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BALNEARIO

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(Del latín balnearius ). Perteneciente o relativo a los baños medicinales, y a los baños públicos en general. || 2. m. Edificio con instalaciones de baños medicinales.

Origen romano.  Buscar los antecedentes de los actuales balnearios supone, en primer lugar, rastrear en la arquitectura y las costumbres sociales de la Roma clásica, así como de sus territorios colonizados, entre los que se halla Andalucía. El uso de las aguas termales para paliar enfermedades, mejorar la salud física y embellecer el cuerpo constituía una práctica habitual en la Antigüedad, como lo atestigua Plinio el Viejo en el año 40 de nuestra era, quien establece entonces la primera clasificación de las aguas minerales "sulfurosas, purgantes, digestivas, etc." atendiendo a las bondades de éstas para el organismo; o Séneca, quien hace referencia al gusto que sentían por el agua los romanos en una de sus cartas: "Se lavaban todos los días la cara, los brazos y las piernas, y cada nueve días tomaban un baño completo". Su empleo representaba, además de una actividad higiénica, un rasgo de distinción entre los ciudadanos cultos, como lo ejemplifica el viejo proverbio italiano que para definir a un ignorante dice: "No sabe leer ni nadar".

Prácticamente en todas las casas romanas existía un balneum , una estancia en la que los inquilinos hacían uso del agua. De no ser así, es decir, de no poder disfrutar de esta habitación propia, la gente acudía a los baños públicos, que abundaban en las principales ciudades. Estas construcciones pertenecían a particulares " balnea meritoria ", que las explotaban como negocio; o bien eran regentadas por el Estado "termas". De mayor tamaño y lujo, las termas solían arrendarse a un particular " conductor ", que cobraba por la entrada en ellas una pequeña cantidad, fácilmente abonable por cualquier ciudadano del Imperio. En ocasiones puntuales "como es el caso de festejos o ascenciones políticas", los magistrados obsequiaban al pueblo con la entrada libre, gracias a la cual también los plebeyos gozaban de un tiempo de ocio muy preciado por esta civilización, en el que se desplegaban todo tipo de actividades dirigidas al entretenimiento, que iban desde el reposo o la natación en las salas de baño a la lectura en bibliotecas o la práctica deportiva en las palestras aledañas.

La realización de esta amplia gama de posibilidades exigía una obra arquitectónica de envergadura, dotada de una serie de recursos técnicos que sorprenden por su vigencia. La organización de las distintas dependencias de las termas, cuyo uso se generaliza a partir del siglo I a.C., atendía a un orden espacial lógico: en primera instancia, el edificio daba la bienvenida a los visitantes con un pórtico y una habitación de recepción " apodyterium ", en la que podían depositarse las ropas y objetos personales bajo la vigilancia de un esclavo; superado este vestíbulo, los bañistas se adentraban en la pieza que preferían, aunque normalmente seguían un recorrido habitual que iba desde la sala de baños de agua fría " frigidarium ", con techo descubierto, al caldarium o habitación de agua caliente, pasando antes por el tepidarium , donde la temperatura era tibia. Entre todas ellas, la piscina del caldarium y los vapores que emanaban del laconicum  "una sala contigua a la anterior, en la que era posible regular el ambiente gracias a los vanos" suponían las mayores atracciones para los ciudadanos romanos en su deseo de tomar descanso y relajarse.

El funcionamiento de estas estancias venía auspiciado por el perfeccionamiento de una serie de mecanismos técnicos, ideados por el ingeniero Sergio Orata en tiempos en los que el pragmatismo urbanístico comenzaba a florecer "siglos I y II a. C.". Su proyecto para caldear el agua y las habitaciones de las termas se basaba en un sistema que tenía como elementos fundamentales un horno " hypocaustum ", alimentado con carbón, y tres calderas de cobre "una para cada tipo de temperatura del agua deseada", que se instalaban bajo una cámara especial, irradiando así aire caliente que se distribuía a través de tuberías " vaporium " situadas bajo el suelo y el interior de las paredes. De esta forma, la superficie de la sala termal o caldarium  se convertía en una placa irradiante de calor, que desprendía vapor al depositarse agua sobre ella.

