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ERMITAS

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 Son edificios sagrados que se diferencian de las demás iglesias y templos "parroquiales, conventuales, catedralicios" no sólo en su, generalmente, menor tamaño y en que no se oficia en ellos cultos cotidianos al servicio de una determinada feligresía, sino, sobre todo, por su condición de santuarios levantados en honor de una imagen/devoción específica en cuya festividad anual van a desarrollarse los principales, y con frecuencia únicos, rituales festivo-ceremoniales: romerías, procesiones, novenarios, verbenas, etc.

Son construcciones tanto urbanas como rurales, aunque dentro de la cultura andaluza han sido y son las ermitas rurales las que han adquirido un mayor protagonismo dentro de nuestras expresiones de religiosidad y actos festivo-ceremoniales populares; ya sea por los rituales que se originan al acudir a ellas "romerías"; por la relevancia simbólica de las imágenes que acogen "un considerable números de la cuales, fundamentalmente advocaciones marianas, son patronales"; singularidad y diversidad de los mitos de origen que justifican su existencia y vinculación a unos parajes y advocaciones muy precisas; o por ser espacios privilegiados en los que se ponen de manifiesto formas muy diversas de las creencias y religiosidad popular de los andaluces: colecciones de exvotos, costumbres vinculadas a los actos de peregrinación. Por todo ello, son contadas las poblaciones andaluzas que no acuden en romería a algún santuario rural, y relativamente frecuentes aquellas otras que celebran más de una romería anual a diferentes ermitas.

Como consecuencia, las ermitas rurales constituyen en el presente destacados elementos articuladores de los paisajes culturales andaluces. A las que habría que sumar el considerable número de las denominadas ermitas extramuros que se ubican, o se ubicaban hasta no hace mucho, en el extrarradio de las poblaciones, en los espacios de transición entre los núcleos urbanos y el campo abierto o enclavadas en lugares directamente relacionados con el propio origen de la población. En muchos casos van a compartir con las ermitas rurales los rasgos a los que nos estamos refiriendo y sus imágenes van a ocupar una posición destacada en los sistemas devocionales locales, como ocurre con los santuarios de la Virgen de la Fuensanta en Córdoba, o del Cristo del Paño de Moclín (Granada) y de la Virgen de Gracia de Archidona (Málaga); los dos últimos enclavados en los restos de las antiguas alcazabas musulmanas.

Buena parte de estos santuarios rurales están relacionados con los mitos de origen de unas imágenes milagrosas "apariciones o hallazgos en fuentes, pozos, árboles, cuevas, matorrales, etc. " que de una forma u otra determinaron e impusieron el lugar donde debían ser levantados: desaparición y retorno de la imagen al primitivo lugar si era trasladada a otro, animales que mueren o no pueden mover la carreta que porta la imagen cuando llegan al sitio, ermitas que se derrumban una y otra vez si son levantadas en otro emplazamiento o materiales de construcción que se desplazan al sitio preciso, etc.

