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 El afianzamiento desde 1833 del régimen parlamentario en España, con el reinado de Isabel II y las regencias de María Cristina y Espartero durante su minoría de edad, implica la celebración de elecciones y obliga a la configuración de partidos políticos para concurrir a ellas. Las fuerzas políticas que se van formando no tendrán, en sus inicios, lo mismo en el caso de Andalucía que en el de casi toda España, ni ideologías ni programas claros; se trata de núcleos de notables, o configurados en torno a determinados personajes, sin una militancia y una estructura estable, aunque sí con medios impresos afines que suelen canalizar idearios e intereses y donde aparecen los puntos o principios de las formaciones y sus corrientes. Entre 1833 y 1868 veremos configurarse así un Partido Moderado, es decir, liberal-conservador, otro Progresista, un intento de partido que hoy diríamos centrista, la Unión Liberal, todos ellos dentro del sistema liberal, además de un Partido Carlista a extramuros del mismo y, desde 1849, un Partido Demócrata, con un pie en el sistema y otro fuera. El sufragio, que es en estos años censitario, es decir, restringido a los sectores con más poder adquisitivo, no favorece tampoco la evolución hacia estructuras de partidos de masas.

Los moderados. En Andalucía, el carlismo será siempre una fuerza política minoritaria, que ni en sus mejores coyunturas alcanza a conseguir diputados en la región, aunque encuentre el apoyo de un sector del clero y de núcleos de la aristocracia. El demócrata arraigará en determinados sectores urbanos de Cádiz, Sevilla, Jerez, Málaga y Granada. El estos años el más influyente en Andalucía es el Partido Moderado, con muchos dirigentes andaluces y figuras decisivas como Ramón M. Narváez, el principal político conservador español entre 1843 y 1866, con él un gaditano como Luis González Bravo, un sevillano como el Conde de San Luis, de nombre Luis José Sartorius, un cordobés como Ángel Saavedra, Duque de Rivas o un rondeño como Antonio Ríos Rosas. Estos partidos suelen ser propicios a corrientes y escisiones, el Partido Puritano, formado por disidentes del moderantismo, tendrán un líder, que llegará a jefe de Gobierno, en el ecijano Joaquín Francisco Pacheco. La Unión Liberal, que gobierna entre 1856 y 1863 tendrá entre su principales dirigentes a un general, lo que no es infrecuente en estos tiempos, el isleño Francisco Serrano Domínguez, que incluso será regente tras el destronamiento de la Reina en 1868. Más urbano, el Partido Progresista tiene dirigentes andaluces como el Conde de Almodóvar, granadino, otro militar liberal y jefe de Gobierno. Aunque con menor poder e incidencia, el progresismo deja en Andalucía algunos buenos diarios, sobre todo El Nacional , en Cádiz, y El Porvenir , en Sevilla. Entre los demócratas, el sevillano Nicolás M Rivero, futuro presidente del Congreso y el granadino Cristino Martos. Los partidos no se suceden unos a otros en virtud de éxitos o reveses electorales, sino en función de insurrecciones, presiones militares o golpes palaciegos.

El Sexenio Revolucionario. Iniciada y consolidada en tierras andaluzas "Cádiz y Córdoba", la revolución de septiembre de 1868 abre un periodo nuevo para los partidos políticos, las convocatorias electorales van a ser frecuentes en los años siguientes y el sufragio se hará universal "aunque solo masculino", la gran novedad para Andalucía es la aparición de un republicanismo pujante, canalizado por el Partido Republicano Democrático Federal, que gana las alcaldías de las principales ciudades andaluzas en las municipales de diciembre de 1868. Andalucía es, con Cataluña, el gran bastión del republicanismo en España, y aportará incluso dos de los presidentes de la Primera República, el almeriense Nicolás Salmerón y el gaditano Emilio Castelar. Los dos crearán luego, con la Restauración, sus propios partidos, el Republicano Centralista Salmerón y el Republicano Posibilista "el ala más moderada del republicanismo" el político gaditano, que contabilizará núcleos relevantes en Andalucía. Importantes periódicos, como La Andalucía , de Sevilla, apoyarán a ese republicanismo emergente. Secundarios los carlistas y los unionistas, el otro gran partido del periodo en Andalucía será el progresista, que gana la mayoría de las elecciones de esta etapa en la comunidad.

