de agua, lo que viene a testificar una vez más la alta civilización andalusí. La alcazaba domina la ciudad y el puerto, marca el paisaje urbano y es muy visible desde ciertos lugares (por ejemplo, en un espacio abierto como el paseo del Parque o la plaza de Torrijos, aunque los muros zigzagueantes de las escaleras parecen demasiado "nuevos"). Quizás no se le da la importancia debida, probablemente oscurecida por el más conocido triángulo Mezquita de Córdoba, Giralda, Alhambra. Junto a la Alcazaba "y unido a ella por un camino amurallado, la Coracha, hoy interrumpido", y algo más alto, está el castillo de Gibralfaro (o monte del Faro), con precedentes quizás prerromanos, pero transformado en fortaleza por Abderramán III y modificado por el rey granadino ­Yusuf I.

El recinto amurallado queda marcado hoy por ciertas calles (Cortina del Muelle, Marina, Atarazanas, Arriola, Carretería, Álamos y Alcazaba), pero apenas queda algún tramo visto, hallándose parcialmente entre viviendas y en la toponimia callejera. De las Puertas quedan nombres a veces ligados a caminos (Antequera, Granada, San Buenaventura, antes Bab Jauja) y también de los postigos y arcos. El interior mantiene una parte del callejero andalusí (calles estrechas, retorcidas, adarves, plazuelas"), con algunas zonas deterioradas (calle Mártires, por ejemplo) y otras rehabilitadas y modificadas. Por ejemplo, el Pasaje de Chinitas,  donde en algunas de sus tascas podría haberse inspirado García Lorca ("En el café de Chinitas dijo Paquiro a su hermano: soy más valiente que tú, más torero y más gitano").

Las atarazanas, almacenes y talleres de barcos, conservan la puerta de mármol con amplio arco de herradura e inscripciones en árabe. Hoy es un edificio neomudéjar que sirve de mercado. Sobre la mezquita mayor se edifica la Catedral y en la anexa iglesia del Sagrario quedan algunos restos de ese legado andalusí monumental, que se continúa en el mudéjar, manteniendo decoración, azulejos, artesonados, etc. Tal ocurre con la iglesia de la Victoria y el convento de la Trinidad, extramuros, o la torre de Santiago, iglesia construida sobre una mezquita; si bien son edificios que presentan también otros estilos (Renacimiento, Barroco), siendo particularmente rico en patrimonio el santuario de la Victoria, especialmente el camarín de la Virgen, excelente muestra del barroco andaluz.

De los siglo XV y XVI son las iglesias de los Mártires, San Lázaro, San Juan y Santo Domingo (parroquia del Perchel desde 1841), aunque reformadas. La del Sagrario cuenta con un buen gótico isabelino de  finales del XV. De entre las construcciones civiles destaca el palacio de los condes de Buenavista sobre uno árabe, que mezcla mudéjar y plateresco, convertido después en Museo de Bellas Artes y hoy sede del Museo Picasso. El Palacio Episcopal es otra obra civil importante del Barroco, con rica portada de mármol, en el que interviene  José Martín de Aldehuela, así como en otros edificios malagueños del XVIII, además de la catedral: acueducto Molina Larios, casa del Consulado (aloja a la Sociedad Económica de Amigos del País), con portada de mármol negro y balcones corridos de cara a las corridas de toros; colegio de San Telmo y la casa del Retiro (cerca de la barriada de  Churriana), que cuenta con jardines y huertos.

La aduana, macizo edificio neoclásico del XVIII-XIX, el ayuntamiento, neobarroco de principios del XX, así como el edificio neomudéjar del rectorado, son otros monumentos para visitar, aunque sin duda es la Catedral lo más notable. Se levanta entre los siglos XVI y XVIII sobre la antigua mezquita mayor, recogiendo diversidad de estilos, por obra de varios arquitectos (Siloé, Vandelvira, Hernán Ruiz III, Badas). Presenta planta gótica, alzados y cubiertas renacentistas, fachada principal barroca, así como las torres, una de ella inacabada, por lo que popularmente se conoce como la "manquita". Encierra un rico patrimonio (coro, sillería, capillas, órganos") y sobresale en el paisaje urbano, aunque, como suele ocurrir en los cascos históricos andaluces, con falta de perspectiva.  

En tal paisaje, hoy ocupa un importante lugar el eje Paseo del Parque (concebido como jardín Botánico)-Alameda, que ofrece una buena umbría de ficus y plátanos, así como viviendas  burguesas del XIX y algunos edificios administrativos, que se prolonga al oeste por las avenidas de Andalucía y Blas Infante. Y, sobre todo,  la emblemática calle Larios (que conecta con la plaza de la Constitución), peatonal, espaciosa, con bancos y flores, llena de comercios especializados, cafeterías y entidades financieras. En su entorno hay otras calles (peatonales o no) más estrechas con tascas y restaurantes, si bien existen en la ciudad otras vías cerradas al tráfico, pero con comercios más tradicionales y pequeños, como las calles Compañía o Santos.

