Pocas veces cantó en público El Viejo Agujeta. Y si lo hizo fue animado por su hijo Manuel, que se había hecho famoso en unos meses, gracias a su disco Viejo Cante Jondo. Y es que su hijo sabía que su padre podía dar la sorpresa, había sido su maestro a lo largo de la cotidianeidad del trabajo y las reuniones íntimas. Guardagujas, campesino y fragüero, El Viejo Agujeta estaba avellanado, curtido por los fuegos y por los vientos, rudo el rostro bajo su gorra de gañán, con camisa blanca y a veces con la negra corbata de un luto perpetuo. Las manos callosas de gitano trabajador donde los haya, con ellas había sacado a su familia adelante día tras días. La primera vez que cantó en público lo hizo en una Fiesta de la Bulería, organizada por la Cátedra de Flamencología de Jerez. Y fue como una iluminación en la velada, aquellos cantes devenían de Manuel Torre de una manera tan fiel y fluida, y ponían de manifiesto que Manuel de los Santos Gallardo, era el mejor conservador de una escuela personal que había que reivindicar, después de algunos acercamientos últimos no del todo cabales. El Viejo Agujeta cantaba desde lo recóndito de su ser y exponía con su voz negra y laína lo que tenía muy bien arraigado y sabido en la memoria. Fue uno de los últimos cantaores puros y en rama, como la buena canela.
Manuel Ríos Ruiz |