La historia vincula sus orígenes a realidades e intereses más prosaicos. En la mayor parte de los casos, son el método más primario para cristianizar lugares que han contado desde la antigüedad con un fuerte potencial de sacralidad, como son las numerosas ermitas-atalayas que coronan los cerros más elevados y enseñorean vastos territorios, o que están vinculadas con oquedades, fuentes y pozos, antiguos bosques o parajes de singular belleza; sin que sea extraño que se aúnen en un mismo lugar varios de estos rasgos potenciales, como es el caso de los santuarios de la Reina de los Ángeles en Alájar (Huelva), de la Virgen de la Cabeza de Andújar (Jaén) o de la Virgen de la Sierra en Cabra (Córdoba). En otros ejemplos, las ermitas son los últimos vestigios de cenobios desaparecidos (Santo Domingo en Córdoba) o, con más frecuencia, de poblaciones abandonadas a las que han seguido acudiendo, y reclamando como sus herederos los derechos sobre los territorios en que se asientan, los descendientes de las mismas: santuarios cordobeses de la Virgen de la Alcantarilla y de la Consolación en Belalcázar y de la Virgen de la Cruces del Guijo, o el sevillano de la Virgen de Setefilla en Lora del Río. Tampoco falta la tradición, muy frecuente en otros lugares de la Península, de recurrir a la erección de una ermita para la purificación simbólica de sitios en los que se tenía constancia de asentamientos paganos o islámicos, aprovechando incluso los restos de las viejas construcciones: ermita de Santa Eulalia en Almonaster (Huelva) cuyo ábside reutiliza la base de una torre funeraria romana, ermita de la Virgen de Cuatrovitas de Bollullos de la Mitación (Sevilla) en lo que fuera una mezquita; o los numerosos santuarios cercanos o sobre yacimientos arqueológicos, frecuentemente de origen romano "ermita onubense de San Mamés en Aroche". Y, finalmente, en otras ocasiones las ermitas han actuado como verdaderos hitos que establecían y delimitaban, simbólica e incluso jurídicamente, el dominio de una población sobre un determinado territorio: el defendido derecho inalienable al bien sagrado de la imagen que alberga lo era también sobre el territorio en el que se encuentra el santuario; hecho que queda refrendado por los propios mitos de origen al establecer de forma inequívoca "siempre que haya un posible conflicto con otra localidad" la voluntad de la imagen de proteger específicamente a la población elegida mediante múltiples señales: resistencia a ser llevada a otro lugar, memoria precisa de la vecindad e incluso el nombre de la personas que la encuentran, etc. Ello explica la existencia de numerosas ermitas en límites fronterizos intermunicipales: Virgen de Guaditoca en Guadalcanal (Sevilla), Virgen del Saliente en Albox (Almería), Virgen de las Veredas en Torrecampo (Córdoba), Virgen de la Encarnación en Gerena (Sevilla), etc.

Una instrumentalización para definir o reforzar los valores de determinados territorios que también es aplicable a la presencia de muchas ermitas en lugares estratégicos junto a caminos arrieros o cañadas ganaderas; y, sobre todo, en lo que antaño fueron terrenos mancomunados o disputados territorios baldíos. En estos últimos casos, no es infrecuente que las historias de las ermitas e imágenes estén entreveradas de numerosos pleitos que nos remiten de nuevo a la intencionalidad de asimilar derechos de propiedad sobre la ermita con los derechos de propiedad sobre el territorio: un ejemplo paradigmático de ello sería el del santuario de la Virgen del Rocío en Almonte (Huelva), reflejado en las propias variantes de los mitos de origen conservados y aún hoy manifiestos, aunque ya únicamente en el plano simbólico, en la rivalidad que mantienen Almonte y Villamanrique de la Condesa. Otro ejemplo bien documentado sería el de la ermita cordobesa de la Virgen de Luna, en otros tiempos ubicado en terrenos mancomunados de las Siete Villas de Los Pedroches y especialmente disputado, hasta nuestros días, entre Pozoblanco y Villanueva de Córdoba.

Sin embargo, los santuarios rurales también han sido elegidos a lo largo de la historia, en no pocas ocasiones, como lugares neutrales donde dirimir conflictos o establecer acuerdos entre diferentes poblaciones. Es lo que ocurría, en el norte de la provincia de Córdoba, con la ermita de Piedras Santas (Pedroche) donde hasta el siglo XIX se reunían los representantes de las Siete Villas y que aún conserva el testimonio de los bancos con los nombres de las diferentes poblaciones, o la de Santo Domingo (Hinojosa del Duque) donde hacían lo mismo los representantes de las villas del Condado de Belalcázar. Neutralidad simbólica, a la vez que centralidad de amplios territorios que convirtieron a algunos de estos santuarios en lugares para el comercio con motivo de los festejos anuales, llegando en ocasiones a ser centro de grandes mercados intercomarcales, algunos de ellos vigentes hasta bien entrado el siglo XIX "cuando se trasladan desde las ermitas a las poblaciones", como ocurriera con los celebrados en el entorno de la Virgen de Guaditoca (Guadalcanal) y de la Virgen de Guía "propiedad de Hinojosa del Duque hasta el sigo XIX", que atraían a numerosos mercaderes de la baja Extremadura, o con el que se celebraba en el cerro de la Virgen de la Cabeza de Andújar.

Todo lo dicho hace que sea difícil definir una única motivación en el origen y causa de la importancia simbólica que actualmente tienen los santuarios rurales andaluces y de los rituales desarrollados en honor de las imágenes que custodian; por el contrario, lo más común es que las posibles razones apuntadas se entremezclen conformando múltiples combinaciones. Teniendo en cuenta, además, que estos mismos significados han ido cambiando a lo largo del tiempo.

