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MINERíA

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f.Arte de explotar las minas. El modesto presente minero de Andalucía ?unos 5.000 trabajadores? no debe ocultar que la comunidad ha sido históricamente uno de los territorios más ricos en minerales de toda Europa, con explotaciones muy dilatadas e intensivas. Todas las provincias andaluzas, aunque en distintas etapas, han dispuesto de importantes yacimientos y desarrollado relevantes actividades mineras, aunque con claro predominio de capital y técnicos extranjeros en las explotaciones en los últimos siglos, lo que en parte explica que esa riqueza minera apenas haya dejado una estructura industrial en la comunidad. En los dos últimos siglos Andalucía ha abastecido de materias primas el proceso de industrialización en buena parte de la Europa occidental. Desde mucho antes de la implantación en el sur de la península de Roma, que desarrolla una explotación sistemática de los recursos mineros entonces conocidos, hay explotaciones mineras en la actual Andalucía, cuyos inicios algunos historiadores hacen retroceder a unos 3.000 años antes de Cristo. La Edad del Bronce es un largo periodo en el que en Andalucía se obtienen y se transforman distintos minerales, cobre sobre todo, y existe un poblamiento bienorganizado en torno a las minas. Será la riqueza del subsueloandaluz uno de los principales incentivos para que los fenicios,

un milenio antes de Cristo, lleguen a sus costas y funden numerosas ciudades en ellas.

El prestigio de la mítica Tartessos se asienta ante todo en su riqueza minera. Con independencia de en qué punto exacto de Andalucía se ubicara aquel reino, su economía es en gran medida minera, comercia con minerales ?y en ese comercio llegan hasta la actual Inglaterra?; cronistas griegos hablan del regalo de 1.500 kilos de plata realizado por Argantonio a los focenses. En el otro extremo de Andalucía, las culturas almerienses del Algar o Los Millares muestran también el buen conocimiento de la metalurgia por sus gentes y la existencia de una diversificada riqueza minera.

El Imperio Romano.  Roma explota intensamente muchas minas en toda la Bética, sobre todo en Sierra Morena. En la provincia de Jaén, por ejemplo, el plomo y la plata, con grandes núcleos, como la actual aldea de El Centenillo, en Sierra Morena, con minas fortificadas para impedir la huida de esclavos. En la Sierra Norte sevillana se trabaja en el Cerro del Hierro, llamado a muy larga explotación y se alcanzan ya importantes profundidades, y, desde luego, en todo el norte de la actual provincia de Huelva, la comarca de Riotinto, que conoce una explotación pujante de sus minas de cobre y de plata, con construcción de largos túneles.

El trabajo en las minas andaluzas, promovido por el estado romano, decae ya en las postrimerías del Imperio, y es muy escaso en los siglos V, VI y VII. Se produce un retroceso incluso en las técnicas de explotación de los yacimientos. Para los árabes, no obstante, la minería es importante, básica para la acuñación de moneda y para equipar a unos ejércitos en guerra permanente. La explotación es mucho menos intensa y más dispersa. Aparecen nuevas minas y minerales atrayentes como el zinc en el litoral granadino. El Cerro del Toro, al norte de Motril, es el primer lugar de Europa donde se trabaja el zinc ya en los siglos IX y X.

El final de la presencia musulmana en Andalucía coincide con el inicio de la Edad Moderna y viene marcado por el descubrimiento de América y de inmediato la explotación intensiva de sus minas de metales preciosos y todo tipo de minerales. Eso, en principio, podría suponer el ocaso o un paréntesis en las explotaciones andaluzas. En parte es lo que ocurre: se mantienen muchas explotaciones, pero con notables altibajos. Y comienza la hegemonía de técnicos y empresas extranjeras en la minería andaluza. Un buen ejemplo son las minas de plata de Guadalcanal, en Sevilla, en cuya explotación se suceden desde mediado el siglo XVI técnicos e intereses ingleses, alemanes y hasta suecos. Ya en el XVIII, el siglo de la Ilustración, se inicia la explotación del carbón en Villanueva del Río, que luego, en el XIX, pasará a ser Villanueva del Río y Minas, cuando los yacimientos, ya bajo explotación francesa, aportan muchos miles de toneladas cada año. Y de inmediato en la Sierra Morena cordobesa.