El canovismo.  La constitución de 1876, liberal-conservadora, consagra el turnismo, conservadores y liberales se van a alternar en el poder, abriendo un largo periodo, casi medio siglo, de estabilidad para el sistema, pero falseando los resultados. El conservadurismo tendrá fuerte presencia parlamentaria en Andalucía y un líder destacado de origen andaluz, el malagueño Antonio Cánovas del Castillo; algo superior incluso será la del partido liberal, pero ambos carecen de masas tras ellos y seguirán siendo partidos de notables. Escasa será la fuerza de carlistas e integristas, y desiguales, con periodos de auge y de decrecimiento, la de los republicanos, fragmentados en numerosas corrientes: federal, posibilista, centralista, progresista, y luego, desde inicios del siglo XX, radical. En Andalucía, además, tendrán importante asiento algunos partidos de corta vida, como el Reformista, creado en 1886 por el antequerano Francisco Romero Robledo, escisión del Partido Conservador, al que acabará volviendo. Serán los años de auge del caciquismo, favorecido por el sistema electoral, que diseña unos distritos electorales comarcales. El sistema favorece el clientelismo y la manipulación electoral.

El siglo XX.  El nuevo siglo mantiene en apariencia los rasgos del sistema canovista, con conservadores y liberales alternándose en el poder basado sobre todo en su control de los distritos rurales, incluidos los andaluces, pero ese sistema entra en una larga decadencia. Comienzan a crecer los partidos y fuerzas obreras. El PSOE (Partido Socialista Obrero Español), fundado en 1879, gana concejalías y luego los primeros municipios y Andalucía estará entre las comunidades con mayor incidencia, aunque su crecimiento electoral es siempre lento. Ya en las postrimerías de 1920, aparece el PCE (Partido Comunista de España). Los republicanos, si bien forman con cierta frecuencia coaliciones, siguen siendo una fuerza discontinua, aunque con importante incidencia en las ciudades y en algunas comarcas, como la campiña cordobesa o el marco de Jerez. La política se va volviendo más participativa "Casas del Pueblo, Casinos y clubes republicanos". No faltan dirigentes andaluces al frente del Gobierno, como el liberal gaditano Segismundo Moret o el conservador cordobés José Sánchez Guerra, pero no tienen tras de sí partidos sólidos, sino clientelas caciquiles, y las revueltas contra ellos, como la de Granada en 1919, ponen de relieve la fragilidad del sistema. El inicio, sin apenas reacción contraria, de la Dictadura de Primo de Rivera es una muestra de esa impopularidad de los partidos de la Restauración; el dictador suprime los partidos políticos y crea el suyo propio, la Unión Patriótica, que tendrá en Andalucía alguna figura destacada, como el linarense Yanguas Messía, pero el régimen defrauda las esperanzas regeneracionistas y pronto se vuelve impopular. En 1930 dimite el dictador y se difumina su partido.

La II República. La proclamación de la II República el 14 de abril de 1931, tras la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera (1923-1931), transforma radicalmente el panorama de los partidos políticos. Desaparecen definitivamente los que habían sostenido la monarquía, conservadores y liberales, y surge un nuevo abanico de fuerzas políticas. Será una etapa, para Andalucía como para toda España, de amplia movilización política: alta afiliación y capacidad de movilización, mítines concurridos, importantes redes de periódicos afines a cada corriente política. Es un panorama inestable, el sistema electoral impulsa a formar coaliciones, los comicios son frecuentes "tres convocatorias generales en solo cinco años" y asistiremos a una continua reorganización de los partidos y a cambios de estrategia. La izquierda gana en el conjunto de Andalucía en 1931, pierde en 1933 y triunfa de nuevo, coaligada en el Frente Popular (Izquierda Republicana, Unión Republicana, PSOE y PCE) en febrero de 1936. Crece el número de partidos republicanos y su influencia. Si el viejo Partido Federal carece ahora de relieve, el Radical será eje de numerosos gobiernos y mantendrá notable implantación en la comunidad; aporta varios ministros andaluces a los distintos gabinetes, como el cordobés Eloy Vaquero, incluso jefes de Gobierno como Alejandro Lerroux o Diego Martínez Barrio, y destacados órganos como El Popular en Málaga y La Voz en Córdoba. Menor relevancia tienen los partidos republicanos de izquierda "Acción Republicana, azañista; Radical-Socialista, y luego Izquierda Republicana y Unión Republicana", por la importancia que alcanza en la comunidad el PSOE, aunque contará con órganos importantes, como El Defensor de Granada .

