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GIRALDA, LA

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La torre-campanario de la Catedral Metropolitana de Sevilla es conocida universalmente por el nombre de Giralda, aunque su nombre oficioso es el de Torre de la Giralda, ya que, desde el siglo XVII, así se ha denominado a la veleta de bronce que la corona, cuyo nombre oficial es el de Victrix Fidei Colossum; la primera vez que se documenta la aplicación a la estatua giratoria del nombre de Giralda, nombre de mujer usado en coplillas, es en 1604 en el libro Viaje entretenido , de Agustín de Rojas y Villandrando. La torre está situada en UTM 30S 235651E 4141915N; su base, que muestra una desviación de siete grados hacia Poniente, se supone que está en la cota de 9,55 m. sobre el nivel del mar y su cúspide en la de 103,37 m., por lo que su altura total es de 93,82 m; la cimentación es una especie de pirámide escalonada de muy escaso saliente, que termina de forma irregular a los 5,50 m. de profundidad bajo la solería actual. Se calcula que pesa casi 20.000 toneladas.

Cronología. El edificio que hoy podemos contemplar se ha conformado a lo largo de casi 800 años, pero atraviesa dos etapas fundamentales cuyo proceso histórico resumimos a continuación. La ciudad de Isbiliyya (Sevilla) es durante la segunda mitad del siglo XII la capital europea del imperio almohade; a partir de 1169 su madina , ampliada unos cuarenta años antes, va consolidando lo que sería su centro urbano, articulado en torno a la nueva mezquita mayor que se levanta, a partir de 1172, por deseo expreso del califa Abu Yaqub Yusuf; su construcción es larga y accidentada, y tiene como colofón la del propio alminar, es decir, la torre desde la que el almuédano, a voz en grito, llama a la oración cinco veces al día. Carecen de fundamento documental las opiniones que sostienen que se pensó levantar la torre en el centro del lado de la actual calle Alemanes; está claro que, comenzada la excavación de los cimientos, se halla una importante vía de agua, pero esto no obliga al cambio de emplazamiento, ya que las crónicas dicen taxativamente que se consigue cegarla. El inicio de los trabajos, que coincide con la expedición almohade a Santaren, se acomete bajo la dirección del arquitecto Ahmad ben Basso (activo entre 1159 y 1185), de probable origen toledano, usando para ello sillares del palacio de Mutamid e inscripciones romanas; esta obra pétrea queda detenida en 1184 o 1185, cuando apenas si sobrepasa los dos metros de altura. En 1188 se reanuda la construcción, pero con ladrillo, bajo la supervisión del arquitecto Ali al-Gomari, de quien sólo consta este dato. Una década después, el 10 de marzo de 1198, en relación expresa con la batalla de Alarcos, se inaugura el edificio con el descubrimiento de las esferas doradas del yamur  que lo remataban, obra del maestro siciliano Abu-l-Layz. Ocupada la ciudad por los invasores cristianos en 1248, la mezquita y su torre se adaptan al nuevo culto.

El alminar apenas sí necesita la colocación de unas campanas en su primera terraza para quedar convertido en "torre de Santa María", como la llama Alfonso X El Sabio, que había evitado su derribo durante el proceso de capitulación de la ciudad. Así comienza una etapa de degradación del edificio, cuyos hitos fundamentales son los siguientes: en agosto de 1356 un terremoto derriba las esferas doradas del yamur , que es sustituido probablemente por un campanario provisional; el 20 de junio de 1400 empieza a funcionar su primer reloj, incluida una gran campana fundida por Alonso Domínguez, que aún permanece en su sitio y función; en 1403 se documenta que la torre es iluminada con candelas y pirotecnia en ocasiones de especial solemnidad; un año después un rayo produce diversos daños en el reloj y en la torre; el 5 de abril de 1504 sufre las consecuencias de un fuerte seísmo, por lo que no es de extrañar que se documenten obras entre 1526 y 1557. Al comenzar la segunda mitad del siglo XVI, cuando la ciudad es una de las mayores de Europa y su prosperidad económica no parece tener límites, la coronación de la torre debe presentar tan mal aspecto que, en 1555, se encarga al arquitecto Diego de Vergara, maestro mayor de la catedral de Málaga, un proyecto de remate que afortunadamente no se lleva a cabo.

La solución definitiva la aporta el arquitecto cordobés Hernán Ruiz Jiménez en la Navidad de 1557, ya que el 25 de diciembre cobra su primera nómina como maestro mayor de la Catedral, y presenta once días más tarde "el modelo (maqueta) de la Torre" al cabildo. Las obras comienzan en diciembre de 1559 y concluyen en octubre de 1568, seis meses antes de la muerte del arquitecto. Intervienen en la obra, entre otros, el cantero Francisco Ruiz, pintor Luis de Vargas, el ceramista Roque Fernández, el fundidor Bartolomé Morel y el herrero Juan del Pozo.

