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TRAJANO

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( itálica, 53 d.c.-selinonte, cilicia, 117 d.c.). Emperador de Roma. El nacimiento de Marco Ulpio Trajano se suele situar el 18 de septiembre del año 53 en Itálica, la ciudad hispanorromana localizada en el término municipal de la actual Santiponce (Sevilla) que funda en 206 a.C, durante la Segunda Guerra Púnica, el general Publio Cornelio Escipión con veteranos heridos o inválidos tras la batalla de Ilipa (Alcalá del Río). Hasta esta ciudad de la Bética llegan posteriormente, atraídos por su prosperidad, otros colonos procedentes de Italia, entre ellos miembros de la gens Ulpia, a la que habría de pertenecer el propio Trajano. Si bien, estudios más recientes realizados por Alicia Mª Canto aseguran que el futuro emperador desciende de la familia o gens  Trahia, "con un origen turdetano puro". Sus padres son Ulpio Trajano, un famoso general flavio, especialmente activo durante los reinados Nerón y Vespasiano, hasta el extremo de que sus servicios le valen el acceso de su familia al patriciado, y Ulpia Marciana, italicense de origen desconocido. Según Dion Casio, "no gozaba de una educación esmerada, por lo menos en lo que a las letras se refiere, pero conocía la esencia de la educación y la llevaba a la práctica". Una prueba de su escasa formación cultural es su desconocimiento del griego, la lengua que contiene y transmite todos los saberes de la Antigüedad.

Desde muy joven, acompaña a su padre en las filas del ejército y, entre los 17 y los 26 años, es tribuno militar. A partir del año 80 sigue subiendo peldaños en el cursus honorum  y desempeña los cargos de cuestor y pretor. En 88 marcha a Germania al frente de la Legio VII Gemina, procedente de Hispania, para sofocar la revuelta de L. Antonio Saturnino. Tres años después, en 91, accede al consulado. Como gobernador de Germania Superior, recibe en 97 la noticia de que sido adoptado por el emperador, Nerva, quien con esta decisión trata de mitigar sus tensas relaciones con el ejército. Trajano, revestido con el poder tribunicio y asociado al trono a partir de este momento, debe su acceso al poder además de a su prestigio como militar y administrador, al creciente peso de la oligarquía hispanorromana, ya plenamente integrada en los cuadros imperiales. Precisamente uno de sus miembros, el senador tarraconense Lucio Licinio Sura, ejerce una influencia determinante en Nerva para permitir el ascenso del italicense.

Emperador. La muerte de Nerva, a principios de 98, supone la llegada al trono imperial de Trajano, que tiempo atrás había contraído matrimonio con Plotina. El nuevo emperador cuenta entre sus primeras medidas de gobierno la ejecución de los pretorianos que se habían revelado contra su antecesor. Antes de marchar a Roma para tomar posesión de su cargo, decide consolidar la frontera renano-danubiana, tarea que se prolonga un año y medio. Durante este tiempo el gobierno de Roma es desempeñado por el Senado, hecho que favorecería la posterior relación de esta institución con el emperador. En efecto, el nuevo reinado inaugura una etapa de aparente concordia entre las distintas fuerzas y grupos políticos. "Hubo una auténtica restauración de la división de poderes -explica Jaime Alvar Ezquerra-, con un exquisito respeto del príncipe  por las competencias del Senado; pero la realidad era bien distinta. La toma de decisiones, tal y como se aprecia en el conjunto de la información sobre el reinado de Trajano, no guardaba en absoluto criterios de paridad; su organización del poder fue cada vez más piramidal, caracterizada por el típico paternalismo absolutista, intransigente y compacto, aunque disimulado con una apariencia de moderación y deferencia que suavizó la indudable pérdida de poder del Senado a lo largo del reinado".

La "médula del régimen", como señala el mismo Alvar Ezquerra, es el consilium principis , un consejo que tiene como misión preparar las acciones gubernamentales tanto desde el punto de vista político como administrativo o militar. "Estos amigos del príncipe (Licinio Sura, Lucio Quieto, Avidio Nigrino, Cornelio Palma, Lucio Publio Celso, Neracio Prisco, Juvencio Celso...) -sigue diciendo el catedrático de Historia Antigua de la Universidad Carlos III de Madrid- arrebataron en realidad las funciones que correspondían al Senado, institución que quedó como comparsa para ratificar las decisiones adoptadas por ese otro consejo deliberante informal". Trajano pone en funcionamiento una monarquía burocrática que lleva consigo la multiplicación de los funcionarios y de los enviados imperiales a las provincias.