Como resultado de estos procesos y de las fuertes vinculaciones comunitarias mantenidas entre las poblaciones y sus ermitas/imágenes, un elevado porcentaje de estas edificaciones tienen una gran calidad arquitectónica; al tiempo que a través de ellas podemos recorrer la práctica totalidad de los estilos arquitectónicos que se han dado en Andalucía, principalmente desde el mudéjar al barroco, matizados con las aportaciones de las arquitecturas tradicionales de cada comarca. Hasta llegar a ser en algunos casos complejos santuarios de notables dimensiones, tal y como ocurre con el de la Virgen de Setefilla (Lora del Río), Virgen del Saliente (Albox), Virgen de la Cabeza (Andújar), Virgen de la Sierra (Cabra), Virgen de la Consolación (Utrera), o Virgen del Rocío (Almonte).

Las imágenes-devociones que albergan, su capacidad de atracción devocional "territorio de gracia que abarcan" y rituales que protagonizan, reproducen cada año un complejo código de significados simbólicos en los que cada población o grupo social que los organiza se autopercibe y manifiesta como comunidad simbólica, al tiempo que se renuevan colectivamente las viejas relaciones de apropiación-complementariedad entre mundo rural y mundo urbano.

En ocasiones, estas devociones ocupan el vértice superior de una pirámide devocional que se extiende más allá del propio territorio-población al que pertenecen jurídicamente, convertidos los santuarios que las albergan en un lugar indisociable de las mismas al ser el punto de referencia geográfico y simbólico al que acudir. Son las devociones-santuarios supracomunales que van a articular diferentes niveles de integración territorial. La Virgen del Rocío almonteña es actualmente la que tiene una mayor capacidad de atracción devocional, con más de cien hermandades que se concentran cada año en su santuario, en representación de buena parte de Andalucía "de las ocho provincias y de la emigración, aunque principalmente de la Andalucía Baja". Por su parte, la Virgen de la Cabeza andujareña, con una larga historia como gran centro devocional supracomunal, cuenta con 84 hermandades, provenientes fundamentalmente de las provincias centro-orientales andaluzas, así como, siguiendo una ya vieja tradición, de Castilla-La Mancha. Otros santuarios van a limitar su capacidad de atracción a ámbitos comarcales o subcomarcales más reducidos. En Córdoba, al santuario de la Virgen de Guía de Villanueva del Duque acuden también las hermandades de Hinojosa del Duque, Fuente la Lancha, Dos Torres y Alcaracejos; al de la Virgen de Luna de Pozoblanco concurre igualmente la hermandad de Villanueva de Córdoba; y al de la Virgen de las Cruces del Guijo, las hermandades de Torrecampo y Santa Eufemia. En Jaén, al santuario de la Virgen de la Fuensanta, de Villanueva del Arzobispo, acuden igualmente las hermandades de Iznatoraf, Villacarrillo y Sorihuela. En Huelva, es la devoción a la Reina de los Ángeles de Alájar la que concentra en el santuario de la peñas de Arias Montano a las hermandades de los pueblos de Aracena, Fuenteheridos, Galaroza, Linares de la Sierra y Castaño del Robledo. Y en Almería, en el santuario de la Virgen de la Cabeza de Monteagud, al que en otros tiempos acudían 14 hermandades, Benizalón sigue recibiendo cada año a la hermandad de la vecina población de Uleila del Campo.

Al margen de estos santuarios, en los que confluyen asociaciones de varias poblaciones, son muchos los otros, no menos interesantes y significativos, que van a tener una importante capacidad de atracción sobre sus entornos comarcales, manifiesta en una devoción que a nivel informal "sin la presencia de hermandades constituidas" se expresará bien en las muchedumbres que acudirán en las fechas en las que festeja a su imágenes titulares, o en las importantes colecciones de exvotos que han ido acumulando en el transcurso del tiempo, tal y como las que podemos observar en las ermitas de San Benito en Castilblanco de los Arroyos (Sevilla), Nuestra Señora de los Santos en Alcalá de los Gazules (Cádiz) Santuarios de Santo Domingo y Virgen de Linares (Córdoba) o la ya citada Virgen de la Consolación de Utrera, y santuarios extramuros de la Fuensanta en Córdoba y Virgen de Gracia de Archidona (Málaga) [ Juan Agudo Torrico ].

 

 
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