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PRENSA EN ANDALUCíA

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El desarrollo del periodismo es temprano en Andalucía y sus ciudades ofrecen ya en la Ilustración –tras la etapa pionera de las gazetas, en el siglo XVII– una prensa que cabe situar entre las más relevantes del Estado, sólo superada por la madrileña. Sevilla, Cádiz, Granada y Málaga van a ser las protagonistas de ese despertar del periodismo andaluz, de la Gazetilla curiosa o semanero granadino (1764-1765) al Hebdomadario útil sevillano (1758-1767, dos épocas), sin olvidar La pensadora gaditana, que redacta una enigmática mujer, Beatriz de Cienfuegos. Algunos, como el Correo de Cádiz (1795-1800), desafían prohibiciones del Gobierno central. Cádiz, la ciudad más activa, será la primera en disponer de un diario propiamente dicho, aunque efímero, Diario de Cádiz (1796). También Jerez dispondrá pronto de medios como el Correo de Xerez, bisemanario relativamente estable, pues abarca de 1800 a 1808, aunque en varias etapas.
La aportación gaditana. La Guerra de la Independencia (1808-1814) será la primera ocasión para un florecimiento generalizado de la prensa en Andalucía, ante todo la surgida en el Cádiz de las Cortes y la primera Constitución española, sorprendente floración de prensa liberal –y contraliberal– en España –en total, se editan un centenar largo de títulos en la ciudad y en la vecina Isla de León, hoy San Fernando–, pero también una prensa afrancesada en todo el resto de la región. Luego, tras la marcha de los ejércitos napoleónicos y hasta la vuelta del Deseado y el absolutismo, aparece de nuevo una sugestiva prensa, liberal o conservadora, en casi toda la comunidad, en especial Sevilla y Granada. Sólo dos capitales, Almería y Huelva, quedan por el momento al margen del periodismo.
    La prensa libre española, se ha dicho, nace en esa Cádiz asediada por los ejércitos franceses, en periódicos equilibrados como El Conciso, que redacta Gaspar Ogirando, o La Abeja española, liberales como El redactor general o exaltados como El Robespierre español. Pero también hay que recordar periódicos de otras ciudades, El Espectador sevillano, que tendrá entre sus redactores a José María Blanco White; el Diario crítico y erudito de Granada, el primer Diario de Málaga o, dentro de la prensa afrancesada, El Correo político de Córdoba.
    Tras el regreso de Fernando VII y la nueva etapa de censura, Andalucía conocerá luego un vivacísimo trienio liberal (1820-1823), que alumbra de nuevo una fértil prensa, ahora, además de Cádiz, Sevilla y, sobre todo, Granada muestran un número inusitado de títulos, bien que siempre fugaces, pero hay ya también prensa en ciudades como Ronda, Antequera, Almería, Huelva, Algeciras, Jerez, Baza, Vélez-Málaga, Sanlúcar de Barrameda... Es el tiempo de El Diario Constitucional de Granada o, en la misma ciudad, El Duende o El Plutón, de El Defensor de la Patria, liberal avanzado, en Sevilla, del exaltado Diario gaditano de la independencia nacional, que redacta el ex sacerdote Antonio Olabarrieta, el periódico malagueño La confederación española, redactado por el moderado Andrés Borrego, o El Eco patriótico, en Córdoba. Andalucía está de nuevo, por calidad y cantidad de sus títulos, en la vanguardia del periodismo español. Sobrevendrá luego una larga década, durísima para el periodismo, sin apenas periódicos: se mantiene el Diario Mercantil de Cádiz, y en Sevilla aflora un Diario de Sevilla, de comercio, literatura y artes. 