La construcción se completaba normalmente con una tabernae , una tienda adosada a las salas de baños, donde se vendían comidas y bebidas, pregonadas a voces por los comerciantes. Tales innovaciones en tiempos tan remotos sorprenden aún más cuando se conocen los hábitos y los objetos utilizados por los visitantes de las termas, entre ellos aceites, pomadas, toallas y strigilis  "un raspador curvo para quitar los ungüentos rociados por el masajista tras los ejercicios físicos".

Los restos arqueológicos que atestiguan la importancia de las termas en territorio andaluz se manifiestan en enclaves como los de Alicún de las Torres (en la comarca de Guadix), Lecrín (Granada), Castulo (Linares, Jaén), Puente de la Hoya y Baños de Agua Hedionda en Tucci (Martos, Jaén), Aurgi (Jaén), Córdoba (yacimientos de las calleGóngora), San Pedro de Alcántara (Málaga), Callima

(Cártama, Málaga) o Murgi (Campo de Dalías, Almería). También a la zona oriental pertenecen las termas medicinales halladas en puntos como el Cortijo del Ahorcado en Baeza y Torreblanca del Sol en Fuengirola. Por su parte, las termas mayores de Itálica (Santiponce, Sevilla), que ocupan toda una manzana de la antigua villa, destacan por su magnitud entre todas las obras civiles romanas de la parte occidental andaluza.

Continuidad árabe. Siguiendo el modelo de las termas romanas, los baños árabes " hamman " se erigen como los edificios herederos de este legado en Andalucía. No obstante, el carácter de ambos es diferente, puesto que, si bien las termas suponían un lugar de encuentro y esparcimiento, principalmente, para patricios, el uso de los baños árabes tenía un valor religioso, a modo de espacio dedicado para oficiar un ritual: el de la purificación total del cuerpo. Así se recoge en la sura IV y V del Corán, donde se prescribe el acto de limpieza del alma o ablución: primero, realizada en el patio de la mezquita, antes de entrar a la sala de oración; y, posteriormente, en los baños.

En cuanto a la arquitectura, los musulmanes efectúan pocos cambios sobre los restos romanos existentes, ya

que la disposición de las piezas sería similar "con una gradación de las salas según las temperaturas" y la riqueza ornamental de los mosaicos se repetiría en los azulejos árabes "ahora con motivos vegetales, epigráficos o geométricos". Como excepciones podemos hallar la introducción de una nueva modalidad de baño "el turco", la construcción esporádica de un piso superior "destinada para el descanso de los altos mandatarios", el abovedado de la cámara de agua templada y la sustitución de la piscina natatoria romana " frigidarium " por una pila de agua fría.  

Éste es el esquema que se encuentra en baños como los de la Alhambra * , en cuyo recinto se conservan una docena de ejemplares. Entre ellos, destaca, por sus dimensiones y riqueza ornamental, el Baño Real, situado al este del Palacio de Comares. De menor amplitud, pero igualmenteimportantes por su antigüedad, los yacimientos del

Camposanto de los Mártires en Córdoba "antiguo Palacio Emiral" están considerados como la muestra de baño islámico más arcaica hallada en España. Erigido en época emiral "entre el año 756 y 929", este baño se convierte en modelo para las construcciones posteriores, a pesar de su edificación desordenada. Por su parte, los baños de Medina Azahara "alzados bajo el mandato de al-Hakam II" y los del sotano del Palacio de Villadompardo en Jaén "cuyos restos, en excelente estado de conservación, datan del siglo XII" constituyen el paso intermedio en la evolución de estas construcciones, que alcanzan un alto nivel de perfeccionamiento durante las etapas de los reinos de taifas, almohade y el Reino nazarí de Granada. Al primer periodo pertenecen el Bañuelo del Darro, situado en las proximidades de la Alhambra y los baños de la judería de Baza. De la época almohade, cabe mencionar algunos testimonios en Sevilla "como, por ejemplo, los restos de bóvedas y columnas conservados en el número uno de la calle Mateos Gago o la calle Baños, a la que da nombre". Finalmente, los baños nazaríes de Alhama de Granada patentan el conocimiento existente entre la comunidad islámica acerca de los beneficios curativos que aportaban las aguas, en este caso, las que brotaban de la Sierra de Tejeda. Estos baños, reedificados sobre cimientos romanos, inician su explotación en el siglo XI, continuándose ininterrumpidamente hasta nuestros días. Otros vestigios de esta última etapa de dominación musulmana en la Península se encuentran en Segura de la Sierra (Jaén), Alhama de Almería "que cobija sus yacimientos en el Balneario de San Nicolás" o Cogollos Vega (Granada), fechados en torno a los siglos XIII y XIV y declarados Bien de Interés Cultural por representar una excepcional muestra de baño árabe nazarí construido en zona rural y atesorar una alquería andalusí atípica, denominada quiqullus , que da nombre al municipio que lo alberga.

