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GUADIX, COMARCA DE

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 (GR). Entre las cordilleras Penibética y Subbética queda un amplio corredor en el que se localiza la comarca de Guadix. Se presenta como un territorio de grandes contrastes, con prósperas vegas y paisajes esteparios característicos de un clima seco y algo frío, consecuencia de su altura y de la ausencia de vientos cálidos por la barrera natural que supone el sistema Penibético. La base de su economía es tradicionalmente la actividad agraria "con un alto valor añadido, aunque aún requiere del desarrollo de una industria agroalimentaria" y la minería, actualmente en declive tras el cierre de las explotaciones. Se configura como un ámbito funcional organizado por el núcleo del mismo nombre, con los límites muy precisos, incluyendo el Marquesado de Zenete, que al no tener una organización interna presenta una clara dependencia funcional de Guadix.

Centralidad comarcal y comunicaciones.  Es una comarca donde el poblamiento queda estructurado de manera compleja. Esto es, en torno a la capital, Guadix, con más de 20.000 h., se articula un gran número de municipios, más de treinta, que raramente superan los 1.000 h. Esta curiosidad hace de esta comarca un espacio con una organización centralizada de gran consistencia. Así, la ciudad de Guadix se configura como un centro funcional consolidado que contribuye a generar una estructura de conexión bastante desarrollada. Además, la condición de capital comarcal se refleja en la estructura sectorial de su economía, que presenta una orientación hacia la terciarización acompañada por una relativa pérdida de la importancia del sector agrario. En este centro se concentran tanto las funciones de rango inferior "centros de enseñanza, de salud, oficinas de empleo", como otras funciones de rango superior "oficinas de la Seguridad Social y la administración de Hacienda". No obstante, no cuenta con las de mayor jerarquía como un Hospital Central, si no que depende del ubicado en Baza.

 Por otro lado, la centralidad y el dinamismo de Guadix se ve incrementado con la puesta en funcionamiento de una de las principales vías vertebradoras del territorio andaluz, la A-92. En la capital comarcal confluyen las dos arterias que conforman esta autovía, la A-92 Norte en dirección a Baza (que transcurre al sur de la Hoya) y la A-92 Sur en dirección a Almería, articulando esta última el Marquesado de Zenete, tradicionalmente en situación de aislamiento por la carencia de una infraestructura viaria adecuada. A esto se une que la integración comarcal viene dada también por la presencia de la infraestructura ferroviaria, que atraviesa el territorio tanto en dirección norte-sur como oeste-este, lo que permite la conexión con Granada capital, Almería, Murcia e incluso Madrid.

Industrias maderera y cárnica. Pese a las grandes perspectivas de crecimiento que la dotación de infraestructuras ofrece, la actividad industrial aún no experimenta un fuerte desarrollo, es más, está sufriendo un proceso de recesión y se concentra básicamente en la capital comarcal y en los municipios circundantes. Los subsectores de mayor representación son la madera (haciendo uso de la abundante superficie forestal existente en la zona) y la cárnica (que se desarrolla en torno a la alta densidad de ganadería ovina criada en régimen extensivo). Los principales problemas que acusa este sector, y a los que se debe hacer frente, son el carácter poco emprendedor de su población y la escasa tradición comercial y transformadora de los recursos. No obstante, se comienza a percibir un aumento progresivo del asociacionismo (que contribuiría a contrarrestar las desventajas anteriormente mencionadas), sobre todo en el comercio.

Por tanto, la comarca centra parte de su actividad económica en el sector agrícola, aprovechando la riqueza hídrica, que proporcionan las aguas subterráneas y las vegas de los ríos Fardes y Guadix. Así, los suelos rojos predominantes otorgan una aptitud moderada para el cultivo tanto de herbáceos como de leñosos. Entre los primeros destacan fundamentalmente los campos de cebada, aunque se encuentran también extensiones de girasol, mientras que entre los leñosos predominan el olivar, el almendro y en menor medida los frutales. Es de especial interés mencionar el caso del almendro que, a pesar de haber tenido un carácter marginal, hoy se extiende por los espacios antaño dedicados a cultivos anuales, aprovechando el incremento de la demanda de su fruto y el beneficio que supone la poca atención que requiere este árbol.

La superficie de cultivo puesta en regadío va adquiriendo cada vez mayor relevancia, hasta tal punto que los acuíferos de la comarca se encuentran en riesgo de sobreexplotación, debido a que las extracciones anuales son superiores al volumen medio de la recargas. Se introduce este sistema de cultivo en algunas extensiones de olivares con la finalidad de intensificar su productividad. Además, se incrementa la superficie dedicada a los frutales, fundamentalmente al melocotonero, que se cultiva a pesar de las características climáticas que a veces pone en peligro sus cosechas.

