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TÉRMINO
- JALDúN, ABU ZAYD ABDERRAHMáN B. MUHAMMAD AL-HADRAMí, IBN
  ANEXOS
 
  • La política  Expandir
  •     En todos los actos de tu gobierno procurarás cumplir las obligaciones que lleva consigo tu cargo, pues un día se te pedirá cuenta de tus acciones y recibirás la recompensa que te corresponda. Dedica a ello tu pensamiento, tu inteligencia y todo tu interés, sin que te distraiga ninguna otra preocupación. Examina cualquier asunto con detalle, considerando los deberes de tu puesto y sin favorecer a los que están cerca de ti respecto a los extraños.
        No te alejes nunca de la moderación, que es buena guía para dirigir los asuntos de este mundo. No tengas en cuenta las acusaciones que te lancen contra las personas que trabajan contigo: antes de decidir, realiza las investigaciones que consideres necesarias pues es un delito sospechar de los inocentes y prejuzgarlos negativamente con precipitación. Márcate como un deber el pensar favorablemente acerca de tus colaboradores, apartando cualquier prejuicio que pudieras tener con ellos pues de este modo ganarás su fidelidad y su obediencia. La confianza en tus subordinados es la base de la efectividad y de su tranquilidad. En este ambiente podrás realizar de modo adecuado tu tarea de gobierno.
        El tener un buen concepto de ellos no te exime sin embargo de juzgar cómo ejecutan los trabajos de la administración, siguiendo de cerca el modo de proceder de tus funcionarios. Luego haz un examen crítico de tus acciones como persona responsable a quién un día se exigirá cuenta de sus actos y será recompensada o castigada.
        Aléjate de las falsedades y de las mentiras. No prestes oídos a los intrigantes pues aceptando a los mentirosos traerás un perjuicio a tu trabajo en un plazo más o menos largo. El que intriga no acostumbra a ser sincero y el que lo escucha pierde la confianza de los que le rodean. Por el contrario, favorece a las personas íntegras y sin dobleces, apoya a los individuos sinceros y procura atender a los ciudadanos menos poderosos. Reprime tus impulsos a actuar en un momento de ira. Procede, en cambio, con prudencia, sin dejarte arrastrar por un impulso súbito. Jamás digas: “porque se me dio el mando, hice esto porque he querido”, pues ello redundaría de inmediato en el concepto que de ti se tiene.
        Recompensa con el reconocimiento debido a las personas que han prestado un servicio a la comunidad. Retribuye los actos de las personas de bien exigiéndoles lo que deben al país por el beneficio que se les otorga y el trata de favor que les dedicas. No atiendas al envidioso. No toleres la corrupción. No alabes al hipócrita. Nunca desprecies a nadie. No incumplas lo prometido. No mates jamás la esperanza. No dejes de luchar por el futuro. No te quejes nunca.
        Consulta a las personas experimentadas e inteligentes. Pero no recibas consejos de los personajes de vida regalada y conocidos por su avaricia. Escoge a personas efectivas y aptas para los puestos de gobierno, que sean ante todo honestos. Auméntales sus ingresos pues sin son buenos gobernantes el progreso del país irá en aumento y se alabará tu administración. Designa para cada una de las regiones del Estado a hombres de confianza que te tengan al tanto de los actos de todos los funcionarios. De esta manera será como si tú te encontraras junto a cada uno de ellos observando como actúan.
        Dedícate constantemente y de forma personal a los asuntos de gobierno. Nunca dejes algo para mañana pues nuevas ocupaciones no te dejarán hacer lo que hoy no hayas hecho. Un día que pasa está ya perdido junto con lo que hubiéramos podido hacer. Y si has aplazado algo para día siguiente tendrás trabajo doble que te agobiará y te hará perder la confianza en ti mismo. Si despachas tus asuntos cada día te ahorrarás un cansancio innecesario y la administración del Estado funcionará adecuadamente.
        Aprovecha la experiencia que cada día te aporta lo que ante ti sucede y el ejemplo de los dirigentes pasados y de pueblos desaparecidos.
        Señala a cada una de las personas que de ti dependen un momento fijo para despachar contigo acerca de los resultados de sus trabajos y de las informaciones que te presentan sobre las necesidades del país que gobiernas y de los asuntos de los ciudadanos. Escúchalos atentamente, estudia con interés los documentos que te presentan poniendo en ello toda la atención de tu espíritu y toda tu inteligencia. No hables nunca de una buena acción que hayas hecho con un compatriota o con un extranjero. No aceptes nada de nadie excepto la lealtad, la sinceridad y la fidelidad a la máxima autoridad del Estado.

    Ibn Jaldún
    De Muqaddima (Carta de Táhir b. al-Husayn a su hijo Abd Allah).
  • El viaje a Sevilla  Expandir
  •     El año 1364 viajé a la corte del rey de Castilla de aquel tiempo Pedro I, hijo de Alfonso, para ratificar el acuerdo de paz que había firmado con los monarcas del Magreb. Llevaba unos presentes extraordinarios: tejidos de seda y caballos impresionantes con pesadas sillas de oro. La corte se encontraba entonces en Sevilla, con lo que pude contemplar los restos que habían dejado en ella mis antepasados. El rey me colmó de honores hasta el extremo y me mostró todo tipo de consideraciones. Él conocía la preeminencia de mis antepasados en Sevilla. Le había hablado de mi un médico que tenía, el judío Ibrahim b. Zarzar, un especialista sobresaliente en Medicina y Astronomía, al que había conocido en las reuniones del sultán Abu Inán, que le había llamado como médico cuando estaba con Ibn al-Ahmar en al-Andalus. Más tarde pasó, tras la muerte de Ridwán, el que dirigía los asuntos del Estado, a la corte castellana, permaneciendo hasta entonces allí. El rey lo tenía entre sus médicos. Cuando me presenté ante él, después de lo que había dicho de mí, me pidió entonces que me quedara con él. Y me ofreció la herencia de mis antepasados en Sevilla, que estaba en manos de personajes de su Estado. Yo rechacé la oferta en los términos precisos y él no dejó de manifestarme su deferencia hasta que emprendí camino de vuelta. Entonces me dotó de todo lo necesario para el viaje, regalándome una montura con una silla pesada y bridas de oro. Yo se las di luego al sultán de Granada, que me hizo donación de la alquería de Elvira, unas tierras con riego en la vega de Granada.

    Ibn Jaldún

    De Autobiografía.
 
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