El PSOE es sin duda el más sólido partido del periodo republicano en Andalucía, etapa en la que crece asimismo el PCE, con un notable foco andaluz, que aporta líderes como José Díaz. Los socialistas son la fuerza hegemónica en casi todas las provincias, en especial Jaén y Córdoba, y solo en Almería y Sevilla comparten nivel de influencia con los partidos republicanos. Aglutina por encima del 25% del electorado andaluz. La derecha, sorprendida y desorganizada al inicio, se reagrupa fundamentalmente en dos núcleos, uno la extrema derecha, con carlistas e integristas agrupados en la Comunión Tradicionalita, que llega a tener un líder andaluz, Manuel Fal Conde, tendrá importante presencia periodística pero escaso apoyo electoral, el otro será la CEDA (Confederación Española de Derechas Autonómas), coalición de partidos católicos regionales y locales, que gana las elecciones de 1933 y tendrá sólida estructura organizativa en Andalucía, con apoyo de importantes periódicos como El Correo de Andalucía o Ideal .

El franquismo.  La Guerra Civil prorroga la vida de los partidos de izquierda en la Andalucía fiel a la República. En 1937 en el bando de los sublevados se unifican obligadamente carlistas y falangistas, nace Falange Española Tradicionalista y de las JONS (Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista), y, con ella, el Movimiento Nacional. Hasta 1975 será oficialmente el partido único en España. La larga clandestinidad agota a los partidos opuestos a la Dictadura, en Andalucía languidecen los republicanos y libertarios y sólo se mantienen el PSOE y, sobre todo, el PCE, que gana presencia en el interior y paulatinamente lidera la oposición. No obstante, en los últimos años del periodo cobra impulso, y lo hace en especial en Andalucía, el PSOE, que en 1974, en el congreso de Suresnes (Francia), gira y pasa a tener dirección en el interior, frente a la tradicional en el exilio, y un líder andaluz, Felipe González. Aparecen, en la clandestinidad, organizaciones que aglutinan a varios partidos, la primera "1973" y principal será la Junta Democrática, en torno al PCE, que se va expandiendo por Andalucía a través de juntas locales y provinciales.

La Transición.  Los meses que siguen la muerte de Francisco Franco hasta la celebración de las primeras elecciones democráticas (noviembre 1975-junio 1977) son de frenético avatar político y de creación y reorganización de las fuerzas políticas. Afloran a la legalidad los partidos hasta ahora clandestinos y aparecen numerosas formaciones que cubren todo el espectro ideológico, aunque dominando las de izquierdas. La gran novedad es la aparición de fuerzas regionalistas, defensoras de la autonomía política andaluza, como Alianza Socialista de Andalucía (ASA), luego Partido Socialista de Andalucía (PSA), liderado por Alejandro Rojas-Marcos y el Partido Social Liberal Andaluz (PSLA), con Manuel Clavero al frente. También muestran notable capacidad de movilización algunas fuerzas a la izquierda del PCE, de las cuales la principal será el Partido del Trabajo, PT(A), asimismo muy autonomista y con dirigentes como Isidoro Moreno. En la izquierda comunista se muestran muy activas organizaciones como Movimiento Comunista (MC), Organización de Izquierda Comunista (OIC) y la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT), entre otras. Los medios comienzan a informar abiertamente de la existencia, líderes y avatares de estos partidos políticos, que crean múltiples boletines y ven incrementarse rápidamente sus afiliados.

