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TÉRMINO
- ARGANTONIO
  ANEXOS
 
  • Monarquía y comercio  Expandir
  •  Si tenemos en cuenta sólo los datos arqueológicos, vemos que en pleno siglo VIII a.C. existen numerosas factorías fenicias en las costas en las que viven comunidades urbanas florecientes, como en Sexi, Malaca, Adra, etc. El mejor indicio del elevado nivel que alcanzan esos establecimientos nos lo ofrecen los hallazgos de la necrópolis de Sexi, en la que vemos utilizadas como urnas funerarias grandes vasijas de alabastro importadas ex profeso de Egipto, así como otros muchos productos exóticos orientales o griegos.
     Los hallazgos arqueológicos del interior (Carmona, Aliseda, Cástulo, etc.) nos confirman que por aquellas fechas el comercio regular establecido había conseguido penetrar hasta zonas muy interiores, lo que podemos tomar como prueba de que ya existía la monarquía tartésica regulando y posibilitando ese comercio interior. Por consiguiente, hemos de admitir que la dinastía histórica de Tartessos debió comenzar antes del siglo VIII, aunque no conoceremos el nombre de un monarca hasta fines del siglo VII, Argantonio, el monarca filoheleno.
     Este desconocimiento no puede extrañarnos. No habiendose localizado aún la sede de la monarquía, no tenemos documentos originales como pudieran ser inscripciones reales, anales históricos, listas de tributos, leyes, etc. Una sociedad que sabemos conoció la escritura desde muy pronto, es posible que tuviera organizado un archivo real como otras monarquías análogas. Las monarquías semejantes que se desarrollan en el Egeo (Knossos, Micenas, Pilos, Tebas, etc.) los tuvieron, y nada se opone a que el mundo tartésico estuviera organizado de modo semejante.

    Juan Maluquer de Montes
    De La Civilización de Tartessos.

  • Mito y realidad  Expandir
  • Argantonio es la figura que da luz a la civilización de Tartessos. Su existencia está documentada en las fuentes antiguas por las citas de Herodoto y Anacreonte, autores que recogen su longevidad y su amistad con los focenses, aliados comerciales cuyo favor intenta canjearse para librarse del monopolio que debieron imponer los fenicios de Gades en sus relaciones comerciales con el pueblo tartessio. Todo pueblo, en el origen de su historia, cuenta con una serie de mitos fundacionales que permiten entender y simplificar el enorme salto que supone el tránsito desde el hombre de las cavernas a los albores de la civilización, desde el individuo que refleja sus escenas de caza mediante pinturas rupestres al hombre que recoge sus avatares mediante una escritura que les permite esbozar los prólogos de la protohistoria, la cual deja de estar protagonizada por divinidades descendientes del Olimpo para centrarse en hombres de carne y hueso. Hércules es el primero que encarna el prisma mitológico – y por tanto irreal– de los orígenes del territorio y los pobladores del sur de la Península. El hijo de Zeus, en el último de sus doce trabajos, fue traído hasta las postrimerías del océano para robar los doce toros de Gerión y llevarlos hasta la ciudad de Micenas. Allí donde comenzaba el Atlántico ignoto, el héroe dejó en cada lado del Estrecho un monolito que luego, en la temprana geografía mediterránea, recibirían el nombre de Columnas de Hércules.
     Si Hércules se vincula estrictamente al mito, Argantonio, sin renunciar a las brumas legendarias que envuelven al personaje, es una figura história, de rasgos imprecisos en su labor como monarca, con un imperio de fronteras difusas que oscila desde la ciudad-estado hasta el control de todo el arco sureño peninsular, ostentador de un poder tiránico o conciliador, pero real al fin y al cabo. Se desconoce casi todo sobre la figura de Argantonio y los detalles que nos llegan a menudo sólo aportan más oscuridad, pero de lo único que no se duda es de su existencia. Su longevidad (Argantonio vivió 120 años según Herodoto, 150 según Anacreonte) no puede servir para despreciar el historicismo del personaje, puesto que, al igual que en el origen de todas las civilizaciones se repiten con variaciones distintas fábulas y relatos, vidas tan prolongadas también se encuentran en miembros de dinastías egipcias como Pepi II o Ramsés, de quienes nadie duda su existencia.
     Es lógico que el hombre tienda a suplir los grandes pozos de desmemoria mediante el mito y la leyenda. Como ser discursivo asume mal el olvido e intenta tender puentes interpretativos e imaginarios que restablezcan la linealidad del pasado, pero en los claros del bosque es reconocible la figura real, Argantonio, el hombre de plata, personificación de la riqueza y el bienestar de una tierra que fue símbolo de una felicidad completa e inasible. A partir de Argantonio todas las civilizaciones hegemónicas del mediterráneo, cartaginenses, romanos y árabes, mantienen la misma obsesión por conquistar las fértiles y prósperas tierras andaluzas. Si perseguían el mito o la realidad quedó velado en el corazón de cada uno de sus conquistadores.

