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CÓRDOBA, PROVINCIA DE

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La provincia de Córdoba se sitúa en el centro de Andalucía, con una extensión de 13.769.5 km 2 , la segunda mayor de las ochos, y una población en el 2002 de 771.131; esto es, el 15.7 y el 10.3% andaluz, respectivamente. Cuenta con 75 municipios, distribuidos en ocho comarcas: la de la capital; dos a este y oeste en el mismo eje del río Grande, Alto y Medio Guadalquivir; y otras dos al norte, en Sierra Morena: Valle del Guadiato y Los Pedroches. Dos al sur de la capital, en el Valle, Campiña Este y Sur, y una en la parte del Subbético.

Historia.  Esta provincia, como las demás de Andalucía, es creada en 1833, según la división realizada por el granadino Javier de Burgos, tras intentos y proyectos desde el XVIII como estructuras administrativas o intendencias al estilo francés. En el mapa de Prefecturas de 1810 aparece este distrito, aunque algo modificado en los límites, sobre todo al sur; y en el proyecto de 1813 de Felipe Bauzá se segrega el antiguo condado de Belalcázar.

Pero la historia de lo que hoy es provincia como territorio delimitado y ciertos contenidos administrativos cuenta con antecedentes antiguos, ya que su capital lo es de Andalucía en algunas épocas. Así ocurría en el Califato, estado independiente de Damasco, en que se dividía en koras o circunscripciones, una de las cuales se alargaba con eje en el Guadalquivir entre aproximadamente Marmolejo y  Peñaflor-Lora. Córdoba era una de las más populosas y monumentales urbes de entonces (algún autor le atribuye, exageradamente, un millón de habitantes) y ejercía las funciones de capital de un estado (políticas, administrativas, económicas, religiosas, culturales, etc.) con activo comercio y una serie de talleres de seda, cordobanes, alfarería, joyería" El distrito comprendía zonas forestales, secanos y regadíos con abundante arbolado y vides, y núcleos como Montoro, Ovejo, Peñaflor, Montemayor, Bujalance y quizás Cañete.

Al norte, en Sierra Morena, se sitúa la kora  de Fash al Ballut, con limites similares a los de hoy pero incluyendo Almadén (pasado a Ciudad Real en 1833), cuyas minas de mercurio siempre están ligadas a los caminos del Valle y a los puertos andaluces. Se encierra entre los ríos Zújar, Guadalmez y la sierra de Alcudia, constituyendo uno de los límites más antiguos y estables de Andalucía, y ejerce de defensa natural de la capital estatal. Está cubierta de  encinas, famosas en todo al-Ándalus, y su población se dedica principalmente al pastoreo en pocos y pequeños núcleos: Pitraus (Pedroches), Gafiq (¿Belalcázar) o Aznaharón.

Al sur de la capital, está la cora  de Cabra, entre el Guadajoz y el Genil, aunque algo reducida respecto a la comarca actual del Subbético, pues Benamejí y Rute pertenecían a Málaga; y Priego a Granada. Cuenta con importantes ciudades (aparte la capital que daba nombre a la circunscripción), como Baena (a veces centro principal), Lucena y los castillos de Luque, Aguilar y Monturque. Como hoy, el principal cultivo era el olivar, aunque en la sierra de Cabra se criaban buenos pastos y plantas aromáticas y medicinales.

Así que el conjunto de estas tres coras  prefiguran  un territorio plasmado después, siglo XI, en un reino de Taifa y, también aproximadamente, en uno de los seis reinos almohades de Andalucía, manteniendo la zona de Almadén. Tras la conquista castellana se mantienen prácticamente los límites y Córdoba sería uno de los cuatro reinos andaluces (con Jaén, Granada y Sevilla), aunque sin apenas contenido político; si bien los Austrias, especie de monarquía federal, se autodenominan soberanos de una serie de reinos, entre otros los cuatro andaluces.  