El moderantismo. La minoría primero y luego el reinado de Isabel II (1833-1868) marcan el auge del moderantismo en la prensa andaluza. Salvo cortos periodos exaltados, como el trienio esparterista (1840-1843), o el bienio progresista (1854-1856), siempre propicios a la eclosión periodística, estos años muestran un progreso lento pero continuo del periodismo en Andalucía, a despecho de censuras y reveses. Años que permitirán por fin la consolidación de grandes títulos: en Málaga, El Avisador malagueño, El Correo de Andalucía y el Diario Mercantil de Málaga, sólido trío, expresión de una burguesía en ascenso; en Sevilla, El Porvenir y La Andalucía, éste con planteamientos regionales hasta ahora casi insólitos, gracias a la personalidad de su director, José María Tubino; en Cádiz, El Comercio, La Palma y, al final del periodo, el Diario de Cádiz; en Almería, La Crónica Meridional; en Córdoba, el Diario de Córdoba; en Jerez, El Guadalete y El anunciador de Jaén; o El Triunfo granadino y El Dauro en Granada; prensa liberal moderada, por lo general, pues la más exaltada suele ser también mucho más efímera, sin que falten entre ellos los que al menos superan el lustro. Será éste el caso de El Sevillano o El Nacional y El Peninsular, en Cádiz.
    Aparecerá, asimismo, una primera prensa especializada, minera en muchos casos –El minero de Almería es un ejemplo–, agrícola en otros –como La reforma agrícola, en Jaén; la Revista Vinícola Jerezana; o La agricultura española, en Sevilla, más estable, 1858-1868–, comercial con más frecuencia, e incluidos aquí duraderos boletines portuarios, como los gaditanos Parte oficial de la Vigía, con orígenes incluso en el siglo anterior, y El avisador marítimo de Cádiz. Asomarán igualmente los primeros periódicos pedagógicos, como El profesorado, en Granada; La Aurora, en Jaén; o el Semanario sevillano de Primera Enseñanza. Y es importante ya la prensa médica, comenzando por La revista de Ciencias Médicas gaditana, que está en el origen del Diario de Cádiz.
    El romanticismo dejará su estela, larga aunque algo tardía, en el periodismo andaluz. Las revistas literarias románticas se multiplicarán en Andalucía entre 1834 y 1850, con profunda penetración, pues no sólo proliferan en ciudades como Sevilla, Granada o Córdoba, también en Jaén, en Almería o en ciudades más pequeñas como Ronda. Cerca del centenar de revistas de este tipo aparecen en esos años, la mayoría duran entre tres y seis meses, muy pocas superan al menos el año: El Guadalhorce en Málaga, La Alhambra en Granada, El Guadalbullón en Jaén, La floresta andaluza o El Cisne de Sevilla, El vergel de Andalucía en Córdoba o El Serrano en Ronda, pueden ser ejemplos.
Sexenio democrático. Pese a su brevedad, el Sexenio Revolucionario (1868-1874) representa el principal intento en el siglo XIX por dotar a Andalucía de una prensa plural. En tan breve periodo de tiempo se crean en la comunidad 130 nuevos diarios, número asombroso, aunque en su inmensa mayoría desaparezcan de inmediato, y que completados por un número no menor de prensa semanal o con otras frecuencias de aparición, supone la exteriorización periodística de un periodo tumultuoso, pero apasionante. Despegará el republicanismo –federal, con muy escasas excepciones, con la apoteosis cantonalista del verano de 1873–, verdadero protagonista del periodo, pero también veremos emerger una prensa carlista sin apenas precedentes en la comunidad y muy distintos tipos de prensa liberal –amadeísta, radical, unionista, sagastina, progresista, demócrata–. Aparece asimismo la primera prensa obrera andaluza, y conoce una edad de oro la satírica, con El Cencerro en Córdoba, de modelo, pues alcanza prestigio nacional.
    El Sexenio representa una etapa también de recuperado protagonismo de la prensa andaluza en el conjunto de España. Cádiz será, tras Madrid, la ciudad con más diarios de España, pero Sevilla, Granada y Málaga serán igualmente ciudades con muy nutrida prensa, incluso Córdoba, que conoce una etapa especialmente activa. Asimismo, muchas cabeceras comarcales ofrecen en estos años de cambio continuo del decorado político, una prensa importante –Ronda y Motril llegan a tener efímeros diarios–. Sólo la prensa cultural –salvo la pedagógica, en buena coyuntura– conoce un menor cultivo, en parte explicable porque la política parece llenar todos los afanes de las generaciones protagonistas del periodo.