Las elecciones de 1977 muestran, sin embargo, una concentración del voto mucho más acusada de lo que la abundancia de siglas y coaliciones hacía esperar. El PSOE es el partido más votado y lo será en todas las demás elecciones hasta el siglo XXI, y repite sus bastiones del periodo republicano "Jaén, por ejemplo", pero ahora muestra notable presencia en la antaño libertaria Sevilla: sevillanos son sus dos líderes principales Felipe González y Alfonso Guerra. La segunda fuerza "primera en el conjunto del Estado" es la coalición Unión de Centro Democrático (UCD), en la que confluyen liberales, como Soledad Becerril y Jaime Añoveros, democristianos, independientes y, en Andalucía, el partido encabezado por Clavero, PSLA. El PCE registra menor voto del que su trabajo en la clandestinidad permitía esperar, pero es la tercera fuerza política. Muestra buena implantación en muchas ciudades y en las campiñas de Córdoba y Sevilla y muy por encima del conjunto del Estado, la gran derrotada es la derecha afín al viejo régimen, refugiada en su mayoría en Alianza Popular (AP), que no consigue ningún diputado. Uno obtendrá la coalición PSA-PSP, éste, el Partido Socialista Popular, creado en torno a Enrique Tierno Galván, tiene escasa implantación en Andalucía y tras ese fracaso acabará confluyendo en el PSOE. Las siguientes elecciones de 1979, mantienen en lo esencial ese esquema, pero alumbran la aparición con cierta fuerza del PSA "cinco diputados". Serán sobre todo las elecciones municipales de abril de ese año las que permiten a los partidos de izquierdas acceder a cinco de las ocho diputaciones provinciales y a las alcaldías de la mayoría de las ciudades relevantes andaluzas ( -> véase Alcalde y Ayuntamientos ), incluidas todas las mayores de 50.000 habitantes, gracias a coaliciones para compartir poder y ganárselo a Unión de Centro Democrático. Son PSOE, PCE, PSA y PT. Estos cuatro partidos, más el sector claverista de UCD, serán los artífices del éxito en el referéndum del 28 de febrero de 1980, hito en la historia andaluza, que inicia el declive de UCD en Andalucía.

La democracia.  El año 1982 es decisivo en la estructura de partidos políticos de Andalucía. En mayo, las primeras elecciones autonómicas dan una mayoría absoluta al PSOE, encabezado por Rafael Escuredo, y contemplan el derrumbe de UCD, a quien incluso supera una Alianza Popular que comienza a renovarse y tiene un líder, el abogado cordobés Antonio Hernández Mancha, no vinculado al franquismo. El derrumbe de UCD se acentuará cuando en octubre de ese mismo año el PSOE alcance el poder en las elecciones generales. Acaba la Transición y se consolida la democracia. A partir de ahí y hasta los primeros años del siglo XXI, el panorama de los partidos políticos evoluciona muy lentamente y mantiene sus rasgos esenciales. Desaparecen muchos pequeños partidos y no es fácil consolidar nuevas fuerzas. En lo sucesivo serán sólo cuatro las organizaciones políticas que consigan escaños en el parlamento regional o en las Cortes madrileñas por distritos andaluces: PSOE, AP "luego PP (Partido Popular)", PCE "luego IU (Izquierda Unida)" y PA (Partido Andalucista) "antes, PSA".

PSOE. El Partido Socialista Obrero Español será siempre el partido político más votado y con mayor militancia en la comunidad. Las elecciones municipales de 1983 consolidan su poder a escala local, desalojando a otras fuerzas de la izquierda en las grandes ciudades y en todas las diputaciones, y mantiene un poder sin apenas sombras hasta mediados los años noventa, cuando comienza a perder alcaldías y la mayoría absoluta en el parlamento andaluz. A sus líderes estatales de procedencia andaluza, como Felipe González y Alfonso Guerra, se unirán los autonómicos, como Rafael Escuredo, José Rodríguez de la Borbolla y, desde 1990, Manuel Chaves, que se suceden "no sin problemas internos" en la presidencia de la Junta de Andalucía. Con ellos una generación de alcaldes que alcanzan notable prestigio, como Pedro Aparicio en Málaga o José Antonio Marín Rite en Huelva. El PSOE andaluz es, además, decisivo en el triunfo del sí a la OTAN en el referéndum de marzo de 1986. La hegemonía socialista es menos apabullante desde 1994, cuando el partido pierde la mayoría parlamentaria en Sevilla, y se acentúa en 1995, cuando el PP consigue las alcaldías de muchas grandes ciudades "Málaga, Cádiz, Huelva, Granada" y algunas diputaciones, y en 1996, cuando pierde el gobierno madrileño en favor del PP. Entre 1996 y 2004 gobierna en coalición con el PA y recupera en esta última fecha la mayoría absoluta, a la par que gobierna otra vez en Madrid y aporta una nueva generación de dirigentes andaluces, como las ministras Magdalena Álvarez, Carmen Calvo y Cristina Narbona.

