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ABEJA

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f. (Del latín apicula, diminutivo de apis, abeja). Insecto himenóptero de la familia de los Ápidos (Apis mellifera), de unos quince milímetros de largo, color pardo negruzco y vello rojizo. Vive en colonias, formadas alrededor de una sola hembra fecunda; habita en los huecos de los árboles o de las peñas, o en las colmenas que el hombre que cultiva la apicultura * le prepara, y produce la cera y la miel. La abeja productora de miel se diferencia de otros grupos, además, por poseer en su abdomen glándulas productoras de cera, que le permiten construir los panales en cuyas celdas pone huevos la reina, se desarrollan las larvas y también sirven de almacenamiento para la miel y el polen. La colonia de abejas está constituida por tres clases de individuos o castas que se diferencian entre sí morfológica y funcionalmente: reina, obreras y zánganos. La reina es una hembra sexualmente fértil, cuya función es la puesta de huevos, y nace de una celda real a los dieciséis días de puesto un huevo fecundado cuya larva es alimentada a base de jalea real durante todo su desarrollo, lo que estimula el funcionamiento de su aparato reproductor y le permite poner más de 2.000 huevos diarios en condiciones óptimas. Las obreras son hembras que constituyen la casi totalidad de la población y cumplen diversas funciones en la colmena; su número puede llegar a más de ochenta mil. Éstas nacen a los 21 días de la puesta del huevo fecundado en una celda de obrera. El huevo eclosiona al tercer día y la larva es alimentada por obreras nodrizas a base de jalea real durante tres días y, más tarde, a base de una papilla diferente suministrada también por las nodrizas. Después de su nacimiento y de acuerdo con las condiciones fisiológicas de su desarrollo, la abeja cumple distintas funciones.

A partir del segundo y tercer día, comienza a limpiar las celdas para que la reina pueda aovar en ellas. Al poderse alimentar por sí misma, emprende trabajos de mayor calado como el de nodriza. Para entonces, sus glándulas hipofaríngeas ya están desarrolladas y comienzan a alimentar crías de diferentes edades. Las nodrizas más jóvenes alimentan las larvas de mayor edad; las que tienen entre seis y doce días, alimentan las pequeñas larvas de hasta tres días de edad y de las celdas reales. Las glándulas hipofaríngeas o cervicales son las promotoras de una materia de gran poder nutritivo, llamada jalea real. Cuando, a partir del sexto día, la obrera alcanza su plenitud física se la ve andar y volar velozmente por los panales. Durante las horas cálidas del día abandona su tarea de nodriza para realizar los primeros vuelos, con la cabeza orientada hacia la entrada de la colmena, queda suspendida en el aire y efectuando sobre la colmena pequeños recorridos circulares con los que fija la posición exacta de la misma. A partir del duodécimo día, la abeja obrera abandona definitivamente su trabajo de nodriza, aunque permanece en la colmena; si la entrada de néctar es abundante, se encarga de recibirlo y distribuirlo por los panales. A partir de los trece días, se atrofian sus glándulas faríngeas y comienzan a desarrollarse las glándulas cereras, alojadas en la parte ventral del abdomen.

La cera.  Las abejas utilizan la cera para la construcción y la reparación de los panales. Para que se produzca la secreción de cera, se necesita un abundante aporte de néctar y una temperatura elevada. Tomándose unas con otras de las patas forman guirnaldas y se pasan las pequeñísimas escamas de cera hasta que las reciben las constructoras, que le dan su uso definitivo. A partir de los dieciocho o veinte días de edad, según las condiciones ambientales y las necesidades de la colmena, la obrera se lanza a la recolección de polen, néctar, propóleos y agua. Para acopiar el néctar, se vale del buche melario, que tiene una capacidad de entre sesenta y ochenta miligramos. Para recoger el polen, utiliza los pelos que recubren su cabeza y el tórax ; con los cepillos de las patas delanteras lo lleva a la boca para amasarlo, y luego lo deposita en las cestillas para el polen, situadas en las patas traseras. La colmena está protegida por las abejas guardianas. Si algún intruso consigue entrar, lo rodean para impedirle cualquier movimiento y, después de darle muerte, lo arrastran al exterior. Cuando hay abundancia de néctar, pueden llegar a permitir la entrada de abejas extrañas, siempre que éstas aporten provisiones, pero en épocas de escasez vigilan atentamente para que las intrusas no se apoderen de sus reservas.

En condiciones normales, las abejas efectúan sus de­yecciones fuera de la colmena. Si por circunstancias fortuitas lo hacen adentro, las obreras encargadas de la limpieza se ocupan de retirarlas. Las obreras recolectoras también pro­­­veen de propóleos a la colonia. El propóleos es una sustancia pegajosa que las abejas extraen de troncos y yemas de los árboles; la utilizan para obturar todas las rendijas o abertu­­­ras de la colmena y también para recubrir los cuerpos ex­traños que no pueden sacar de la misma. A pesar de ser hembra la obrera no pone huevos, sino solo excepcionalmente cuando falta la reina. Pero de esos huevos solamente nacerán zánganos ya que no han sido fecundados. Cuando esta característica aparece en la colonia, no se revierte y la po­blación de­cae hasta su extinción. Los zánganos son machos, y na­­­­cen a los veinticuatro días de haber sido aovado un hue­vo no fe­cun­dado (partenogenético) en una celda de zángano. Se los en­cuentra normalmente en la temporada productiva y de­sa­parecen de la colonia con los primeros fríos o cuando escasea el néctar.

Huevos. Desde abril hasta principios de mayo, la reina incrementa su ritmo de producción de huevos, con lo que tiene lugar un aumento de la población joven de la colmena. A medida que la generación de abejas avanza en su ciclo de vida, hay aproximadamente un 50% de aumento en número de adultos con respecto a las crías, porque la abeja obrera tarda veintiún días en desarrollarse y luego vive otros treinta a treintaicinco días; para mediados de mayo, la reina ha alcanzado su máximo ritmo de puesta de huevos. La tendencia general de la colonia es, por consiguiente, la de formar su población utilizando la producción de las flores tempranas y a partir de entonces juntar y almacenar una gran cantidad de miel en espera del invierno. Para fines de julio, la puesta de la reina disminuye y ello provoca una rápida reducción en la población adulta para mediados de agosto. Esta reducida población, que vive de lo almacenado durante el invierno, disminuye gradualmente hasta la primavera siguiente, cuando empieza a incrementar el tamaño nuevamente. El fenómeno del enjambre, cuando la colonia está en el pico de su población, es bien conocido. La abeja reina evoluciona hasta una condición en la cual solamente es capaz de poner huevos. Pierde enteramente la capacidad de cuidarlos y defenderlos. Esos trabajos recaen en las obreras. Así pues, para que la abeja pueda reproducir su especie es necesario producir más reinas que puedan empezar una nueva colonia en otro lugar. La única manera de lograr este objetivo es que la reina deje la colmena con un contingente de obreras para construir y trabajar por una nueva colonia.[ Miguel Aguilar  Urbano ]

 

 
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