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ANEXOS |
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- El caballo olímpico

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Con los años van cayendo los mitos que perjudicaban al caballo andaluz. Especialmente el de su falta de funcionalidad. Como virtudes reconocidas, nuestro caballo siempre ha gozado de bien ganada fama de animal noble, resistente, robusto y excepcionalmente bello. Sin embargo, dos jinetes y profesores de la Real Escuela de Arte Ecuestre de Jerez, Ignacio Rambla y Rafael Soto, se han encargado de añadir un nuevo epíteto a su blasón: versatilidad. El caballo andaluz ha demostrado que no conoce límites. De la mano de estos dos expertos deportistas, amantes y profundos conocedores del animal, los caballos andaluces (PRE) han alcanzado cimas deportivas hasta hace poco impensables. En un escenario deportivo dominado por caballos hannoverianos y holandeses, los andaluces se han abierto un hueco importante en la refinada y complicada modalidad de doma clásica. Evento y Flamenco son los nombres de dos caballos que marcarán un antes y un después en la doma clásica con acento andaluz. Ambos llevan años rompiendo tópicos bajo la doma y la monta exquisita de Rambla y Soto. En los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996 ambos hicieron un extraordinario papel. Por primera vez, Rambla accedió a la final de doma clásica, quedando segundo clasificado y séptimo por equipos. Mientras que Soto con Flamenco ha destacado en tres concursos internacionales. En los Juegos de Atenas de 2004, ambos obtuvieron medalla de plata al quedar segundos por equipos. Rafael Soto montando a Invasor obtuvo la octava plaza individual y diploma olímpico, una meta soñada que abre infinitas puertas al caballo andaluz, cuyo reconocimiento deportivo ha traspasado definitivamente todas las fronteras. Antoio Hérnandez Rodicio |
- Mejora del caballo de pura raza española

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A pesar de que en algunas culturas como la griega y la árabe se considera que el origen del caballo no fue otro que la voluntad divina de materializar el anhelo del hombre de conjugar belleza y utilidad en una misma criatura, lo cierto es que, desde un punto de vista científico, el caballo es el fruto de al menos 75 millones de años de evolución. Sin embargo, al contrario que otras especies animales que han evolucionado a merced de la selección natural, la domesticación y la intervención del hombre han dado lugar a la aparición de numerosos tipos raciales determinados; cada uno de ellos, por la orientación a la que ha sido dirigido el proceso de selección. Puede afirmarse por tanto, que en el caso del caballo, el concepto de raza no sería el fruto de la adaptación de esta especie a distintos espacios geográficos, sino que las características que identifican una raza deberán ser buscadas en todos aquellos rasgos morfológicos elegidos por el hombre para constituir un determinado patrón racial. Dentro de este contexto, el caballo de pura raza española (PRE) sería el resultado de un proyecto genético iniciado en el siglo XVI con el fin de obtener una raza de caballos con unas determinadas cualidades: valiente, resistente, fuerte, ligero, flexible, hábil, equilibrado, inteligente, noble y bello. Los planes de mejora actuales del caballo de pura raza española tienen como objetivo el mantenimiento de las características que definen el perfil de la raza mediante la búsqueda de un sistema adecuado para la evaluación de la calidad de los reproductores. Así, la valoración de la calidad de los sementales equinos ha consistido durante mucho tiempo en una evaluación de sus características morfológicas, funcionales (movimiento, velocidad y resistencia) y de comportamiento (carácter, temperamento, nobleza, facilidad en la doma y capacidad de aprendizaje). Sin embargo, un plan de mejora basado en la selección de los reproductores hace necesario el establecimiento de un procedimiento fiable de autentificación de los individuos y su genealogía, que debe quedar reflejada en el libro de registro o Stud-Book. Inicialmente, los métodos de identificación y selección de los reproductores han estado basados en unos pocos caracteres morfológicos y funcionales, lo que a más o menos largo plazo implica un aumento de la consanguinidad y, por lo tanto, una mayor homogeneidad genética de la raza. Este