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COOPERATIVISMO

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Durante la Edad Media y la Moderna existen en Andalucía tierras comunales y pósitos, entre otras instituciones, que palían las desigualdades del sistema económico. Desaparecen con el establecimiento del Estado liberal en el siglo XIX, situación que agrava la concentración de la propiedad de la tierra que supone el proceso de desamortización. Ello y la influencia de ideas societarias difundidas a partir de la revolución francesa y, sobre todo, el socialismo utópico, llevan en los inicios del capitalismo a la aparición de experiencias de asociación y colaboración entre trabajadores. Experiencias que si en el siglo XIX son escasas y aisladas, crecen en el XX, sobre todo en su último tercio, aumentando su importancia y su incidencia, y configurando todo un sector económico relevante, la economía social. De forma que Andalucía es la primera comunidad española por la incidencia del movimiento cooperativista, que en sus diversas formulaciones, de sociedades cooperativas agrarias a cooperativas de consumo, de trabajo asociado, de crédito o especializadas en algún sector económico, supone cerca de 9.000 empresas y aportan casi el 3% de la economía regional.

En el caso de Andalucía, el primer foco cooperativista es la provincia de Cádiz, la más avanzada en liberalismo, pero también donde más tempranamente se difunden las ideas socialistas y libertarias dentro de Andalucía. Se tiene referencia de una temprana cooperativa de confección en Cádiz en 1843, aunque será en el Marco de Jerez, en torno a cuyas bodegas se concentra el primer proletariado industrial andaluz, donde se produzcan las más interesantes experiencias del reinado de Isabel II. A impulsos de figuras andaluzas como Ramón de Cala o que viven algún tiempo en Andalucía, como Fernando Garrido, a los que preceden pioneros como Joaquín Abreu. El adverso clima político y financiero y las debilidades y disidencias internas no favorecen, sin embargo, la estabilidad de estas iniciativas. Por eso, el Sexenio Revolucionario (1868-1874), etapa de libertad, verá una primera y decidida expansión del cooperativismo en Andalucía, ya no reducido al foco gaditano, sino presente en toda la comunidad, en especial en el Valle del Guadalquivir. La Sociedad Cooperativa de Agricultores del Campo de la Verdad, en Córdoba, creada en 1870 con 230 socios, es un ejemplo, como, en otra línea, El Buen Principio Montillano, casino de Montilla que es a un tiempo centro de recreo, escuela democrática, sociedad de socorros mutuos y cooperativa de consumo.

Aunque el largo periodo de la Restauración no es propicio a la formación de cooperativas, no dejan de aparecer en territorio andaluz, con muy diversas formas. La Sociedad Cooperativa del Ejército y de la Marina, que aparece en 1882 en San Fernando, economato laboral, es en pocos años la más importante de su especialidad en España. Desde sectores católicos se impulsan círculos, que en algún caso incluyen pósitos o pequeños bancos agrícolas; sobre todo, aparecen en el fin de siglo las sociedades de socorros mutuos como La Reforma (1894), La Mejora (1896) o La Prosperidad (1898), todas en Sevilla, en muchos casos apadrinadas por políticos liberales.

Diversificación.  El siglo XX se inicia con alrededor de 35 cooperativas de todo tipo y en los años siguientes proliferan las cooperativas de vivienda, pero también de consumo como La Casa del Pueblo, que impulsa Alejandro Guichot (1905). Estos primeros años del siglo XX contemplan un primer cambio de actitud de los gobiernos, que comienzan a favorecer el cooperativismo. De 1906 data la primera ley de sindicatos agrícolas, que contempla ya las cooperativas de producción y de comercialización y también las cajas rurales, que han comenzado a crecer en todo el país, labor que completan otras normas, como la ley contra la usura de 1908. De 1913 data el primer congreso nacional de cooperativas y de 1921 el segundo. El auge del movimiento obrero a partir de 1917 lleva a frecuentes intentos de creación de cooperativas de consumo, a veces como alternativa a monopolios empresariales, caso del que tiene en la cuenca minera onubense la Compañía de Minas de Riotinto con su economato. No faltan intentos desde el sector católico, como La Constancia, sevillana, que expresamente prohíbe la pertenencia a las cooperativas no católicas.

La II República es un periodo propicio al auge cooperativista, aunque los zigzagueos de esos años limitan muchas iniciativas. La fórmula de colectividades agrarias es la más seguida, aunque una experiencia como la de Écija, iniciada en 1932, termina bruscamente al ser fusilados sus dirigentes por los sublevados al inicio de la Guerra Civil. En 1935 una empresa de vidrio en crisis, La Trinidad, en Sevilla, es salvada del cierre por sus empleados al transformarla en cooperativa, llamada a larga e incidentada vida. En los años de la guerra se despliega el cooperativismo "agrario sobre todo, pero no exclusivo" en la zona fiel a la República, las provincias de Jaén y Almería y el este de Granada.