Propaganda. Al mismo tiempo y de forma paralela se fomenta la creencia de que el emperador es el artífice del bienestar, por su excelente relación con los dioses. En esta empresa se halla enfrascado Plinio el Joven, amigo de Trajano y autor hacia el año 100 del Panegírico . Según José María Blázquez, en este escrito "presentó al Senado, y después a toda la ciudadanía, a Trajano como un ejemplo del gobernante ideal. Le consideró muy próximo a los dioses, creando de este modo una vecindad entre Trajano y lo divino, señalando la ausencia de un límite bien determinado entre los dioses y el emperador. Esta concepción de Plinio el Joven queda clara en el apelativo que recibió Trajano (...) de optimus maximus, que le aproximaba a la principal divinidad del Imperio: Júpiter Óptimo Máximo". También destinan todos sus esfuerzos a esta empresa propagandística autores como Dión Casio, Eutropio y Aurelio Víctor, creadores de la figura del príncipe humanista, en la que se aúnan las cualidades del gobierno absoluto y la libertas  propia del régimen republicano.

La imagen del emperador como un ser providencial, un hombre carismático, feliz, bueno, generoso, justo y piadoso, permite a Trajano emplear a los cónsules, desprovistos de atribuciones reales, como agentes propios; o suprimir definitivamente los comicios, es decir, las asambleas populares cuyas decisiones, los plebiscitos, tenían rango de ley. Como consecuencia quedan dos únicas fuentes legislativas: las decisiones senatoriales -los senadoconsultos, mediatizados siempre por los intereses del emperador- y las constituciones imperiales -instrucciones emanadas del propio monarca-.

Por otra parte, con el fin de fomentar la economía agraria, imponen a los miembros del senado la obligación de comprar tierras en Italia. El emperador toma así medidas para frenar el declive de determinadas regiones de la península Itálica, donde se había dejado sentir la competencia comercial de las regiones occidentales. A este objetivo corresponden también diversas acciones sociales de este periodo, entre ellas la aplicación de la asistencia estatal alimentaria               ( alimenta ) a los niños necesitados, que se financia mediante los intereses de los préstamos imperiales a los propietarios de las tierras. Acerca de su política de alimenta  ha escrito Alvar Ezquerra: "La medida pretendía mejorar la calidad de vida y, como consecuencia a largo plazo, aumentar la natalidad. Así se contribuiría a la incorporación de ciudadanos en las filas del Ejército, pues cada vez eran menos los hombres libres dispuestos a participar en las tareas de defensa del Estado, y se fomentaba que buena parte de sus efectivos procediera de Italia". La búsqueda de un mayor bienestar para los habitantes de Italia parece esconderse detrás de otras decisiones, como la exención del impuesto de sucesiones, gravadas con un cinco por ciento hasta entonces, o el tributo que habían de pagar las ciudades al erario público con motivo del ascenso de un nuevo emperador.

En el terreno de las infraestructuras, construye y mejora numerosas calzadas (Vía Trajana, entre Benevento y Brindisi, y Vía Appia), puentes y acueductos (Aqua Traiana, en Roma) y algunos puertos (Ostia, Centumcellae y Ancona). Entre sus obras públicas figuran, asimismo, las termas de Esquilino, y destaca muy especialmente el foro que lleva su nombre, el más grandioso de los foros imperiales, edificado por Apolodoro de Damasco. Allí se erigen la basílica Ulpia, dos bibliotecas y la célebre Columna Trajana.

A pesar de la reducción impositiva, los gastos militares y las obras públicas, Trajano intenta hacer frente a la situación financiera de Roma mediante la mejora de la administración -el ya comentado incremento de los funcionarios imperiales- y las victoriosas campañas contra los dacios, que le dan acceso a un importante botín de guerra. También se afana por mejorar la administración de justicia, reduciendo el tiempo de detención preventiva y rechazando las denuncias anónimas, y renueva el ejército con la creación de dos nuevas legiones y el aumento del número de cuerpos auxiliares.

Trajano no olvida en su programa político a Hispania. El emperador potencia el comercio de la Bética, especialmente de aceite y cereales, y durante su mandato se reforma la estructura urbana de centros como Corduba Carmo, Astigi y su ciudad natal, Itálica, que ve además cómo se levanta un nuevo anfiteatro; se renueva la red viaria y se construyen arco de Bará y el puente de Alcántara.

