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GRANADA, FRAY LUIS DE

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(granada, 1504-lisboa, portugal, 1588). Teólogo, escritor ascético y místico, orador sagrado, lingüista. Dominico. Es hijo de Francisco Sarria, oriundo de la villa gallega del mismo nombre, en la actual provincia de Lugo. La familia llega a Granada después de la conquista de la ciudad. Huérfano de padre desde los cinco años, se cría con su madre, cuyo nombre desconocemos: "Siendo yo hijo de una mujer tan pobre, que vivía de la limosna que recibía a las puertas de un monasterio". A los 12 años doña Catalina de Mendoza, mujer del conde de Tendilla, II marqués de Mondéjar, alcaide de la Alhambra, capitán general y gobernador del reino y costa de Granada, lo lleva a vivir a su casa, dentro del recinto de la Alhambra, como paje, acompañando a los hijos del conde a las clases que impartía don Pedro Mártir de Anglería, preceptor de Gramática y humanista. En 1524, a los 20 años, pide el hábito de los dominicos en el convento de Santa Cruz la Real. El 15 de junio de 1525 hace profesión en manos del prior fray Cristóbal de Guzmán. Cursa Filosofía y Teología en el Studium Generale de su convento. De 1529 a 1534 es becario en el célebre colegio de San Gregorio de Valladolid, donde cambia el apellido paterno deSarria por el de Granada, nombre con el que es universalmente conocido. "Aprobada y calificada su mucha suficiencia en limpieza de sangre, en artes y principio de Teología (...) juró los estatutos en 11 de junio de 1529". En San Gregorio, tiene como maestros y condiscípulos a Diego de Astudillo, Bernardo Manrique, Bartolomé Carranza, Melchor Cano, Francisco de Cerda y Pedro de Sotomayor, entre otros.

En el verano de 1534 se inscribe en el Registro de la Casa de la Contratación de Sevilla con un grupo de dominicos para ir a misionar a la Nueva España. A punto de zarpar, el provincial, fray Miguel de los Arcos, ordena a fray Luis quedar en tierra. "La causa principal de mi estada es la disposición de aprovechar más aquí que en las Indias". En 1535 es destinado a Scala-Coeli, a siete kilómetros de Córdoba, con el encargo de restaurar el convento y promover la devoción a San Álvaro ( -> véase Álvaro de Córdoba ). En los diez años que reside allí se lleva a cabo la restauración material y espiritual del convento: se restablece la observancia regular, el rezo solemne del Oficio divino con los maitines a media noche, los ayunos, el silencio y un  tiempo para la oración privada. En este ambiente de penitencia y austeridad que marcan el estilo y el ritmo de la comunidad, recibe a jóvenes con vocación de predicadores y que desean retirarse a aquellos parajes. Uno de los huéspedes más célebres de Scala-Coeli en tiempos de fray Luis es el maestro Juan de Ávila ( -> véase Ávila, San Juan de ), con quien mantiene una estrecha amistad hasta su muerte. Hombre contemplativo y predicador del evangelio, fray Luis es requerido para la predicación y la "dirección espiritual" de las almas. Su influencia, en la ciudad y en los pueblos, es notoria. Desde Scala-Coeli fray Luis recomienda la necesidad de la oración como medio que une a Dios. En la soledad y en el silencio de la serranía cordobesa, escribe el Libro de la Oración y meditación , la obra más leída y editada del Siglo de Oro. Para 1579 habían aparecido 23 ediciones, llegando a 476 entre 1584 y 1904.

