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MARTOS

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(JA). Ciudad andaluza de la Comarca Sierra Sur-Martos, a 750 metros sobre el nivel del mar, a 24 km. de Jaén, en un municipio de 256,2 km 2  y una población de 23.804 h. en 2005.

Situación y emplazamiento.  Martos se sitúa en el contacto campiña del Guadalquivir-Subbético, como otras muchas ciudades andaluzas (Jaén, Baena, Cabra, Lucena, Osuna, Morón), beneficiándose de ambas unidades naturales: la fertilidad y buena topografía campiñesa y las surgencias acuíferas de las calizas subbéticas, con abundantes manantiales, algunos medicinales, que han dado lugar a balnearios. Debe añadirse la cercanía a la capital, al Este, y la buena posición viaria, que une también hacia el Sur con Alcalá la Real y Granada; al Norte con Andújar y al Oeste con Córdoba. Tal encrucijada está determinada por su emplazamiento concreto al pie de la Peña del Castillo, estribación occidental de la Sierra de Jabalcuz (1.614 m.), que ha proporcionado a Martos un valor estratégico defensivo a lo largo de su historia. También hay una buena oferta agraria (topografía, suelos, clima mediterráneo con cierta continentalidad"), tradicionalmente aprovechada para el cultivo del olivar, que marca claramente el paisaje de este municipio, donde destaca la Peña y el casco antiguo escalonado a sus pies.

Historia. La Tucci bética.  Hay yacimientos prehistóricos y, sobre todo, testimonios de escritores (Ptolomeo, Estrabón, Pomponio Mela y Plinio) de que ya en el siglo VI a.C. existe una fortaleza, denominada Tucci, en la cima de la Peña. Y, confirmando la función defensiva mencionada, se sabe que Viriato viene a la Bética desde Lusitania para oponerse a los ejércitos romanos, eligiendo a Martos como plaza fuerte; pero es tomada tras asedio y, al parecer, se ejecutan 500 prisioneros, lo que da idea de la guarnición. Pero, al igual que la Bética en general, Martos se romaniza y en 27 a C. Augusto funda la Colonia Gemella Tucci con veteranos legionarios, adquiriendo la población los derechos ciudadanos del Imperio. Se conservan inscripciones de la época y referencias de una ciudad con centro en la actual plaza del Ayuntamiento. Tucci es sede episcopal, citada en el Concilio de Elvira del año 306, y de Martos procede un famoso sarcófago, conservado en el Museo Provincial.

Martus en el período andalusí.  Pero, como ocurre con la civilización latina, la Bética se islamiza rápidamente a partir de 711 y la ciudad toma el nombre de Martus, según aparece en los escritos de Al Mucadasi (siglo X). Está en una extensa provincia del Califato, la cora de Jaián, casi en los límites con las de Granada y Baena, encabezando uno de sus distritos o iclims (como Andújar, Jaén, Baeza, Segura, Arjona, Porcuna, Bédmar, Úbeda y Quesada), y ya entonces destaca por la producción de aceite, vid e higos.

Al Califato suceden reinos con límites cambiantes. A principios del siglo XI pertenece, como toda la actual provincia, al de los Ziríes de Granada; hacia finales de siglo se integra en el de Sevilla, que abarca buena parte de Andalucía, y en el XIII está en el reino almohade de Jaén. En este periodo Martus es una Medina importante, amurallada, con torres y puertas, alcazaba, mezquita, zoco y un callejero de líneas quebradas, estrechas, plazuelas..., que se conserva en parte, así como otros legados y, al igual que el resto de Andalucía, pervive parte de la población. Incluso el historiador francés Lapeyre cita una importante Morería en la ciudad aún a principios del siglo XVII, si bien la conquista castellana inaugura una nueva era.