Con esta obra los elementos fundamentales del edificio quedan establecidos para siempre, pero ciertos detalles decorativos, sobre todo su tratamiento epidérmico, y varios elementos metálicos han sufrido algunas vicisitudes, que resumimos a continuación: en 1592 un huracán tuerce el vástago de la veleta que es necesario restaurar; en 1751 se añaden los ramos de azucenas de hierro en las eolípilas que diseñara Hernán Ruiz; en 1765 se coloca el reloj actual; y los balcones con los que Hernán Ruiz cierra los huecos almohades son restaurados en 1770, fecha en que se dora el Giraldillo; en 1793 culmina el proceso de aislamiento de la catedral con la demolición de las edificaciones que ocupaban lo que en la actualidad es la plaza de la Virgen de los

Reyes, singularmente la Puerta de los Palos, que estribaba contra la Giralda, aprovechando la ocasión y el sitio para colocar en ella la imagen de la Virgen del Olmo, procedente del derribo del corral del mismo nombre, que era el origen de muchas de las edificaciones derribadas. Sin embargo, las obras más necesarias las efectúa el arquitecto Manuel Núñez, quien evita que los cuerpos superiores caigan a consecuencia del terremoto del 1 de noviembre de 1755, llamado de Lisboa; sus obras son providenciales sin que añadiera ningún elemento formal nuevo, por lo que pueden clasificarse como "restauraciones ortopédicas". Un rayo que destroza la fachada sur de la Giralda el 25 de abril de 1884 motiva las decisivas obras que dirige el arquitecto Adolfo Fernández Casanova con el patrocinio erudito de José Gestoso. La chispa eléctrica, llamada "el rayo artístico" por Gestoso, causa numerosos y fuertes destrozos que son aprovechados para devolver al edificio su "pureza estilística". Se introducen entonces varias novedades, tales como ocho pararrayos, una escalera de mármol y el tratamiento epidérmico completo del edificio, amén de sustituir los capiteles auténticos por otros de mejor factura, procedentes de Madinat al-Zahra. Dos ideas no llegan a cuajar, como son la eliminación de los balcones de Hernán Ruiz, lo que hubiese sido un error histórico, y la colocación de casi 6.000 mecheros de gas para iluminar el edificio por el exterior. Lo más grave fue la eliminación de la piel del edificio, tanto lo que se conservaba de la almohade, así las yeserías de sus bíforas, como las pinturas renacentistas y barrocas; todo ello fue eliminado en aras de una presunta unidad de estilo. También en esta época de­saparece definitivamente una gran parte de la función conmemorativa que la Giralda tuvo a lo largo de los siglos, ya que cuando una fecha o un acontecimiento daban pie para ello se llenaba de banderas, gallardetes y colgaduras, y por la noche ardían en sus paramentos y terrazas numerosas luminarias. Actividades que hemos reproducido a partir del 2 de noviembre de 1982, cuando, para celebrar la visita papal, se engalana la torre, continuando con otras similares, con luminarias, ministriles y fuegos, en 1988 y 1995 "boda de la infanta Elena en Sevilla". El edificio ha sido objeto de obras de restauración, consolidación y conservación desde 1979, dirigidas por el arquitecto Alfonso Jiménez Martín y financiada por diversas entidades (ministerios, consejerías, entidades de ahorro y el Cabildo Metropolitano).

Descripción.  Llamamos caña al cuerpo principal de la Torre, es decir, el paralelepípedo de ladrillos que, desde el zócalo de piedra, alcanza el campanario sin solución de continuidad. Se sabe que el edificio está compuesto, en cada corte horizontal, por la sucesión de varios elementos: un muro exterior, la cuesta o rampa, el muro interior y una cámara. Estas partes, como casi todas las demás de la caña, están signadas mediante las tarjas existentes en las mesetas de la cuesta. A la torre se entra, desde levante, por el postigo, que da paso al adarve, en cuyo fondo está la puerta exterior, abierta hacia poniente, y que es la auténtica entrada al edificio; esta puerta, como todas las que mencionaremos en la caña, está constituida por dos huecos (arcos o dinteles según el caso, uno interior y otro exterior respecto al centro geométrico de la torre) y un paso intermedio. Tras ella aparece la meseta 0, a la que sigue la meseta 1, la rampa 1-2, y así sucesivamente.

Los huecos exteriores de la caña pertenecen a tres tipos; llamaremos saeteras a los que existen cerca del zócalo (formando grupos horizontales de tres arquillos por cara) o próximos al campanario (con distribución irregular y hueco rectangular); denominaremos bíforas a los que poseen una columna como mainel, y otras dos, en algunos casos, como entregas laterales; finalmente llamaremos balcones a los huecos sencillos; por lo general los balcones y bíforas llevan balaustrada, siendo los más complejos de estos huecos la asociación de un arco mayor exterior, con su alfiz y las dos entregas mencionadas, que cobija a dos menores separados por el mainel, también con alfiz y albanegas decoradas. Siguiendo la idea general, los huecos recibirán la misma numeración sencilla de las mesetas que les siguen, según se sube, o la dúplice de las rampas a las que se abren.