Predicador general. Fray Luis es el símbolo de la oratoria sagrada española del XVI. Orador que convence y edifica, su predicación la escuchan con agrado y devoción los nobles y la gente del pueblo. El Capítulo Provincial de Osuna (1544) lo nombra Predicador General. Elegido prior de Palma del Río (Córdoba), deja Córdoba con gran disgusto de los cordobeses, que pronto piden, por mediación del mismo Ayuntamiento, su vuelta a la ciudad. Ese mismo año el Maestro de la Orden, fray Francisco Romero de Castiglione, a petición del arzobispo de Burgos y cardenal Álvarez de Toledo, concede a fray Luis una especial facultad para predicar, en compañía de un socio elegido por él, en todos los púlpitos de España. La fama de buen orador se extiende por pueblos, villas y ciudades de Andalucía y Extremadura. El duque de Medina Sidonia pide al provincial de los dominicos llevarse a fray Luis como predicador confeso y consejero a sus dominios de Sanlúcar de Barrameda, Medina Sidonia y Niebla. No está mucho tiempo al servicio del duque. En 1551, tras una estancia en Badajoz, es solicitado por el cardenal don Enrique, hijo del rey don Manuel de Portugal, pasando a Évora (Portugal), donde se encuentra la corte lusa. Nombrado confesor de don Enrique, atiende además a la predicación y la formación de los sacerdotes. Elegido provincial de los dominicos portugueses en 1556 pasa a pertenecer a la Provincia de Portugal. Deja entonces su Provincia de origen, la de Andalucía, si bien mantiene toda su vida un especial vínculo con su convento de Granada, del que se considera vere filius sanctae Crucis . El tiempo de su provincialato resulta todo un éxito. Fray Luis gobierna con maestría y prudencia. En dos ocasiones es propuesto para obispo. La primera para la diócesis de Viseu, y en 1558, al quedar vacante la sede de Braga, la reina doña Catalina, de la que era confesor, propone a fray Luis. Se le aceptó la renuncia a condición de que como provincial obligara al dominico fray Bartolomé de los Mártires a aceptar el oficio.

Fray Luis y la Inquisición. 1558 es un año aciago en la vida de fray Luis. El inquisidor general don Fernando de Valdés, arzobispo de Sevilla, nombra una comisión de dominicos compuesta por Melchor Cano, Domingo de Soto y Domingo de Cuevas para examinar y censurar el Catecismo de fray Bartolomé Miranda de Carranza y los escritos de fray Luis. El encargo directo de la revisión crítica de las obras recae en Melchor Cano, antiguo colegial de San Gregorio de Valladolid y teólogo de prestigio. Cano encuentra herejías de sabor alumbradista en el Catecismo  de Carranza. Como éste citaba en su obra con elogio a fray Luis, su dictamen engloba en la misma censura los textos del padre Granada. Sabedor fray Luis de lo que se tramaba contra él, se encamina a Valladolid para entrevistarse con el inquisidor general para evitar que sus libros fueran incluidos en el Índice. Sus esfuerzos resultan inútiles. En el Cathalogus librorum qui prohibentur , publicado en Valladolid en 1558, se incluyen tres obras de fray Luis: el   Libro de la Oración , Guía de Pecadores y Manual de diversas Oraciones y Spirituales Exercicios . Tres censuras se le hacen a fray Luis: hacer contemplativos y perfectos a todos y enseñar al pueblo en castellano lo que a pocos conviene; haber prometido camino de perfección común y general a todos los estados sin votos de castidad, pobreza y obediencia, y desprender la doctrina contenida en sus obras un cierto olor de alumbradismo y de otras herejías que manifiestamente contradicen la fe y la doctrina católica. Mientras Carranza es encarcelado y desterrado a Roma, donde muere, a fray Luis le cabe la dicha de ver sus escritos revisados y aprobados en el Concilio de Trento. Sus obras son sacadas del Índice; su doctrina reconocida por el papa Gregorio XIII y por la Orden, que lo nombra Maestro en Teología por sus muchos méritos y servicios prestados a la Iglesia con la predicación y con los libros.

Últimos años.  En 1578 fray Luis se ve envuelto en el problema de la sucesión dinástica de Portugal. A la muerte del cardenal don Enrique, Felipe II pretende la corona portuguesa. Entre quienes se oponen a la pretensión del monarca español se encuentra un grupo de dominicos portugueses. El secretario del rey, Gabriel de Zayas, le hace saber a fray Luis que caerá en desgracia si los dominicos apoyan al contrincante don Antonio. Estos incidentes y los sinsabores originados por sor María de la Visitación, la monja de las llagas, amargan los últimos años de su vida, si bien no deja de predicar. Felipe II en carta a sus hijas escribe que había oído predicar a fray Luis en la capilla real de Lisboa y "lo hizo muy bien, aunque es viejo y sin dientes". Cuando no predica, escribe, hasta el final. El último día del año de 1588, cuando muere en Lisboa, la ciudad entera queda consternada por tan irreparable pérdida y toda ella acude a las honras fúnebres. Sobre la lápida donde descansan sus restos en la iglesia de Santo Domingo de Lisboa están escritas estas palabras en latín: "Fray Luis de Granada, de la Orden de Predicadores, por cuya doctrina se ven mayores milagros (así lo dijo el Oráculo de Gregorio XIII, Pontífice Máximo) que si hubiera alcanzado de Dios vista a ciegos, vida a muertos. Mucho más esclarecido por haber repudiado obispados; ilustre por su admirable piedad con Dios, y misericordia con los pobres. Habiendo ilustrado todo el orbe con sus insignes libros y sermones, a los ochenta y cuatro años de su edad murió en Lisboa, con gran sentimiento de la República Christiana. El día antes del primero de enero de mil y quinientos y ochenta y nueve".