La conquista y la Edad Moderna. En efecto, Martos es una de las primeras ciudades que el gobernador de Baeza, Al Bayasi, entrega en 1225 al rey Fernando III, mediante pacto y, en consecuencia, se mantiene parte de sus habitantes. Poco después es entregada a la Orden de Calatrava, que refuerza la fortaleza musulmana y ejerce su función defensiva, dada su proximidad a la frontera del reino nazarí de Granada, sobre lo que existen algunas noticias. Se tiene constancia de los intentos de toma en 1241 y la recuperación temporal por el rey Ismael en 1319; de la procedencia marteña de Isabel de Solís, convertida al islam con el nombre de Soraya, y casada con el rey nazarita Muley Hacén. Pero lo que más ha trascendido es la ejecución de los hermanos Carvajales a principios del siglo XIV, recogida por historiadores y utilizada en relatos y piezas literarias (Romancero, Tirso de Molina, Lope de Vega, Romanticismo). El Padre Mariana la cita en su Historia del siglo XV , resultando que don Pedro y don Juan de Carvajal (partidarios de los Cerdas, contrarios al Rey) son acusados de la muerte del caballero Benavides, privado de Fernando IV, el Emplazado, que los manda despeñar en 1310 desde el castillo de Martos.

Se hacen algunas reformas urbanas, aunque la ciudad islámica apenas se transforma, edificándose templos sobre mezquitas (Santa Marta y Santa María de la Villa) y la ermita de San Bartolomé. Pero es en el siglo XVI cuando tiene lugar un esplendor arquitéctónico, patrocinado por el gobernador Pedro Aboz y realizado por el arquitecto y escultor Francisco Castillo. Éste se forma en Italia junto a Vignola, a la vuelta se instala en la ciudad olivarera y expande su influencia por la zona, siendo su principal obra la Real Chancillería de Granada. En esa misma centuria, en 1528 concretamente, se publica la novela La lozana andaluza , del marteño Francisco Delicado, del que no se sabe mucho "parece que es un clérigo o médico de origen judío, discípulo de Nebrija, y con residencia temporal en Venecia". Se trata de una obra escrita en el modo andaluz de entonces y, además, jocosa y de entretenimiento, lejos del academicismo, rechazada por la crítica más conservadora y reivindicada recientemente. El siglo XVII es de crisis, recuperándose algo en el XVIII, cuando aumenta el olivar y llega a contar en sus finales cerca de 8.000 h.

Mediados del siglo XIX.  Según Madoz, Martos tiene en 1842 11.092 h. en una urbe amurallada de perímetro irregular, con 2.130 casas, repartidas en 71 calles ("tortuosas y sumamente desniveladas", las nombradas de Triana, de la Fuente, San José, Real, Infantes y pocas más), y dos plazas, siendo la principal "un cuadrado perfecto cuyos costados cubre la cárcel, las casas del Ayuntamiento y diferentes casas particulares". La parte más elevada de la población parece que apoya sus edificios sobre la falda de la Peña y en la cumbre existe una gran explanada, "que se siembra casi anualmente", en cuyo contorno se ven las ruinas de una fortificación en otro tiempo inexpugnable y que conserva una solidez asombrosa (Castillo de La Peña), y las viviendas "siguen derramándose hacia el Norte, vistiendo otro cerro subalterno de la Peña, donde se encuentra el antiguo castillo o plaza de armas, hoy reducido a ruinas".

Existían cuatro escuelas de instrucción elemental y una superior, dos pósitos "uno del común de los vecinos fundado en 1767, reducido a casi nulidad, y el llamado Pío que se erige en 1700", un pequeño teatro a expensas de una sociedad particular, tres iglesias parroquiales (Santa María de la Villa, la Real de Santa Marta y Santa Ana y San Amador), dos conventos de monjas y el suprimido de frailes franciscanos, cuatro ermitas, el hospital de San Juan de Dios y un cementerio extramuros.

