| (córdoba, 891-961). Emir y califa de Córdoba (912-961). Supone el culmen del Estado instaurado por la familia omeya en la Andalucía árabe y el primer momento de máximo esplendor del Islam en la Península Ibérica. Hijo de Muhammad, el primogénito y heredero del emir Abd Allah *, a quien asesina su hermano Mutarrif, que muere poco más tarde en los complicados días por los que atraviesa el país. Su madre es una princesa navarra a la que las fuentes llaman Muzna o Miren. Su elección como sucesor por parte de su abuelo Abd Allah es plenamente consciente y se justifica desde el mismo momento en que accede al poder. El futuro an-Násir es preparado para las labores de gobierno de forma concienzuda. La sucesión se produce sin mayores dificultades: Abd Allahhace prestar juramento de obediencia o baya * antes de morir a los miembros de la familia omeya que pueden alegar mejor derecho al emirato que el príncipe Abderrahmán. Cierto es que el día en que accede al puesto, el 22 de octubre de 912, la situación del poder omeya no admite muchas opciones
Unidad. Abderrahmán III representa una de las figuras centrales de la historia de la Andalucía árabe. Su primer mérito consiste en restablecer la unidad administrativa del país tras la sublevaciones de finales del siglo IX, al introducir cambios en la administración a todos los niveles de modo que la dota de una estructura que permanecerá al menos hasta la época de los almorávides *. Por otro lado eleva al-Ándalus a la categoría de gran potencia del Mediterráneo, ejerciendo de árbitro de todos los demás Estados de la Península Ibérica, con una visión global de la política peninsular. También establece una estrategia hacia el norte de África, donde reafirma la presencia andalusí. Aparte configura relaciones sistemáticas con Bizancio y los Estados europeos. Todo esto terminará con la ruptura práctica con el califa de Bagdad, adoptando el título de Emir de los Creyentes, y consagra de esta manera de iure la autonomía que de facto tenía ya al-Ándalus. Su gobierno logra neutralizar los enfrentamientos internos del país, sociales y tribales, haciendo prevalecer las ventajas de un Estado centralizado por encima de tendencias disgregadoras. De este modo contará entre sus colaboradores con miembros de todas las comunidades que conforman el rico entramado andalusí, como Recemundo *, el obispo de Ilbira, o Hasday b. Xaprut *, el dirigente judío cordobés. Incluso intenta nombrar como qadí de Córdoba, la más alta autoridad musulmana, a un personaje de directa ascendencia mozárabe. A su muerte dejará incluso establecido un régimen de sucesión con una claridad extraña en la Edad Media.
Abderrahmán III recibe de su abuelo y antecesor, el emir Abd Allah *, un país dividido y con el poder político desmembrado tras los episodios de la primera fitna * o guerra civil. De este modo durante los primeros años de su gobierno restaura poco a poco la autoridad de la familia omeya y pacifica todo al-Ándalus. Con una política a largo plazo, ya que se trata de asimilar y no sólo de derrotar militarmente a los descontentos, realiza una serie de campañas que terminan normalmente con las concesiones que su abuelo hace a señores locales y la incorporación de sus mesnadas al ejército regular. A partir de Córdoba y, en círculos concéntricos hasta llegar a las Fronteras, establece su poder en todo el territorio. Nada más ser nombrado emir en 912, acaba con la revuelta bereber del Campo de Calatrava y con el poder autónomo de los señores de Écija, y Sevilla al año siguiente. Ese año pacifica también el territorio granadino, la provincia de Ilbira en la terminología de la época, y poco después la serranía de Ronda, comenzando el cerco a los sucesores de Umar b. Hafsún *. Más tarde someterá a los personajes que conforman la Talasocracia de Pechina *, adueñándose del puerto de Almería. El proceso termina con la entrada de las fronteras del país en el dominio directo del gobierno cordobés. Entonces puede dedicarse a dar forma definitiva a la administración omeya completando la obra de su antepasado Abderrahmán II *. La herencia de su labor en este campo perdurará en muchos aspectos hasta el siglo XV.