Expansionismo.  El reinado de Trajano acaba con el planteamiento defensivo que había establecido Augusto y el Imperio alcanza la mayor extensión de su historia. Los botines e indemnizaciones de guerra, la captación de esclavos y la necesidad de metales -las explotaciones mineras tradicionales, como las de Hispania, entran en decadencia-, entre otras razones, llevan al emperador a optar por las conquistas militares en su política exterior. A principios del siglo II, somete la Dacia en la que gobierna Decébalo, quien, con anterioridad, en el año 89, había firmado un pacto de alianza con Domiciano. Sin embargo, el rey dacio representa una amenaza para la frontera danubiana, por lo que Trajano, atraído por la riqueza minera del país, decide pasar a la acción y cruza el Danubio en 101 al frente de su formidable maquinaria bélica, compuesta por unos 100.000 soldados. No conocemos bien el desarrollo de las operaciones, pero en torno a 106 la capital, Sarmizegetusa, ya ha sido ocupada por las tropas romanas y, poco después, la Dacia es convertida en provincia y repoblada con colonos de Asia Menor y de las tierras del Danubio. Además, esta victoria de las armas imperiales reporta grandes riquezas a las arcas romanas, hasta el punto de que autores como Juan Lido, una fuente tardía, de época bizantina, aseguran de forma exagerada que el botín obtenido es de cinco millones de libras romanas de oro, diez millones de libras de plata, medio millón de prisioneros de guerra y una cantidad ingente de vasos y copas, ganado y armas. En cambio, otros historiadores más actuales, como el mismo Alvar Ezquerra, indican que "la conquista de Dacia generó una afluencia tan grande de metal y éste se puso en circulación tan de inmediato que provocó una inflación tremenda". Sea como fuere, lo cierto es que poco tiempo después de la conquista, en 114, el Senado concede a Trajano el título de Optimus Princeps.

Acto seguido, Trajano dirige su mirada hacia Oriente, donde los partos, a pesar del tratado firmado en el año 63, constituyen una competencia real para el Imperio. Para justificar la guerra contra este pueblo pueden aducirse, al igual que en el caso de Dacia, razones económicas como el control de las rutas caravaneras y marítimas -es decir, el monopolio sobre las especias-, la eliminación de las tasas aduaneras impuestas por los partos o el sometimiento de las ciudades mesopotámicas a tributación fiscal. También hay causas políticas, como el propósito de estabilizar una frontera no bien fijada entre Armenia y el golfo Pérsico. A ello hay que añadir la aspiración del emperador de alcanzar la gloria personal. La campaña da comienzo a finales de octubre de 113, cuando Trajano sale de Roma para dirigirse a Antioquía. En la primavera de 114, aprovechando que Cosroes, rey de los partos, había apoyado el acceso al trono armenio de un candidato no pactado con Roma, se anexiona el territorio, que es convertido en la provincia romana de Armenia. En otoño del mismo año inicia la invasión del norte de Mesopotamia, donde reinan príncipes árabes vasallos de Cosroes. Toma Nisbis y Singara y pacta con el príncipe de Osroene, instalándose en su capital, Edesa. El año 115 discurre con escasas operaciones militares, pues el emperador se dedica a la organización de las dos nuevas provincias recién creadas. Ya en 116, siguiendo el curso del Tigris y el Eúfrates en dirección sur, marcha hacia algunas de las principales ciudades partas, incluida la capital, Ctesifonte, así como Seleucia y Babilonia, y llega hasta el golfo Pérsico.

Pese a la inmensidad de los territorios ocupados, Trajano comienza a sopesar la posibilidad de organizar una expedición a la India. Planes que pronto debe olvidar para hacer frente a la contraofensiva de los partos, dirigida en otoño de 116 por los príncipes arsácidas Meherdates y Sanatruces, así como a distintos levantamientos provocados

por las imposiciones financieras de los conquistadores. Casi al mismo tiempo estalla una revuelta de los judíos en Chipre, Cirenaica y Egipto. Esta repentina secuencia de enfrentamientos e insurrecciones desespera al viejo emperador, que decide retirarse a Roma y celebrar el último triunfo que le había concedido el Senado. Jamás llegaría a la capital imperial. En el camino de regreso, cuando su comitiva entra en Selinonte (Cilicia) cae gravemente enfermo. Los pronósticos no son muy halagüeños y se hace imprescindible afrontar un asunto que nunca antes había abordado: la sucesión. El 9 de agosto de 117 su sobrino Adriano*, también de origen italicense, recibe una carta del emperador en la que le nombra hijo adoptivo. Dos días más tarde Trajano fallece y, de inmediato, Adriano reúne al ejército y es aclamado como nuevo emperador. Algunas fuentes señalan que su acceso al poder se debe a las intrigas de la emperatriz Plotina. La desaparición de Trajano supone el fin de un reinado que, a lo largo de los siglos ha sido, en algunos casos, criticado por aquellos historiadores que consideran al emperador hispano un gobernante agresivo y brutal, amante de la guerra y responsable de la ruina del Imperio, y en otros, elogiado por autores como Voltaire por su benevolencia y firmeza para llevar a Roma hasta su máxima extensión, merecedor del título de Optimus Princeps con el que ha pasado a la posteridad. [ Javier Vidal Vega ].

 

 
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