Con el título de Grande que le dio el Rey por sus armas, el fiero Moro Aliatar va de Antequera a Granada. Colgada del almaizar llevaba su cimitarra, la izquierda mano en la rienda y la derecha en la lanza. Dos tocas sobre el bonete y polvo sobre la cara, lágrimas sobre los ojos y cuidados sobre el alma. Del caballo por el aire vuela la cola alheñada, las manos huellan las cinchas y la espuma el freno mancha. De plata los acicates, que con la sangre que saca parecen sus blancas puntas coral en cabos de plata. Iba tan ligero el Moro, que si algún suspiro daba, desde donde lo comienza a media legua le acaba. |