fenómeno dificulta cada vez más la identificación de los individuos y el control de su genealogía, por lo que cada vez es mayor la necesidad de establecer unos parámetros más objetivos y exactos que permitan el acceso a un mejor conocimiento de la estructura genética de la raza. En la actualidad, la identificación y control de filiación de los animales de pura raza española se lleva a cabo en el Laboratorio de Genética Molecular de Córdoba, creado mediante un convenio de colaboración entre la Jefatura de Cría Caballar (Ministerio de Defensa) y el Departamento de Genética de la Universidad de Córdoba. Para ello, se emplean técnicas avanzadas de tipificación molecular que permiten detectar variaciones entre individuos a nivel de su ADN. La identificación de las variantes paternas y maternas en un mismo individuo permite diferenciarlo de otros y controlar su filiación. El análisis de esta variabilidad o polimorfismo genético no sólo es una método fiable de identificación de los reproductores seleccionados en un programa de mejora, sino que permite una mejor apreciación y caracterización de la diversidad genética de la raza PRE, con lo que contribuye a satisfacer el objetivo de las diferentes asociaciones de criadores; objetivo que no es otro que el mantenimiento y mejoramiento de una raza creada en Andalucía y constituida por lo que muchos especialistas están de acuerdo en considerar como los caballos más bellos del mundo. Juan José Garrido Pavón |
- La catedral del caballo

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El poeta quedó maravillado ante el espectáculo que vio en Córdoba. Los caballos en un escenario insólito, como ángeles de canto gregoriano bajo los arcos de las catedrales góticas, así los corceles reposan y relinchan en unas cuadras de lujo que a Federico le pareció que eran, también una catedral. Una imagen impactante que había visto en las Caballerizas Reales de Córdoba, junto al Guadalquivir y el Alcázar de los Reyes Cristianos. Aquel cuadro vivo y luminoso de alazanes, tordos, castaños, sementales de la raza andaluza, acompañará al poeta en el viaje hacia su transformación vanguardista en Nueva York y La Habana en 1929. El poeta surca los mares, corre veloz como su jinete hacia Córdo, en otro “ensueño de lejanía”. Le acompañan los corceles de Córdoba, que dejará retozar por los campos de aquel mágico universo neoyorkino, por las riberas del Hudson, por las arenas del Caribe, por sus propios sueños al imaginar allí la obra de los amantes, atrevidos caballos blancos y negros, en El Público: ...y el caballo que relincha en la catedral. Referencia que universaliza los majestuosos corceles de las Caballerizas Reales. Córdoba, una vez más, fuente de amor y de inspiración. Hay testimonios directos que avalan la presencia de Federico García Lorca en las Caballerizas Reales y la impresión que causan en el poeta no sólo la belleza de los caballos, sementales potentes, imagen lúdica, sino por el lugar que Córdoba “les había dado por casa: unas cuadras suntuosas. Está el testimonio directo que Marcelle Auclair, biógrafa francesa del poeta, a la que Federico recomienda que en su viaje a Córdoba visite la remonta del Ejército; “es una catedral para los caballos”. Rafael Martínez Nadal, amigo del poeta, editor de El Público, cuyo original le había confiado Federico y que mantuvo inédito hasta 1976, cuenta cómo Marcelle Auclaire le comunicó en Londres esta noticia cuando ella estaba recogiendo material para la biografía de Lorca. Martínez Nadal, al que su amigo le había hablado de Cordoba, según se desprende de su testimonio, dice: “Yo no recordaba en mis visitas a Córdoba haber visto ese edificio, ni tampoco recordaba que Lorca me lo hubiera mencionado. Con generosidad poco frecuente en quien está escribiendo un libro, Marcelle Auclair, desde París, me envió los siguientes datos aclaratorios sobre el mío: “La catedral para los caballos –me decía en una postal– se presenta así: se entraba en un patio grande, y a la izquierda (no recuerdo si a la derecha también) aparecía una serie de capillas de estilo gótico; cada una, pesebre de un caballo. Algo así como si se tratara de una iglesia sin techo, con capillas laterales. Federico me había aconsejado ir al fin del día, y en efecto, a esa hora, sacaban los caballos (no sé si a beber) y recuerdo el extraordinario efecto sedoso de la luz del atardecer. Había en particular uno gris ‘pommelé’ que