El franquismo favorece formalmente las cooperativas, muy controladas siempre por el poder político, es el nacional-cooperativismo, diseñado por la ley de 1942. Hacia finales del régimen y en los inicios de la democracia afloran algunos escándalos e  informes que ponen de relieve la corrupción del sistema. En esos años se levantan notables emporios económicos caciquiles bajo la fachada cooperativista, el más notable de los cuales es el de UTECO-Jaén  "Unión Territorial de Cooperativas de Jaén", un conglomerado que con apoyo en la Caja Rural encabeza Domingo Solís y controla la provincia de Jaén, y que cae en la democracia cuando se revelan  sus cifras internas y su impresionante deuda. También la Caja Rural de Sevilla conoce episodios de corrupción. Experiencia al margen del sistema, y por ello con muchas dificultades, es la de la cooperativa Santiago Apóstol, conocida como Los Pastoreros, en la vega de Granada, cooperativa singular, que encabeza Manuel Robles Águila, comercializa productos lácteos y mantiene una filosofía humanista nada grata al sistema. En el Marco de Jerez se crean bodegas cooperativas que no pueden evitar cierta subordinación a las grandes empresas del sector. Cobran auge las cooperativas de viviendas, que desarrollan notable labor aunque no falten epìsodios de mal uso de recursos, como ocurre a la Cooperativa de Viviendas Virgen del Rocío de Sevilla. En los últimos años de la dictadura, el desarrollismo, se aprueba una nueva Ley de Cooperativas en 1974 y aumentan las cooperativas en sectores como la madera "Muebles Valverde, Tomares Industrial" o la confección y en especial surgen cooperativas de consumo, con mucha  incidencia en Cádiz, Huelva y Sevilla "Coseba".

La democracia supone una etapa de profundo impulso a todas la fórmulas cooperativas, que conocen por ello su mejor coyuntura en la comunidad. Ya en la Transición la explosión de las  cooperativas es muy nítida, de hecho entre 1975 y 1981 se dobla su número, destacando el auge de las cooperativas industriales y de las de trabajo asociado, clara respuesta a la honda crisis económica, y sobre todo industrial, de la comunidad en esos años.  En paralelo se dan los primeros pasos para configurar un movimiento cooperativo andaluz y ya en mayo de 1978 se reúnen en Antequera representantes de más de 400 cooperativas andaluzas, que acuerdan celebrar el I Congreso de Cooperativas de Andalucía, que se desarrolla el 6 de diciembre de ese año en Sevilla, con casi 700 asistentes y del que saldrá una Federación de Cooperativas Andaluzas, FECOAN, que se dota de un Estatuto que ratifican en principio 72 cooperativas. En meses sucesivos se ponen en marcha iniciativas tendentes a facilitar formación, mediante cursos y con la creación de una Escuela Andaluza de Formación Cooperativa.

La autonomía favorece ese diseño. El Gobierno autonómico, que en 1985 aprueba una primera ley de cooperativas, dos años antes de que aparezca una nueva ley de cooperativas estatal, presta apoyo. FECOAN ingresa en la Alianza Cooperativa internacional, ACI, en 1984, siendo la primera asociación cooperativa española en hacerlo. En 1986 se superan por primera vez las 2.500 cooperativas en Andalucía y en 1990 son ya 3.600. Generan entonces en torno a los 40.000 empleos, de ellos 32.000 fijos y 8.000 eventuales. Los años ochenta ven un decidido auge de muchas cooperativas  andaluzas constituidas entonces o en los años precedentes, como Covap en Pozoblanco, Covirán en Granada, Hojiblanca en Antequera, Comotrans en Motril. Se consolidan las grandes cooperativas de productos agrarios de Almería y de Huelva, que encabezan la "revolución agraria" en sus respectivas provincias. Es un proceso ininterrumpido de aumento del número de cooperativas, de su incidencia en la economía andaluza y de mayor estabilidad dentro de las propias sociedades, con algunos casos aislados de quiebra, como Guadalco en Jerez, cooperativa que había acumulado 400 millones de pesetas de pérdidas. No faltan iniciativas de andaluces que regresan de la emigración y crean cooperativas, algunas alcanzan gran popularidad, como La Pequeña Holanda, cooperativa frutícola de Arcos de la Frontera. El crecimiento lleva también al proliferación de asociaciones especializadas, así nacen Faeca, Federación Andaluza de Empresas Cooperativas Agrarias; Faecta, Federación Andaluza de Empresas Cooperativas de Trabajo Asociado. Fecotrans, Federación de Cooperativas Andaluzas de Transportes "hasta un total de 25 en 2000". Ese desarrollo y diversificación del sector obliga a la redacción de una nueva ley de cooperativas de la comunidad, muy minuciosa "176 artículos" que se aprueba en 1999. Al inicio del siglo XXI el número de cooperativas andaluzas, incluidas sociedades laborales, supera holgadamente las 8.000 y cada año se crean del orden de las 700 nuevas sociedades, lo que ratifica la importancia de la economía social en Andalucía. La sociedad laboral en concreto es una fórmula de fulgurante éxito, como muestra el hecho de que frente al centenar que se crean al año entre 1992 y 1997, a partir de esa fecha se incrementan año tras año de forma que en 2002 se supera las 1.500 nuevas sociedades, en su gran mayoría en el sector servicios y totalizando por encima de los 5.300 socios en dicho año. [ Antonio Checa Godoy ].

 

 
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