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ADRIANO

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(itálica, 76-baia, italia, 138). Emperador ro­ma­no. Publio Elio Adriano pertenece una familia originaria de Hadria (Piceno, Italia) que emigra en años anteriores a Itálica. Tiene una personalidad activa, voluntariosa y responsable, y se recuerda como un hombre culto, sensible, devoto, orgulloso y perseverante, hasta el punto de que difícilmente tolera que alguien se le oponga a sus posiciones. Demuestra sensibilidad hacia las artes y tiene especial interés en conocer directamente las distintas provincias y culturas del Imperio. La suma de todas sus cualidades le sirve para desempeñar el cargo de emperador, entre los años 117 y 138 d.C. Debido a su manera de gobernar, tanto en los asuntos políticos como en los militares, tiene una fuerte oposición entre sus contemporáneos. Todas estas características hacen que algunos lo consideren como un precursor del despotismo ilustrado que algunos monarcas practican a partir del siglo XVIII.

Está emparentado con el emperador Trajano * y, desde que éste es nombrado emperador, en 98, participa con él en campañas militares en la frontera del Danubio, lo que le debe servir para promocionarse en su carrera militar y política, desempeñando cargos en Pannonia, Mesia Inferior y Germania Superior. Después es nombrado sucesivamente, de 101 a 112 d.C, cuestor, pretor, legado en Pannonia Inferior, cónsul, arconte de Atenas y legado en el conflicto con los partos. Más tarde, en 117 d.C., estando en Siria como legado de las legiones, recibe las noticias casi simultáneas de la adopción como sucesor del emperador, la muerte de éste y, en consecuencia, su acceso al trono. Cabe resaltar que para ser reconocido como emperador tiene importancia que el ejército lo aclamara inmediatamente como tal, en gran medida reconociendo los servicios prestados en diversas empresas militares en las que se involucra. Aún después de su nombramiento permanece en Oriente cumpliendo con sus responsabilidades y se traslada a la zona danubiana para, finalmente, arribar a Roma un año más tarde. Conocemos su biografía a través de diversas fuentes escritas entre las que destaca la Historia Augusta , escrita, según parece, casi trescientos años mas tarde, y los textos de Dión Cassio, que escribe cien años después de su muerte. Otros autores contemporáneos suyos, papiros, inscripciones, algunas escrituras legales, y la arqueología nos ayudan a reconstruir su historia. Los restos de los edificios mandados construir por él, ya que se muestra muy interesado en la arquitectura, nos dan también información de su vida. Igualmente, a lo largo de su reinado realiza abundantes acuñaciones monetarias, tanto en oro como en plata y bronce.

Senado y ejército. Tiene que hacer uso de todas sus habilidades para conducir un estado romano inmenso y con serios problemas interiores, tales como la economía, administración y la legislación. También tiene que hacer frente a las sublevaciones reiteradas de los pueblos sometidos, la inestabilidad de las fronteras y las amenaza permanente de invasión de los pueblos germanos. Para abordar tan amplia problemática tiene que apoyarse en dos de los pilares fundamentales del imperio: el senado y el ejército. Este últimoes un soporte esencial en su ascensión. En él quiere mantener una fuerte disciplina, profesionaliza los rangos superiores y potencia un sistema de reclutamiento regional de los soldados. Su política con el senado tiende a mantener unas buenas relaciones, respetando la inviolabilidad y los privilegios de sus miembros, y asistiendo a sus sesiones cuando le era posible. Aunque quizás convencido de su inoperancia impulsa como órgano de apoyo y consulta al Consejo imperial y toma algunas otras decisiones administrativas que le restan poder, tal como el desarrollo de una administración estatal basada en personas pertenecientes al orden ecuestre. En el fondo está el perenne debate en la Roma imperial: favorecer los principios de la antigua República, en la que el senado tiene un papel esencial, o una centralización monárquica.

La promulgación legislativa es muy abundante. Tenemos noticias de leyes sobre el matrimonio, los testamentos, las herencias y especialmente la que mejora las condiciones jurídicas de los esclavos, en las que es apreciable una tendencia humanitaria. Sin embargo, una de sus innovaciones más importantes en el campo jurídico es el encargo que da al jurista Salvio Juliano para que reuniera y coordinara todos los textos que tradicionalmente constituían las fuentes del derecho civil, ya que éstas eran muy variadas y heterogéneas: leyes del pueblo, senadoconsultos y, sobre todo, los edictos de los pretores. Una vez organizadas se les da carácter de perpetuidad " edictum perpetuum " siendo ésta la primera codificación del Derecho Civil Romano. Con todo ello los magistrados pierden la capacidad de alterar las normas de acuerdo con los intereses de cada momento. Esta disposición es aprobada por el senado y a partir de ese momento sólo puede ser modificada por decisión del emperador. También se atreve a afrontar el grave problema, igualmente heredado desde la República, de la distribución de las tierras para lo cual propone una reforma fiscal con la que se pretende privatizar las grandes extensiones agrarias del imperio para favorecer a los pequeños propietarios. En Roma, consolida su posición a través de una política que favorece al pueblo, desarrolla instituciones humanitarias, reforma el régimen laboral de las asociaciones, aumenta el número de escuelas gratuitas para los pobres y elimina los impuestos de los maestros.