Del término se dice que disminuye por desmembraciones hechas en algunos deslindes y la separación de la Fuente Santa, que le estaba agregada, constando por ello de sólo 27.881 fanegas de tierra. Más de las tres cuartas partes estaban cultivadas, sobre todo de cereal secano (60% del término, trigo, escaña, cebada, avena), 3% de otras semillas (habas, garbanzos, matalauva, guijas, yeros, alberjones), 13% de olivar, más casi el uno por ciento en regadío y apenas otro punto de viñedo y huertas (180 fanegas conjuntamente).

La agricultura se convierte por esta época en el pilar de la economía, pues se hacen "desmontes considerables en terrenos del común y particulares reduciéndose a cultivo todo el monte nuevo conocido de Lope Álvarez, Sierra de la Grana, Los Villares Alto y Bajo y algunos otros", manteniéndose otros (Víboras y el cerro del Viento) poblados de encinas, chaparrales y monte bajo, con un total de 2.000 fanegas de encinar y 4.169 de pastos (22 % del término). También hay ganado vacuno, cabrío y lanar, "una fábrica de sombreros y varios telares de lienzos, algunas alfarerías y 46 molinos aceiteros". Esperan poder acelerar el crecimiento económico de Martos, ya que "en el nuevo plan de carreteras se señala a ésta como una de las poblaciones porque cruzará la que dirija a Granada, y en nuestro concepto serán inmensas las ventajas que reportará esta población si dicho plan se realiza, muy principalmente para la extracción favorable de sus aceites, que hoy sufren repetidos descuentos y bajas por el mal estado de los caminos".

Evolución reciente.  La expansión del olivar es constante y las desamortizaciones de la segunda mitad del siglo XIX la propician, existiendo a final de siglo una burguesía que impulsa las edificaciones y el crecimiento urbano, a la vez que se instala el ferrocarril ("la línea del aceite"). De forma que en 1900 la población (16.682 h.) crece aproximadamente a una media anual del 10 por mil respecto a 1842 (11.092 h.). En 1950 llega al máximo censal conocido (30.513 h.), constituyendo, pues, una importante ciudad en el sistema urbano andaluz, y se va convirtiendo su término en un monocultivo olivarero, que hacia 1970 sobrepasa las 10.000 toneladas de producción.

Pero el descenso del mercado por la competencia de otros aceites (girasol, soja"), la mecanización del campo andaluz que propicia cultivos, como los cereales, el incremento demográfico, las inversiones estatales en otras zonas (Cataluña, País Vasco, Madrid), entre otras razones, llevan a una fuerte emigración andaluza, sobre todo desde el campo. Martos va perdiendo población hasta los años setenta (1960, 24.159 h. ; 1970, 21.666 h.) para recuperarse un poco, al disminuir el éxodo (1981, 22.041), y descender luego (1991, 20.946 h.). Así, si en la primera mitad del siglo XX el incremento medio anual es de 12 por mil, signo de alguna inmigración, en el periodo 1950-1991, la tasa es de -10 por mil, lo que supone más del 20 por mil de pérdida sobre la etapa anterior. El crecimiento del 9 entre el último censo citado y 2005 (casi 24.000 h.) es un claro cambio de tendencia.

El Plano urbano.  El plano de Martos evoluciona a lo largo de su historia en función de las posibilidades que le ofrece la dura orografía de la zona. El centro histórico, a los pies de la Peña, es un conglomerado de calles estrechas de fuerte pendiente, entre las que destacan los arrabales de las calles Puerta del Sol, Puerta de Jaén y Portillo.

En el siglo XVIII la ciudad comienza a buscar el llano y se inician las construcciones en un primer ensanche a partir del eje formado por las calles Carrera y Campiña, que nacen de la Plaza de la Fuente Nueva. Ya en el siglo XIX, la ciudad sigue creciendo hacia el Este, donde la burguesía local toma como referencia el eje formado por la calle Albollón.