Por lo que hace a la historia de los límites, hay una donación (como ocurre en tantos lugares de Andalucía) por parte de Juan II en el siglo XIV del norte cordobés (cuya génesis y evolución es estudiada por el profesor Cabrera) a Gutierre de Sotomayor como Condado de Belalcázar. Este comprende en 1452 ese pueblo más Hinojosa, Fuente Ovejuna, Bélmez y Espiel, sin que tuviesen efecto las protestas de los vecinos, ni del concejo de Córdoba, para su desaparición; si bien en 1530 se reduce el señorío a  Belalcázar, Hinojosa, Villanueva del Duque y Fuente la Lancha, situación que se mantiene hasta el XIX. En efecto, hay numerosos mapas, vecindarios (1594) y censos que lo atestiguan así. Uno de los más concretos y exactos, el de Floridablanca de 1789, cita esos cuatro municipios, a la vez que integra en Córdoba el área de Almadén (Chillón y Guadalmez) hasta que la provincialización de 1833 pasa estos dos a Ciudad Real y restituye a Córdoba los otros cuatro.

Límites.  Así la provincia adquiere los límites actuales con la recuperación del territorio señorial segregado, y manteniendo una frontera septentrional muy antigua y sólida con los ríos Guadalmez y Zújar. Desaparecen como distritos propios y se someten al régimen común las llamadas nuevas poblaciones de Andalucía, que integran en Córdoba a Fuente Palmera, San Sebastián de los Ballesteros y La Carlota.

En la parte occidental del eje del Guadalquivir hay repetidas veces una zona de límites cambiantes entre Córdoba y Sevilla, que en 1833 se resuelve pasando Peñaflor a ésta última (lo que ya se había proyectado en las prefecturas de 1810), con lo que el río Retortillo ejerce de límite cerca de su desembocadura y después, en la margen izquierda, el Genil es el protagonista durante un largo trayecto. El Subbético cordobés es una zona, que con la vecina Estepa, está también sometida a vaivenes; y hoy este vértice de convergencia entre Córdoba, Sevilla y Málaga constituye uno de los límites provinciales más confusos en la delimitación de áreas de influencia, con dos ciudades importantes, Lucena y Antequera.

También hay fluctuaciones por el sur y sureste, en torno a Benamejí, Rute y Priego, pero se estabiliza al menos desde el XVIII y el Genil sigue marcando la linde; unas veces dejando espacios ribereños y otras de forma drástica. El embalse de Iznájar queda ahora cortado por el límite con Granada y, al norte, el río Guadajoz sustituye al Genil en la delimitación, dejando a Alcalá la Real y Alcaudete en Jaén y a Priego y Baena en Córdoba. Tras la confluencia del Víboras, el Guadajoz gira al este y bordea el Subbético, pero el límite continúa recto hacia el norte y después del Guadalquivir la separación con Jaén es estrictamente el río Yeguas. Así pues, la provincia de Córdoba tiene lejanos antecedentes y, por eso, sus límites responden a importantes cauces fluviales (Yeguas, Gualdamez, Zújar, Retortillo, Genil y Guadajoz) con el río Guadalquivir como eje del territorio.

Paisajes.  Y precisamente el paisaje responde a un esquema de simetría a partir de esa línea, con unas estructuras complementarias de montañas y llanuras, semejantes al general andaluz: Sierra Morena, Valle (con terrazas fluviales y campiñas) y Béticas, cuya descripción explicativa y sus consecuencias en modos de vida y economía resumimos a continuación.

Sierra Morena es el borde meridional de la placa tectónica europea, flexionada bajo la africana; plegada en la era Primaria (movimientos hercínicos), muy erosionada antes del Triásico y elevada, rota y fracturada en los paroxismos alpinos de la Terciaria. Su antigüedad e historia geológica explican la metamorfización y la abundancia de rocas duras con relieves escarpados (fallas y saltos, valles encajados, antiguos karsts), pero también formas muy desgastadas, antiguos pliegues erosionados ( appalachienses ) y penillanuras.

El norte, denominado en general los Pedroches, no es exactamente esa flexión, sino que queda entre ésta y la meseta propiamente dicha. Se trata mayormente de una zona granítica en un batolito (gran masa de magma, enfriado y cristalizado, descubierto por denudación de los materiales encajantes) de escaso relieve (salvo los inselbergs  o montes de granito más resistente), que drena hacia el Guadiana y es apta para cierta actividad agraria, a diferencia de Sierra Morena propiamente dicha. En ésta hay escasos suelos, silíceos, fuertes relieves y valles encajados, entre los que destacan al oeste  los del Bembézar y Guadiato (con una importante cuenca del Carbonífero), de dirección hercínica (pliegues Noroeste-Sureste). A partir de Córdoba se va perdiendo esa orientación para colocarse de Norte a Sur (y ya en Jaén en sentido Noreste-Suroeste); son las cuencas del Guadalmellato y Arenoso. A lo abrupto del terreno se une una vegetación de encinas y alcornoques con matorral predominantemente de jaras como corresponde al mediterráneo silíceo. Es un paisaje verde, poco poblado, con dificultades de comunicación con la Meseta, no tanto con la Tierra de Barros extremeña, a través del valle del Guadalmellato.