La Restauración. La larga etapa de la Restauración (1875-1923) representa un periodo de estabilidad y de crecimiento de la prensa en Andalucía. Será ahora cuando se consoliden importantes diarios en casi todas las ciudades andaluzas, de ámbito provincial casi siempre, aunque algunos buscarán superar ese marco en los últimos años del periodo. Aunque domine el diario vinculado a partidos o a líderes políticos, aparecen en la mayoría de las provincias títulos más independientes, que suelen ser además los más leídos y sólidos. El Defensor de Granada (1880-1936), animado por Luis Seco de Lucena; La Unión Mercantil (1885-1936), que dirige en Málaga Antonio Fernández García; Diario de Huelva (1906-1942); El Liberal (1901-1936), en Sevilla, con José Laguillo a su frente, pueden ser un ejemplo de esa nueva prensa. No obstante, pese a esa consolidación de algunos grandes títulos, son estos años los que dibujan el paulatino retraso de la prensa andaluza, pues las tiradas evolucionan muy lentamente, al igual que la tecnología –todavía en los años veinte son bien contados los diarios andaluces con rotativa– y las empresas verdaderamente periodísticas escasean. Además, algunos de los más relevantes títulos se vinculan a las incipientes cadenas de diarios de ámbito estatal, caso de El Defensor de Granada o El Liberal, en Sevilla. Esa prensa, aun la más independiente, carece de verdadera perspectiva regional y abunda más en el lamento que en la crítica o el análisis.
    Serán los años también, sobre todo desde el fin del siglo XIX, en que se configure una prensa católica relevante. Rara será la ciudad andaluza que no tenga en estos años ese diario, por lo general duradero: La Independencia (1908-1936), en Almería; El Defensor de Córdoba (1899-1938); Gaceta del Sur (1908-1930), en Granada; El Pueblo Católico (1893-1935), en Jaén; El Cronista (1894-1936), en Málaga; El Correo de Andalucía (1899-e.p.), en Sevilla; y Diario de Jerez (1904-1936), son títulos significativos de una lista muy larga, completada por una igualmente nutrida red de periódicos comarcales.
    La dependencia política explica que, a la abundancia de títulos, se una también su fugacidad –los independientes son escasos, pero también más estables–. El Aviso, en Puente Genil; El Eco de Arcos, en Arcos de la Frontera; El Cronista del Valle, en Pozoblanco; El Accitano, en Guadix; o La Opinión Astigitana, en Écija, pueden ser una muestra. Otras localidades, es el caso de Sanlúcar de Barrameda, tienen una prensa prolífica, pero muy política, por lo que tardarán en disponer de periódicos estables. Algunos reflejan perfectamente en su evolución los auges y caídas de la localidad en que se editan: El minero de Almagrera (1874-1920), en Cuevas de Almanzora, es un buen ejemplo de esos periódicos locales que reproducen los vaivenes de su ciudad, en este caso, la localidad minera en que aparece. El Eco minero, de Linares, puede ser un caso casi paralelo.
    Este casi medio siglo verá desplegarse la primera prensa andalucista, con revistas como Bética o periódicos como El regionalista –incluso algunos meritorios títulos al otro lado del Atlántico–, pero no será nunca prensa sólida. Lo mismo ocurre a la prensa obrera, que dará numerosos títulos, casi siempre efímeros, por las precariedades económicas y las difíciles circunstancias políticas en que se desenvuelven. Se perciben, además, significativas diferencias, con provincias de claro predominio socialista –Jaén–, otras con muchos más títulos libertarios –Sevilla–, sin que falten provincias con curiosas divisiones locales, como Cádiz. Muy rica será la prensa obrera jerezana, con títulos como El Martillo o La Jarra, guardianes periodísticos durante décadas. Y paralelamente, una prensa taurina, con mucho de prensa de temporada, pero con un número muy alto de títulos, una más tesonera prensa pedagógica, incluso una ilusionada generación de periódicos en esperanto en torno a 1912 y en los últimos lustros del XIX una importante prensa masónica.