La llegada del ferrocarril a finales del novecientos marca un nuevo hito en la ciudad y, en las siguientes décadas, Martos se empieza a acercar a la estación. De esta época son las calles de San Amador, Libertad y la gran Avenida del Teniente General Chamorro Ramírez, un eje de comunicación de los más importantes, que une el Norte con el Sur. Durante el siglo XX Martos ha ido creciendo hacia el mediodía, dando al plano una forma alargada muy particular. Y de este siglo son las avenidas de la Paz, de Pierre Cibie, de Moris Marrodán y de los Olivares, así como la vía de Príncipe Felipe.

La ciudad está también vertebrada por las calles a las que se puede llegar desde la A-316, principal carretera de acceso. Por el Norte, se accede a la ciudad por la antigua carretera de Úbeda a Málaga, que transcurre en paralelo a las vías del tren. Esta calle pierde su nombre al llegar a la Avenida de Chamorro y lo vuelve a recuperar más al Sur para enlazar de nuevo con la A-316. Desde ésta, pero por el Oeste, hay un acceso por la carretera de Monte López Álvarez al núcleo de población al otro lado del ferrocarril. Otras de las entradas a la ciudad son, por el Noreste la avenida de Jaén, que continúa hasta la cercana población de Jamilena, y la carretera a Fuensanta de Martos por el Sur. Finalmente, es necesario mencionar que Martos es declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Conjunto Histórico en 1981, comprendiendo el interior del área delimitada por las calles y avenidas de Alfarería, San Francisco, Plaza de la Fuente Nueva, Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre, Carrera, Cortilla, Menor, Avenida de San Amador, Libertad, Avenida Príncipe Felipe, Carlos III, Teniente General Chamorro Martínez, Francisco del Castillo, Aceituneros, Diego Villalta, Jamila, Plaza del Llanete, Teja, Clarín, Molino Médel, Puerta de Jaén, Baja Santa Lucía, Cascajal, Cerro Bajo, Alta Santa Lucía, Dolores Escobedo, Plaza Fuente de la Villa, Torredonjimeno y Santa Bárbara.

Monumentos y turismo.  Tiene un centro histórico amplio y bien conservado, que ya de por sí es un monumento, donde, como escribiera Cela, se percibe el aroma andaluz. Este espacio halla su principal manifestación en la plaza alta de la Constitución y el barrio del Baluarte, donde existen torreones y murallas, de fuerte herencia andalusí, al igual que el castillo de la Peña, las torres Almedina, Homenaje, de la antigua Alcazaba, de la calle Real y lienzos de murallas en varias calles (Adarves, Bartolomé, Madera y otras). El santuario de Santa María de la Villa se erige en el siglo XIII sobre una mezquita, al igual que Santa Marta, con una parte mudéjar y estilo isabelino en la portada. En esa misma plaza de la Constitución, se alza el Ayuntamiento (1577), antigua cárcel, del arquitecto renacentista Castillo, lo mismo que el Pilar de la Fuente Nueva (1580), de tres cuerpos almohadillados, al final de la actual avenida Cibié.

En los siglos XVII y XVIII algunas órdenes religiosas, instaladas anteriormente, construyen iglesias y conventos, ejemplos del barroco andaluz (Trinitarias, Clarisas, San Juan de Dios, San Francisco, con portada de estilo colonial), que impregna también varias casas solariegas. Generalmente son de portada pétrea, adintelada, pilastras, escudo nobiliario y balcones, pudiéndose contemplar en las calles Triana, Huertas, Llana Baja... El auge económico de finales del siglo XIX y principios del XX conlleva un desarrollo urbano y arquitectónico, de estilos regionalista y modernista, con dos clases de edificios: las denominadas Casas de Medianería, sobre todo en las calles Real y Albollón, y las Casas de la Vega, ya en huertas y campo, con jardín y a veces hasta almazara. Destacan las viviendas de Rafael Morales, quizás de Aníbal González, Doña Consuelo, Feijóo... y en la ciudad, de principios del siglo XX, el Círculo de Nueva Amistad.