La Sierra cordobesa es en realidad una montaña media, que apenas alcanza los 1.000 metros (Chimorra, 959, Sierra Albarrana, 740, Cerro Muriano, 693), orientada al sur, aunque lógicamente también tiene laderas de umbría, y expuesta a los vientos dominantes del oeste y Golfo de Cádiz, proporcionando una amplia franja de 600-700 milímetros de lluvias anuales y picos de hasta 1.000, descendiendo incluso a los 400 en el sotavento de la penillanura de los Pedroches. Esas altitudes y exposición hacen descender unos dos grados solamente la temperatura media anual, respecto al Valle (18ºC) en las partes bajas y hasta cuatro en las superiores; y algo similar ocurre con las medias de los meses más fríos y calurosos, no distanciándose mucho la zona sur de estas montañas y las campiñas en los valores medios de agosto.  

Sierra Morena supone un importante reservorio hídrico dando lugar a los afluentes señalados del Guadalquivir y a embalses como Bembézar (347 hm 3 ), Puente Nuevo (286 hm 3 ), Breña (103 hm 3 ) y  Guadalmellato (145 hm 3 ). Así mismo es asiento de dos parques naturales: el de Cardeña-Montoro al este, con 41.000 ha, y el de Hornachuelos al oeste con 67.000.

La segunda unidad paisajística es el Valle del Guadalquivir (que por aquí se acerca al borde mariánico, e incluso se encaja en él por Montoro), antiguo mar (el  Thetys) precedente del Mediterráneo, entre los bordes de las dos placas tectónicas mencionadas, una vez formadas las cordilleras Béticas. La erosión del norte de éstas y de Sierra Morena va rellenando ese mar hasta formar el Valle, cuya zona baja aún era un lago (Ligustinus) en la época romana y hoy forman zonas de marismas. La parte cordobesa se colmató antes, pero son también sedimentos recientes y blandos (arcillas, margas"), con modelados suaves de colinas y  llanos en la Campiña y terrazas cerca de los ríos, con buenos suelos en general, sobre todo los bujeos, propiciadores de secanos y vegas, fáciles comunicaciones y asentamientos de población.

En primer lugar Córdoba y, luego, varios núcleos junto al río (Palma, Posadas, Almodóvar, Montoro); en las campiñas, las conocidas agrociudades, en torno a los 20.000 habitantes, Baena y Montilla, en campos de cereal y otros cultivos industriales, olivar y vid. A las buenas capacidades edáficas se une un clima mediterráneo con cierta influencia oceánica por la apertura del valle al Atlántico. En Córdoba se registran 675 mm de lluvias, una temperatura media anual de 18 ºC, y 9 ºC y 28 ºC respectivamente en los meses más frío y cálido.

El tercer tipo de paisaje (o cuarto, si se quiere distinguir entre terrazas y campiñas) está formado por el Subbético, o parte externa de las cadenas béticas (sierras de Cabra y Priego, en torno a los 1.500 m. sobre el nivel del mar), predominantemente calizo, con relieves de pliegues bien conservados, fenómenos kársticos (dolinas o torcas, simas, fuentes...) y una creciente presencia de cultivos, sobre todo el olivar. La disolución kárstica proporciona surgencias de agua, que favorecen regadíos y asentamientos, como las ciudades de Cabra y Priego (sobre los 20.000 h.cada una), así como Lucena (cerca de 40.000 h.), cuyo carácter industrial la aleja de la catalogación de agrociudad. En conjunto es una montaña media mediterránea fraccionada, entre piedemontes y valles, a veces amplios, facilitadores de comunicaciones, con características térmicas similares a Sierra Morena, pero con precipitaciones que en las montañas mencionadas pueden alcanzar más de 1.000 mm. Su vegetación es mediterránea con abundancia de encinas y matorral calizo (romero, tomillo, brezo") y aquí nacen la cabecera del Guadajoz (Salado) y algunos afluentes del Genil (Cabra, Lucena y Anzur). Pero sólo en los límites con Sevilla hay algunos embalses (Cordobilla y Malpasillo) y en el confín sureste, lindando con Granada, la presa de Iznájar, la de mayor capacidad de Andalucía con cerca de mil hectómetros cúbicos.