El primero y principal atractivo turístico de Málaga es su clima y sus playas, pues encabeza un amplio litoral, pero también la parte oriental de la misma ciudad cada vez tiene más atractivo y se convierte en otro centro urbano, principalmente La Malagueta y El Palo con su hostelería y terrazas. Pero la monumentalidad histórica de Málaga, brevemente expuesta, se suma a una diversificación de la oferta, además de su propio valor y de disfrute para los ciudadanos. En ese doble sentido, hay que mencionar el equipamiento y actividad cultural con museos ya señalados y otros, pues en las guías turísticas se enumeran hasta 20. En primer lugar el muy reciente de Picasso, con más de 200 obras del insigne malagueño (pintura, dibujos, grabados, esculturas, cerámicas), la Casa natalicia en la Merced y los museos de Artes Populares (Mesón Victoria),  Contemporáneo, Sacro (Abadía de Santa Ana) y de Bellas Artes, particularmente rico en pintura (Morales, Cano, Murillo, Zurbarán, Rivera), sobre todo de la escuela malagueña del XIX (Moreno, Degrain")

Como otras ciudades andaluzas, Málaga es cuna de cantes flamencos, aunque, como  ocurre con el legado andalusí en general, no está suficientemente valorado, a pesar del título de cantaora otorgado por Machado de entre las ocho capitales. De su provincia era Junquito de Comares, del XVIII, y los cafés cantantes proliferan con el auge económico del XIX, además de la interpretación más purista en ventas y ventorrillos. Malagueñas, verdiales ( con uso de varios instrumentos y colorista indumentaria ), bandolás (similar al anterior, pero más para cantar que bailar) y jaberas (entre fandango y seguiriya) son productos de la ciudad y su entorno.

En cuanto a celebraciones, la Semana Santa es muy antigua, y, al igual que en otras ciudades andaluzas, de fuerte arraigo. Si bien en Málaga destacan los grandes tronos "de hasta seis toneladas, portados a la vista del público", de enorme suntuosidad y lujo con carrera oficial por la Alameda, también existen salidas procesionales más austeras, sobre todo desde los años setenta. Son muy populares el Cristo de los Gitanos, Jesús el Rico, que desde el siglo XVIII libera cada año a un prisionero, la Amargura ("Zamarrilla") y la Esperanza del Perchel. Además, están los recuperados Carnavales, las fiestas de San Juan y del Carmen y, sobre todo, la feria de agosto (con escenario diurno en torno a la calle Larios y nocturno en el Real), al estilo andaluz, como la Romería al Santuario de la Victoria con caballos y enganches. Aunque la gastronomía cada vez es más internacional, el tapeo y las frituras de pescado iguala a otras ciudades andaluzas. No obstante, Málaga aporta algunas cosas, como el ajoblanco, especie de gazpacho con uvas, el vino Moscatel, frutas tropicales y buena confitería.

Economía, población y área de influencia. Málaga, capital de la Costa del Sol, es la segunda ciudad más grande de Andalucía, con 558.287 h. en el 2005. La ubicación del municipio sobre dos valles fluviales (Guadalhorce y Guadalmedina), bañado por el Mar Mediterráneo, su orografía y régimen climático es fundamental para el desarrollo de la actividad turística, motor de la economía malagueña y del desarrollo y evolución de la ciudad.

El crecimiento registrado en las últimas décadas por la economía de Málaga permite tener a sus ciudadanos una de las rentas medias más altas de Andalucía (15.094,33 euros), pero no reduce las tasas de paro que aún siguen siendo altas (21%), aunque inferiores a la media autonómica. La base económica de Málaga se sostiene en el desarrollo del terciario (78% de población ocupada), apoyado en la condición de capital provincial y en la actividad turística. Entre ellas destaca el comercio (19,5% de la población ocupada), que va desde la actividad de sus pequeños pero diversificados establecimientos, a las grandes superficies comerciales y a las que realiza su puerto, que además es de pasajeros y pesquero.

Es una ciudad que ofrece servicios privados, sanitarios y educativos de primer nivel, contando con una pujante Universidad y 12 colegios internacionales en seis idiomas diferentes. Por otra, es sede de la primera entidad financiera de Andalucía, Unicaja, creada en 1991 por la fusión de las Cajas de Ronda, Cádiz, Almería, Antequera y Provincial de Málaga. En el año 2005 cuenta con 854 sucursales repartidas por las provincias andaluzas, así como por Albacete, Ciudad Real, Madrid, Toledo, Valencia, Murcia, Ceuta y Melilla.

Al igual que en el resto de la costa malagueña, el sector de la construcción tiene un significativo peso (11,8% de población ocupada), con importantes empresas como Sando. Pero la capitalidad económica que ostenta Málaga en Andalucía está asociada también a la actividad industrial (8,5% de la población  ocupada), siendo el segundo centro manufacturero tras Sevilla. Con una estructura bastante diversificada, que va desde las actividades de carácter más tradicional como el textil y la confección (Mayoral), pasando por el sector agroalimentario con multinacionales como la cervecera San Miguel, hasta las más punteras como la fabricación de placas solares (Isofotón).

