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ABANICO

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m.Al igual que los mantones de Manila, el abanico es un objeto importado desde Oriente, a partir del siglo XV, pero su arraigo en Andalucía termina por convertirlo en un objeto tan propio de nuestra cultura tradicional que parece nacido aquí. Su utilidad para paliar el sofocante calor de los veranos andaluces pronto lo convierte en un complemento imprescindible para todas las clases sociales, incluyendo su uso por los hombres y no sólo entre las mujeres. De sobra es conocida la utilización del abanico como instrumento de comunicación en los juegos amorosos, mediante el cual las insinuaciones y los rechazos quedan claramente expresados. En el siglo XIX el abanico se consolida como elemento integrante de la indumentaria castiza o popular femenina, ya que las nuevas modas van excluyendo al varón de los adornos considerados superfluos, con lo que su uso simbólico va decayendo. Ello provoca que el abanico únicamente mantenga su vi­gencia en lugares como Andalucía, en que es incuestionable su utilidad práctica, además de ser atavío inexcusable de trajes femeninos en contextos festivos y ri­tualizados. De hecho, sólo en tales contextos "ferias, ro­me­rías, corridas de toros" el hombre se atreve todavía a uti­lizarlo públicamente, siempre con la precaución de abanicarse a la altura de la cara, jamás en el pecho como las damas, y mejor si el modelo es expresamente masculino, es decir, muy pequeño y sin adorno alguno. En la actualidad, el abanico es uno de los productos más de­man­­dados por el tu­rismo. Si bien los modelos industriales inun­dan este mercado, aún perviven magníficos artesanos de un oficio que in­troduce escasísimas innovaciones técnicas, só­lo referidas a la sustitución de alguna herramienta de corte o pu­lido por su equivalente mecánico.

La estructura del abanico la conforman las varillas o varetas , que en su realización artesana sigue utilizando la ma­dera, por lo general de haya, plátano o peral, o bien de ma­yor calidad como el palosanto, sándalo o ébano. También pueden emplearse hueso o nácar para los más so­fis­ticados. El nú­mero de varillas siempre es par, desde 12 has­ta más de 30, estando su grosor en una relación inversamente proporcional. A su vez, las de los extremos, llamadas cabeceras o maestras , son visiblemente más gruesas. Estas varillas se prolongan con las guías , que al ser la parte que queda oculta por la tela, permite recurrir a maderas más comunes y económicas como el abedul. A la operación de encolar cada vareta con su guía se denomina en­guiar . Sólo entonces se acomete la decoración de las va­rillas, ya sea calando la madera o grabando a buril algunos motivos ornamentales, que después pueden realzarse aplicando tonalidades de color.

Tras pulimentar la madera, se procede al entelado , utilizando a tal fin no sólo tela sino también papel, vitela oen­­cajes, aunque todos reciben la común denominación de país . Una vez cortado a su tamaño aproximado, el artesano se vale de un doble molde de cartulina con los pliegues marcados de modo que, introduciendo el país entre ellos, le traspasa el plegado y lo recorta ya con precisión. Sin embargo, antes de fijarlo en las guías, todavía queda una operación a realizar, destinada a ocultar por completo la unión entre la va­rilla y su guía. A tal fin se utiliza un papel tintado con la to­nalidad exacta del país que, tras su encolado y secado, se recorta cuidadosamente. Sobre él se dispone el entelado que, a continuación y dependiendo del material elegido, pasa a decorarse con bordados, grabados o pinturas. Tras la colocación de los remaches que sujetan las varillas, el abanico está dispuesto para cumplir su mi­sión.[ Esther Fernández de Paz]

 

 
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