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NúñEZ, VICENTE

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(aguilar de la frontera, córdoba, 1926-2002). Poeta. A partir de 1947, durante sus días de estudiante de Derecho en la Universidad de Granada, Vicente Núñez toma contacto con la escritura y completa su perfil de lector precoz. ?Con quince años ?rememora el poeta?, en quinto de bachiller, hicimos una excursión a los hermanos maristas en el antiguo tren del aceite, y en la estación de Cabra había un puesto de libros en el que compré un tomito de la colección Austral, de la que yo era muy aficionado, un tomito de Kant, Prolegómenos a toda metafísica futura . Qué modernidad?. En Granada, en la revista que dirigían Manuel Aróstegui y Victor Andrés Catena, Forma , y en el volumen colectivo Sur de Poesía , se publican sus primeros poemas. Pese a ello, la ciudad donde Vicente Núñez madura como poeta es Málaga. Allí vive entre 1953 y 1959 y colabora con la revista Caracola * , fundada a principios de los cincuenta por José Luis Estrada * y editada bajo el cuidado meticuloso de Bernabé Fernández-Canivell * . En 1954, en la colección ?A quien conmigo va?, que habían fundado en 1950 Alfonso Canales y Muñoz Rojas, aparece su primer libro, Elegía a un amigo muerto . Vicente Aleixandre firma el pórtico del libro y el propio Canales el prólogo. Un año después, en 1955, se publican Tres poemas ancestrales en los Cuadernos de poesía de Rafael León y María Victoria Atencia. Estos primeros libros ya dejan ver las características esenciales de su poesía, atravesada por un esplendor fonético, un cultismo y un léxico seductor que empujan, según Miguel Casado, ?el curso de la escritura, mientras un interrupto rumbo de sentido se sumerge y emerge de modo intermitente y voluble?. En Vicente Núñez, la conexión entre la tradición española de Quevedo, Bécquer y Cernuda y la extranjera de Valéry, Verlaine, Baudrillard o Eliot aportan un ritmo soterrado, que se desliza a través de una sintáxis perfecta, de corte clásico, en la que forma y fondo son sinónimos. ?Todo lo sabe la forma del fondo?, reza uno de sus más lúcidos sofismas. Los días terrestres , aparecido en 1957, se nutre de esa combinación perfecta, en la que crecen temas como el amor, la amargura, la muerte, la dependencia de las letras o el pálpito mítico de su tierra natal.

En 1954, Vicente Núñez entra en contacto con los poetas de Cántico, un universo poético que a la postre resulta trascendental. Es díficil valorar la influencia de Cántico en su obra, pero no cabe duda que Vicente Núñez encuentra en la amistad con el grupo de poetas cordobeses un vínculo afectivo y amistoso que perdura hasta el final de sus días. "Conocimos a Vicente Núñez" -relata Pablo García Baena- en el verano de 1954. El Tercer Congreso Internacional de Poesía en Santiago de Compostela daría ocasión para este, no dudo en llamarle estelar, predestinado encuentro. Acudimos los poetas invitados a la librería Ínsula, de Madrid [...] y es José Luis Cano quien conecta a las dos banderías andaluzas del momento, Cántico y Caracola?. Como resultado de esta amistad, Vicente Núñez participa con el artículo ?Sobre tres temas cernudianos? en el número especial que Cántico  le dedica a Luis Cernuda. La respuesta del poeta en el exilio no se hace esperar: ?[Sus páginas] me han interesado y sorprendido en extremo; me han interesado y sorprendido más que nada de lo que sobre mí se haya escrito. En verdad no esperaba ya que alguien me comprendiese también y viese en mi trabajo lo que yo creía haber puesto en él?. Éste es el comienzo de una larga correspondencia que mantienen los dos poetas.

Tras un breve paso por Madrid y otro aún más breve por París ??Cuando yo deambulaba con Ricardo Molina/ por el Bois de Bolougne, Maiakovski se unía/ a aquellas paseatas de inasible hermosura??, en 1959 se instala de forma definitiva en Aguilar de la Frontera. ?Llegué procedente de Madrid a pasar unas vacaciones (...) Venía para reponerme y ya no me fui más. De los sesenta ya no tengo ninguna carta de Cernuda, o alguna quizás. El quería que yo me fuera a México, al Colegio de México?, pero ?lo mío era quedarme?. Vicente Núñez se queda instalado entre su casa y el bar de El Tuta de la Plaza ochavada, donde tiene una mesa reservada, escribe y comparte tertulia diaria con la gente llana del campo, ?entre semidioses jornaleros?, paladeando los caldos de la tierra ??ambos, el vino y yo, vinimos al mundo en Aguilar de la Frontera?? y el silencio de la Ipagro romana y la Poley árabe. Hasta su próximo libro se extienden tres largas décadas de silencio y olvido, pero en el universo poético de Vicente Núñez también tiene cabida la no escritura, puesto que refleja su desdén por la literatura, a la que califica de ?ramera? y ?puta de lujo?. ?La escritura la hubiera yo querido ?escribe el poeta? en mi propio cuerpo, para mi propia vida: mi poesía hecha vida... ¡pero no obra, no verso, eso nunca lo quise ni lo quiero!? Pese a su retiro en El Tuta, el peregrinaje a Aguilar de la Frontera para vivir la inigualable experiencia de escuchar de viva voz a Vicente Núñez se convierte en una costumbre de amigos, intelectuales e incluso políticos (de hecho, Aquilino Duque lo incluye en su Guía natural de Andalucía como un elemento más del paisaje). Según Juan Lamillar, la conversación de Vicente Núñez podía pasar ?del existencialismo de Kierkegaard al médico o los concejales de su pueblo, de su personal interpretación de los dibujos de Lorca a la queja por el ruido de las motos en las calles y de los televisores en los bares, de sus recuerdos de Sartre y de la Beauvoir al habla de ?las mariquitas?, o a la demostración de que una rima de Bécquer se puede cantar como un tango de Gardel?.

En 1980, Vicente Núñez pone fin a su largo silencio con un título revelador, Silencios ancestrales , y en 1982 le llega el reconocimiento general cuando le es concedido el Premio Nacional de la Crítica por Ocaso en Poley , un canto en el que destila la meditación y la contemplación de tantos años. En 1984, el mismo año en el que aparecen Cinco epístolas a las Ipagrenses , su pueblo natal le nombra Hijo Predilecto. Posteriormente, publica Teselas para un mosaico (1985), Himnos y textos (1989), La Gorriata (1990) y El fulgor de los días (2002). Junto a su poesía, Vicente Núñez, galardonado en 1990 con la Medalla de Plata de las Letras Andaluzas, recogió su pensamiento, lúcido y clarividente, en los libros de aforismos Sofismas (1994), Entimema (1997), Nuevos sofismas (2001) y, a título póstumo, Sorites (2004). En 2003, aparece recogida su obra ensayística y de crítica literaria en el El suicidio de las literaturas . [ Pablo Saniago Chiquero ]. S. Ch.]

 

 
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