| (córdoba, 795-852). Emir omeya de Córdoba (822-852) a quien se debe la organización administrativa del Estado árabe en al-Ándalus. Con cinco años de edad, su padre al-Hakam I * lo nombra gobernador de la Frontera Media, con capital en Toledo, donde presenciará la denominada como Jornada del Foso, en la que se elimina a los elementos de la zona contrarios a la dinastía omeya. Al acceder al emirato se encuentra con un país relativamente estable y en paz. Esto no quiere decir que, como en casi todos los momentos sucesorios, deba dedicar un primer periodo de su gobierno a pacificar conflictos que hereda de los emires que le anteceden. En esta ocasión se trata de las últimas maniobras de su tío abuelo, Abd Allah al-Balansi *, revoltosos de la zona de Lorca, en Murcia, de los Banu-l-Yiliqi * de la Frontera inferior, en conexión con los monarcas asturianos, o episodios locales como los de Ronda del 826 o Algeciras del 850. Un episodio diferente es el que lleva a los levantamientos mozárabes de mitad del siglo IX *, un movimiento de la comunidad cristiana de Córdoba que experimenta un intenso proceso de arabización al mismo tiempo que conserva su religión cristiana.
En las relaciones con los reinos del norte peninsular el mandato de Abderrahmán II supone una etapa de recuperación de las aceifas o campañas de verano destinadas al mantenimiento de las fronteras y a la obtención de botín. Al comienzo se datan campañas contra Álava y Galicia dirigidas por generales cordobeses. Más tarde, pacificado al-Ándalus, será el mismo emir o sus hijos. Es la época de Alfonso II el Casto (791-842), al que le sucede Ramiro I (842-850). Las fuentes árabes hablan ya de un territorio, denominado Yiliqiya que abarca la actual Galicia y los actuales distritos portugueses más septentrionales hasta la línea del Mondego. Simultáneamente el reino de Navarra se configura a partir de Iñigo Arista, en relación con sus parientes los Banu Qasi, los señores de la Frontera Superior de al-Ándalus, gobernada desde Zaragoza. En lo que respecta a las regiones nororientales de la Península hay constatado un intercambio de embajadas entre Abderrahmán II y Carlos el Calvo. La relación entre ambos permitía la existencia de señores locales a ambos lados de la frontera andalusí. En tiempos de al-Awsat, en el 844, tienen lugar las primeras incursiones de los normandos * al territorio de la Andalucía árabe, que tendrán una gran influencia en la organización de los sistemas defensivos costeros y en la marina del país.
Abderrahmán II al-Awsat procede a la estructuración del país en muchos niveles. Entre ellos destaca el sistema tributario de las diferentes regiones y su relación con la administración central. De este momento datan los primeros datos cuantitativos procedentes de la cancillería cordobesa. A su lado se sistematizan las acuñaciones de plata y bronce de la ceca cordobesa o se institucionaliza el tiraz o fábrica estatal de productos de lujo. La monetarización remite al incremento del movimiento económico. En otro nivel se establece la estructura de la administración civil del Estado "el organigrama de cargos del Gobierno central y de las provincias, levantamiento de edificios administrativos, fijación de salarios" o del ejército, procediendo a la profesionalización de la guardia del emir, el núcleo central de las tropas andalusíes. Al mismo tiempo desarrolla un amplio programa de obras públicas: la reconstrucción de la calzada del Guadalquivir o Arrecife *, la edificación de las mezquitas mayores de Jaén y Sevilla o las dos ampliaciones de la aljama cordobesa.
En tiempos de Abderrahmán II, la cultura de la Andalucía árabe presenta ya un carácter propio: figuras como el músico Ziryab *, el poeta Yahyá al-Gazal * o el matemático, literato y alquimista Abbás b. Firnás * ofrecen una buena imagen de su etapa de gobierno. Con él al-Ándalus tiene una presencia en el Mediterráneo, tanto en el norte de África como en sus relaciones con el emperador bizantino de Constantinopla. En cuanto al Magreb, las relaciones con los aglabíes de Túnez, antiguos gobernadores de parte de los califas abbasíes de Oriente, son siempre tensas. Las establecidas con los idrisíes * de Fez tienen la tensión de la vecindad, mientras que los rustumíes * de Tahert son en este momento los grandes aliados de al-Ándalus en el norte de África. El vínculo con Bizancio es uno de los ejes de la política exterior de los omeyas andalusíes, por razones de oposición a los abbasíes y por el aporte cultural del saber griego que supone para la formación de la civilización de al-Ándalus. De la época de al-Awsat data la embajada de Yahya al-Gazal a Constantinopla.
Los textos de la época describen al emir como un hombre alto, de nariz aguileña que resalta con el negro de los ojos, barba poblada y majestuosa, teñida de aleña. En 852, Abderrahmán II, que no había nombrado heredero, quizás por la tranquilidad de la situación o porque espera hacerlo en el último momento, debe hacer frente a una conspiración por parte de su esposa Tarub *, ayudada por Nasr *, un muladí de Écija que pretende colocar al frente del país a Abd Allah *, hijo de Tarub y emir de al-Ándalus a finales del siglo IX. Los conspiradores son descubiertos y finalmente le sucede el heredero previsible, Muhammad I *.
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