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ALMADRABA

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Modalidad pesquera característica de Andalucía, tanto en el arco sudatlántico como en la vertiente más oriental de la actual provincia almeriense. A pesar de que el término induce a pensar en orígenes islámicos "al igual que otros términos pertenecientes al mundo laboral de esta modalidad pesquera como el de arráez", está constatado el uso de artefactos similares a las almadrabas en época prerromana y romana en el Sur peninsular. Por tanto, estamos ante una de las modalidades pesqueras de más profundidad histórica de las que se siguen practicando en Andalucía.

Esta evolución histórica ha provocado transformaciones esenciales en el modelo de explotación. Hasta el primer tercio del siglo XIX, la modalidad de almadrabas imperante es la denominada "de tiro" o "vista": artes de arrastre instrumentados desde la playa, con el auxilio de atalayas costeras que avisaban de la llegada de los atunes, para cercar los que viajaban más próximos a la costa con una red de grandes dimensiones largada desde pequeñas embarcaciones y que se halaba desde tierra con dos grandes cabos gracias al trabajo de un nutrido grupo de marineros a uno y otro extremo de la red. Se utilizaban, además, redes de menores dimensiones para atajar los atunes y llevarlos a la orilla, donde, exhaustos, morían por asfixia y los golpes certeros de los almadraberos. En este sistema, la marinería conforma un grupo social numeroso y marginal, nutrido incluso de forajidos "de ahí la recreación literaria cervantina acerca de la picaresca en los sitios de almadraba", que se especializa en las tareas de pesca y salazón y procesamiento de las especies capturadas y eran controlados por un rígido sistema casi militar. Pero el armado del arte, muy costoso, depende de los círculos aristocráticos más conspicuos. Desde finales del siglo XIII, la explotación de las almadrabas que se calan entre el Guadiana y el Reino de Granada es concedida, por parte de la Corona y en régimen de monopolio, a la casa ducal de Medina Sidonia, lo que da origen a múltiples pleitos y conflictos por parte de agentes sociales que pretenden hacer uso de este mismo privilegio por las altas rentas que esperan obtenerse.

Desde 1817 desaparece la explotación en régimen de privilegio, liberalizándose la explotación de las que, todavía en la modalidad de "tiro", se calan en Andalucía. A lo largo del XIX, sin embargo, se va a introducir una nueva modalidad, la almadraba "de buche" o "fija" "posiblemente originaria del Mediterráneo Oriental en el siglo IX", que es la que perdura hasta nuestros días. Se trata ésta de una gran jaula de redes verticales estabilizadas y mantenidas a flote, aunque no fijadas al lecho marítimo, con cadenas en su parte inferior, corchos en la superior y grandes anclas y flotadores en los ángulos. Su ubicación, siempre próxima a la costa, requiere de un conocimiento muy ajustado del régimen local de mareas, vientos y fondos, conocimiento que celosamente atesora el capitán de la almadraba mediante anotaciones y marcas visuales. Básicamente, se compone de un cuadro central donde viene a morir el pescado, del que salen dos largas paredes verticales, las "raberas": una de ellas en dirección a la costa (de tierra), la otra hacia alta mar (de fuera), que actúan a modo de barrera que orienta el paso de los atunes hacia el cuadro. Cuando se acumula un número suficiente de atunes, se atajan con barcos y redes móviles hacia el "copo", donde se produce finalmente la captura del pescado ("levantá") mediante el alzado de la única red de suelo de todo el sistema y el estrechamiento progresivo del espacio por el acercamiento entre sí de las embarcaciones que participan: "sacada", desde donde se dirigen las operaciones, "testa", "lancha tierra", "lancha fuera" y otras embarcaciones auxiliares. Los atunes son izados desde estas embarcaciones, salvo excepciones, con tracción humana y la ayuda de "bicheros". Este modelo de explotación exige la ocupación de un amplio territorio marítimo, lo que dificulta el normal desarrollo de otras pesquerías móviles; de ahí que requiera una precisa reglamentación y se hayan producido diversos conflictos históricos.

