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GUERRERO, PEDRO

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(leza del río, la rioja, 1501-granada, 1576).  Religioso. Es el octavo arzobispo de Granada tras la reconquista y el septuagésimo tercero desde el comienzo de la diócesis. Su pontificado es el más dilatado de la historia eclesiástica granadina y el más decisivo en la lucha contra los moriscos. Nace en el seno de una familia de humildes labradores. A la corta edad de 12 años comienza sus estudios de Gramática en Sigüenza (Guadalajara), a donde llega de la mano de un monje jerónimo, familiar suyo. Seis años más tarde, en 1519, se traslada a Alcalá de Henares (Madrid) para estudiar Artes, así como el primer curso de Teología. A los 18 años regresa a Sigüenza para completar sus estudios de Teología, donde obtiene el grado de bachiller cuatro años más tarde. Luego pasa a Salamanca, ingresando el día 9 de diciembre de 1529 en el Colegio Mayor de San Bartolomé. Allí asiste a las clases magistrales de Tomás de Vitoria y Domingo Soto, licenciándose en Teología, lo que simultanea con la docencia de Artes y Teología. Por tercera vez regresa a Sigüenza en 1535, al obtener, por oposición, la cátedra de prima de Teología en el Colegio de San Antonio de Portacoeli, donde permanece por espacio de diez años.

El 24 de octubre de 1545 obtiene la plaza de canónigo magistral de la catedral de Cuenca, la cual no atiende, ya que continúa la docencia en Sigüenza. Un año más tarde, el 28 de octubre de 1546, es nombrado arzobispo de Granada, tomando posesión al mes siguiente. Su designación sorprende, ya que su nombre no suena con anterioridad por secretarías y consejos, siendo propuesto, al parecer, por San Juan de Ávila, quien influiría decisivamente a lo largo de su pontificado. Éste, de casi 30 años, el más largo de la sede granadina, se divide en cuatro etapas, marcadas por sus tres ausencias para asistir a las sesiones del Concilio de Trento. La primera etapa discurre entre 1547 y 1552. Durante ella, por consejo del maestro Ávila, se dedica a consolidar la obra emprendida por su predecesor, Gaspar de Ávalos. Cuatro cartas, al menos, le dirige Ávila dándole consejos pastorales sobre la oración, la predicación, el cuidado de los colegios, el envío de predicadores de vida ejemplar, la educación de la juventud y la prevención contra los falsos juramentos. De acuerdo con ello, da constituciones al Colegio eclesiástico de San Cecilio, añade tres capítulos a las constituciones de la Universidad y hace imprimir el Ordo ad processiones faciendas per anni circulum secundum consuetudinem almae ecclesiae granatensis  (1553). Favorece singularmente la obra hospitalaria de San Juan de Dios, entregándole cuantiosas limosnas e interviniendo en la cesión del edificio que habían dejado los jerónimos al trasladarse al monasterio nuevo. Carlos V lo designa para asistir al Concilio de Trento. Quiere llevar consigo a Juan de Ávila, pero éste se excusa por enfermedad y le entrega un "Memorial" sobre las reformas del estado eclesiástico, que el arzobispo expone ante la asamblea conciliar.

La segunda etapa dura ocho años y medio, desde 1553 hasta 1561, resultando también fecunda en cuanto al ejercicio pastoral. La inicia realizando la visita pastoral a la diócesis, insistiendo en la residencia de los beneficiados en sus parroquias y en la realización del examen de limpieza de sangre de los pretendientes a canonjías. Impulsa las obras de la Catedral. Presta su apoyo para el establecimiento de los jesuitas en Granada (1554), trae de Sevilla el noviciado, pone la primera piedra y contribuye económicamente a la edificación de la casa, ya que encuentra en ellos un singular instrumento para la evangelización de los moriscos. En 1555 explica las epístolas de San Pablo en la Universidad y da un nuevo capítulo a sus constituciones. Reforma el Colegio de Santa Catalina, destinándolo para estudiantes de Teología y le da nuevas constituciones. En marzo de 1556 cae gravemente enfermo. Dos actuaciones polémicas, durante esta etapa, son la suspensión a divinis a la ciudad por el ajusticiamiento de un fraile y el sermón sobre el secreto de la confesión, motivado porque una penitente es obligada, por un confesor jesuita, a delatar a un sacerdote que la había solicitado carnalmente. Realiza una nueva visita pastoral y efectúa el traslado de la Catedral a la iglesia nueva, que contaba sólo con la capilla mayor (17 de agosto de 1561). Acude de nuevo al Concilio de Trento, llevando un segundo "Memorial" redactado por el maestro Ávila sobre las causas y remedios de las herejías. En un primer momento se desanima por la falta de libertad para expresar libremente la opinión a causa de las presiones. Luego interviene con entusiasmo, sobre todo en el asunto de la fundación de seminarios en cada diócesis.

La tercera etapa comprende desde su regreso de Trento hasta la guerra de los moriscos, es decir, de 1564 a 1568. La tarea más importante que lleva a cabo es la preparación y celebración de un concilio provincial para trasladar los decretos de Trento, como la reforma de costumbres, los derechos e inmunidades de las iglesias y el buen gobierno del Arzobispado, tanto en lo espiritual como en lo temporal. Dicho concilio comienza el 16 de septiembre de 1565. Sus conclusiones no llegan a publicarse a causa de una apelación interpuesta por el cabildo catedralicio y el concilio queda en suspenso. En esta época finaliza el pleito iniciado por el arzobispo Ramiro de Alba contra el duque de Sesa por los diezmos y habices del Estado de Órgiva y lugar de Busquistar. La otra cuestión es la relacionada con la expulsión de los moriscos, a los que ni comprende ni acepta. En repetidas ocasiones había pedido al Rey su expulsión y cuando se plantea, con ocasión de la guerra de 1568, Guerrero la apoya, poniéndose de parte del presidente de la Chancillería don Pedro de Deza.

La cuarta etapa abarca desde 1571 hasta 1576, durante la cual, a pesar de la edad y el cansancio, emprende la reconstrucción material y espiritual de la diócesis, cuyas constituciones sinodales son publicadas el 17 de octubre de 1572, que están en vigor durante 250 años. Tres años más tarde lleva a cabo una visita pastoral a la Alpujarra, repoblada con cristianos viejos procedentes de distintas regiones de España. Concluida la visita, es afectado por una grave enfermedad que le causa la muerte el día 3 de abril de 1576, siendo enterrado al día siguiente en la capilla de Santa Ana de la girola de la Catedral. [ Juan Miguel Larios Larios ].

 

 
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