La gastronomía se nutre del campo circundante, sobre todo del aceite, las herencias (picadillo de naranja,  ensaladilla de granada, de origen andalusí), platos andaluces (como el gazpacho)... Esta misma cultura propia impregna la feria de agosto, con caseta y sevillanas, y en las fiestas de San Miguel se va sustituyendo la antigua costumbre de exponer productos agrícolas por concursos, juegos y deportes. También tienen su atractivo las celebraciones de San Juan, con velada flamenca, del patrón San Amador y la romería de la Virgen de la Victoria con carrozas engalanadas.

Economía, población y área de influencia. Martos es uno de los dos centros comarcales de la Sierra Sur de Jaén "está en la parte de Campiña y Alcalá la Real en la Sierra". La ciudad, con 260 km 2  y una población total en 2005 de 23.804 h., presenta un área de influencia algo débil, pero que llega hasta el límite con Andújar, abarcando los municipios de Fuensanta de Martos, Jamilena, Alcaudete, Santiago de Calatrava, Torredonjimeno, Villadompardo, Higuera de Calatrava y Porcuna.

Es una capital con un fuerte desarrollo económico que se sustenta sobre dos pilares. En primer lugar, las grandes extensiones de olivares que hacen de Martos uno de los mayores productores mundiales de aceite con más de 421.000 toneladas en la campaña 2004-2005 (quizás no todo del término, si bien de sus 26.000 ha, 21.000 se dedican a este monocultivo, con un rendimiento industrial del 21%). Esta intensa producción ha consolidado una importante red de empresas y cooperativas agroalimentarias dedicadas a la transformación, envasado, distribución y comercialización del aceite.

El otro pilar es, sin duda, la importante actividad industrial (existe un Polígono de 25 ha), donde destaca la fábrica Valeo, multinacional de componentes automovilísticos (fabricación de faros), que da empleo a más de 1.600 personas. Esta firma ha contribuido, además, a generar en torno a ella un tejido empresarial especializado en el subsector y en otras actividades complementarias (de servicios).

Existe en la actualidad cierto temor por el anuncio de la empresa de trasladar parte de la producción a otros países con menores costes de mano de obra, compensando esta decisión con la adjudicación a la sede de Martos de la producción de bienes de mayor complejidad. Junto a ella, la industria del plástico (ejemplo de desarrollo local) y sus derivados (inyección de termoplásticos) están llevando a cabo proyectos de innovación que les permite estar a la altura de las principales empresas del sector a nivel mundial.

Ante esta situación económica era de esperar que la mitad de la población ocupada lo esté en el sector fabril (50 de cada 100 trabajan en la industria y construcción, mientras que 10 lo hacen en la agricultura). La tasa de paro se sitúa, en consecuencia, por debajo de la andaluza (16%), pero aún así la renta familiar no destaca del promedio autonómico, según datos del IEA.

Este dinamismo económico se refleja igualmente en la evolución de la población, sobre todo en la contribución a arraigar en la ciudad a la población activa más joven, evitando las fuertes emigraciones. Así, tras la recuperación del éxodo rural de las décadas centrales del siglo XX (aunque, como dijimos, aún no alcanza la cifra de 1950, 30.513 h., pero sí la de 1970, 21.666 h.) y, siempre unida a la óptima situación de la economía marteña, se está dando una progresiva recuperación en el número de habitantes. Este crecimiento, aunque lento, se refleja en un predominio de menores de 20 años (27%, la provincia, 24) sobre los mayores de 65 (18%), incremento que continuará, pues los valores del crecimiento vegetativo se sitúan en torno al 2 por mil y el porcentaje oficial de extranjeros, sobre todo marroquíes, es del 2 %. [ Gabriel Cano  /  Reyes Manuela González Relaño ].

 

 
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