era un portento”. ¿Fue Lorca quien bautizó así la remonta del caballo? Poco importa precisarlo porque lo que crea el mito no es el mote, en ese salto del parecer al ser, de caballos reales a un solo caballo misterioso cuyo relincho adorna la cerviz y ahuyenta tabúes”. Martínez Nadal, tras conocer estos pormenores, viajó de nuevo a Córdoba para comprobar la existencia de los datos que le había revelado la investigadora francesa. El amigo de Lorca se encontró con que aquel sorprendente edificio que albergaba las lujosas cuadras para los caballos llevados por Federico a El Público había sido declarado monumento nacional. Aunque el edificio actual se construyó hacia mediados del siglo XVIII, la fundación de las Caballerizas Reales data de 1570, en tiempos de Felipe II, que ordenó construir el inmueble para albergar las cuadras destinadas a la cría de caballos de raza en el Recinto de los Reales Alcázares. El primer edificio sufrió un incendio en 1757, lo que motivó que décadas más tarde se construyera uno nuevo, que es donde han estado hasta ahora los caballos de raza. Decimos hasta ahora –1995- porque la remonta de Córdoba fue trasladada al Depósito de Sementales de la vecina Écija. Córdoba no pudo defender a sus caballos, forzados a sufrir en el exilio. Un último relincho, lanzado al unísono al unísono como si fuera el llanto de los ángeles expulsados del paraíso, se oyó aquel día en la ciudad que abandonó a sus corceles. La historia olvidará este eco lastimoso del animal desahuciado... Jamás un caballo volverá a vivir en esta catedral de Córdoba. Suerte que, muchos años antes, Federico pasó por allí para inmortalizados en la catedral del teatro del teatro, de la que nunca serán expulsados.
Antonio Ramos Espejo De García Lorca en Córdoba. |
- El caballo andaluz, denominación de origen

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El caballo andaluz, uno de los más apreciados del mundo, ha llamado siempre la atención y cuenta con una larga historia desde la Antigüedad. Ya en la época del Califato había varias yeguadas para su mantenimiento y Almanzor, por ejemplo, creó una en la dehesa de Alamira cerca de Córdoba; donde en 1571 se refundó la Real Yeguada, objeto posterior de citas por parte de distintos viajeros. En 1672 escribía Jouvin: “Lo que llaman el Palacio del Rey está en uno de los extremos de la ciudad donde el rey tiene grandes cuadras, en donde vimos más de doscientos caballos de Andalucía, todos escogidos”. En 1690 un embajador marroquí, al pasar por la capital califal, decía: “En los alrededores de la ciudad de Córdoba, sobre la orilla del río, existen un número incalculable de campos de cultivo y pastos para la cría de caballos; porque los caballos del territorio de Córdoba y de sus alrededores en la comarca andaluza son, a los ojos de los cristianos, los más hermosos de España entera con toda su extensión”. La denominación de comarca para designar a Andalucía debe ser, por cierto, un error de traducción. Pero, continuando con algunas de las muchas citas que podrían traerse aquí, en 1769 el italiano Victorio Alfieri a su llegada a Barcelona compró dos caballos, “uno de ellos andaluz de aquella raza de la Cartuja de Jerez, maravilloso animal, castaño dorado. Era el otro un hacha cordobés, más pequeño, pero excelente y ardentísimo”. Se sabe, efectivamente, que desde el siglo XVIII los frailes de la Cartuja jerezana se dedicaron a mantener la pureza del caballo andaluz. Las noticias del francés Peyron en 1772 son bastante amplias y, tras alabar las instalaciones cordobesas, escribe que “suelen mantener cien caballos andaluces. Su genealogía está allí conservada con mucho cuidado; todos ellos tienen su nombre y su edad escritos en el sitio que ocupan y, como son un poco inquietos, casi todos tienen las patas de atrás sujetas a argollas de hierro; a pesar de esos obstáculos muestran toda su vivacidad. Se ve muy cerca de las cuadras un picadero vastísimo para domar allí a los caballos que llevan a la remonta [...]