Economía.  El paisaje cordobés sugiere un predominio de economía agraria y, ciertamente, es la segunda provincia en porcentaje (53 %) de superficie cultivada (la primera es Sevilla) con cinco puntos más que la media andaluza. Pero es la última en la parte regada (9.3%, Almería es la primera con el 24%), lo que ya va explicando algo del  VAB del sector primario (14.5%), que, aunque sobre el promedio autonómico (10.3%), queda muy lejos del almeriense (24%). Los tipos de cultivos, menos intensivos en general que la media andaluza, acaban de hacer comprender la diferencia paisaje/economía: si bien entre cereales, leguminosa y tubérculos el espacio ocupado (28% de lo cultivado) es algo superior al promedio (casi 23%), en los industriales (remolacha o algodón), forrajes, hortalizas y frutas las cifras cordobesas son la mitad (13%) de las andaluzas.

En cambio la vid es algo mayor (en la campiña de Montilla y las albarizas de Moriles, aunque el marco de denominación abarca otras poblaciones). Y, sobre todo, el olivar (muy abundante en el Subbético, como dijimos), casi la mitad del agro cordobés, con 11 puntos más que la media (36.2%) y, si hablamos de toneladas producidas, suponen  más de la quinta parte de la cosecha andaluza del 2003. Y es necesario añadir a este propósito que el olivar tiene apreciaciones ecológicas y sociales que aumentan su mero valor económico. También está ligada a las condiciones naturales (pastos y dehesas de Sierra Morena) la extensa cabaña  ovina, casi el 70% del total de cabezas y el 17% de toda Andalucía, que da lugar a una industria derivada en el norte (Fuente Ovejuna, Pozoblanco); complementada antes con la minería (especialmente en la expoliada cuenca carbonífera de Bélmez-Peñarroya), ahora abandonada. La industria derivada de la agricultura (cereal, olivar y vid, sobre todo) es la más destacable y, aparte la citada, se localiza en la capital y ciudades medias (Puente Genil, Cabra, Baena").

El resto no se diferencia mucho de la pauta andaluza (desaparecida prácticamente la textil, que tanta importancia tiene en núcleos como Priego), excepto la de madera y mueble (Lucena sobre todo), que ostenta (casi 4% del VAB provincial total y suman el 37% de los establecimientos industriales) la tasa más alta de las ocho provincias. Cabe añadir algún sector, como la joyería, de alto valor.  

Como ocurre en las demás provincias, el VAB correspondiente a servicios es con mucho el más importante, suponiendo en Córdoba el 61% (media andaluza dos tercios), llegando el sector público casi al 30% (promedio del 23% y el estatal 19%) y sin que haya índices sobresalientes en las demás ramas, constituyendo comercio, transportes y comunicaciones la mayoría. No deja de ser significativo que lo considerado en el sector cuaternario (créditos, seguros, alquiler de inmuebles, servicios avanzados a empresas") quedan por debajo, casi tres puntos, de la media andaluza. El turismo es muy importante en la capital, por el atractivo de la Mezquita y la cercana ciudad de Medina Azahra. Recientemente se pone en marcha la denominada Ruta del Califato entre Córdoba y Granada, pasando por Espejo, con castillo mudéjar, Castro del Río, Baena, también con castillo y restos de murallas, y Luque.

El producto interior bruto (PIB) gana un par de puntos en la última década sobre el promedio cien andaluz, al que casi alcanza mientras a escala estatal se mantiene en el 65%. La renta familiar disponible es un índice fundamental y resulta, según estudios recientes de la Caixa para 2003, que Córdoba tiene entre 8.000 y 9.000 euros, en torno a la media andaluza (la española es de 11.000).

Población.  Los efectivos demográficos de esta provincia tienen un escaso crecimiento en los últimos tiempos, pasando de 667.274 h. en 1930 a 771.131 h. en el 2002 (con un máximo de 800.000 h. en 1960), perdiendo peso relativo en el conjunto andaluz (del 14.5% al 10.3% en las dos fechas). En gran parte se debe a la fuerte emigración, que en el período 1950-80 arroja un saldo negativo (diferencia entre lo que hubiera crecido naturalmente la población y los censos reales) cercano a los 400.000 efectivos, casi la mitad (el 46.4%, Andalucía el 30% ) de la población de mediados de siglo. Se desplaza a distintos países de Europa, al área metropolitana de Barcelona, Madrid, Valencia, etc., y tiene todas las consecuencias conocidas en pérdida de recursos humanos y envejecimiento.