La decoración plástica de la caña se reduce a cuatro paños excavados por cada cara, dos superiores y otros dos inferiores; en su parte alta posee dos listeles superpuestos, separados lo suficiente como para alojar un friso de arquillos ciegos, en número de diez por cara. Ni que decir tiene que la caña contiene numerosas formas menores, que ni siquiera hemos mencionado, y una cierta cantidad de variantes que tampoco hacen al caso y a las que sólo haremos referencia tomando como base las formas hasta ahora signadas, procurando respetar el sistema descriptivo que estamos definiendo aquí.

El campanario está compuesto en planta como la caña, con varios anillos cuadrados y concéntricos; en cada cara hallamos, al exterior y sobre un antepecho corrido, una danza de ventanas sobre pilares, tras ella una galería abovedada y, al interior, un núcleo central. Cada danza está formada por cinco ventanas, de las que la central tiene arco y las laterales dinteles; sobre estos últimos aparecen unas claraboyas, cuyas claves figuran cabezas de ángeles, entre los que se intercalan tarjas en relieve; cada danza simula, por el exterior del campanario, un pórtico en resalto que culmina con la correspondiente cornisa que, en la parte correspondiente a la ventana central, aparece articulada con un frontón remenado, que aloja una cabeza varonil.

La galería de cada cara del campanario es un simple espacio alargado y abovedado, que relaciona los huecos de las ventanas con el núcleo. Es éste un paralelepípedo de ladrillo que constituye la prolongación de la caja de muros interiores de la caña y que aloja la escalera vieja, de un solo tiro, que une la meseta 34 con el pavimento de la galería sur del campanario; bajo ésta y la del lado oeste queda un espacio acodado, un antiguo palomar, que es el final de la cuesta, segregado de la meseta 34 por una cancela. El núcleo contiene además los siguientes elementos mayores: una camarita en el lado septentrional, un arco ciego en la cara de levante y, en la opuesta, la puerta de acceso a la escalera nueva, que, además de acceder hasta el remate superior del núcleo, da pasos intermedios a la cámara del reloj nuevo, a la azotea y a la cámara del reloj viejo.

La azotea cubre las galerías del campanario, y aparece delimitada por un complejísimo barandal exterior y la parte alta y exterior del núcleo, que remata con dos listeles y una cornisa. El citado barandal está compuesto por una cadencia de pedestales y pilarillos, sobre los que campean esferas, carambolas y linternas de piedra, mostrando en sus esquinas unos prodigiosos remates compuestos por cuatro pilarejos, una campana de piedra, una eolípila y un ramo de azucenas.

Los cuerpos que sobrepasan al núcleo abandonan el esquema anterior de plantas concéntricas, para adoptar formas de simples edículas superpuestas. Sobre la parte alta del núcleo monta el cuerpo del Reloj, especie de arco cuadrifonte que posee balaustrada con bolas en las esquinas, cúpulas sobre pechinas y cornisamento de formas clásicas, y en cuyo friso campea un epígrafe monumental (TVRRIS / FORTISSIMA / NOMEN DNI / PROVERBIS). Este cuerpo contiene, además del desembarco de la citada escalera nueva, tres cierres de lamas metálicas para otros tantos de sus huecos, la campana del Reloj con su mecanismo de golpeo y la Matraca, ya en desuso. Anotemos la existencia de ocho cabezas varoniles en las ocho albanegas de sus arcos.

El cuerpo del Pozo es un tholos, de planta circular por lo tanto, cuya base aparece rodeada por un elaborado parapeto de planta cuadrada; éste está formado por cuatro pedestales, ubicados en las esquinas, sobre los que montan sendas linternas ciegas; el resto del parapeto lo componen frontones remenados y enroscados, dotados de tres candeleros cada uno. Los pilares de este cuerpo soportan ocho dinteles en los que aparecen otras tantas carátulas; a la cornisa exterior de este cuerpo corresponde interiormente una cúpula con óculo, para permitir el paso del perno o vástago férreo que constituye el eje vertical de esta parte del edificio y que, a su vez, va arriostrando por medio de tres tamboretes sucesivos en forma de rueda de cuatro radios.

El último cuerpo, llamado Redondo, es asimismo de planta circular, pero de perfil parabólico; nace de la cornisa del anterior, a partir de una sucesión alternante de ocho carambolas y otros tantos candeleros. Este cuerpo posee también una cupulilla con óculo, trasdosada por otra, muy apuntada, llamada el Penacho, que aparece perforada por cuatro troneras y animada por la correspondiente serie de ocho carambolas y otros tantos candeleros, amén de igual número de gotas, de relieve muy pronunciado, situadas en el remate de la obra de la fábrica. El resto de la torre, es decir, la veleta, es metálico, y lo constituye una esfera, llamada la Tinaja, una peana y una estatua, la auténtica Giralda, que lleva en su mano derecha una bandera grande, a la que sobrepasan otros dos chicas, mientras en la izquierda porta una palma. [ Alfonso Jiménez Martín ].

 

 
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