    No va a faltar todo lo contrario: una prensa culta, histórica, científica y literaria, con una amplia gama. La Alhambra, quincenal de larga vida (1884-1885, 1898-1924), representaría una corriente tradicional, erudita, al margen de vanguardias, talante que le da su director, Francisco de Paula Valladar. Es el caso también de Don Lope de Sosa (1913-1930), en Jaén, en este caso dirigida por Alfredo Cazabán. Meritoria también, y con varias épocas, como suele ser frecuente en estas publicaciones, es la gaditana Revista teatral. El modernismo cuaja en un generoso abanico de publicaciones, desde una temprana La Alpujarra (1896), que dirige en Almería Francisco Villaespesa, a Nómada (1912), que aparece en Córdoba, pasando por la malagueña Noche y día (1897), que anima Salvador Rueda. Las últimas revistas del periodo, como la sevillana Grecia, preludia la gran eclosión de la vanguardia de la década siguiente.
    La etapa de la Dictadura primorriverista (1923-1930) reduce la prensa estrictamente dependiente de los partidos políticos y la obrera, y favorece una mayor presencia de la prensa corporativista, además de crear una red de prensa –casi una veintena de títulos, raramente diarios– afín al nuevo partido, la Unión Patriótica, red que no sobrevive al dictador, en definitiva la etapa representa sólo un paréntesis en la evolución de la prensa andaluza. Aunque verá nacer, en 1929, la edición andaluza de Abc, realizada en Sevilla, pronto uno de los diarios más leídos en la región.
La República. El intenso periodo de la II República, incluidos los meses que la preceden desde la caída del dictador, representa una etapa de cambio, que acaba frustrado por muchas razones: la precariedad económica de estos años, el permanente ir y venir político del lustro –tres elecciones generales, dos insurrecciones fracasadas, con posterior cierre masivo de periódicos– y finalmente el estallido de la Guerra Civil, que liquida la experiencia renovadora.
    La República se significará por un intento de la izquierda de corregir su eterna inferioridad de medios en la región andaluza, objetivo que conforme avanza el periodo republicano va perdiendo fuelle, pero que aporta diarios republicanos como El Popular en Málaga y La Voz en Córdoba, socialistas como Democracia en Jaén y El Sur en Córdoba, junto a numerosas publicaciones menores a lo largo y ancho de Andalucía. Jerez, Ronda o Úbeda pueden ser buenos ejemplos de ciudades con frenética creación de títulos en estos años. El socialismo, por ejemplo, levantará una amplia red de semanarios comarcales en la comunidad, también el republicanismo, bien el afín al partido radical, bien el más a la izquierda.
    Tiempo de profundos enfrentamientos sociales, la prensa independiente está casi ausente –desaparecen incluso algunos de los títulos más equilibrados ya antes de la guerra, como El noticiero sevillano o Noticiero gaditano–, y los diarios han de tomar inevitablemente partido. Por el contrario, se asiste también a un replanteamiento de la prensa conservadora, con iniciativas más ambiciosas: Ideal, en Granada, La Mañana y Eco de Jaén, en Jaén. En general, los nuevos diarios –sobre todo los de la derecha– ofrecen una mayor paginación y contenidos más diversos, una mejor impresión con más presencia de la fotografía, y un avance también en diseño. Se trata, en suma, de una etapa renovadora desde muchos puntos de vista.
    La mayoría de las ciudades andaluzas ofrecerán en estos años un pluralismo inusual en otras coyunturas, sobre todo en el bienio inicial, 1931-1933, pero problemas políticos y de financiación irán erosionando sus redes. La izquierda ganará las elecciones de 1936, aunque ya por entonces sus medios informativos sean muy inferiores a los de los conservadores. La renovación llega, asimismo, al mundo de las revistas, con intentos de publicaciones supraprovinciales, el principal de los cuales será el semanario Vida Gráfica, de Málaga, que inicia ediciones provinciales –Jerez, Córdoba–. Las tiradas aumentan en estos años, pese a las dificultades económicas, y diarios como El Liberal, en Sevilla, o La Unión Mercantil, en Málaga, alcanzan los 40.000 ejemplares y consolidan una presencia en provincias vecinas.
