| La historia de la mezquita omeya de Córdoba, actual catedral, supone una buena imagen de la historia de la ciudad y de toda Andalucía. Aparte de constituir un reflejo de la historia del país entre los siglos VIII y X, en su subsuelo se encuentran restos romanos y visigodos. Cuando Abderrahmán I ad-Dájil * , el primer emir de la familia omeya en al-Ándalus, comienza su construcción en el siglo VIII, lo hace adquiriendo a la comunidad cristiana de la capital, los mozárabes * cordobeses, la mitad del templo que todavía les pertenece. Se trata de la iglesia de San Vicente, cuya otra mitad es consagrada como mezquita al comienzo de la época árabe, conforme a los acuerdos alcanzados en el momento de la conquista. Las negociaciones para la adquisición por parte del emir se llevan a cabo en el 785. Un año después se realiza, según las crónicas, la primera oración en ella. Parece un tiempo corto, pero la edificación debe de ejecutarse con materiales de acarreo y se trata de un proyecto emblemático para el mandatario y la dinastía. Siguiendo el modelo, de raíz mediterránea, de otros oratorios musulmanes tanto orientales como occidentales, la mezquita consta de un patio y de una sala perpendiculares al muro de la qibla , que señala a los creyentes la dirección sur, hacia la que orientar sus plegarias. Sin embargo la construcción tenía aspectos muy peculiares: arcos superpuestos, de herradura el inferior y de medio punto el superior, apeados sobre columnas, sostenían el edificio y dividían sus once naves. De este modo se pueden evitar, con una solución imaginativa, el sistema de vigas que cruzan los arcos desde su arranque, procedimiento empleado antes en muchas ocasiones. Los arcos superiores descansan sobre pilares más anchos que las columnas inferiores. Cada nave está cubierta por un tejado a dos aguas: la lluvia se puede canalizar gracias a la resistencia que tiene el conjunto. Aparte de responder a esta cuestión, la doble fila de arcos da una gran amplitud espacial al conjunto.
Al emir Abderrahmán I le debe la primitiva mezquita omeya las puertas del oratorio. Como la llamada de los Visires, que daba al contiguo alcázar o palacio de gobierno. Su hijo Hixam I * completa el conjunto levantando el primer alminar, a la derecha de la puerta de entrada al patio, en el muro norte del edificio. El nieto de éste, Abderrahmán II al-Awsat * emprende la primera ampliación de la mezquita, entre el 840 y el 844. Se trata del mandatario andalusí que organiza el sistema administrativo del país y que propugna un amplio programa de obras públicas, reflejo de la prosperidad de al-Ándalus en aquel momento. La ampliación se realiza hacia el sur, derribando el muro de la qibla , pero respetando el mismo estilo implantado por ad-Dájil. En el patio son plantados árboles. Únicamente el mihrab , el nicho que señala la dirección de la oración, sobresalía por el exterior del muro meridional. Su aspecto interior anuncia el que después levantaría el califa al-Hakam II * . El programa de obras de al-Awsat lo termina su hijo, el emir Muhammad I * , que añade junto al mihrab un recinto reservado a la familia gobernante, la maqsura . No son tiempos fáciles para los omeyas y la seguridad constituye una preocupación permanente. Su sucesor, el emir Abd Allah * , añade a finales del siglo IX el pasadizo que lleva directamente desde el Alcázar a la maqsura .
Al terminar las obras de la ciudad palatina de Medina Azahara * , el primer califa andaluz, Abderrahmán III an-Násir * acomete desde el 951 una nueva ampliación, que finaliza su hijo al-Hakam II. Aparte de la extensión del patio, a él le debemos una de las representaciones del poder omeya: el alminar de 42 m. de altura que más tarde se convertirá en campanario cristiano. El anterior alminar de ad-Dájil es demolido hasta los cimientos. La nueva torre, sin llegar a las dimensiones de los almohades * , destaca sobre el caserío de Córdoba. Al-Hakam II completa las obras, en fase iniciada ya en el 958: remodelación de las fachadas y ampliación hacia el sur de la sala de oración, añadiendo doce tramos, los mismos que tenía la mezquita primitiva. De este modo el oratorio es un trasunto de la historia del al-Ándalus omeya: sobre la base de ad-Dájil los mandatos de al-Awsat y an-Násir y el añadido excéntrico de Almanzor * . Al-Hakam II refleja su voluntad de renovación: en el interior, con arcos multilobulados, en las fachadas, en la cúpula que antecede al mihrab , de planta ortogonal, no circular, o en los mosaicos de ambos, con técnicas bizantinas que suponen una nueva mirada omeya hacia Oriente. La epigrafía deja constancia del nombre del emir y de sus dignatarios. La nave central, más ancha, conduce hasta él. El suelo sigue siendo de argamasa, recubierto con esteras. La techumbre, horizontal, de maderos sobre vigas. En las galerías porticadas del patio se llevan a cabo los cursos de los estudios superiores de la época.
La ampliación de Almanzor a finales del siglo X rompe la armonía del edificio: añade ocho naves longitudinales al Oeste, duplicando casi el espacio del oratorio, aunque rebajando los niveles de calidad. Pero descentrando el mihrab , como su gobierno descentró la historia del país. El edificio sería consagrado como oratorio cristiano tras la conquista castellana de 1236: en su interior se levantarían una iglesia gótica y una catedral renacentista. ( -> véase Córdoba ) [ Rafael Valencia ].
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