Desde el mirador donde se levantan insolentes los enlaces y señales de una y mil televisiones, Benalmádena se rinde al mar. Es su espejo y donde se mira a diario y, como en el cuento de nuestra niñez, siempre tiene la misma respuesta: “No hay ninguna más guapa”. La verdad es que eso sucedía hace años, allá por la década de los años setenta, cuando el alcalde más joven de España, Enrique Bolín, soñaba ya con la ciudad que años más tarde conquistaría los mercados turísticos con un impresionante desarrollo de la zona costera, con la mayor concentración de hoteles de tres y cuatro estrellas de toda la Costa del Sol. Enrique Bolín sería el principal valedor del desarrollo costero de Benalmádena aprovechándose del tirón de Torremolinos. Hoy en día Benalmádena es otra cosa. Su crecimiento ha sido tan espectacular en los últimos años que prácticamente no queda lugar donde no se haya levantado un complejo turístico. Y de Benalmádena Costa, Puerto Marina, uno de los puertos más elegantes y mejor diseñados del Mediterráneo español. Quien fuera su director general y verdadero motor del proyecto, Mark Farber, no se equivocó cuando al inicio de las obras ya anunciaba que Puerto Marina sería uno de los puntos clave de la Costa del Sol, no sólo de Benalmádena. Y así es. En este puerto se han dado cita las principales regatas del Mediterráneo y mantiene una intensa actividad deportiva.
Con el tiempo se ha convertido en una de las tarjetas postales más queridas y difundidas de la Costa del Sol por el diseño del complejo urbanístico que da vida a los muelles, obra de uno de los señeros arquitectos de esta zona turística, Eduardo Oria. Recoletas plazas, terrazas de bares y restaurantes asomadas al mar; edificios blancos de escasa altura y donde las olas de la imaginación suben por las paredes hasta perderse en la silueta de las chimeneas. No extraña que Puerto Marina haya recibido numerosos premios y que la gestión de Mark Farber, el americano que se hizo andaluz, considerada como la de un empresario modélico. Tiene Benalmádena Costa mucho más historia, como cuando llegó otro pionero de la Costa del Sol, Fermín Aguirre, empresario vasco, que levantó el complejo Alay con la iniciativa, entonces casi suicida, de invertir en la construcción de grandes salas para congresos. Ignacio Aguirre, su hijo, sigue la senda. Grandes empresarios y directores de hoteles hicieron de Benalmádena uno de los mejores señuelos para el turismo de calidad como Jiménez Lopetra, Manuel Otero Luna, Eloy Durán, Ángel Carazo, Miguel Sánchez, Luis Callejón, Juan Antonio Castillo, Fernando Fraguas, Feliciano Pérez, José Prieto, Juan García Soto, que luego sería alcalde. Y el complejo de Torrequebrada donde se levantaría un casino y campo de golf que completaron el desarrollo turístico hasta llegar a nuestros días con los complejos hoteleros que gestiona y dirige el promotor y empresario malagueño, Cristóbal Peñarroya. Juan de Dios Mellado |