Franquismo. La Guerra Civil de 1936-1939 supone un corte brutal en la evolución de la prensa en Andalucía. De los aproximadamente 32 diarios que se editan en julio de 1936 en 13 ciudades de la comunidad, apenas cincoAbc, El Correo de Andalucía, Diario de Cádiz, Ideal y Odiel– van a sobrevivir a esa guerra y a los primeros años de la durísima posguerra, incluso a una normativa nada favorecedora de la pequeña prensa familiar, que obliga a cerrar a tan históricos títulos como Diario de Córdoba, en 1938, La Unión, en 1939, o Diario de Huelva, en 1942. En ningún otro momento de la historia del periodismo andaluz se producirá una ruptura tan profunda. También a escala de profesionales, pues todos los simpatizantes de la República serán apartados del ejercicio del periodismo.
    La guerra alumbra muchos nuevos –aunque modestos– títulos en la plural Andalucía republicana y no tanto en la Andalucía controlada por los sublevados. Aquellos –que incluyen numerosos periódicos libertarios, socialistas y comunistas– cesa en marzo de 1939, pero aporta los primeros –y hasta hoy únicos– diarios comunistas y libertarios andaluces, como Frente Sur, del PCE, en Jaén, y Emancipación, cenetista, en Almería. En tanto en la otra Andalucía brotan algunos efímeros periódicos falangistas, fracasa la prensa carlista y surgen nuevos diarios casi todos llamados a larga vida, como Sur y La Tarde en Málaga, Azul en Córdoba, Patria en Granada, FE en Sevilla, en tanto otros pasan a ser controlados por el partido único –Odiel–. Tras la guerra se crearán diarios en aquellas provincias que se han mantenido en el bando republicano hasta el último momento –Yugo, luego La Voz de Almeríay Jaén en la capital jiennense.
    El franquismo es una etapa muy larga, pero monolítica y escasamente dinámica. La Andalucía que conoce primero el hambre y enseguida la emigración masiva apenas compra periódicos –baja la difusión de forma considerable respecto a la alcanzada en la etapa republicana–, unos diarios muy ajenos a las preocupaciones y afanes del ciudadano, y no hay tampoco renovación tecnológica, no digamos profesional. Entre 1941, cuando aparece Jaén y Azul se transforma en Córdoba, y 1975, el año de la muerte de Francisco Franco, apenas hay movimiento de cabeceras. En La Línea de la Concepción aparecerá el diario Área, primero bisemanario, en los año cincuenta, y en los sesenta lo hará –inicialmente en Marbella, luego en Málaga– Sol de España. Sólo a partir de 1966, con la ley Fraga y la apertura en el medio, el periodismo andaluz gana algo de capacidad crítica y de acercamiento a los problemas de su comunidad. El Correo de Andalucía, en Sevilla, y en menor grado Ideal en Granada y Sol de España en Málaga, introducen algunos factores críticos en sus páginas.
    El vacío del franquismo, acaso la etapa más negra en la historia del periodismo andaluz, se agrava por la debilidad paralela de la prensa no diaria. La mayoría de las cabeceras comarcales andaluzas que habían tenido una prensa heterogénea hasta 1936 pierden títulos, y apenas lanzan algún semanario o mensual esporádico.
    Sólo en las postrimerías del largo periodo surge una prensa diferente, con múltiples problemas, de la que Granada semanal o La Ilustración Regional, mensual sevillano, pueden ser ejemplos. Intentos lastrados por la falta de recursos en sus promotores y la ausencia de una mínima estructura empresarial para mantenerse. Años, a partir aproximadamente de 1970, en que asoma una nueva generación en la prensa andaluza que va a relevar a la que, con escasos cambios, se ha mantenido desde 1939. 
La democracia. La Transición a la democracia, el periodo 1976-1982, impulsa la renovación de la prensa andaluza. No es un proceso culminado, más bien se cierra con generalizados fracasos, pero va imponiendo una nueva perspectiva a esa prensa andaluza hasta ahora tan provincial. Precisamente, son casi todos intentos supraprovinciales: los vespertinos Nueva Andalucía e Informaciones de Andalucía, o la transformación del diario Sevilla en el regional Suroeste, pero sobre todo resalta la aparición de los primeros semanarios de ámbito regional, como Tierras del Sur o Torneo, en Sevilla, y Algarabía, más efímero, en Málaga. Paralelamente, una inusitada floración de prensa política y sindical, que se agostará sin embargo muy pronto –entre las excepciones, Realidad, la revista de CC OO–, u otra más novedosa, una prensa andalucista, con títulos como Andalucía Libre o Nación Andaluza. Intenso periodo –dos elecciones generales, dos referendos, complejo proceso autonómico– en el que la prensa andaluza redescubre la libertad.