La edad de oro. Pero el gran siglo minero andaluz es, sin duda, el XIX, cuando de Almería a Huelva se intensifican de forma extraordinaria las explotaciones, muchas de ellas a cielo abierto, como la impresionante Corta Atalaya, en Riotinto, la mayor de Europa y la segunda más grande del mundo. Es la fibre minera andaluza; eso sí, siempre o casi siempre encabezada por empresas extranjeras, inglesas sobre todo, aunque también francesas y belgas. Será el propio Estado el que, incapaz de organizar y rentabilizar las explotaciones, venda los yacimientos. Es la era del plomo argentífero de Sierra Almagrera y Sierra de los Filabres, en la provincia de Almería, donde se explotarán además las minas de plata de Rodalquilar hasta bien entrado el siglo XX. El plomo será el eje de la fulgurante expansión minera en la provincia de Jaén, primero en Linares ?que se convertirá en una de las grandes ciudades andaluzas?, desde aproximadamente 1860, luego a fines de siglo en La Carolina. En 1873 las minas de Riotinto pasan por sólo 98 millones de pesetas a manos inglesas, la pronto poderosa Riotinto Company Limited. Ésta iniciará una explotación del cobre muy sistemática ?en sus mejores momentos, Huelva aportará un tercio de la producción mundial de cobre? y además en condiciones muy duras, que motivarán las más generalizadas protestas de los mineros españoles del XIX y que llevan a la matanza de febrero de 1888 en Riotinto, con decenas de muertos, y revelan la situación de colonialismo en que se trabaja en las minas andaluzas. Hacia finales de ese pródigo siglo XIX se intensifica asimismo el trabajo en las minas de carbón de la Sierra Morena cordobesa, en torno a Belmez y Peñarroya. También se inicia la explotación de las minas de hierro de Alquife, en Granada, que conocerán su mejor momento ya entrado el siglo XX, con explotación a cielo abierto y salida del mineral por el puerto de Almería.

Dentro de ese denso siglo se perciben dos etapas, una primera, dominada por pequeñas empresas mineras de capital español, caso muy visible en la provincia de Almería, y una segunda dominada crecientemente por las grandes empresas mineras extranjeras, al calor de una legislación liberal y una mano de obra barata. En cualquier caso, Andalucía aporta por sí sola la mitad de la riqueza minera española en esa segunda mitad del siglo.

Los inicios del siglo XX mantienen ese esplendor de la minería andaluza. En vísperas de la I Guerra Mundial son alrededor de 65.000 los trabajadores andaluces en el sector, pero la intensidad de la explotación comienza a agotar los recursos y sobre todo hace que el proceso se encarezca y las minas comiencen a perder rentabilidad, primero las minas almerienses, luego las de Jaén. Los años veinte y treinta muestran ya el inicio de la decadencia de la minería andaluza, víctima también de la inestabilidad de los precios y de la creciente competencia internacional.

El presente.  Durante el franquismo ese declive se acentúa. Se agota el plomo jiennense. El Estado adquiere en 1954 la mayoría en las minas de Riotinto, ya mucho menos atractivas. En la cuenca minera cordobesa, la empresa francesa ?Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya? que viene explotando las minas de carbón abandona y la explotación pasa en 1961 a Encasur, empresa estatal española. Hay reservas, pero falta rentabilidad.

El panorama minero-andaluz desde finales del siglo XX es reducido. En 1996 cierran las minas de Alquife, que en 1967 habían alcanzado el millón de toneladas de un mineral de hierro de excelente calidad, cifra luego incluso superada. Hay muchas ayudas oficiales, pero no bastan. Las nuevas explotaciones, como la de pirita en Aznalcóllar (Sevilla), no compensan ese declive paulatino, complejo y conflictivo en todos los casos, sobre todo el caso de Huelva. En ese panorama emergen como nueva realidad las canteras de mármol en la Sierra de los Filabres almeriense, un mármol de excelente calidad y amplias reservas. La explotación se intensifica en los años ochenta del siglo XX y convierte a España en el segundo productor de mármol del mundo, tras Italia, y da vida a una comarca almeriense, hoy muy dinámica. Almería significa en los primeros años del siglo XXI el 75% de la minería andaluza. A lo ancho y largo de Andalucía comienzan a brotar los museos mineros y a protegerse muchos paisajes modelados por las antiguas minas. Pero el subsuelo andaluz guarda aún muchos recursos mineros, y no faltan proyectos ambiciosos, como Las Cruces, en Sevilla. La minería andaluza no ha escrito su última palabra. [ Antonio Checa Godoy ].

 

 
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