Las minas de Alquife. Junto a la agricultura, la minería del metal es históricamente una de las principales actividades económicas de la comarca, sobre todo en los municipios que se sitúan en el Marquesado de Zenete. El cierre de los yacimientos de hierro de Alquife es uno de los principales problemas a los que se tiene que hacer frente, ya que supone el declive de la importante actividad extractiva que queda reducida a la explotación de carbonato cálcio. Limonita y hematites son los principales minerales férricos que se pueden obtener en estas minas desde época romana y que hacen de este territorio el principal centro minero de toda la Andalucía penibética. A pesar de ello, no se puede obtener el máximo beneficio, ya que la industria transformadora estaba en manos de empresas foráneas, siendo únicamente competencia de las locales la extracción del mineral. Hoy en día, el cráter abierto de las minas de Alquife y el extinguido yacimiento de plata de Lanteira (que se termina de explotar hace cien años) forman ya parte del paisaje, transformando la riqueza metálica en el maná del turismo rural.

Ante esta situación económica, la pérdida de población debido a los movimientos migratorios en busca de mejores condiciones laborales, es la dinámica que desde mediados del siglo XX afecta a casi todos los municipios de reducido tamaño de la depresión intrabética. Consecuencia de este éxodo es la baja natalidad que se empieza a sentir por aquella época y que, hoy en día, se traduce en un envejecimiento de la población. Todo ello provoca que la tasa de crecimiento vegetativo se sitúe únicamente con valores positivos en Guadix capital, mientras que en el resto de municipios de menor tamaño la tendencia es negativa, situándose en -4,19. Sin duda, esta tendencia podría agudizar el estancamiento de estos pueblos, ya que no existirá una población joven y emprendedora que diversifique su actividad económica.

De esta estructura económica descrita se desprende que los esfuerzos para continuar desarrollando el territorio pasan por potenciar por un lado la industria agroalimentaria y, por otro, la actividad turística.

Turismo en las cuevas-casas.  En relación con esta última, la comarca cuenta con grandes potencialidades. Sin duda las más relevantes y las que mayor promoción están recibiendo, por ser una de las singularidades del territorio, son las casas-cueva. Este tipo de vivienda es un hábitat troglodita andaluz de origen ancestral que surge de manera ocasional aprovechando las oquedades rocosas y los materiales blandos y fáciles de trabajar (limos, arcillas y margas). El desarrollo es tal que se llegan a configurar enormes barriadas de núcleos urbanos e incluso centros rurales formados exclusivamente por este tipo de vivienda. El mayor conjunto de cuevas se encuentra en Guadix, distribuidas por las laderas (de forma horizontal constituyendo hileras de varios niveles), en las ramblas y en las cañadas, configurando calles o agrupándose en torno a un espacio común. Esta disposición, unida a las formas de sus chimeneas y el encalado de las fachadas (único espacio exterior) ofrecen un paisaje de particular belleza.

Aunque estas cavidades son habitadas desde tiempos ancestrales "en algunos casos con desarrollo ligado a la población morisca", tradicionalmente habían sido las viviendas de las familias más pobres. En la actualidad, sin embargo, adquieren gran valor y algunas son transformadas para acoger a los numerosos visitantes dispuestos a alquilarlas e, incluso, se crea una cueva-museo para aquellos que quieran conocer esta forma de vida sin molestar a las numerosas familias que todavía las habitan.

Pasado árabe y monumentos.  En lo referente a la historia de la comarca, es necesario destacar que ha sido poblada desde la Prehistoria gracias a su situación de ruta natural entre el levante y el valle del Guadalquivir y entre la costa y la meseta castellana. Así, aparecen restos que lo atestiguan y que datan del Paleolítico Superior y de la Edad de los Metales. Fenicios y cartagineses también se asientan aprovechando la riqueza minera del entorno, pero es durante la época romana cuando Guadix se convierte en un punto estratégico. Con la ocupación de los godos, la ciudad entra en declive para volver a tener gran esplendor durante la época musulmana. De éstos se conservan numerosos vestigios y entre ellos el nombre que se le dio a la ciudad: Guad-Haix (río de la vida). Entre los restos de la estancia de esta civilización destacan en la capital las murallas con torreones (Torreón del Ferro o también conocido como Torre Gorda) y la Alcazaba, así como la estructura de algunas calles como la Concepción (que fue un antiguo zoco) o el Barrio de Santa Ana. Pueden encontrarse también restos árabes en otros municipios, entre los que resaltan Ferreira (con los baños de aguas termales) y Jerez del Marquesado (donde dejan como herencia sus sinuosas calles y pequeñas plazas). Muchas de las construcciones de esta época son destruidas y sobre ellas se construyen numerosos monumentos cristianos. Claro ejemplo de ello es la catedral de Guadix, que se alza sobre la antigua mezquita y en la que se pueden encontrar tres estilos arquitectónicos: gótico, renacentista y barroco.

La riqueza monumental de la comarca viene dada también por las obras del Renacimiento. Es imprescindible destacar el castillo-palacio de La Calahorra, por ser el primer edificio español donde se introduce las tendencias de este movimiento artístico y que es declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional. Este distintivo también es otorgado a la Plaza de la Constitución y a la Iglesia de Santiago, ambas en Guadix y que datan de los siglos XVI y XVII. Por último, es necesario mencionar la particular artesanía de la comarca. Famosos son los talleres en los que se realizan con enea asientos para las sillas, las alfombras de esparto y las tiendas de cerámica que se encuentran a lo largo de las carreteras. [ Reyes Manuela González Relaño ].

 

 
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