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FELIPE IV

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(madrid, 1605-1665). Rey de España. Hijo de Felipe III y de margarita de Austria. Sucede a su padre en 1621 y en su largo reinado de 44 años se consuma la llamada decadencia española. Mucho mejor dotado para las tareas de gobierno que su progenitor, Felipe IV continúa, sin embargo, con los modos establecidos en el reinado anterior de dejar los penosos asuntos del gobierno en otras manos para dedicarse a la diversión y la fiesta.

Felipe IV fue gran aficionado al teatro y a la caza. Su pasión por la escena le lleva a que se celebrasen grandes fiestas en palacio e incluso que se construyese un lugar para dar mayor viscosidad a las representaciones: el palacio del Buen Retiro. En la corte se representaban numerosas obras y los propios cortesanos y damas de la reina participaban en ellas. El rey también es un asiduo visitante de los populares corrales de comedias, que era como se denominaban los teatros de la época. También fue un gran aficionado a la cinegética de modo que el pincel de Velázquez, el pintor de la corte le inmortaliza en atuendo cinegético.

La personalidad política más importante de su reinado y la persona que asume durante más de dos décadas las tareas de gobierno es don Gaspar de Guzmán, el todopoderoso conde-duque de Olivares. El programa político de Olivares se basaba en la necesidad que una potencia como la España de la época tenía de mantener el prestigio exterior a que estaba obligada por su condición de gran potencia. Ello hace que las intervenciones militares en diferentes frentes fuesen una realidad permanente. Para ello es necesario obtener importantes cantidades de dinero que permitiesen una política exterior activa y el mantenimiento de numerosos ejércitos. La consecuencia fue la falta de recursos, de los que nunca estuvo sobrada la real hacienda en la época de los Austrias, y la búsqueda de fórmulas para obtenerlos. La fiscalizad alcanza niveles insoportables y se actúa sobre la moneda, fabricándola con aleaciones pobres, como forma de obtener dinero fácil y rápido. La práctica, sin embargo, acaba arruinando la economía castellana y sumiendo a la mayor parte de la población en la pobreza, cuando no en la miseria.

La situación provoca una oleada de protestas y la sublevación contra el Gobierno de diferentes territorios peninsulares. En junio de 1640 se produce la sublevación de Cataluña, en el llamado Corpus de Sangre; el principado mantiene una lucha tenaz hasta que en 1652 vuelve a la obediencia de Felipe IV. En diciembre de aquel mismo año también se subleva Portugal; los portugueses nombran rey al duque de Braganza, al que denominan como Juan IV. A diferencia de lo ocurrido en Cataluña, los portugueses no pueden ser sometidos por la fuerza de las armas y alcanzan su independencia por la paz de Madrid, firmada en 1668.

En Andalucía se produce una conjura nobiliaria, impulsada por el duque de medina Sidonia y su pariente el marqués de Ayamonte cuyo objetivo era independizarla de la monarquía de Felipe IV. Los planes de los conjurados son descubiertos y los dos nobles implicados detenidos. El marqués de Ayamonte es ejecutado y Medina Sidonia, que cuenta con poderosos valedores en la corte, siendo el más importante de los implicados, sale del intento con una pena de destierro. La conjura de Medina Sidonia se produce en un momento en que el malestar era muy grande entre las clases populares andaluzas, como se pone de manifiesto en las sublevaciones que algunas de sus ciudades más importantes  "Córdoba, Sevilla, Granada" se producen pocos años después de dicha conspiración. Sin embargo, los nobles que la protagonizan no contaron con el estamento popular para llevar a cabo sus planes.

Como consecuencia de estos acontecimientos, de extremada gravedad, el conde-duque de Olivares cae en desgracia, pierde el favor del rey y ha de abandonar la corte. Es desterrado a Toro, donde vivió sus últimos años de vida.

Aunque Felipe IV se planteó la posibilidad de asumir personalmente las funciones de Gobierno, sus propósitos duran muy poco tiempo. Entrega las riendas del Gobierno a don Luis de Haro y tiene como consejera principal, en los últimos años de su reinado, a una monja de clausura, sor María Jesús de Agreda, con la que mantuvo un interesantísima correspondencia.

Felipe IV viaja a Andalucía en una ocasión en 1624. Visita Sevilla por influencia del conde-duque de Olivares y realiza una visita al coto de Doñana, donde practica a placer la caza, su deporte favorito.

 
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