    Consolidada la democracia tras el fracasado intento del 23-F de 1981, la prensa inicia una nueva etapa en Andalucía. Aparecen los primeros diarios de ámbito provincial y signo progresista –La Voz de Córdoba, Diario de Granada, La Noticia, en Huelva–, o bien conservadores –Huelva Información, El defensor de Granada, La crónica de Almería–, que conocen tempranas dificultades económicas y raramente se consolidan, y se perciben nuevos planteamientos, más audaces, en la prensa de ámbito estatal, que con Diario 16 Andalucía comienza a ofrecer ediciones regionales de amplio contenido. Desaparecen las Hojas del Lunes –llegaron a ser seis en la comunidad– y los diarios pasan a editarse los siete días de la semana.
    Pero el cambio más relevante lo va a aportar el proceso de privatización de la antigua Prensa del Movimiento. Desaparecen diarios como Odiel, en Huelva, La Voz del Sur, en Jerez, o Patria, en Granada, y otros pasan a manos de grupos cercanos al emergente poder socialista, caso de Córdoba, Jaén y La Voz de Almería. Paralelamente, se produce un importante cambio accionarial en El Correo de Andalucía, donde la Iglesia católica –que pierde presencia periodística en la comunidad– pasa a tener un papel puramente testimonial. Del conjunto del proceso sale una prensa diaria andaluza más equilibrada en cuanto a simpatías políticas, pero también crecientemente profesionalizada.
    El segundo lustro de los años ochenta, etapa ya de clara expansión económica, permite un notorio aumento asimismo de la rentabilidad de los diarios andaluces –sobre todo, los de ámbito provincial– e impulsa un rápido proceso de modernización tecnológica y empresarial. Se afirman los periódicos autóctonos, el grupo editor del Diario de Cádiz, lanza dos diarios más en la provincia, Diario de Jerez y Europa Sur –en Algeciras–. Los grupos periodísticos de ámbito nacional que están emergiendo comienzan a penetrar en la comunidad: Ideal y Sur –éste tras una corta etapa como diario propiedad de sus trabajadores– se integran al grupo vasco liderado por El Correo Español, de Bilbao. En contraste, se saldan con fracaso los intentos de consolidar segundos diarios en ciudades como Córdoba –Nuevo Diario de Córdoba–, Jerez –El Guadaleteo GranadaEl Día de Granada y Granada 2000–, aunque algunos títulos de bajo costo consigan cierta duración, pero no influencia social, como La Crónica de Almería o el Diario de la Costa del Sol.
    Esos años ochenta, de afirmación de la autonomía y crecimiento económico, van a permitir una importante diversificación de la prensa menor andaluza, la no diaria. Reaparece la prensa comarcal con muchos títulos animosos, aunque por lo general inestables, y con un papel impulsor decisivo de los ayuntamientos. Las instituciones democráticas, lo mismo locales que provinciales o autonómicas van a favorecer la creación de muchas publicaciones culturales y darles alguna estabilidad, mientras reaparece una prensa pedagógica dormida –salvo publicaciones colegiales– con el franquismo, además de heterogéneas revistas que abarcan desde la ecología, el barrio, el ocio, hasta el feminismo, el flamenco o la compra-venta. El depósito legal andaluz llegará a registrar 1877 nuevos títulos entre 1986 y 1992, inclusive, un número sin apenas precedentes en la historia periodística andaluza.
El presente. La última década del siglo XX y los inicios del nuevo aportan dos etapas muy diferentes: la crisis post  1992 y la que se inicia en 1995. Si aquellos años son escasos en nuevas cabeceras y aportan a lo sumo una mejora de las ediciones andaluzas de los diarios madrileños –deportivos incluidos–, salvo la crisis de Diario 16 Andalucía, la segunda se significa por una inusitada alza en el número de cabeceras.
