En cuanto a los califas omeyas, Dios tenga misericordia de ellos, y entre ellos, en particular, los descendientes de an-Násir, todos se inclinaron a preferir el color rubio. Ninguno se salía de esto. Los hemos visto y conocemos a quien los vio. Así pasó desde an-Násir hasta hoy. Entre ellos no hay sino rubios, por influencia de sus madres, hasta el punto de que esto se les convirtió en algo congénito. Excepto Sulaymán az-Záfir, pues yo lo vi y era de cabellos y barba negros. Pero an-Násir y al-Hakam al-Mustansir, me contaron mi padre el ministro y otros, que eran rubios y de ojos azules. Lo mismo pasaba con Hixam al-Muayyad, Muhammad al-Mahdi y Abderrahmán al-Murtada, pues yo los vi muchas veces, los visité y eran rubios y de ojos azules. Lo mismo pasaba con sus hijos, sus hermanos y el conjunto de sus parientes. Lo que no sé si esto era una preferencia natural o una costumbre que tenían sus antepasados y que ellos continuaron. Este fenómeno es claro en la poesía de Abd al-Malik b. Marwán b. Abderrahmán b. Marwán, éste último hijo del califa an-Násir, conocido por el Amnistiado, el más gran poeta de la gente de al-Andalus en su tiempo. La mayor parte de sus poemas amorosos hablan de las rubias. Yo lo conocí y estuve de tertulia con él.
Ibn Hazm De El collar de la paloma. |