Decías que querías llevarme entre tus manos -yo besé esa locura, yo la lloré y la quise-, como a un frágil lucero de amor alucinado; casta palma y abierta que irradiase en tu noche. Y vi como la alzabas, cómo su luz se erguía frente a los farallones férreos del mundo, contra las turbias embestidas de lo oscuro y lo incierto, ante esa furia cárdena que rugía en tu ergástula... Pero el mal fue más hondo. No dimos la batalla por falta de enemigo. Todo está consumado.
Vicente Núñez De Ocaso en Poley. |