Política exterior. Con respecto a la política exterior toma una decisión de gran trascendencia para la propia historia del imperio romano, ya que opta por dar por finalizada la expansión y consolidar la realidad y las fronteras del imperio, potenciar la armonía y el equilibrio interior. En consecuencia, resuelve abandonar las provincias más lejanas y difíciles de administrar, entre ellas las tierras más allá del Eúfrates, e implanta una serie de fortificaciones defensivas. También favorece las alianzas diplomáticas con los estados limítrofes que así se convierten en una garantía de la seguridad exterior. Y, por otro lado, da un papel más importante a las provincias, de lo que también sale beneficiada la Bética. En relación con estas políticas refuerza la red de comunicaciones terrestres y marítimas, entre ellas las vías *  más importantes

Amplía el concepto de Imperio más allá del nacionalismo romano, quizás motivado por su origen provincial. Ejerce una política "universalizadora", promoviendo que hubiera una verdadera hermandad entre la urbs (Roma) y las provincias. Su espíritu cosmopolita se ve apoyado por sus continuos viajes, que le llevan por todas las regiones del amplio Imperio. Con él, Roma pierde importancia y el Imperio la adquiere. Intenta siempre asegurarse el afecto del pueblo, para lo que toma medidas como la de perdonar a los ciudadanos de Roma e Italia las deudas que tenían con el fisco. En cuanto a los cristianos, que ya en aquel momento eran un grupo importante dentro del Imperio, su actitud es más bien pasiva, de dejar hacer, sin decretar ninguna persecución sistemática contra ellos. Se limita, en cierto modo, a continuar la política de su antecesor Trajano * . En una carta suya sobre este tema, expresa su deseo de que no debe molestárseles excepto si se consideran culpables de actuar contra la ley.

Viajes. Un rasgo notable de gobierno son sus continuos viajes, algo que comienza en su etapa militar con diversas visitas a las provincias del Imperio y se ve reforzado con el cargo de arconte de Atenas, con el que queda profundamente cautivado por la cultura griega. Doce de sus veinte años como emperador está fuera de Roma, principalmente en las provincias orientales y en África Norte. Con ello tiene la ocasión de visitar en varias ocasiones Atenas, de la que queda impresionado, especialmente por sus templos, cultura y constitución. Viaja por la Galia, en el año 121, provincia ya muy romanizada; por Germania, donde hace el trazado definitivo del limes germánico, suprimiendo el peligroso ángulo que existía entre el Rin y el Danubio. Pasa luego a Britania, donde edifica la más célebre de las fortificaciones: el Muro de Adriano. A principios de 123 recorre Hispania hasta Gades * ; después Egipto y las provincias Orientales, donde se entrevista con Osroes, rey de los partos; visita Bitina, Asia Menor, las Cícladas y Grecia, atraído por su admiración al mundo griego.

Regresa a Roma, y en 127 viaja por Italia; en el verano de 128 se traslada a África, para de nuevo regresar a Atenas; Asia, Cilicia, Capadocia y Siria. Y en Jerusalén acomete una obra que traería funestas consecuencias; ordena reconstruir, sobre las ruinas de Jerusalén, una nueva ciudad: Aelia Capitolina, que, poblada con romanos, sería en Oriente el símbolo de la unión entre el espíritu griego y el latino. Sin embargo, esto es interpretado por los judíos, a los que ya el emperador les prohíbe su costumbre de circuncidarse, como una injuria, y en el año 132 tiene lugar la última y más sangrienta sublevación judía, dirigida por Eleazar y Simón Bar Cochba. Después de tres años de continuas guerrillas y mediante una feroz represión apoyada por cuatro legiones, el movimiento es sofocado; la represión es brutal y los judíos son dispersados.

Su política con la Península Ibérica es generosa y benéfica, por ello abundan las monedas de homenaje al exercitum hispaniarum , a Hércules "divinidad hispana por excelencia", y el propio Adriano es denominado Res­tau­ratorHispaniae . Y en estas provincias se le erigen más monumentos que a cualquier emperador. Ordena restaurar las vías o caminos de la Bética * , y también perdona dos millones de sextercios que debía esta provincia. El comercio bético está en auge gracias al garum (base de la salazón), el aceite * , el vino * y los productos frescos. Otorga a los habitantes de Itálica *  la ciudadanía plena, convirtiéndose éstos en los primeros ciudadanos romanos de la península. Y favorece la modernización de ésta, su ciudad de origen, con la ampliación de una zona espaciada y suntuosa.

Pasa los últimos años de su vida, a partir del 134, en Roma y en Tibur (Tívoli), en la espléndida y aún hoy conservada Villa Adriana. Para su sucesión elige primero a Julio Ur­so Serviano y más tarde "136" al nieto de éste, Lucio Ceionio Commodo. Pero muertos ambos, adopta a Tito Aurelio Antonino, el futuro emperador Antonino Pío. Fi­nal­mente muere en la estación termal de Baia (Italia), el 10 de julio del 138 a los 62 años.[ Francisco A. Muñoz ]

 

 
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