Málaga, y la Comunidad Autónoma, apuesta por las nuevas tecnologías impulsando el Parque Tecnológico de Andalucía (PTA), un conjunto empresarial de alta innovación, situado en Campanillas, a las afueras de la ciudad, y que le otorga la distinción de capital tecnológica de Andalucía. El Parque ofrece a las empresas instaladas y a sus trabajadores una serie de servicios de telecomunicación, alquiler de salas, bolsa de trabajo y los servicios más avanzados y de calidad que puede haber, a través de internet (centros virtuales de teletrabajo, de documentación y difusión), centros de teleformación y tecnológicos, además de otro de formación Forman, donde se imparten cursos relacionados con las nuevas tecnologías. También pertenece a múltiples asociaciones y redes empresariales, que facilitan la cooperación y relaciones entre las empresas del Parque y el exterior. Está dotado de infraestructuras de alta calidad, dónde hay lugar para la Universidad (Oficina de Transferencia de Resultados de la Investigación, OTRI) y el Centro de Tecnología de la Imagen (CTI); grandes multinacionales (Raytheon, Alcatel, Air Liquide, C. Telecom") y pequeñas y medianas empresas dedicadas a la producción y a los servicios avanzados. Entre éstas últimas destacan Predan SA, Cetecom, las pequeñas empresas ubicadas en el Bic-Euronova (Activanet, DISA, Apliforesta, etc.) y las del Centro de Industrias Auxiliares (CTIA), como Retelsur, Proconet, Procedimientos Uno...

Con ser la segunda capital andaluza, incluso la primera en algunas variables económicas, tiene un área de influencia menor que Sevilla. A diferencia de ésta, la parte terrestre (trazando un círculo con centro en la ciudad y radio según la atracción) está limitada por otros ámbitos funcionales potentes. Son los de Marbella, Ronda, Antequera y Vélez Málaga, incluso Coín, que es el único que "cede" espacio en la comarca de Guadalhorce. Por aquí y algo hacia la Axarquía los límites no son muy claros, por lo que la demarcación oficial de esta aglomeración (COOP, 1999) comprende diez municipios: Málaga, Rincón de la Victoria, Torremolinos, Benalmádena, Alhaurín de la Torre, Alhaurín el Grande, Cartaza, Almogía, Casabermeja y Totalán.

Mientras que a más larga distancia ejerce una gran influencia en Andalucía, sobre todo en la parte oriental, cimentada en una buena infraestructura y equipamientos para aeronaves, pues el Aeropuerto Internacional Pablo Picasso, a tan sólo 10 km. de la ciudad, ocupa el cuarto lugar en cuanto a volumen de tráfico entre los estatales y el puesto 22 en la Unión Europea. En el año 2005 alcanza los 12.669.187 pasajeros (9.365.148 en vuelos internacionales), enlazando semanalmente con 17 ciudades españolas, más de 60 capitales europeas y algunos destinos en África. Las obras de ampliación que se están llevando a cabo duplicarán su capacidad operativa en el año 2010, gracias a una nueva terminal de pasajeros, segunda pista de aterrizaje y una estación subterránea de ferrocarril para trenes de cercanías y, posteriormente, línea de metro y AVE. El proyecto ferroviario de Alta Velocidad (enlace con Córdoba) y la ampliación del puerto consolidarán su papel como segunda capital de Andalucía.

La ciudad de Málaga, la sexta en población del Estado, va creciendo paulatinamente, como se ha expuesto, a lo largo del siglo XX, experimenta un fuerte impulso entre los años 1970 y 1995 (67%). La década de los noventa viene marcada por la segregación del municipio de Torremolinos y la salida de población hacia los municipios más cercanos de su área metropolitana, aunque en los cinco primeros años del siglo XXI ha crecido un 4,8%. La atracción de población generada por el crecimiento de puestos de trabajo en la construcción, turismo y, en menor medida, la industria y el comercio definen una estructura demográfica joven pero con tendencia al envejecimiento (22,50% de la población es menor de 20 años y el 14,30% tiene más de 65 años), lo que explica una tasa de natalidad alta (10,3 por mil) y una mortalidad baja (7,6 por mil). La población extranjera supone el 5,3% del total en 2005, predominando los ciudadanos suramericanos en el grupo de extracomunitarios.

En definitiva, Málaga posee buenas infraestructuras y equipamientos, recursos materiales y humanos que hacen plausible el modelo de ciudad que se ha diseñado en su Plan Estratégico, cuyo objetivo central es hacer de Málaga "una ciudad metropolitana de alcance mediterráneo, metrópolis de alta calidad de vida y respeto medioambiental, capital económica y tecnológica de Andalucía, capital turística y de ocio de Europa". [ Gabriel Cano / Francisca Ruiz Rodríguez / Ángel Luis Lucendo Monedero / Jesús Gabriel Moreno Navarro ].

 

Para más información, visite Wikanda: http://www.wikanda.es/wiki/Malaga


 
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