. Entre los caballos andaluces, los más estimados son los del reino de Jaén y, sobre todo, de los alrededores de Baeza”. Poco después, el barón de Bourgoing ofrece más información: “no debemos alejarnos de Córdoba sin haber visitado su yeguada, la más hermosa y mejor atendida entre las de Andalucía. Sus establos, propiedad del Rey, contenían en 1792 seiscientos doce animales de todas las edades, entre los cuales había 21 garañones”. A principios del XIX Fernando VII instaló una segunda yeguada en Sevilla y a mediados de ese siglo consta en el Diccionario de Madoz 1.830 cabezas de equinos en el término de Córdoba, “considerándose sus famosos caballos, con particularidad los criados en las riberas del Guadalquivir, los más bien formados y hermosos de Europa”. En 1893 se creó la Yeguada militar en Córdoba, trasladada en 1912 a Jerez; y después se empieza a hablar del Pura Raza Español, perdiéndose casi el nombre de caballo andaluz, tal y como siempre se ha denominado, según se aprecia a lo largo de la historia, y como es conocido hoy internacionalmente, el andalusian horse. Esto no tendría quizás mucho interés, si no fuera por las consecuencias económicas; ahora que cada vez más se buscan denominaciones de origen, estamos perdiendo una importante que ya está reconocida a escala mundial. Gabriel Cano |
- Los caballos de Gerión

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Auentan los viejos relatos, forjados al calor de las hogueras que cada noche se encendían en los pueblos del Mediterráneo, que en tiempos de los héroes al audaz Heracles se le encomendó, entre los doce trabajos que debía realizar, la arriesgada misión de robar el rebaño de fieros bueyes, voraces devoradores de carne humana, del mítico rey Gerión. A tal fin se desplazó Heracles a la isla de Eryteia (del Ocaso), en las cercanías de Gades, donde hubo de introducirse sigilosamente en los establos del monarca. Mientras se deslizaba agazapado por su interior pudo apreciar las caballerías de las huestes tartessias, briosos y fieros corceles que, ya en época histórica, determinarían el resultado de las batallas y el curso de los acontecimientos. Cabalgando sobre ellos los caballistas hispanos alcanzaron popularidad y crearon para la lucha un escudo cóncavo ligero que colgaban en la derecha posterior de la montura. Los cartagineses, quienes con sus caballos berberiscos refrescaron el ganado caballar existente en Andalucía, pudieron comprobar la gallardía de estos corceles. También los romanos rindieron pleitesía a los caballos del sur de la Península Ibérica, como demuestra el hecho de que su porte elegante resalte en mosaicos y monedas. Recordadas serían durantes siglos las gestas de los jinetes musulmanes y cristianos, inmortalizadas en las baladas y los romances fronterizos, incursiones, escaramuzas y lides donde los équidos se erigirían en un elemento esencial, capaz de soportar el peso de las armaduras y las arremetidas los de ejércitos en el campo de batalla. Memoria que, del mismo modo, sería perpetuada en las calles y plazas andaluzas con los monumentos ecuestres que ensalzan a guerreros, generales y caudillos. Mas no es únicamente en los hechos bélicos donde cobra forma la proverbial apostura del caballo andaluz, sino también en otros órdenes de la vida. Figura inconfundible que se recorta majestuosa sobre el Coto de Doñana en las centenarias carreras por las playas sanluqueñas, es pieza fundamental en las competiciones hípicas que se celebran en todo el mundo, en las cuadras de la aristocracia y su tradicional entretenimiento, la caza, en las romerías y, por supuesto, en las faenas del campo y la ganadería brava, como las actividades taurinas. Siempre presente en la vida social andaluza, también ha galopado por la imaginación de los lugareños, quienes, además de atribuirle propiedades divinas, recogían en sus tradiciones la existencia de figuras imposibles, como los juancaballos que habitaban los cerros de Sierra Mágina, mitad caballo y mitad hombre, que en las nebulosas noches hacían resonar sus cascos en las huertas de los ríos próximos, aterrorizando a los niños, presas de un miedo ancestral. Velázquez plasmó en su retrato del monarca Felipe III los rasgos físicos de los caballos andaluces, tal vez análogos a los que poseían las cabalgaduras del rey Gerión, nobles animales que han sido por igual trono de reyes, consejeros de emperadores y camaradas de gamellas y besanas. Javier Vidal Vega |
- Geografía del caballo andaluz