El régimen de explotación se caracteriza por estrategias inversoras intensivas, de modo que los empresarios más modestos no tienen continuidad, y un régimen de distribución que sigue combinando salarios fijos con incentivos en dinero y especie. Valencianos e italianos destacan como empresarios en el siglo XIX, vinculando la extracción a negocios comerciales y de procesamiento. Las "chancas", fábricas de procesamiento, acompañan a las almadrabas desde la Antigüedad allí donde éstas se ponen en funcionamiento y se convierten en un foco de atracción de fuerza de trabajo femenina, de modo que grupos familiares enteros se dedican a la explotación del atún de uno u otro modo, lo que favorece la especialización laboral en el sector pesquero. A partir de 1928 y hasta 1971, el Estado y los más notables empresarios del ramo logran imponer una estrategia de concentración empresarial en unos cuantos puertos, estableciendo un consorcio empresarial (Consorcio Nacional Almadrabero) que volvía a practicar la explotación, procesamiento y comercialización en régimen monopolista en todo el arco suratlántico. Así, la lógica económica industrial, intensiva y destinada a la comercialización casi en exclusividad, es una constante en su lógica económica. Hoy, la mayor parte de la producción de las almadrabas restantes "Tarifa, Zahara de los Atunes, Barbate y Conil" se exporta a Japón.

La estratificación sociolaboral es otro rasgo permanente y por ser tan acusada fomenta el establecimiento de relaciones personales de dependencia. Territorialmente, la importancia de las almadrabas ha consistido en que estos ingenios y las instalaciones de procesamiento del atún y almacenamiento circundantes se convierten en focos de atracción poblacional y de conformación de diversos pueblos y ciudades, que pueden considerarse verdaderos focos culturales ligados a la pesca, con tradiciones gastronómicas muy destacadas. Así lo atestiguan diversos asentamientos en las más variadas épocas históricas y ámbitos geográficos: desde instalaciones fenicio-púnicas en el extremo sureste de la Península o la arqueológicamente más emblemática Baelo Claudia (en Tarifa, Cádiz), hasta otros referentes como Conil (siglo XIV), Sancti-Petri, en Chiclana de la Frontera (siglo XX) y Barbate (siglo XIX-XX). Algunos de éstos, como Sancti-Petri o Nueva Umbría, en El Rompido (Huelva), desaparecen al abandonarse la explotación almadrabera. Como el trabajo de las almadrabas se concentra entre abril y, a lo sumo, septiembre, las familias que se dedican a la actividad deben desarrollar otras actividades económicas durante el otoño y el invierno. En el caso andaluz, al menos en los dos últimos siglos, esto supone estrategias productivas centradas también en la actividad pesquera litoral y artesanal.

La dinámica medioambiental sobre la que se sustenta la almadraba son las migraciones anuales de túnidos (atunes y otras especies menores) que desde el Atlántico buscan las más cálidas y salinas aguas mediterráneas para aparearse. También es importante la insolación de la costa andaluza, que garantiza el proceso de secado necesario para las salazones. Por el sistema de corrientes, la acción de determinados vientos y, en ocasiones, el hostigamiento al que las orcas someten a los atunes, éstos se acercan mucho a la costa a lo largo de todo el saco de Cádiz, el Estrecho y el extremo oriental de Andalucía. Mientras que los atunes "de ida" "los que se dirigen al Mediterráneo para el desove" son grasos y excelentes para su consumo, capturándose entre abril y San Juan, los de "vuelta" tienen menor calidad gastronómica y, por ello, económica, por lo que son hoy engordados en piscinas que se instalan al efecto aprovechando las almadrabas. En gran parte, la comercialización de los atunes se realiza para el mercado de Japón hasta el mes de diciembre.[ David Florido Corral ]

 

 
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