Fray Luis, escritor.  Escritor brillante y fecundo, su aportación a la lengua castellana es de gran interés. "En fray Luis se inicia la lengua castellana moderna, y la prosa de este hombre es casi nueva, moderna, actual". Palabra y escritura son las herramientas de las que se sirve fray Luis para mostrar su vivencia de Dios: que los misterios de Dios, que hablan al hombre de la salvación, sean conocidos y experimentados por todos, porque todos hemos sido llamados a la santidad. Su obra escrita es relativamente tardía en la trayectoria de su vida. Hasta que no tiene casi los 50 años, no comienza a publicar. Esta tardanza en la publicación pone de manifiesto que su labor literaria no es fruto de la improvisación, sino de una larga y dilatada experiencia de vida espiritual y de formación. Dotado de una basta cultura clásica y eclesiástica, el padre Granada es uno de los creadores del humanismo y del renacimiento cristiano español. Su elocuencia y clasicismo le otorgan un puesto prioritario entre los clásicos de nuestra lengua. Fray Luis es uno de los hombres que más han contribuido a formar el carácter y el espíritu cristiano del pueblo español. De una claridad y precisión inigualables, fray Luis expone las más altas doctrinas del cristianismo con profundidad, amenidad y claridad de estilo hasta hacerlas asequibles a todos. Ningún libro fue tan leído y meditado en España como los suyos. Con el padre Granada finaliza la colonización literaria de España por Europa. Con él se invierten los términos, pues su obra coloniza Europa en lo espiritual y en lo literario. Ningún autor español, o europeo, fue más leído que él. Fray Luis es un escritor fino y generoso en escribir. A partir de 1566, casi ciego, con la ayuda de un amanuense, escribe sobre todo sermones y semblanzas biográficas de personas que él dirigía espiritualmente. En 1572, Cristóbal Plantino publica en Amberes 14 volúmenes con las obras de fray Luis costeados por el duque de Alba, con quien mantiene una estrecha relación el tiempo que vive en Lisboa.

Agrupando sus escritos por la temática y por el género literario encontramos: obras de carácter catequético ( Compendio de Doctrina Cristiana , Introducción al Símbolo de la Fe , Compendio a la Introducción al Símbolo de la Fe ...), obras de carácter homilético ( Sermones de Tiempo , Sermones de Santos , Trece Sermones de las tres Pascuas del Año y Principales Fiestas de Nuestro Salvador y Nuestra Señora ...), obras de orientación en la vida espiritual ( Guía de Pecadores , Libro de la Oración y Meditación , Memorial de la Vida Cristiana , Adiciones al Memorial de la Vida Cristiana , Doctrina Espiritual , Los "Tratados menores" ), obras de carácter biográfico (tres de éstas son dedicadas a grandes hombres de Iglesia: San Juan de Ávila, fray Bartolomé de los Mártires y el cardenal don Enrique. Las restantes biografías son escritas y dirigidas a dos monjas, a una dama de la nobleza, doña Elvira de Mendoza, y a una criada de servicio, Melicia Hernández), traducciones de obras ascéticas ( Contemptus Mundi de Tomás de Kempis, Escala del Paraíso de San Juan Clímaco y La Perla Preciosísima de autor anónimo), obras para ayudar a la predicación ( Retórica Eclesiástica , Silva Locorum Communium , Collectanea  "autores varios: Séneca, Plutarco"), espistolario (cartas dirigidas a distintas personas eclesiásticas y civiles). Las obras están escritas en castellano, latín y portugués, en menor número.

"En Fray Luis de Granada "escribe Azorín" se inicia la lengua castellana moderna. Hay que situarlo entre los creadores del humanismo y del renacimiento cristianos. Su elocuencia, su riqueza literaria y clasicismo le otorgan un puesto prioritario entre los clásicos de la lengua castellana. Uno de los escritores que más contribuyó a formar el carácter y el espíritu cristiano del pueblo español. Escribe para el pueblo poniendo a su alcance con claridad y precisión las más excelsas doctrinas del cristianismo".        [ Antonio Larios Ramos ].

 

 
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