Partido Popular (PP). Alianza Popular se consolida en los años ochenta como la principal fuerza de la oposición en Andalucía, dirigida por Antonio Hernández Mancha, pero muy lejos del partido socialista y con escaso poder local. Solo ya entrados los años noventa, bajo la denominacion ya de Partido Popular, con Javier Arenas al frente del partido en la comunidad, comenzará un importante ascenso que le permite controlar varias urbes, con caras nuevas como Celia Villalobos en Málaga o Teófila Martínez en Cádiz. Mantendrá en lo sucesivo esa presencia en grandes ciudades y la amplía luego a muchas ciudades litorales, de El Ejido a Lepe, y sobre todo en la Costa del Sol, y gana en militancia, pero aunque mejora sus resultados, sobre todo en medios urbanos, sigue en general lejos del Partido Socialista, al que se acerca sobre todo en 2000, apogeo del gobierno Aznar en Madrid, al que el PP andaluz aporta varios ministros.

Izquierda Unida (IU). El PCE pierde relieve electoral y alcaldías en los primeros años ochenta, pero recupera energías en 1986, con la gran movilización popular contra la OTAN, de la que nace Izquierda Unida, en la que se integra el Partido Comunista y en la que será siempre fuerza política básica. Mantendrá un gran feudo electoral en provincia de Córdoba, incluida la alcaldía de la capital. Izquierda Unida conoce una larga etapa bajo el liderazgo del ex alcalde cordobés, Julio Anguita, alcanza en 1994-1996 la presidencia del parlamento andaluz, en la persona de Diego Valderas, que será luego su líder regional, y tiene una trayectoria muy irregular en las urnas, con elecciones en las que remonta el vuelo a las que siguen otras de claro descenso. Pierde presencia urbana, pero mantiene apoyo en las campiñas.

Después de 12 años como máximo dirigente de IU en Andalucía Diego Valderas cedía el puesto a Antonio Maillo, elegido con el 83,80% de los votos emitido en la asamblea de IU celebrada en Bormujos (Sevilla) en junio de 2013. En esta asamblea se cerró una etapa liderada por Valderas que gracias a los resultados de IU en las elecciones autonómicas de 2012 le fue posible entrar a la coalición en el Gobierno de José Antonio Griñán, obteniendo tres consejerías, para Diego Valderas, con cargo de vicepresidente, para Elena Cortés (Fomento) y Rafael Rodríguez (Turismo y Comercio). En la nueva dirección de IU surgida der la 19ª Asamblea figuran políticos de gran calado en la coordinadora como son José Antonio Castro, José Manuel Mariscal, Elena Cortés, Alberto Garzón, Amanda Meyer y García Mancheño. Diego Valderas tiene un papel institucional en el nuevo organigrama de IU en Andalucía. El año 2013 Izquierda Unida (IU) contaba con 8.753 militantes y una implantación muy desigual en el territorio andaluz.

Partido Andalucista. El PSA se transforma pronto en PA y mantiene en los años ochenta una vida lánguida, mejora en los inicios de los años noventa, cuando, con Pedro Pacheco al frente, consigue diez parlamentarios en Sevilla y dos en Madrid y mejora, aunque lentamente, su presencia en los municipios. Cambia con frecuencia de líder, mantiene una o dos consejerías en los años de coalición con el PSOE y muestra una implantación desigual en el conjunto andaluz, con Cádiz y Sevilla como principales feudos. Pedro Pacheco, alcalde de Jerez hasta 2003, protagoniza una escisión, el PSA, que no tiene respaldo en las urnas. [ Antonio Checa Godoy ].

 

 
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