Fronteras. En sus relaciones con los reinos del Norte, la política de Abderrahmán III se centra primordialmente en la defensa de las fronteras leonesa, castellana y navarra, ya que la aragonesa mantiene poca actividad durante su mandato. Las crónicas andalusíes registran casi exclusivamente la embajada que llega a Córdoba, al final de los días del Califa, enviada por el conde Suñer, hijo del mítico Wifredo el Velloso. Las veinte campañas militares de verano, realizadas durante su mandato, son normalmente una respuesta a los ataques norteños o a movimientos políticos-militares realizados más allá de las fronteras de al-Ándalus. Así el mandatario cordobés se cuidará de mantener una frontera segura en la Meseta Norte, por la margen derecha del Duero y procurará no unir a los diferentes reinos con ataques indiscriminados. Estos reinos usarán al califa de Córdoba como árbitro en algunas de sus disputas. Al comienzo de los días de an-Násir se registran incursiones por parte de Ordoño II de León (909-924) en territorio andaluz, que son contestadas con campañas en sus dominios. Tras este preludio, el emir de Córdoba da un golpe efectivo en el punto más débil de la frontera en ese momento, con la campaña de Muez o Valdejunquera (920) en la que derrota a Ordoño II y a Sancho Garcés I de Navarra, atacando Pamplona y la Rioja. A continuación al-Ándalus se dedicará a la fortificación sistemática de la frontera del Duero. La época de Ramiro II de León (931-950) comienza con ataques de este monarca a la Frontera Media, ocupando Madrid. Estos movimientos terminan con la batalla de Alhandega o Simancas * (939), en la que Abderrahmán III, tras un ataque a este territorio, cae derrotado ante una coalición formada por el monarca leonés, el conde castellano Fernán González y el rey de Navarra. El mandatario cordobés aprende la lección y renuncia a los ataques masivos, concentrándose en las maniobras políticas con cada uno de los reinos del Norte y en fortificar la frontera. De este modo se cambia la capital de la Frontera Media desde Toledo a Medinaceli, y consolida posiciones en la frontera del Duero frente a la emergente Castilla. Al final de su mandato, en 950, mueren simultáneamente Ramiro II y el rey de Navarra. En León estalla la guerra civil entre Ordoño III y su hermano Sancho, mientras Castilla empieza a operar como Estado independiente. Abderrahmán III aprovecha los reinados de Ordoño III, Sancho el Craso y Ordoño IV para firmar treguas favorables y consolidar posiciones en La Rioja.
Al mismo tiempo realizará una política de intervención en el norte de África, parte de la cual depende de administración andaluza, que le asegure mercados y el aporte de un oro subsahariano necesario para una economía andalusí en expansión. También respondía al objetivo de detener la influencia de los dirigentes fatimíes *, sus rivales en la política mediterránea del momento. Éstos surgen como un movimiento heterodoxo con vocación política universalista en todo el mundo árabe de la época. En 909, asentados en el Magreb extremo, conquistan Qayrawán y fundan al-Mahdiya, antes de emprender su expansión hacia Oriente y llegar a Egipto en 973. Abderrahmán III busca alianzas entre los príncipes norteafricanos opuestos a ellos y toma, como cabezas de puente, Melilla en 926 y Ceuta en 931. En 956 entra en Tremecén, en la actual Argelia. En el contexto mediterráneo mantienen relaciones con Bizancio, el Imperio Romano de Oriente. La conquista fatimí de Sicilia, antiguo territorio bizantino, estrecha los vínculos diplomáticos entre Córdoba y Constantinopla. Éstos permitirán además unos fructíferos intercambios culturales: los textos griegos que vienen de Oriente serán la base de una escuela de traductores en la capital omeya. Destacan también en este momento, por otro lado, las relaciones con los dirigentes europeos como Otón I.
Durante su mandato toda la Andalucía árabe, y en concreto Córdoba, alcanza un esplendor económico y cultural sin precedentes. La fundación de la ciudad palatina de Medina Azahara *, a partir de 936, donde se traslada la corte y la administración de al-Ándalus, constituye un testimonio de esta pujanza. En el año 929 Abderrahmán III se proclama califa, un año después de realizar una entrada más propagandística que efectiva en Bobastro, la capital de Umar b. Hafsún. Un decreto califal del 17 de enero de ese año, cuyo texto se conserva, comunica la noticia y su nombre se comienza a usar para llamar a la oración en todas las mezquitas de Andalucía. Esta medida responde a la situación de al-Ándalus a niveles internos y de cara al exterior y a la figura de Abderrahmán III. Un personaje al que los cronistas de aquel tiempo describen como de piel blanca, rechoncho, de ojos azules, cuerpo agradable, guapo y con el cabello teñido de negro. Ibn Hazm lo califica como listo y enérgico. Muere el 15 de octubre de 961 En definitiva an-Násir forma parte de la historia de la Península Ibérica como un gobernante insigne por su visión de conjunto de todo el país. Su obra debe observarse en los parámetros de un gobierno extenso pero también en un profundo conocimiento de la realidad de su entorno y con una visión política a largo plazo. [Rafael Valencia]
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