    Los planteamientos en los últimos años se tornan más regionales, pero también complementariamente comarcales, y en número muy alto. Sencillamente, Andalucía se torna la comunidad autónoma española más activa en creación de nuevos cotidianos. Surgirá así en torno a Jerez un intento de red andaluza de diarios, semanarios y quincenales, la empresa Publicaciones del Sur S.A., con el diario Jerez Información de eje y que pronto ofrecerá títulos en más de 25 ciudades andaluzas, incluidos diarios como Cádiz Información, San Fernando Información, El Puerto Información o El Faro de Algeciras, y un sinfín de cabeceras comarcales. El mismo camino, iniciado por la empresa editora de El Correo de Andalucía, con la edición de Odiel Información en Huelva, se salda sin embargo con la venta de la empresa editora al grupo Prisa. La empresa editora de Diario de Cádiz –Grupo Joly– sale de su tradicional ámbito provincial para lanzar, con éxito y presupuesto, Diario de Sevilla.
    Los grupos periodísticos de ámbito estatal ganan de forma paralela presencia en Andalucía gracias a la creación de cabeceras propias, como La Opinión de Málaga –Grupo Moll–, o bien por compra de acciones, caso del Grupo Zeta con el diario Córdoba. Asimismo, asoman modelos mixtos: Prensa Española, editora de Abc, compra la mayoría de las acciones de Huelva Información, pero también crea edición nueva en Córdoba. La floración de cabeceras llega a la prensa deportiva, que se dota de diarios propios: Estadio Deportivo, en Sevilla, y Club Málaga, en Málaga. Esta insospechada riqueza en cabeceras no corre paralela con las audiencias, pues Andalucía, aunque registra un importante aumento de ventas desde mediados de los años ochenta, sigue por debajo de los promedios españoles y de esos 100 ejemplares por 1.000 habitantes que la Unesco considera como mínimo para considerarse desarrollado.
    Es un proceso, además, bien diferente al que se vive en la mayoría de los países de Europa, e incluso en la casi totalidad de comunidades autónomas, definido en general por la concentración de cabeceras, lo que induce a pensar que estamos ante un proceso con mucho de coyuntural y que debe llevar a una nueva coyuntura de pactos y fusiones. Quizá pueda explicarse también por el imán de la rentabilidad de algunos títulos andaluces.
    A otra escala, la de la prensa no diaria y especializada, los primeros del siglo XXI se han significado por la homologación andaluza con las tendencias más usuales en la prensa europea. Así la proliferación de publicaciones gratuitas, que llenan desde el ámbito universitario al turístico, destacando las publicaciones de ocio y los newsletter económicos. Asoman las ediciones electrónicas y se produce un nuevo proceso de cambio de diseño y contenidos en la prensa, con apoteosis de coleccionables y promociones para fomentar un aumento de las ventas de otra forma difícil. De nuevo, se multiplica la prensa menor y especializada. Revistas educativas en muy alto número, desde la renovadora Kikiriki, en Morón de la Frontera, a Alminar, en Córdoba, pasando por un número verdaderamente elevado de publicaciones de los Centros de Profesores (CEPS), varios centenares de revistas escolares de muy distinta ambición e importante número de publicaciones estudiantiles, como el semanario universitario ECCUS, con origen en Málaga. Se multiplican, asimismo, las revistas socioeconómicas –Andalucía Económica, Europa-Agraria, Economía Social Andaluza–, y sobre todo los boletines empresariales o sectoriales, como IDEA, la revista del PTA de Málaga, o COVAP, la revista de la cooperativa cordobesa del mismo nombre. Se mantiene en buen número –pero ya no tan generoso como en los sectores anteriores– las publicaciones culturales –El Siglo que viene, Revista Atlántica, Demófilo–, provinciales –Al Sur, en Jaén, Huelva viva–, medioambientales –Andalucía Ecológicao deportivas, y sobre todo un impresionante número de boletines de entidades e instituciones de todo tipo que en conjunto configuran una densa trama de publicaciones, muy superior en número pero también en riqueza y diversidad de contenidos al de cualquier otro momento de la historia periodística andaluza. En el paso del siglo XX al XXI Andalucía supera el millar de títulos de todo tipo, una cifra que hubiese resultado sencillamente utópica apenas 30 años atrás, aunque la cantidad de títulos no signifique necesariamente altos niveles de lectura. Dos universidades andaluzas, Málaga y Sevilla, disponen ya de facultades de Ciencias de la Información. Las nueve universidades andaluzas se han constituido en generadoras de un número elevado de revistas científicas con alto nivel de exigencia, usualmente semestrales o anuales, desde Trocadero, revista de historia contemporánea de la Universidad de Cádiz, etapa sobre el que versa también, entre otras, la explícitamente titulada Revista de Historia Contemporánea, de la Universidad Hispalense. Universidades jóvenes, como la de Jaén, asoman con publicaciones como Revista de Arqueología y Territorio Medieval, la Revista de Estudios Jurídicos o la Revista de Estudios Empresariales. En la de Almería, Nimbus se acerca a las ciencias atmosféricas. No falta Andalucía como ámbito de investigación, así la Revistas de Estudios Andaluces, de la Universidad de Sevilla. Conoce una honda crisis la prensa de partidos o grupos políticos, reducida a pequeños boletines.