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El estado español se ha preocupado en los últimos siglos de mantener con buena salud la crianza, selección y desarrollo de los caballos y yeguas de pura raza española, y en esta labor Andalucía siempre ha jugado un papel prioritario. Desde que en febrero de 1841 se restablece el Depósito de Caballos Padre, Jerez de la Frontera cuenta con su propio Depósito de Sementales, siendo el primero que se crea en la Península por orden del Ministerio de Fomento. Más tarde esta función, en 1864, pasa al Ministerio de Guerra (hoy de Defensa), que a que Jerez aterrice en el siglo XX convertida en la capital del caballo. Entre las medidas más importantes que se tomaron entonces está el traslado del Acuartelamiento de este primigenio Depósito de Sementales al monasterio de la Cartuja de Nuestra Señora de la Defensión, cuyas instalaciones acogen los primeros ejemplares en mayo de 1976, si bien deben ser abandonadas de nuevo en 1948 cuando los monjes cartujos reclaman la devolución del monumento. Depósitos y yeguadas. Es en este año cuando se inauguran las instalaciones situadas en el llamado Paseo de los Sementales, a las que hay que unir, también en Jerez, la Yeguada Militar, situada en el Cortijo de Vicos (carretera Jerez-Arcos) y de creación posterior al Depósito. Pero no es Jerez el único centro andaluz de la cría equina: Écija tiene una gran importancia al contar, al igual que la ciudad gaditana, con un Depósito de Sementales, situado en la calle Nueva, y una Yeguada Militar que se reparte entre la finca La Isla, en la carretera Écija-Herrera, y la de Las Turquillas, entre Écija y Osuna. Además, en Córdoba se sitúa un Laboratorio de Genética Molecular y en Jaén y Sevilla sendos Centros de Cría Caballar. Las funciones básicas de estos centros, que se engloban dentro de los Servicios de Cría Caballar y Remonta del Estado, son además de la crianza y selección de los caballos de pura raza, el fomento de la ganadería equina mediante la investigación, las experiencias genéticas y la organización de paradas para la reproducción de los animales, así como la formación por la que se regula la Escuela Militar Ecuestre. Asimismo, dentro de las contribuciones relacionadas con el libro genealógico, cabe destacar la inscripción en el registro a los équidos de pura raza, la definición de los concursos y competiciones y la elaboración de un inventario de criadores, indicando el estado de las ganaderías. Cómo bailan los caballos. Las ganaderías privadas son muy numerosas y de gran calidad en Andalucía y complementan de forma esencial las del Ministerio de Defensa. Entre las ganaderías angloárabes, las de caballos de deporte español, las de pura raza árabe y las de caballos de pura raza, que es el tradicionalmente conocido como caballo andaluz, son casi una cuarentena las ganaderías equinas que mantienen niveles de excelencia en la cría caballar. De hecho, la iniciativa más interesante de las últimas décadas en España en el ámbito del caballo, la fundación de la Real Escuela de Arte Ecuestre de Jerez, tiene su origen en la crianza privada. Mundialmente conocida por su espectáculo “Cómo bailan los caballos”, la Real Escuela de Arte Ecuestre es creada por Alvaro Domecq en 1973 con motivo de la concesión a este ganadero, por parte de don Juan Carlos I, del Caballo de Oro, un galardón que reconocía su meritoria labor en el mundo del caballo. Actualmente, este centro, cuyas exhibiciones atraen cada año a miles de visitantes, se administra mediante un Patronato amparado por la Diputación de Cádiz. Es en estos espectáculos donde se puede comprobar el verdadero carácter del caballo andaluz, sus aires majestuosos en cada uno de sus movimientos, la belleza y armonía física, su equilibrio psíquico y estabilidad emocional, así como su voluntad de trabajo y su especial cualidad para cobrar una mayor expresividad en mitad de la pista. La devoción por el caballo andaluz también promueve la formación de diversas instituciones y asociaciones que fomentan el desarrollo del caballo andaluz. El caso más significativo es el de la Asociación Nacional de Criadores de Caballos de Pura Raza Española (Ancce), un organismo de ámbito estatal con sede en Sevilla que nace en 1972 mediante la unión de veinte ganaderos. Entre sus aportaciones más importantes destacan la puesta en marcha de un Centro de Alto Rendimiento para el entrenamiento de los ejemplares, la organización de concursos, competiciones y seminarios diversos y, sobre todo, la implantación anual del Salón Internacional del Caballo (SICAB), que continúa la filosofía de las Ferias del Caballo iniciadas en 1954 y que desde 1991 se consolida como el mayor evento de este tipo en Europa. Pablo Santiago Chiquero |
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