Por eso, hoy es la segunda (después de Jaén) con índice mayor (16.6 %; media autonómica, 14.5%) de edades superiores a 65 años; a la vez que, resultado lógico, presenta el 1.5 por mil de crecimiento natural (10.3% de natalidad y 8.8% de mortalidad en el 2001), frente al máximo almeriense de casi 5% y una  pauta andaluza de 2.7%.

Y, de acuerdo con las cifras del Instituto de Estadística de Andalucía, la clasificación de la población activa en el 2002, mantiene una tasa de activos inferior en dos puntos y medio a la Comunidad Autónoma (41.6 %; 54% sobre la población de 16 y más años) y el índice de paro es similar al promedio. En la clasificación por sectores, el porcentaje de servicios (50%) es menor que el andaluz, en beneficio de los activos agrarios e industriales (16.3% y 14.8%; media autonómica, 12% y 10%).

Córdoba es la segunda provincia más extensa (después de Sevilla), pero con una densidad de 56.0 h./km 2 , el 66% de la media andaluza (85.4% en el 2002), si bien los núcleos con más de 20.000 h. alojan el 60% de la población provincial, casi como en el total andaluz (64%), notándose un vacío en las ciudades con más de 50.000 h., excepto la capital.

Ciudades, comarcas y vías. Ésta concentra el 41.3% de la población, próximo al índice máximo de Málaga (44%) y lejos del mínimo gaditano (13 %), estableciendo el mayor escalón de las ocho provincias con el segundo núcleo (casi nueve veces más que Lucena), a diferencia de Cádiz (índice de 0.8 con Jerez); y es que la comparación de la extensión municipal habla por sí sola: 14 y 1.253 km 2  en cada una de las dos capitales.

Así, la ciudad califal queda aislada y lo que podría ser el germen de un área metropolitana en otros casos, es la expansión de barrios, barriadas, polígonos y, ahora, urbanizaciones en la periferia, pero dentro del municipio. El área de Córdoba engloba sólo dos núcleos pequeños (2.000 y 4.000 h. respectivamente): Obejo y Villaviciosa, ya en la sierra y lejos de la capital. Tampoco la comarca del Alto Guadalquivir, con valle poco desarrollado y escasos regadíos, da lugar a grandes poblaciones; Montoro, cabecera comarcal, está en torno a los 10.000. En cambio, el Guadalquivir medio, más ancho y con importantes regadíos en el Guadalquivir y el Bembézar, sustenta un centro cercano a los 20.000 h., Palma del Río, y otros próximos a 10.000 h., Almodóvar y Posadas, o con más de esa cifra, ya en la Campiña, Fuente Palmera y La Carlota.

Y precisamente la Campiña cordobesa, de fértiles  suelos, es asiento de las conocidas agrociudades de más de 20.000 h, como Baena en el Este y Montilla o Puente Genil (cerca de los 30.000 h.) al Sur. También existe alta densidad de esos núcleos en la comarca del Subbético, donde domina el paisaje del olivar y también hay ciudades industriales, como Lucena, casi 40.000 h.; pasando de los 20.000 h. Priego y Cabra, y aún se añade Rute con más de 10.000 h. En cambio, como era de esperar, la Sierra y la penillanura septentrional están menos pobladas, destacando Peñarroya-Pueblo Nuevo, antiguo centro minero en el Valle del Guadiato, y Pozoblanco, 17.000 h., en los Pedroches.

Lógicamente, el eje del Guadalquivir agrupa parte de las principales poblaciones, enlazadas por la carretera A-431 y la autovía Madrid-Sevilla, más la línea de alta velocidad en esa misma dirección. En la actualidad se trabaja  en sendos ejes (autovía y ferrocarril) Norte-Sur de Córdoba a Málaga, que potenciarán el carácter central de la antigua capital califal en la geografía andaluza. Otras carreteras estatales y autonómicas recorren la Campiña y el Subbético, así como el norte (N-420 y N-432), pero existen carencias, especialmente una vía rápida con Granada. [ Gabriel Cano ].

 

 
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