    En los primeros años del siglo XXI Andalucía dispone de más de 40 cabeceras y ediciones diarias, cifra que se incrementa notablemente si se contabilizan los periódicos gratuitos –un número de los más elevados de toda su historia periodística y que dobla holgadamente al existente 20 años atrás–. De ellas, la mitad pertenece mayoritariamente a grupos de comunicación de ámbito estatal o empresas con su sede social fuera de Andalucía. El grupo Vocento dispone de Abc, Ideal, Sur y La Voz de Cádiz; mientras que el grupo Prisa controla El Correo de Andalucía, Jaén y Odiel Información, –con participación minoritaria en La Voz de Almería–, además de las ediciones de El País y As y la reducida de Cinco Días. Este grupo, hasta entonces centrado en prensa de ámbito estatal,  adquiere Prensa Sur a mediados de 1999, empresa cercana al PSOE, los citados diarios andaluces por 1.800 millones de pesetas. El grupo Zeta es mayoritario en Córdoba (70%), y el grupo Moll crea en 1999 La Opinión de Málaga, que se imprime en Antequera en un centro pensado para realizar otras ediciones provinciales. En efecto, en 2003 le sigue La Opinión de Granada. El diario El Mundo mantiene tres ediciones para Andalucía –Sevilla, Málaga y Huelva–, en tanto el grupo Recoletos –Marca, Expansión– edita, asimismo, el cotidiano Estadio Deportivo.
    Pertenecen, por el contrario, a empresas de capital andaluz los ocho diarios del grupo Joly –Diario de Cádiz, Diario de Jerez, Europa Sur, Diario de Sevilla, El Día de Cordoba, Huelva Información, Granada Hoy y Málaga Hoy–, Málaga/Diario de la Costa del Sol, La Voz de Almería –con capital repartido– y las cabeceras del grupo Jerez Información: Cádiz Información, San Fernando Información, El Puerto Información, El Faro de Algeciras, además del diario comarcal Área. La mayoría de los diarios gratuitos, fenómeno reciente y en auge presente ya en todas las ciudades andaluzas –cuatro en Sevilla, otros tantos en Málaga–, pertenecen a grandes cadenas estatales o multinacionales orientadas a este tipo de diarios –20 Minutos, Metro, Qué, ADN–, aunque asoma alguna empresa autóctona, como la editora de Viva Jaén o Viva Cádiz. En conjunto, se distribuyen por encima de los 500.000 ejemplares Entre los de pago, aunque no todos los diarios andaluces tienen control de tirada –sí prácticamente todos los que, al menos, superan los 5.000 ejemplares–, se puede estimar que alrededor de 350.000 ejemplares de diarios vendidos cotidianamente en la comunidad pertenecen a empresas extraandaluzas y sólo alrededor de 150.000 son ejemplares editados por empresas autóctonas, cifra que resultaría modestísima sin la aportación del grupo Joly. [ Antonio Checa Godoy ].
 
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