    Pablo Santiago Chiquero

  • Las distintas interpretaciones  Expandir
  • Desde el punto de vista etimológico Argantonio significaría en griego algo así como “hombre de la plata”, si bien se ha propuesto también un origen celta para este antropónimo. De acuerdo con las fuentes griegas que nos lo dan a conocer, principalmente Herodoto (I, 163), Argantonio sería un rey de Tartessos* que entró en contacto con los griegos foceos. Escribe Herodoto: “Y estos, los foceos, fueron los primeros griegos que hicieron uso de grandes navegaciones, y son éstos los que dieron a conocer tanto el mar Adriático como Tirsenia, y Tartessos. No navegaban en embarcaciones redondeadas, sino de cincuenta remos. Después de llegar a Tartessos llegaron a ser amigos del rey de estos, cuyo nombre era Argantonio, y fue soberano absoluto de Tartessos durante ochenta años, y vivió en total ciento veinte. Los foceos llegaron a ser tan amigos de este soberano que les animó, en un principio, a que abandonando Jonia vivieran donde quisieran en su región, y a continuación, como no los convencía de esto, informado por ellos de cómo se agrandaba el Medo, les dio dinero para rodear la ciudad con una muralla. Y les dio generosamente, pues el contorno de la muralla era de no pocos estadios, y toda esta de piedras grandes y bien ensambladas”.
     La longevidad de Argantonio y su condición real estarían presentes junto con otras noticias procedentes del extremo occidente del Mediterráneo en los ambientes griegos de Jonia, como ponen de relieve los versos de Anacreonte, poeta de Teos, ciudad próxima a Focea que vivió en la corte del tirano Polícrates de Samos entre los años 536 y 532 a.C. El verso se ha conservado gracias a que fue recogido por el geógrafo Estrabón (III, 2, 14) en su obra geográfica: “Yo, por lo menos, no querría el cuerno de Amaltea ni ser rey de Tartessos durante ciento cincuenta años”.
     Gracias a las referencias cronológicas de Heródoto sobre la historia de los foceos en el Mediterráneo Occidental, la vida de Argantonio se ha situado entre 670 y 550 a.C., de manera que el inicio de su reinado estaría en 630 a.C. Aunque es muy poco probable que Argantonio, de haber existido realmente, alcanzase tal edad, conviene destacar que la longevidad junto a la riqueza son atributos que contribuían a definir el imaginario griego sobre el Extremo Occidente como lugar de prosperidad y abundancia, que se concretaba en el reino de Tartessos y se personalizaba en su rey Argantonio como símbolos de la riqueza en metales.
     Ambos rasgos, abundancia de plata en Tartessos y longevidad de Argantonio se convirtieron en topoi literarios desde fecha temprana como muestra el poema de Anacreonte citado y la larga serie de seguidores posteriores, entre otros  Estrabón (III, 2, 14), Cicerón (Sen. 19), Plinio (VII, 154, 156), Valerio Máximo (8, 19, 3), Apiano (6, 11) o Silio Itálico (I, 6, 465), quien atribuye a Argantonio tres siglos de vida. Argantonio se convirtió en la Antigüedad en un referente mítico de la felicidad terrena.
     La mención por Herodoto de Argantonio como rey de Tartessos* dio lugar a una tendencia historiográfica y a las subsiguientes vulgarizaciones de la misma que hacía de Tartessos un antiguo reino y por extensión el más antiguo estado del Occidente mediterráneo. Iniciada por el investigador alemán Adolf Schulten, esta tendencia ha sido muy matizada a la luz de la moderna investigación arqueológica y la crítica histórica y filológica de los textos clásicos.
     La antigua referencia a la longevidad del rey tartéssico por Anacreonte, contemporáneo de los viajes griegos a Tartessos, puesto que nació en 570 a.C., confieren un fondo de veracidad a las posteriores noticias de Herodoto. Los hallazgos de importaciones cerámicas griegas de los siglos VII y VI a.C. en el asentamiento tartessio de Huelva* , así como en las colonias fenicias de la costa andaluza confieren a su vez un apoyo arqueológico a las navegaciones griegas al Extremo Occidente en el periodo arcaico. Sin embargo, la existencia histórica de Argantonio tal como nos lo presenta Herodoto plantea serias dudas. En primer lugar porque el término basileus era utilizado por los griegos para definir no sólo a un rey o príncipe, sino a todos los personajes bárbaros de rango elevado, además de la falta de correspondencia entre la realidad arqueológica sobre Tartessos y el carácter urbano y estatal que se le atribuía.
     Ello ha dado lugar a posiciones controvertidas sobre la figura de Argantonio que tratan de racionalizar las noticias disponibles en términos históricos. Mientras que algunos historiadores piensan que Argantonio sería un personaje mítico, otros investigadores como García y Bellido sostienen que la larga duración de su reinado correspondería en realidad a una dinastía en la cual habría varios reyes con el nombre de Argantonio. Otra opinión es la de J. Alvar, quien propone que Argantonio sería uno más de entre los reyes del Sur de Iberia, aunque el más famoso. Almagro Gorbea ve en la figura de Argantonio un modelo de monarquía con rasgos tiránicos desvinculada ya de los modelos orientales de realeza. Para otros investigadores como C.G. Wagner, Argantonio estaría a la cabeza de una confederación de tribus tartesias y no sería por tanto el rey de un estado unificado.
     Como se puede observar, Argantonio conecta con todo el mundo legendario de Tartessos y los orígenes de la civilización en la Península Ibérica, lo que ha provocado cierta polémica entre investigadores e intelectuales. Para unos puede que sea el primer rey histórico -situado en el tiempo- y para otros el sucesor de una dinastía tartessia encabezada por los míticos Gerión* , Gárgoris* y Habis* . Al igual que en muchas otras ocasiones la necesidad de dar buenas explicaciones sobre el origen de la historia y las realidades contemporáneas nos lleva a buscar explicaciones más o menos aventuradas del pasado, moviéndonos entre el propio substrato mítico y legendario y lo que puede ser estrictamente verificado como una realidad histórica.

    José Luis López Castro

 
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