En líneas generales, los baños árabes mejoran la construcción romana en cuanto a técnica y sofisticación decorativa, pero suponen un retroceso en cuanto a su uso público, puesto que estas edificaciones se ubican en grandes residencias privadas "pertenecientes a familias de comerciantes" o en el harem  de los palacios regentados por sultanes, quedando un menor número de baños colectivos "hallados alrededor de las mezquitas".

Recuperación romántica.  La Reconquista castellana del antiguo territorio de al-Ándalus y la definitiva expulsión de los moriscos en 1614 suponen la ruptura y el abandono de las costumbres que unían al pueblo andaluz con los baños terapéuticos. Legalmente, este uso "así como la lengua y otras señas identitarias musulmanas" quedaba prohibido en la pragmática promulgada por Carlos I en 1526 y puesta en práctica por Felipe II en 1566.

Tendrían que pasar unos 300 años para que los balnearios recobraran su antiguo auge. La burguesía española sería la encargada "acorde con el movimiento romántico y el historicismo arquitectónico" de recuperar una tradición perdida y considerada exótica. Como en época musulmana, el acceso a estos centros de salud "que se rehabilitan, en muchos casos, sobre los cimientos de siglos pasados", sólo es posible para las clases sociales más acaudaladas. Así, ilustres personajes decimonónicos, como el rey Fernando VII, Eugenia de Montijo, Jovellanos o Lord Byron visitan los balnearios andaluces como refugios vacacionales y espacios para el recreo y la cura de enfermedades.

El definitivo restablecimiento de los baños públicos en Andalucía se produce en los años ochenta del siglo XX como resultado del proceso de estabilización del turismo en la Comunidad Autónoma y la búsqueda de nuevas alternativas a la tradicional oferta de sol y playas. En 2004 once balnearios se encuentran en funcionamiento y decenas de hoteles incluyen entre sus servicios tratamientos similares a los practicados en éstos. Terapias ya conocidas en la Antigüedad, basadas en la aplicación corporal de lodos, barros o algas y aguas marinas "talasoterapia", junto a otras técnicas modernas, como el hidromasaje, la fototerapia, la ozonoterapia, la electroterapia, la reflexología podal o la inhalación de gas natural, bajo supervisión médica, amplían la gama de tratamientos para paliar trastornos respiratorios "asma, bronquitis, alergia, faringitis" o circulatorios y mitigar dolencias musculares. Además, estos nuevos centros se convierten a principios del siglo XXI en destacadas empresas al servicio del cuidado estético, aplicando diversos recursos "denominados balneo-estéticos" que procuran la limpieza dérmica, el adelgazamiento o la recuperación post-operatoria.

Los once establecimientos que se hallan en funcionamiento en Andalucía son: el Balneario de San Nicolás en Alhama de Almería y el de la Sierra de Alhamilla en Pechina (Almería); el Balneario de Fuenteamarga en Chiclana (Cádiz); el Balneario de Alhama de Granada, de Graena, de Lanjarón y de Alicún de las Torres (Granada); el Balneario de San Andrés en Canena y de Marmolejo (Jaén); y el Balneario de Carratraca y de Fuenteamargosa en Tolox (Málaga). [ José Romero Portilllo ].

 

Para más información, visite Wikanda: http://www.wikanda.es/wiki/Balneario_de_San_Nicol%C3%A1s_%28Alhama_de_Almer%C3%ADa%29

 

 
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