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SALADO, BATALLA DEL

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En la mañana del día 30 de octubre de 1340, al noroeste de la ciudad de Tarifa, en el arroyo conocido como del Salado, muy próximo ya al litoral atlántico andaluz, tiene lugar una de las últimas y grandes batallas de la llamada ?reconquista? hispánica de al-Ándalus por razón del choque bélico de una confederación de ejércitos cristianos (castellanos y portugueses) y otra de huestes islámicas (benimerines y granadinos). En el fondo, lo que estaba a mediados del siglo XIV verdaderamente en juego en Andalucía no era sólo el dominio de las plazas del litoral atlántico, de escasos intereses económicos a no ser por sus buenos refugios portuarios, sino el libre tráfico marítimo cristiano por el Estrecho de Gibraltar * , vital en la llamada Ruta Europea del Poniente, lo que explicaría que la flota castellana estuviese dominada por marinos cántabros y andaluces y sobre todo por almirantes aragoneses y genoveses. Así debía entenderlo, desde luego, el sultán de los benimerines * Abu-l-Hasan Alí * , al cercar Tarifa en junio de 1340 desde Ceuta con la ayuda de su aliado granadino Yúsuf I * y titularse, como lo hicieran ya los antiguos príncipes almohades *  de los siglos XII y XIII, ?malik al?udwatayn?, es decir, rey de las dos riberas del Estrecho.

La promesa de la urgente liberación del cerco de Tarifa por el rey de Castilla Alfonso XI *  es tan sólo la causa externa de un singular y progresivo enfrentamiento entre castellanos y granadinos por el control del mismo territorio andaluz. En cualquier caso, la tenaz resistencia de los tarífeños permite al rey cristiano reclutar algunos socios importantes como príncipes y nobles navarros y aragoneses e incluso ultramontanos que llegan a Andalucía por la ?bula de cruzada? predicara en 1339 Benedicto XII, y sobre todo con la ayuda militar de su suegro el rey Alfonso IV de Portugal. Sin embargo, hasta el 15 de octubre no puede Alfonso XI reunir en Sevilla una hueste suficiente como para enfrentarse con éxito a los aliados islámicos. En el camino hacia Tarifa los cristianos organizan la batalla. Se trataba de un plan minuciosamente preparado por el monarca castellano y su consejo militar, siguiendo las directrices de don Juan Manuel.

Efectivamente, al alba del 30 de octubre, con las dos huestes ya frente a frente y perfectamente visibles desde Tarifa, los portugueses cruzan el arroyo hacia el interior, atacando por sorpresa las bases de los granadinos de Yúsuf I.  Por su parte los castellanos intentan hacer lo mismo por el litoral, pero son frenados por los benimerines de Abu-l-Hasan Alí que dominaban las alturas del territorio; lo que  provocaría dudas y los miedos personales a don Juan Manuel y los cristianos que debían cruzar el arroyo hacia Tarifa. A punto estaba todo de fracasar, cuando las milicias municipales de la ciudad de Sevilla, mandadas por Gonzalo Ruiz de Manzanedo, su alférez mayor, cruzan el Salado estimulando con su valentía al resto del ejercito castellano, incluido el propio rey. Además los tarifeños salieron ahora de la ciudad cercada sorprendiendo por retaguardia a los propios musulmanes.

El éxito cristiano es absoluto, sólo comparable al de Las Navas de Tolosa * de 1212. El sultán de Fez, abandona a su suerte el campamento regio, incluida su propia familia, y regresa a Marruecos. El rey de Granada huye a caballo por Algeciras y Gibraltar hasta el interior de su reino. La victoria del Salado puone de inmediato fin al cerco de Tarifa, entrega a los castellanos el dominio del Estrecho de Gibraltar y acentúa el final de los benimerines en la Península Ibérica. En Europa su repercusión es enorme, especialmente en la Sede Pontificia de Aviñón. Incluso, según algunas crónicas cristianas de la época, el precio del oro baja un tercio su valor por la gran cantidad de metales preciosos y joyas apresados y repartidos en el "botín" del Salado "básicamente del campamento norteafricano" entre quienes habían participado en la batalla. [ Manuel García Fernández ].

 

 
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