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SACROMONTE

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Barrio de Granada situado en torno al monte de Valparaíso, en el margen derecho del río Darro, frente a la Alhambra. Junto al Albaicín * , el Sacromonte constituye uno de los enclaves emblemáticos del arrabal granadino, conocido por su riqueza histórica, social y paisajística, motivo de leyendas e inspiración artística durante siglos. Diversos pobladores habitan desde la Prehistoria esta montaña cubierta de pitas y chumberas, aprovechando las irregularidades del relieve y el terreno arcilloso, que es perforado para abrir cuevas. Éstas sirven de alojo a distintas comunidades trogloditas, iberas, romanas y visigodas, que ceden las cuevas por la fuerza. Con la entrada de los Reyes Católicos en Granada, en 1492, la zona se convierte en gueto para los moriscos, hasta ser expulsados definitivamente en 1610.

En esta época, a finales del siglo XVI, el monte de Valparaíso despierta el interés de las autoridades civiles y eclesiásticas granadinas, al ser aún una zona disgregada, extramuros de la ciudad, donde habitaban moriscos. Para controlar este asentamiento, surge la leyenda de los Libros Plúmbeos y el hallazgo de unas supuestas reliquias pertenecientes a San Cecilio * y otros discípulos del apóstol Santiago, que bajo el punto de vista de la historiografía actual suponen una compleja trama de invenciones, negadas incluso por el Papa Inocencio XI en 1682. La aparición de estos plomos genera un fervoroso vía crucis  desde Granada hasta una pequeña capilla dedicada al Santo Sepulcro, en la cumbre de Valparaíso, que desde entonces pasaría a denominarse ?monte sagrado? o Sacro­monte. De aquellas estaciones de penitencia se conservan algunos cruceros que marcaban los hitos de la Pasión, así como el conjunto arquitectónico de la Abadía del Sacromonte, construido a partir de 1609 por orden del arzobispo de Granada, Pedro de Castro Quiñones.

Barrio gitano. Los llamados ?egipcianos? serán los siguientes moradores del Sacromonte, aún en convivencia con algunos moriscos que habían permanecido en Granada. Se estima que la ocupación permanente del Camino del Sacro­mon­te por los gitanos comienza en el siglo XVII, abandonados ya sus hábitos nómadas y atenuadas las ordenanzas reales que los perseguían. De esta forma, se instalan en las cuevas deshabitadas con escasos enseres y viviendo del ganado doméstico y los frutos obtenidos en las huertas aledañas. Poco a poco, incorporan oficios tradicionales y se dedican a la artesanía ?cerámica, cestería, telares?, el arrierismo, el esquilado de animales, la herrería o la fundición, sin abandonar la práctica del zahorismo o la cartomancia. Permitidos estos oficios, la ciudad conviviría sin conflictos con el arrabal, hasta el punto de que los gitanos eran solicitados durante el siglo XVII para acompañar con sus danzas en las procesiones del Corpus Christi.

Economía, fiestas y tradiciones. Basada en una economía de subsistencia, la población del Sacromonte se mantiene históricamente por debajo de la media granadina en cuanto a renta per cápita. Sin embargo, a partir de los años noventa del siglo XX experimenta cierto crecimiento, gracias a la explotación turística de sus singularidades históricas y artísticas. En relación a esto último, mejoran las comunicaciones con el centro urbano y se acometen diversas obras para adecentar e iluminar su paisaje. La población, no obstante, abandona progresivamente el barrio y se instala en los bajos de la ciudad, dedicándose las cuevas al aprovechamiento turístico a través de la hostelería o los espectáculos flamencos.

Si la gastronomía juega un papel importante en esa atracción turística, gracias a platos tradicionales, como la tortilla del Sacromonte o las habas con jamón; mayor es aún el reclamo del flamenco. Las zambras conforman una de las principales señas de identidad del Sacromonte, al ser cuna de cantaores y bailaores como María la Canastera * , y de sagas familiares célebres, como es el caso de los Amaya, que popularizan bailes autóctonos, entre ellos la albolá, la cachucha o la mosca. Quedan enraizadas, además, fiestas como las cruces de mayo o la Semana Santa, que ofrece la bella estampa del Cristo de los Gitanos enfilando entre hogueras la subida hasta la Abadía. [ José Romero Portillo ].

 

 
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